Acceso al trono de Dios

Derek Prince
*First Published: 1979
*Last Updated: marzo de 2026
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Transcript
Me alegro de estar con usted nuevamente en el comienzo de otra semana para compartir algunas de las llaves para vivir con éxito que Dios ha puesto en mis manos, a través de muchos años de experiencia personal y de Ministerio cristiano.
En mis charlas de la semana pasada hablé sobre varios sacrificios o dones, que Dios requiere de nosotros, cuando entramos en su presencia. El sacrificio en particular, que estudiamos especialmente fue la acción de gracias.
esta semana hablaré del sacrificio que sigue directa y naturalmente a la acción de gracias; el sacrificio de la alabanza.
Pero primero, permítanme decir "Gracias" a aquellos de ustedes que me han estado escribiendo. Antes de terminar esta charla, les daremos una dirección de correo a la que pueden escribir. Me anima mucho escuchar cómo este ministerio de radio mío les ha estado ayudando y bendiciendo. Así que, por favor, tómense el tiempo para escribirme, incluso si es solo una breve nota.
Ahora, volvemos a nuestro tema de hoy, la alabanza.
Este es uno de los temas más grandes y gloriosos que podemos tener el privilegio de estudiar. Se traza como un hilo dorado a través de la Biblia, de principio a fin. La alabanza es eterna. Su origen está en el cielo. Esta es la ocupación sin fin de todos los seres gloriosos y eternos que habitan en el cielo, que gozan de la comunión más cercana e ininterrumpida con Dios. Esta comunión permanente requiere una alabanza ininterrumpida.
La alabanza también se asocia con nuestro planeta tierra desde su principio. En Job, capítulo 38, Dios le desafía a Job con esta pregunta:
“¿Dónde estabas tú cuando yo echaba los cimientos de la tierra? …cuando cantaban juntas las estrellas del alba, y todos los hijos de Dios gritaban de gozo?”
Que cuadro más hermoso es ese del comienzo de la tierra. Fue la alabanza la que primero hizo girar nuestro planeta en su curso celestial y es la responsabilidad del pueblo de Dios en este planeta para que la alabanza continúe marcando su curso, para que se acaben los cielos y la tierra.
Lo primero específico que quiero decir de la alabanza, es que la manera apropiada en que nos relacionamos con Dios como Rey en su trono, lo encontramos en el Salmo 22, versículo 3, donde el salmista dice:
“Sin embargo, tú eres santo, que habitas entre las alabanzas de Israel.” (NBLA)
Dios es siempre Rey, lo reconozcamos o no. Pero cuando nosotros su pueblo, le ofrecemos, nuestras alabanzas le damos un trono que es apropiado para él. Así que cuando alabamos a Dios, el establece su lugar como Rey en el trono de nuestras alabanzas. Es nuestra manera de reconocer su Majestad.
Luego combinada con la acción de gracias; la alabanza nos da acceso a Dios. Vemos esto en el Salmo 100, versículo 4, donde el salmista dice:
“Entrad por sus puertas con acción de gracias, y a sus atrios con alabanza. Dadle gracias, bendecid su nombre.” (NBLA)
Vemos allí dos grados o fases de acceso. Primero por las puertas de Dios, y luego por sus atrios. El salmista nos indica que la acción de gracias nos hace pasar por sus puertas pero la alabanza nos lleva a sus atrios.
Esto también está hermosamente ilustrado en Isaías, capitulo 60, versículo 18, donde el profeta le dice al pueblo de Dios:
“No se oirá hablar más de violencia en tu tierra, ni de desolación, ni de destrucción dentro de tus límites; sino que llamarás a tus murallas salvación y a tus puertas alabanza.” (NBLA)
Dios mora en una región de perfecta paz, y tranquilidad. No solo hay ausencia de violencia y destrucción, sino que ni siquiera los sonidos de la violencia y la destrucción entran en esa tierra. Esa es la tierra de la presencia de Dios, que él nos ha invitado a compartir con él. Pero note la manera de entrar, todas las puertas son alabanzas. En otras palabras, la única manera de entrar en la presencia y a la morada de Dios, es por medio de la alabanza.
La Escritura nos indica claramente en otros pasajes que la única manera de entrar es por las puertas, y aquí nos dice que las puertas son alabanza. Es decir, la única entrada a la presencia de Dios y a su morada es a través de la alabanza. Sin la alabanza no tenemos entrada. Sin acción de gracias y alabanza solo podemos ser como los diez leprosos, de quienes leemos en Lucas 17:12-13, donde dice:
“y al entrar en cierta aldea, le salieron al encuentro diez hombres leprosos, que se pararon a distancia, y alzaron la voz, diciendo: ¡Jesús, Maestro! ¡Ten misericordia de nosotros!”
Allí estaban indignos para entrar en la presencia del Señor, excluidos por su lepra; un cuadro lamentable de verdad. Jesús tuvo misericordia de ellos. Pero no tuvieron acceso a su presencia. Tuvieron que pararse desde lejos. A menos que aprendamos la lección de venir a Dios con acción de gracias y alabanzas, no nos irá mejor que a esos leprosos. Podemos pararnos de lejos y clamar por misericordia.
Supongo que la vida de oración de muchísimas personas no va más allá que eso; claman por misericordia, cada vez que necesitan ayuda desesperadamente. Pero ese no es el tipo de vida de oración que Dios quiere que gocemos. Él quiere que aprendamos la lección de entrar por sus puertas con acción de gracias, y a su presencia con alabanza. Nos da la bienvenida a esa ciudad de perfecta paz y tranquilidad, donde no se oye de la destrucción ni de violencia. ¡Que invitación más hermosa! ¡Qué manera más bella de entrar! Pero recuerde que todas las puertas son alabanza. No hay otra entrada a esa ciudad, sino es por las puertas de alabanza.
Dije que la alabanza es la manera de reconocer a Dios como Rey. Ahora quiero agregar que la alabanza, también le da al pueblo de Dios el sentido de nobleza; hay un hermoso pasaje que creo es una palabra de Dios para su pueblo en estos tiempos, este es Isaías, capitulo 52, versículos 1 y 2:
“¡Despierta, Sión, despierta! ¡Revístete de poder! Jerusalén, ciudad santa, ponte tus vestidos de gala, que los incircuncisos e impuros no volverán a entrar en ti. ¡Sacúdete el polvo, Jerusalén! ¡Levántate, vuelve al trono! ¡Libérate de las cadenas de tu cuello, cautiva hija de Sión!”
Ese es un mensaje al pueblo de Dios. Por mucho tiempo nos hemos arrastrados en el polvo, no nos hemos dado cuenta de nuestra dignidad y nuestro destino. Hemos vividos como esclavos en lugar de gobernar, que es la manera como Dios quiere que seamos. Así que Dios nos dice que despertemos, que nos sacudamos del polvo, que soltemos las ataduras de nuestro cuello, que nos sentemos en el trono, y que nos vistamos con vestiduras de esplendor, que por derecho nos pertenece debido a nuestra relación con Dios, a través de Jesucristo.
¿Cuáles son esas vestiduras de esplendor? Le daré algunas ilustraciones de las escrituras, el Salmo 96, versículos 6 al 9:
“Gloria y majestad están delante de Él; Poder y hermosura en Su santuario. Den al Señor, oh familias de los pueblos, Den al Señor gloria y poder. Den al Señor la gloria debida a Su nombre; Traigan ofrenda y entren en Sus atrios. Adoren al Señor en vestiduras santas; Tiemblen ante Su presencia, toda la tierra.”
Esa es una de las ropas hermosas que Dios quiere que nos pongamos cuando venimos a Él; adorar al Señor en vestiduras santas!
En Isaías 61, versículo 3, leemos lo que Dios dará a los afligidos de Sión, el profeta dice que Dios dará gloria en lugar de ceniza, oleo de gozo en lugar de luto, manto de alegría o de alabanza en lugar de Espíritu angustiado; se mencionan allí tres cosas hermosas: Gloria, óleo de gozo, y manto de alegría o de alabanza; que excluye completamente al espíritu angustiado, el remedio de Dios contra la depresión.
Un poco más adelante en el mismo capítulo de Isaías, versículo 10:
“En gran manera me gozaré en el Señor, mi alma se regocijará en mi Dios; porque Él me ha vestido de ropas de salvación, me ha envuelto en manto de justicia como el novio se engalana con una corona, como la novia se adorna con sus joyas.” (NBLA)
Observen esos hermosos adornos. Ropas de salvación, manto de justicia y joyas. Todos estos están directamente asociados con nuestro aprendizaje de venir con la ropa de alabanza.
Hay otro cuadro en el libro de Ester. Un decreto terrible se publicó para destruir al pueblo de Dios. Veremos dos reacciones diferentes. Primero la de Mardoqueo y luego la de Ester. Ester, capitulo 4, versículos 1 y 2:
“Cuando Mardoqueo se enteró de todo lo que se había hecho, se rasgó las vestiduras, se vistió de luto, se cubrió de ceniza y salió por la ciudad dando gritos de amargura. Pero, como a nadie se le permitía entrar al palacio vestido de luto, solo pudo llegar hasta la puerta del rey.” (NVI)
Esa es la ley, no podemos entrar por la puerta del rey vestido de cilicio. Ahora veamos lo que Ester hizo en el siguiente capítulo.
“Al tercer día, Ester se puso sus vestiduras reales y fue a pararse en el patio interior del palacio, frente a la sala del rey. El rey estaba sentado allí en su trono real, frente a la puerta de entrada. Cuando vio a la reina Ester de pie en el patio, se mostró complacido con ella y le extendió el cetro de oro que tenía en la mano. Entonces Ester se acercó y tocó la punta del cetro. El rey le preguntó: —¿Qué te pasa, reina Ester? ¿Cuál es tu petición? ¡Aun cuando fuera la mitad del reino, te lo concedería!”
Note el contraste entre Mardoqueo y Ester. Mardoqueo estaba vestido de cilicio, no pudo pasar adentro de la puerta del rey. Sin embargo, Ester se dio cuenta de su posición de realeza, se puso su vestido real, entró a la presencia del rey y obtuvo misericordia y redención para su pueblo. Yo creo que eso es un patrón para que sigamos hoy. Dios quiere que nos demos cuenta de que somos la novia de Cristo. Somos de la realeza. Tenemos que ponernos nuestros vestidos reales, y de estos, el manto de alabanza es uno de lo más importante.
Nuestro tiempo por hoy ha terminado. Regresaremos mañana a la misma hora, para continuar con este tema de la alabanza, hablaré de la alabanza como el propósito de la bendición de Dios.
Código: RP-R033-101-SPA