El propósito de la bendición

Derek Prince
*First Published: 1979
*Last Updated: marzo de 2026
9 min read
Transcript
Me alegro de estar con usted en el día de hoy para continuar compartiendo el tema rico y emocionante de la alabanza.
En mi charla introductoria de ayer dije que la alabanza es eterna. Es la actividad continua de todas las criaturas gloriosas que tienen acceso directo a Dios en los cielos. Además, la alabanza es la manera establecida por Dios para que tengamos acceso a Él aquí en la tierra.
La Biblia describe a Dios morando en una ciudad de tal paz y tranquilidad perfecta, que ni aún los sonidos de la violencia pueden escucharse allí. Todas las puertas de esta ciudad se llaman alabanza. En otras palabras; la alabanza es la única manera de entrar en la presencia y en la morada de Dios. La alabanza también es la manera apropiada en la que nos relacionamos con Dios como rey en su trono. Es más cuando nos relacionamos con Dios de esta manera, confiere dignidad de realeza sobre nosotros también. Una hermosa ilustración en la Biblia es la reina Ester, que se puso su vestidura real y entró en la presencia del rey Asuero, el rey le extendió el cetro de oro y ella tocó la punta del cetro y se le concedió hasta la mitad del reino.
Así es como Dios el Rey de Reyes nos responderá, cuando entremos en su presencia adornados en la hermosura de la santidad, y usando nuestro hermoso vestido real de alabanza.
Hoy le mostraré que la alabanza es el propósito real de Dios para bendecirnos. Sus bendiciones están diseñadas para producir alabanza en nosotros. La alabanza es nuestra respuesta apropiada a las bendiciones de Dios. Esto pone a la alabanza en la categoría de los fines y no en los medios. Explicaré esto brevemente. Un medio no tiene valor en sí mismo, lo tiene solamente cuando nos permite alcanzar algo más allá que este. Por otro lado los fines son algo que tienen valores en sí mismo, aun cuando no nos lleve a algo más allá de él.
Así que muchas cosas que hacemos en la religión realmente son medios, no son fines. Tienen un valor solamente si nos permiten alcanzar algo más. De hecho a menudo sucede que en nuestras actividades religiosas caemos en la trampa de tantos medios sin estar conscientes de los fines que debemos alcanzar, ni mucho menos nos aseguramos de que los medios logren esos fines.
Sin embargo la alabanza no pertenece a esta categoría de medios. La alabanza es un objetivo en sí. Tiene su gran valor en sí. Veamos ahora, algunas Escrituras que presentan a la alabanza como un objetivo en sí. Primero, veamos una oración del salmista en el Salmo 106, versículo 47,
“47 Sálvanos, oh Señor, Dios nuestro, y reúnenos de entre las naciones,para dar gracias a tu santo nombre, y para gloriarnos en tu alabanza.” (NBLA)
Yo creo que esa oración es apropiada a la situación presente del pueblo de Dios. Creo que estamos viviendo tiempos de restauración y reunificación y Dios está salvando a su pueblo y llevándolos a su herencia. Pero note el propósito que Dios tiene, la respuesta que Dios requiere de nosotros. El está haciendo esto para que alabemos su santo nombre, y para que nos gloriemos en sus alabanzas.
La palabra gloriar o triunfar es una de las palabras claves en la Escritura. Necesitamos entender un poco más de ella. Primeramente tenemos que entender que un triunfo no es ganar una batalla es la celebración de una guerra que ya fue ganada. En este contexto tenemos que vernos no peleando la batalla sino participando en la victoria que Cristo ya ha ganado por nosotros. Esta victoria y el triunfo están descritos en el Nuevo Testamento, en Colosenses, capitulo 2, versículo 15, donde habla de lo que Cristo logró con su muerte en la cruz. Esto es lo que Pablo dice:
“15 Y habiendo despojado a los poderes y autoridades, hizo de ellos un espectáculo público, triunfando sobre ellos por medio de Él”
Note aquí la palabra “triunfando”. La muerte de Jesús fue una victoria que conduce a un triunfo y estamos invitados a participar en ese triunfo.
Jesús con su muerte conquistó todas las fuerzas, los poderes y autoridades diabólicas de todo el reino satánico que había sido puesto en formación contra nosotros y que estaba trabajando para nuestra destrucción y ruina. El único que pudo salvarnos y ayudarnos fue Jesús, y vino a ayudarnos por medio de la cruz. El derrotó a todas esas fuerzas satánicas e hizo un espectáculo público de ellas, y triunfó sobre ellas por medio de la cruz.
En la época de Pablo, el triunfo era muy común en la civilización romana. Fue el honor más alto para el Senado romano poder votar por un general romano victorioso. Así fue: Después de que el senado hubiese votado por un triunfo del general, en un determinado día era puesto en un carruaje especial tirado por un caballo blanco, en una marcha triunfal por las calles de Roma. La gente se congregaba en las calles y aplaudía al pasar la carroza. Detrás de él seguía toda clase de personas y criaturas que indicaban la naturaleza de la victoria: los reyes, gobernadores y generales que fueron tomados prisioneros, muchas clases de prisioneros de guerra esposados y encadenados, a veces hasta animales salvajes de los territorios de conquistas que el general había agregado al imperio romano. Podía ser un tigre o algún otro animal que el pueblo romano no conocía. Todas estas cosas fueron evidencia de su victoria, la manifestación de su triunfo.
Así fue como Jesús trató a Satanás. No solo lo derrotó, sino que tomó cautivo todas esas fuerzas y autoridades malignas y las exhibió públicamente detrás de su carruaje.
¿Dónde encajamos nosotros en este cuadro? ¿Estamos aplaudiendo al costado de la calle? No, ese no es el propósito de Dios. Veamos lo que Pablo dice en Segunda de Corintios, capítulo 2, versículo 14:
“14 Pero gracias a Dios, que en Cristo siempre nos lleva en triunfo, y que por medio de nosotros manifiesta en todo lugar la fragancia de su conocimiento.” (LBLA)
La Nueva Versión Internacional dice esto:
“Pero gracias a Dios, que siempre nos lleva en triunfo en Cristo, y por medio de nosotros esparce por todas partes el aroma del conocimiento de Él.”
¿Ve donde debemos estar? No estamos encadenados detrás del carruaje, ni siquiera en la acera aplaudiendo ¿Dónde debemos estar? En el carruaje compartiendo el triunfo de Cristo ¿Cómo podemos estar en el carruaje? La respuesta es, triunfamos en su alabanza. Cuando le alabamos nos elevamos del nivel de la acera y nos encontramos en el carruaje con Cristo compartiendo su victoria gloriosa y eterna, sobre todas las fuerzas del mal. “¡Gracias a Dios!, quien…siempre nos lleva en triunfo en el desfile victorioso de Cristo Jesús!” (2 Co. 2:14, NTV). Pero esto lo hace solo cuando aprendemos a alabarle correctamente.
Dije que la alabanza es un fin, no un medio. Es algo deseable por lo que es en sí mismo; no por que lleve a algo más.
Aquí hay otro pasaje que destaca esta verdad de la alabanza. Es una de los salmos de David, el Salmo 30, versículos 11 y 12:
“11 Tú has cambiado mi lamento en danza;Has desatado mi ropa de luto y me has ceñido de alegría;12 Para que mi alma te cante alabanzas y no esté callada.Oh Señor, Dios mío, te daré gracias por siempre.”
David había experimentado la gloriosa liberación de Dios; así como usted y yo por lo que Cristo hizo por nosotros. Por revelación del Espíritu Santo, David entendió el propósito por el cual lo había hecho. El Señor ha desatado su cilicio, lo había ceñido de alegría y cambiado su lamento en baile; ¿Cuál fue la respuesta que Dios requería de David? David lo dice muy claramente, Para que mi alma te cante. Ese es el propósito. Para que mi alma te cante alabanzas y no esté callada. No tenemos derecho de estar callados cuando celebramos las victorias que Cristo ha ganado para nosotros. La única respuesta apropiada es la alabanza.
En otras versiones se lee:… “a ti cantaré, gloria mía”. En el original dice: Mi gloria te cantará alabanzas. ¿Qué quiere decir mi gloria? Significa su lengua, le mostraré lo que la biblia dice sobre esto. En el Salmo 16, versículo 9, otro salmo de David dice:
“9 Por tanto se alegró mi corazón, y se gozó mi gloria; también mi carne reposará segura.” (JBS)
Pedro, en el día de pentecostés, cita este versículo en Hechos, capitulo 2, versículo 26, pero lo recita de esta manera:
“26 Por lo cual mi corazón se alegró, y mi lengua se gozó; y aun mi carne descansará en esperanza;”
Note que donde David dice en el Antiguo Testamento: ¡Gloria mía!, Pedro inspirado por el Espíritu Santo ofrece el comentario divino sobre esto. El dice mi lengua, ¿qué quiere decirnos con eso? Nos habla de que nuestra lengua es nuestra gloria. Usted se preguntará y ¿Por qué es mi lengua, mi gloria? Porque su lengua fue puesta en su boca, para un propósito supremo. ¿Sabe cuál es? Dar gloria a Dios, ¿Cómo damos gloria a Dios? Eso fue lo que David dijo: Para que mi alma te cante alabanzas y no esté callada. Oh Señor, Dios mío, te daré gracias por siempre. Recuerde ese es el propósito supremo de la lengua humana es dar gloria a Dios. Es alabarle. Es adorarle. Es reconocerle. De hecho, cualquier uso de nuestra lengua que no dé gloria a Dios es un mal uso. Recuerde que su lengua es su gloria. En realidad, cuando la utiliza para dar gloria a Dios, esta se convierte efectivamente en su gloria.
Nuestro tiempo por hoy a terminado. Regresaré mañana a la misma hora para continuar con este tema de la alabanza, hablaré de la alabanza como una manera de liberación.
Código: RP-R033-102-SPA