Me alegro de estar nuevamente con usted, para continuar juntos con el tema rico y emocionante de la Acción de Gracias.

Ayer hablé sobre la acción de gracias como un requisito para entrar en la presencia de Dios. Expliqué las dos etapas de acercamiento a Dios que se presentan en Salmo 100:4-5, donde el salmista dice:

“Entrad por sus puertas con acción de gracias, y por sus atrios con alabanza. Alabadle; bendecid su nombre. Porque el Señor es bueno; su misericordia es eterna, y su fidelidad por todas las generaciones.”

Señalé que hay dos fases de acceso allí, primero las puertas y segundo los atrios. Se nos exhorta a entrar por las puertas de Dios con acción de gracias y por sus atrios con alabanza. En otras palabras, la acción de gracias es la fase inicial de acercamiento a Dios.

Hoy voy a tratar otro aspecto tan importante de la acción de gracias. Hablaré sobre la acción de gracias como una llave para abrir el poder milagroso de Dios.

Tomaré el primer ejemplo de la historia de Jonás. Probablemente recuerde la historia de este profeta desobediente, Jonás vivía en Gat-Hefer, en las montañas de Galilea. Dios le habló que fuera con un mensaje a la ciudad gentil de Nínive, la capital del Imperio Asirio, pero a Jonás no le convenía ir a Nínive, así que huyó del Señor. Fue exactamente en la dirección opuesta. Dios le dijo que fuera al este; pero él se fue al oeste. Vale la pena notar que desde el momento en que Jonás le dio la espalda a Dios, después de eso cada paso que dio fue un paso hacia abajo. Bajó de las montañas a la ciudad de la planicie. Bajó de la ciudad al puerto. Bajó del puerto al barco, y usted conoce el resto de la historia. Desde el barco bajó a las profundidades del mar. Pero la misericordia de Dios lo alcanzó allí. Dios había preparado un gran pez que se tragara a Jonás y él pasó los siguientes tres días y noches en el vientre del pez.

En Jonás, capítulo 2 se registra la oración que Jonás oró cuando estaba dentro del pez. Estoy seguro de que había mucha motivación para orar en esa situación. La oración es interesante. Comienza con mucha oración y mucho clamor a Dios, y aparentemente las circunstancias de Jonás no cambió nada. Pero luego, en el versículo 9, Jonás cambia su manera de orar y le dice esto al Señor:

9 mas yo con voz de acción de gracias te ofreceré sacrificios.Lo que prometí, pagaré. La salvación es del Señor.10 Entonces el Señor dio orden al pez, y este vomitó a Jonás en tierra firme.

Observe lo que produjo los resultados. No fue solo la oración. No fue solo el ruego y la súplica. Pero cuando Jonás comenzó a dar gracias, entonces las cosas empezaron a suceder. El agradecimiento de Jonás puso en acción la misericordia del Señor y trajo su liberación. Le sugiero que haga lo mismo. Tal vez pueda sentir que de alguna manera se encuentra en el vientre de un pez y ha suplicado y orado y parece que no hay ninguna respuesta. ¿Por qué no hacer lo que Jonás hizo? Comience dando gracias a Dios. Esa es una expresión maravillosa de fe, agradecer a Dios desde el vientre de un pez toca el corazón de Dios y lo mueve a hacer algo a nuestro favor.

Allí hay un principio importante: es el principio de que la fe sin obras no sirve de nada, sin hechos, sin la acción apropiada. Este principio se enuncia dos veces. En Santiago capítulo 2, versículo 20:

20 Pero, ¿estás dispuesto a admitir, oh hombre vano, que la fe sin obras es estéril

Nuevamente en el versículo 26:

26 Porque así como el cuerpo sin el espíritu está muerto, así también la fe sin las obras está muerta.

Si decimos que tenemos fe y no hacemos nada al respecto no tiene ningún efecto. La fe debe ir acompañada de acciones apropiadas. Ahora, cuando Jonás estaba allí en el vientre del pez, no tenía muchas opciones. Realmente, solo había una cosa que podía hacer para expresar su fe. ¿Qué hizo? Dio gracias a Dios y esa expresión de fe fue suficiente.

Dar gracias a Dios es la expresión más sencilla de nuestra fe en Él. Esto es muy, muy importante. A menudo, cuando oramos sin agradecer a Dios, lo que tenemos es fe sin obras y la Biblia dice que es muerta. Por lo tanto, recuerde que cuando no hay nada más que pueda hacer para demostrar su fe, la expresión más sencilla es dar gracias a Dios y ¡una que realmente funciona!

Ahora me gustaría tomar algunos ejemplos del propio ministerio de Jesús que nos muestra el gran poder latente en la acción de gracias, el dar gracias puede liberar los milagros más grandes. Dos de los milagros más grandes en el ministerio terrenal de Jesús fueron provocados por Su acción de gracias. El primero es el milagro de la alimentación de los cinco mil. Recordará que cinco mil hombres, más mujeres y niños, probablemente un grupo de más de diez mil personas, habían estado con Jesús por bastante tiempo. Estaban en un lugar desértico, no había nada que comer y tenían hambre. Y Jesús dijo: "¿Qué les vamos a dar de comer?" Andrés respondió: "Bueno, tenemos a un niño aquí con cinco panes y dos peces, pero no son suficientes para dar de comer a tanta gente” Jesús simplemente tomó los cinco panes y esto es lo que hizo, está registrado en Juan 6:11:

11 Entonces Jesús tomó los panes, y habiendo dado gracias, los repartió a los que estaban sentados y lo mismo hizo con los pescados, dándoles todo lo que querían.

Observe la sencillez. No dice que Jesús oró. Todo lo que hizo fue dar gracias, pero al dar gracias liberó el poder milagroso de Dios para hacer que los cinco panes y dos peces fuesen suficientes para alimentar a una multitud de diez mil personas. Es interesante que más adelante en el mismo capítulo el autor del evangelio vuelve a este incidente y esto es lo que dice en Juan capítulo 6, versículo 23:

23 Vinieron otras barcas de Tiberias cerca del lugar donde habían comido el pan después de que el Señor había dado gracias.

En otras palabras, el autor del Evangelio está comentando el hecho de que fue la acción de gracias del Señor la que liberó ese gran milagro de alimentar a los cinco mil.

Miremos otra vez en Juan 11, quizás el milagro más grande en cierto sentido, del ministerio de Jesús: la resurrección de Lázaro después de haber estado en la tumba cuatro días. Este es el registro:

41 Entonces quitaron la piedra. Jesús alzó los ojos, y dijo: «Padre, te doy gracias porque me has oído. 42 Yo sabía que siempre me oyes; pero lo dije por causa de la multitud que me rodea, para que crean que Tú me has enviado». 43 Habiendo dicho esto, gritó con fuerte voz: «¡Lázaro, sal fuera!».44 Y el que había muerto salió, los pies y las manos atados con vendas, y el rostro envuelto en un sudario. Jesús les dijo*: «Desátenlo, y déjenlo ir».

Observe el mismo principio nuevamente. Jesús no oró al Padre. Simplemente dio gracias al Padre. Y habiendo dado gracias, Él pudo dar esa orden de fe que sacó de la tumba a un hombre que había estado allí cuatro días muerto.

¿Se da cuenta del tremendo potencial de la acción de gracias para liberar el poder milagroso de Dios en nuestras vidas? No solo la acción de gracias libera el poder milagroso de Dios, sino que cuando está obrando en nuestras vidas, pone el sello sobre las bendiciones que ya hemos recibido. Las hace permanente. Hay un ejemplo hermoso de esto en la historia de los diez leprosos que se encontraron con Jesús. Leeré este relato en Lucas 17, versículos 12–19:

12 y al entrar en cierta aldea, le salieron al encuentro diez hombres leprosos, que se pararon a distancia, 13 y gritaron: «¡Jesús, Maestro! ¡Ten misericordia de nosotros!».14 Cuando Él los vio, les dijo: «Vayan y muéstrense a los sacerdotes». Y sucedió que mientras iban, quedaron limpios. 15 Entonces uno de ellos, al ver que había sido sanado, se volvió glorificando a Dios en alta voz. 16 Cayó sobre su rostro a los pies de Jesús, y le dio gracias; y este era samaritano. 17 Jesús le preguntó: «¿No fueron diez los que quedaron limpios? Y los otros nueve, ¿dónde están? 18 ¿No hubo ninguno que regresara a dar gloria a Dios, excepto este extranjero?». 19 Entonces le dijo: «Levántate y vete; tu fe te ha sanado».

Es importante notar las diferentes palabras que se utilizan en las diversas fases de esta historia. Los diez leprosos fueron limpiados. Todos fueron sanados físicamente. Pero, algo, completamente extraordinario y lo más importante de todo, le sucedió al único hombre que regresó para dar gracias. Jesús le dijo en el versículo 19:

19 Entonces le dijo: «Levántate y vete; tu fe te ha sanado».

En otra versión se traduce “Tu fe te ha salvado”. Esa palabra allí traducida, en el griego es “sozo”, que significa "salvar o sanar". La palabra “sozo” casi siempre indica algo más que simplemente, algo temporal o provisión física de Dios. Es la palabra que incluye todo, es la salvación completa.

Hay una diferencia importante entre los nueve que fueron sanados físicamente y el décimo que regresó para dar gracias a Dios y no solo fue sanado físicamente, sino que fue salvo. Su alma fue salvada. Él fue llevado a una relación apropiada y eterna con Dios. Los nueve leprosos recibieron una bendición parcial y temporal. El décimo recibió una bendición que fue total y permanente. ¿Qué marcó la diferencia? Lo que marcó la diferencia fue la acción de gracias.

Lo mismo es cierto en nuestras vidas; dar gracias por las bendiciones ya recibidas pone el sello de permanencia sobre ellos. Observe que a menudo la gratitud se relaciona con la humildad. El hombre que regresó fue el que se consideraba menos digno. Los otros eran judíos. Daban sus bendiciones por sentado, pero el samaritano sabía que no lo merecía y por eso regresó a dar gracias a Jesús. Y él recibió la bendición extra, eterna y permanente.

Nuestro tiempo por hoy ha terminado, regresaré mañana a la misma hora para continuar con este tema de “La Acción de Gracia”, pero estaré revisando la cara opuesta de la moneda: “La Ingratitud”, hablaré sobre el lazo sutil de la ingratitud y las consecuencias desastrosas que siguen a esa tendencia.

Como
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