Me alegro de estar nuevamente con usted en el comienzo de otra semana para compartir las preciosas verdades que Dios me ha enseñado a través de muchos años de experiencia personal y de ministerio cristiano.

Pero primero, permítanme decir “gracias” a aquellos de ustedes que me han estado escribiendo. Antes de terminar esta charla, les daremos una dirección postal a la cual pueden escribir. Me alienta grandemente saber cómo este ministerio radial mío les ha estado ayudando y bendiciendo. Así que, por favor, tómense el tiempo para escribirme, aunque sea solo una nota breve.

Las últimas dos semanas expliqué que cuando entramos en la presencia de Dios, Él requiere que traigamos varias ofrendas o sacrificios; estos incluyen, pero no se limitan a ofrendas monetarias o posesiones materiales.

En un nivel más alto, la Escritura habla de varios sacrificios espirituales que Dios requiere que le traigamos. Mencioné específicamente, tres sacrificios espirituales: la acción de gracias, la alabanza, y la adoración.

En las dos semanas anteriores he hablado sobre los primeros dos sacrificios espirituales: la acción de gracias y la alabanza.

Esta semana hablaré del tercero: La adoración.

Repetiré la breve definición de estas tres cosas que di anteriormente: la acción de gracias, la alabanza y la adoración; lo que tienen en común y como difieren una de otra.

Las comparé con los colores del arco iris. Los colores del arco iris son diferentes, pero se superponen uno al otro, no hay una línea absoluta demarcadora. Yo creo que lo mismo es cierto para la acción de gracias, la alabanza y la adoración. Son diferentes, pero se superponen naturalmente uno con otro. Sugerí una manera para distinguirlos, dije esto:

  • La acción de gracias, se relaciona con la bondad de Dios.
  • La alabanza, se relaciona con la grandeza de Dios.
  • La adoración se relaciona con la santidad de Dios.

Yo no llamaría a esto una ley absoluta, pero creo que nos da una buena manera para distinguir estos tres dones y sacrificios: la acción de gracias, la alabanza y la adoración.

  • La acción de gracias se relaciona con la bondad de Dios.
  • La alabanza con la grandeza de Dios.
  • La adoración con la santidad de Dios.

La santidad está en una categoría por sí sola. Es el atributo de Dios más difícil para que la mente humana comprenda, y por lo tanto también lo es la adoración; de estas ofrendas o sacrificios es lo más difícil para entender y ofrecer a Dios de manera que sea aceptable para él.

La acción de gracias y la alabanza son principalmente proclamaciones de nuestra boca; pero la adoración es primordialmente una actitud. Es importante que entienda esto. Cada palabra de la Biblia, que se traduce regularmente como adoración; es una palabra que indica una actitud del cuerpo. Esto es cierto, tanto en el hebreo del Antiguo Testamento, como en el griego del Nuevo Testamento.

Veamos algunas de las actitudes que generalmente se asocian con la Escritura, la primera es: Inclinar la cabeza o la parte superior del cuerpo: encontramos un ejemplo en Éxodo 4:31. Moisés había regresado de hablar con Dios en la zarza ardiente, había recibido bendición y traía a los ancianos de Israel la noticia de que Dios los iba a liberar. Esto es lo que dice el versículo 31:

31 El pueblo creyó, y al oír que el Señor había visitado a los israelitas y había visto su aflicción, se postraron y adoraron.

Vea que la adoración es expresada inclinándose, a menudo incluye también la extensión de los brazos con las manos hacia arriba con una actitud de espera, para recibir de Dios.

Encontramos un ejemplo de esto en el Salmo 143, versículo 6, David dice:

A Ti extiendo mis manos; Mi alma te anhela como la tierra sedienta.

Esa es una actitud de adoración y espera; otra actitud que es común en las escrituras es: La acción de arrodillarse; en el Salmo 95, versículo 6, el salmista dice:

Venid, adoremos y postrémonos; Doblemos la rodilla ante el Señor nuestro Hacedor.

Aunque no lo pueda explicar en detalle, es interesante ver que en hebreo las palabras “postrarse” y “rodilla” están directamente relacionadas a la palabra “bendecir”. Entonces una manera de bendecir al Señor es inclinarnos y arrodillarnos ante Él.

Otra actitud es postrarse; en Levítico 9:24, dice esto sobre las ofrendas de los levitas en el tabernáculo de Moisés:

24 Y salió fuego de la presencia del Señor que consumió el holocausto y los pedazos de grasa sobre el altar. Al verlo, todo el pueblo aclamó y se postró rostro en tierra.

Eso fue su respuesta de adoración a la manifestación sobrenatural del poder de Dios al mandar fuego del cielo para consumir el sacrificio sobre el altar.

En Primera de Reyes, capitulo 18, versículos 38 y 39, después de que había caído fuego del cielo, en el sacrificio de Elías en el Monte Carmelo, esto fue lo que sucedió:

38 Entonces cayó el fuego del Señor, y consumió el holocausto, la leña, las piedras y el polvo, y secó el agua de la zanja. 39 Cuando todo el pueblo lo vio, se postraron sobre su rostro y dijeron: «El Señor, Él es Dios; el Señor, Él es Dios».

Eso también fue una respuesta de adoración, el pueblo se postró y clamó reconociendo a Dios.

Esto es cierto no solo para la adoración en la tierra, sino que también lo es para la adoración en el cielo. En Apocalipsis, capitulo 4, versículos 9 y 10, leemos la descripción de la adoración que se lleva a cabo continuamente en el cielo:

9 Y cada vez que los seres vivientes dan gloria, honor, y acción de gracias a Aquel que está sentado en el trono, al que vive por los siglos de los siglos, 10 los veinticuatro ancianos se postran delante de Aquel que está sentado en el trono, y adoran a Aquel que vive por los siglos de los siglos.

Vemos allí que, hasta los habitantes del cielo, aun los veinticuatro ancianos expresan su adoración en la presencia inmediata de Dios, postrándose delante de él.

A veces me causa gracia pensar que estamos preparados para aceptar que en el cielo se haga eso, leemos esos pasajes y no encontramos nada extraño acerca de ellos; sin embargo, si las personas hicieran eso aquí en la tierra, la mayoría de los que asisten a la iglesia se ofenderían o por lo menos se sentirían extremadamente sorprendidos. Aun así, ese es un patrón de la adoración, que se menciona en la Escritura y a través de toda la historia del pueblo de Dios, que es postrarse delante del Señor.

Para completar esta imagen de la adoración que quiero darle, leeremos un pasaje al que me referí anteriormente en mi charla sobre la acción de gracias. El pasaje está en Isaías, capitulo 6, versículos 1 al 4. Relata una visión en la que Isaías vio la adoración en el cielo. Así que esta adoración está en un nivel celestial. Esto es lo que Isaías dice:

1 En el año de la muerte del rey Uzías vi yo al Señor sentado sobre un trono alto y sublime, y la orla de Su manto llenaba el templo. 2 Por encima de Él había serafines. La palabra “Serafín” se relaciona directamente en el hebreo a la palabra que significa fuego, así que los serafines son criaturas de fuego, Cada uno tenía seis alas: con dos cubrían sus rostros, con dos cubrían sus pies y con dos volaban. 3 Y el uno al otro daba voces, diciendo: «Santo, Santo, Santo es el Señor de los ejércitos,Llena está toda la tierra de Su gloria». 4 Y se estremecieron los cimientos de los umbrales a la voz del que clamaba, y la casa se llenó de humo.

Destacamos tres cosas representadas en este pasaje: la adoración, alabanza, y el servicio; veamos primero la adoración. La adoración, fue expresada con el hecho de que los serafines se cubrían sus rostros y los pies en la presencia de Dios. Esto es reverencia, temor, y adoración. La alabanza, se expresaba en sus palabras, “Santo, Santo, Santo, es el Señor de los Ejércitos”. El servicio, se expresaba con su vuelo, volaban de un lado a otro sirviendo a Dios.

Los serafines usaban cuatro alas para adorar y dos para servir. En otras palabras, la adoración es más importante que el servicio. Además, la adoración está antes que el servicio. Podemos comparar esto con las palabras de Jesús cuando rehusó la tentación de adorar al diablo. En Mateo, capítulo 4, versículo 10,

10 Entonces Jesús le dijo: «¡Vete, Satanás! Porque escrito está (aquí cita el libro de Deuteronomio) “Al Señor tu Dios adorarás, y solo a Él servirás.

Así que adoramos antes de servir.

Otro concepto que está estrechamente relacionado con la adoración, es el de la comunión; por coincidencia en español ambas palabras, terminan con el sufijo “ión”. La comunión y la adoración ambas, son fines y no medios. La comunión es el propósito principal del Evangelio, en Primera de Juan capítulo 1, versículo 3, Juan dice:

3 Lo que hemos visto y oído les proclamamos también a ustedes, para que también ustedes tengan comunión con nosotros. En verdad nuestra comunión es con el Padre y con Su Hijo Jesucristo.

Así que ese es el propósito principal del Evangelio, la comunión con el Señor.

La adoración es el propósito básico de la historia, en el Salmo 66, versículo 4, el salmista dice:

4 Toda la tierra te adorará, Y cantará alabanzas a Ti, Cantará alabanzas a Tu nombre»

También leemos en el Salmo 86, versículo 9:

9 Todas las naciones que Tú has hecho vendrán y adorarán delante de Ti, Señor, Y glorificarán Tu nombre.

Así que el fin de la historia humana será que toda la tierra le adorará a Dios. La adoración y la comunión son dos fines a los que nos dirige la Biblia y están estrechamente relacionados, al tener comunión con Dios le adoramos, al adorarle tenemos comunión con Él.

Nuestro tiempo por hoy ha terminado. Regresaré mañana a la misma hora.

Continuaremos con este tema de la adoración; explicaré lo que significa adorar a Dios en espíritu y en verdad.

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