Una manera de liberarse

Derek Prince
*First Published: 1979
*Last Updated: marzo de 2026
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Me alegro de estar nuevamente con usted para seguir con nuestro tema para esta semana, el tema de La Alabanza.
En mis charlas previas de esta semana hablé sobre varios aspectos de la alabanza; Primero; la alabanza es eterna, es la actividad continua de todas las criaturas gloriosas que tienen acceso directo a Dios en el cielo. Segundo; para nosotros en la tierra, la alabanza es el único camino de acceso a la presencia y a la morada de Dios. Tercero; la alabanza es la manera apropiada en que nos relacionamos con Dios, como rey en su trono. Es una vestidura de realeza que nos hace dignos para entrar en su presencia. Cuarto; la alabanza es el propósito por el que Dios nos bendice. Sus bendiciones están diseñadas para producir alabanza en nosotros; por lo tanto la alabanza es un fin en sí, no solo un medio para llegar a otro fin.
Hoy voy a hablar sobre otro aspecto vitalmente importante de la alabanza como una manera de liberación. Con esto quiero decirte que cuando nos encontramos en una situación crítica o desesperada, la alabanza abre el camino para que Dios intervenga a nuestro favor y nos libere; a menudo a un nivel mucho más alto que cualquier cosa que lo que pudiéramos lograr con nuestros esfuerzos.
Este principio general se expresa en Salmo 50:23. Voy a leer dos versiones diferentes de este versículo, que destacan diferentes aspectos de la verdad. Primero, la versión Reina-Valera:
23 El que sacrifica alabanza me honrará; Y al que ordenare su camino, Le mostraré la salvación de Dios.
Ahora la Nueva Versión Internacional del mismo versículo:
“Él que sacrifica ofrendas de agradecimiento me honra, y prepara el camino para que yo le muestre la salvación de Dios.”
El que ofrece alabanza, prepara el camino para que Dios le muestre su salvación. En otras palabras, la alabanza abre la puerta para que Dios intervenga sobrenaturalmente a favor nuestro. Allí la salvación de Dios significa su liberación, su ayuda cuando estamos desesperados y no tenemos la respuesta a nuestros problemas; entonces si alabamos a Dios en fe, entonces su alabanza abrirá el camino para que Dios intervenga.
Hay un buen ejemplo de esto en el Antiguo Testamento, en Segunda Crónicas, capítulo 20, un relato del reinado del rey Josafat, rey de Judá. En cierto período de su reinado Josafat fue informado que un ejército muy grande venía del sureste para invadirlo, un ejército de Amonitas, Moabitas, y hombres del monte de Seir. Todos venían con la intención de invadir y destruir el reino de Judá. Josafat se dio cuenta que no tenía los recursos militares en lo natural para defenderse de este ejército. Así que se volvió a Dios, buscó en lo sobrenatural. El hizo varias cosas: proclamó un buen tiempo de ayuno, reunió al pueblo de Dios para orar, luego de que oraron vino una profecía por medio de los levitas en la que Dios revelaba que había oído la oración y que intervendría a través de su pueblo Judá, y que no tendría que luchar. Cuando la gente oyó esta hermosa profecía, se postraron delante de Dios, y adoraron.
Veamos ahora lo que Josafat hizo después, leeré los versículos del 21 al 26:
21 Y habiendo consultado con el pueblo, designó a algunos que cantaran al Señor y a algunos que le alabaran en vestiduras santas, conforme salían delante del ejército y que dijeran: Dad gracias al Señor, porque para siempre es su misericordia. 22 Y cuando comenzaron a entonar cánticos y alabanzas, el Señor puso emboscadas contra los hijos de Amón, de Moab y del monte Seir, que habían venido contra Judá, y fueron derrotados.
Note esta frase muy significativa, “cuando comenzaron a entonar canticos de alabanza el Señor intervino contra el enemigo”, esto fue lo que sucedió:
23 Porque los hijos de Amón y de Moab se levantaron contra los habitantes del monte Seir destruyéndolos completamente, y cuando habían acabado con los habitantes de Seir, cada uno ayudó a destruir a su compañero. 24 Cuando Judá llegó a la atalaya del desierto, miraron hacia la multitud, y he aquí, solo había cadáveres tendidos por tierra, ninguno había escapado. 25 Al llegar Josafat y su pueblo para recoger el botín, hallaron mucho entre ellos, incluyendo mercaderías, vestidos y objetos preciosos que tomaron para sí, más de lo que podían llevar. Y estuvieron tres días recogiendo el botín, pues había mucho. 26 Al cuarto día se reunieron en el valle de Beraca; porque allí bendijeron al Señor. Por tanto llamaron aquel lugar el Valle de Beraca hasta hoy.
Observe como Dios intervino. Josafat y su pueblo no tenían los medios militares, no tenían el poder natural. Pero cuando recibieron el mensaje de aliento en la profecía, y apartaron hombres para, solamente, cantar y alabar a Dios, cuando Dios oyó sus alabanzas El mismo intervino en contra de sus enemigos para que se mataran entre sí. Haciendo que la profecía sea cierta de que los hombres de Judá no tendrían que luchar. Cuando llegaron al campo de batalla, ya sus enemigos yacían muertos por todo el campo, todo lo que tenían que hacer era recoger el botín y era tan grande que duraron tres días para hacerlo. Ese es un hermoso cuadro de cómo, cuando no tenemos la respuesta a una situación, cuando estamos frente a una crisis de algo demasiado grande para nosotros; una de las cosas más sabias que podemos hacer es, volvernos a Dios y en fe alabarlo, porque eso abre el camino para su intervención milagrosa. Si le honramos a Dios con nuestra alabanza, Dios se encargará de nuestro problema.
He dicho que, cuando nos enfrentamos a una situación crítica la alabanza ofrecida en fe abre el camino para que Dios intervenga sobrenaturalmente a nuestro favor. Le di un ejemplo del Antiguo Testamento, de la historia de Josafat, rey de Judá. Ahora quiero darle un ejemplo del Nuevo Testamento, la historia de Pablo y Silas en la ciudad de Filipos. Pablo y Silas habían llegado por primera vez a predicar el Evangelio en esta ciudad europea y las cosas marchaban bien. Entonces Pablo se encontró con una mujer que tenía espíritu de adivinación, echó fuera el espíritu malo de la muchacha causando un alboroto en la ciudad. Y sin ninguna razón aparente Pablo y Silas fueron tratados como criminales. Los magistrados los mandaron a ser severamente azotados y luego fueron echados a la prisión. Entonces, la historia continua de la siguiente manera en Hechos, capitulo 16, versículos 23 al 30:
23 Y después de darles muchos azotes, los echaron en la cárcel, ordenando al carcelero que los guardara con seguridad; 24 el cual, habiendo recibido esa orden, los echó en el calabozo interior y les aseguró los pies en el cepo. 5 Como a medianoche, Pablo y Silas oraban y cantaban himnos a Dios, y los presos los escuchaban. 26 De repente se produjo un gran terremoto, de tal manera que los cimientos de la cárcel fueron sacudidos; al instante se abrieron todas las puertas y las cadenas de todos se soltaron. 27 Al despertar el carcelero y ver abiertas todas las puertas de la cárcel, sacó su espada y se iba a matar, creyendo que los prisioneros se habían escapado.
Debe entender que el carcelero debía responder con su vida por la seguridad de sus prisioneros. Si los prisioneros escapaban era ejecutado, así que prefería matarse él antes que esperar a ser ejecutado por la autoridad romana. Sin embargo, Pablo tuvo misericordia del carcelero:
28 Mas Pablo clamó a gran voz, diciendo: No te hagas ningún mal, pues todos estamos aquí. 29 Entonces él pidió luz y se precipitó adentro, y temblando, se postró ante Pablo y Silas, 30 y después de sacarlos, dijo: Señores, ¿qué debo hacer para ser salvo?
Ese es un cuadro hermoso de la intervención sobrenatural de Dios a favor de sus siervos, quienes habían aprendido el secreto de la alabanza. Allí estaban Pablo y Silas con sus espaldas sangrando, en una cárcel de máxima seguridad, sus pies encadenados, aparentemente en una situación desesperada. Pero ellos tuvieron la fe y el valor para alabar a Dios; nada en su situación natural había cambiado, pero dice: oraban y cantaban himnos a Dios. Luego dice, los presos los escuchaban. Siempre esa frase me ha llamado la atención. Estoy seguro de que aquellos prisioneros nunca habían oído algo semejante en esa prisión, no sabían el tipo de personas que tenían allí en esa prisión de máxima seguridad. De hecho, creo que sería muy sorprendente si en cualquier prisión de máxima seguridad hoy en día se escuchara a los presos, cantando himnos y alabando a Dios. Alguien diría que necio es hacer esto, pero la Biblia dice que; Porque la necedad de Dios es más sabía que los hombres, y la debilidad de Dios es más fuerte que los hombres. De esa necedad, salió una poderosa intervención de Dios. Hubo un terremoto; Dios lo envió. Todas las puertas se abrieron, todas las cadenas de los presos se cayeron y el carcelero llegó a tal convicción, que quiso saber cómo él podía tener este tipo de experiencia también.
Ese es un hermoso cuadro, pero recuerde una cosa, la alabanza es un sacrificio, Hebreos 13:15 dice:
15 Por tanto, ofrezcamos continuamente mediante Él, sacrificio de alabanza a Dios, es decir, el fruto de labios que confiesan su nombre.
En otras palabras la alabanza es un acto de obediencia que se origina en la voluntad, no de los sentimientos o de las circunstancias. Estoy seguro de que Pablo y Silas no tuvieron deseos de alabar a Dios, pero ofrecieron el sacrificio de alabanza.
Nuestro tiempo por hoy ha terminado. Regresaré mañana a la misma hora para continuar con este tema de la alabanza, hablaré específicamente de la alabanza como un arma en la guerra espiritual.
Código: RP-R033-103-SPA