Me alegro de estar nuevamente con usted en el comienzo de otra semana, en la que estaré compartiendo más “Llaves para vivir con éxito”, llaves que Dios ha puesto en mis manos a través de muchos años de experiencia personal y de ministerio cristiano.

Primero, déjenme decir "Gracias" a aquellos de ustedes que me han estado escribiendo. Antes de terminar esta charla, les daremos una dirección postal a la que pueden escribir. Siéntanse libres de compartir con nosotros sus necesidades personales, sus problemas, sus peticiones de oración.

Toda la semana pasada hablamos de este tema rico y emocionante de la fe y esta semana continuaré con el mismo tema. Hay todavía mucho más por descubrir.Hoy en particular compartiré uno de los secretos más importantes que haya aprendido en mi largo caminar con el Señor. Voy a hablar sobre cómo viene la fe. Primero vamos a leer Romanos, capítulo 10, versículo 17 que es la escritura clave en este aspecto de la verdad de Dios.

Romanos 10:17 en la Biblia de las Américas“Así que la fe viene del oír y el oír por la palabra de Cristo.”

Note primeramente que la fe viene. Aférrese a esa verdad. La fe viene, si no la tiene la puede obtener, no tiene que estar sin ella, la fe viene. ¿Cómo viene? … Viene al oír. ¿Oír qué?... La palabra de Cristo.

Es importante notar que la palabra es oír, no leer. La fe no viene necesariamente leyendo la Biblia. Muchas personas leen la Biblia y realmente obtienen poca fe o nada. La escritura no nos dice que la fe viene leyendo; leemos que: “la fe viene del oír”, y esa es una diferencia muy importante. Usted no puedo oír su Biblia al ver sus páginas.Una Biblia está formada por letras negras sobre un papel blanco. No se puede oír; de manera que algo más tiene que suceder. Esas letras negras sobre el papel blanco tienen que convertirse en algo que usted pueda oír, una palabra hablada.A propósito, ese es el significado verdadero de la palabra griega traducida, “la palabra de Cristo”, significa específicamente, una palabra hablada, de manera que la fe viene al oír la Palabra de Dios, cuando Dios habla. Por supuesto que la palabra de Dios puede ser hablada por medio de un predicador, pero no es la única manera que viene y se puede oír a un predicador y todavía no recibir fe.

¿Qué es lo que hace de la Biblia, la Escritura, una palabra hablada que contiene la voz de Dios? …. La respuesta es esta: Solo hay una persona que puede producir ese resultado, se trata del Espíritu Santo. Si el Espíritu Santo no está en ella, no habrá fe.Por último, la fuente de fe es el Espíritu Santo. La fe viene del oír la palabra de Dios, cuando el Espíritu Santo le da vida pasa a ser personal y directa para nosotros. Así que hay tres etapas en este procesoPrimeramente, la palabra de Dios viene a nosotros por el Espíritu Santo El oír se desarrolla de la palabra de Dios, una actitud de atención detallada a lo que el Espíritu de Dios está diciendo por medio de su palabra.Y como consecuencia de oír, de concentrar nuestra atención, la fe viene.Estas son las etapas en el proceso, la Palabra de Dios traída a nosotros por medio del Espíritu Santo, nuestra respuesta es oír su palabra y el resultado es la fe.

Oír no es estar ocioso y dejar que algo pase por nuestros oídos, sino recibir algo en nuestro interior con una respuesta positiva y eso es algo que tenemos que cultivar, es tener esa actitud de escuchar mientras Dios nos habla por medio de su palabra.Hace muchos años vi una demostración sorprendente de esta verdad, yo estaba predicando esa vez en una calle del centro de Londres. Había un grupo de casi cien personas escuchando, algunos de ellos eran creyentes que estaban respaldando la reunión. Era una noche de otoño donde un joven de unos 20 años pasaba sin rumbo, sin interés en las cosas espirituales, eso fue muy obvio. Se detuvo por un momento para oír lo que estaba diciendo y con un gesto de burla que tuvo en su cara como si fuera a decir: “Ja! Que tontería!”. Pero no se fue. Se quedó y escuchó todo el tiempo que yo hablaba, mirándolo a la cara pude observar cómo su expresión de burla se iba y comenzó a escuchar. Pronto su actitud cambió y comenzó a prestar atención y hasta de respeto. Al llegar al final de mi mensaje, pregunté si había alguien que no conocieran al Señor personalmente; yo haría una oración para los que quisieran conocer a Jesús personalmente y que mientras yo oraba en voz alta, ellos podían repetir conmigo frase por frase.Hice una oración reconociendo el pecado, confesando fe en Jesucristo y pidiendo a Jesús que salvara, cuando abrí mis ojos la primera persona que vi fue a ese joven y tan pronto terminó la reunión, me dirigí a él, no lo había visto nunca y le dije: Usted acaba de hacer esa oración en su corazón, no es cierto?; y él dijo: Si, ¡lo hice! … Yo le dije: ¿Sabes que eres salvo?, él me miró y dijo: Si ¡lo sé!.Conversamos unos pocos minutos nada más, pero seis meses después en la misma situación mientras yo estaba predicando el joven vino y se detuvo a escuchar, después hablé con él y dijo: Definitivamente algo sucedió en mi vida. Soy una persona cambiada, sé que soy salvo. Todo eso sucedió en el curso de unos veinte minutos en una reunión en la calle.

Relato este incidente porque es un hermoso ejemplo de la fe que viene por el oír, primero estaba sin recibir nada. Pero el Espíritu Santo comenzó a moverse en él y él comenzó a oír y prestar atención respetuosamente, cuando comenzó a oír. La fe comenzó a venir y después de 15 minutos, esa noche tuvo la suficiente fe para recibir la salvación allí mismo.

Ese es el proceso; la palabra de Dios nos es traída por el Espíritu Santo. Nosotros respondemos oyendo. La fe se desarrolla al escuchar. Hay una advertencia que debo enfatizar con relación a esto. Es importante la quietud. El Salmo 46 versículo 10 dice:

Quédense quietos, reconozcan que yo soy Dios (NVI)

La versión bíblica de “Dios Habla Hoy” dice algo interesante:

“Ríndanse, reconozcan que yo soy Dios”.

Rendirse significa: dejar de luchar, esa es la clave, deje de luchar, abra su ser, reciba y llegará a conocer a Dios, la fe vendrá y le revelará a Dios. Estamos hablando de la necesidad de estar quietos delante de Dios y oír cuando el Espíritu Santo habla por medio de la palabra de Dios. Hay un buen ejemplo de esto en 1ra de Crónicas, capítulo 17. David fue establecido en su reino y vivía en un hermoso palacio de cedro, y se dio cuenta que el arca del pacto de Dios estaba aún en una tienda y tuvo la idea de edificar un templo, una morada permanente para el arca. Compartió esta idea con Natán y el profeta le animó a que siguiera adelante, pero esa noche el Señor habló a Natán y le dijo que no era lo que tenía planeado para él y envió al profeta con este mensaje para él: “Me alegro que quieres edificarme una casa, pero así no sucederá, tu no me vas a edificar casa, dijo el Señor, yo te edificaré una casa para ti.”Este es un buen ejemplo de cómo los pensamientos y los caminos de Dios son más altos que los nuestros. Bien, cuando David recibió este inesperado mensaje la Biblia dice: “Entonces el rey David entró y se presentó delante del Señor”. (NBLA) Este pasaje siempre me ha impactado. Sentado ante el Señor. El no estaba arrodillado ni orando. Allí estaba delante del Señor. El estaba absorbiendo todo lo que Dios le había dicho delante del profeta. Es en esta actitud de quietud delante de Dios que viene la fe, oiga el consejo que Jesús dio sobre la oración en Mateo capítulo 6, versículo 6 (NBLA):

6 Pero tú, cuando ores, entra en tu aposento, y cuando hayas cerrado la puerta, ora a tu Padre que está en secreto, y tu Padre, que ve en lo secreto, te recompensará.

¿Qué representa el aposento? … Yo creo que el lugar de quietud, el lugar donde no se escuchan otras voces o influencias y se puede oír claramente la voz de Dios y en esa relación de quietud y en su aposento Dios le habla, usted recibe la fe y la revelación y su oración tiene una cualidad diferente.

En mi charla final la semana pasada hablé del enorme peligro de la incredulidad, el pasaje principal que leímos fue en Hebreos, capítulo 3 y quisiera leerlo de nuevo hoy, Hebreos 3, versículos 7 al 12 (NBLA):

7 Por lo cual, como dice el Espíritu Santo«Si ustedes oyen hoy Su voz,8 No endurezcan sus corazones, como en la provocación,Como en el día de la prueba en el desierto,9 Donde sus padres me tentaron y me pusieron a prueba,Y vieron Mis obras por cuarenta años.10 Por lo cual Yo me disgusté con aquella generación,Y dije: “Siempre se desvían en su corazón,Y no han conocido Mis caminos”;11 Como juré en Mi ira“No entrarán en Mi reposo”».12 Tengan cuidado, hermanos, no sea que en alguno de ustedes haya un corazón malo de incredulidad, para apartarse del Dios vivo.

Observe que el error al que se refiere allí el escritor de Hebreos es que no escucharon su voz. El Espíritu Santo estaba hablando pero no le dieron el tiempo ni le prestaron atención y por lo tanto no recibieron fe. Sin fe la única alternativa es la incredulidad que les quita las bendiciones y la provisión que Dios tenía para ellos.Hay dos pensamientos opuestos aquí. Por un lado la fe viene del oír la palabra de Dios, por otro lado la incredulidad viene de no oír la voz de Dios. El Espíritu Santo puede hacer de la Biblia, la Escritura, una voz viva, una palabra viva de Dios. La fe viene cuando el Espíritu Santo le habla y usted abre su corazón, oye y recibe lo que el Espíritu Santo le está diciendo y lo que imparte, de allí procede la fe verdadera y personal.

Bueno, nuestro tiempo de hoy se terminó. Regresaré mañana a la misma hora, para continuar con este tema de la fe, en las siguientes tres charlas hablaré de los tres grandes requisitos de la fe, tres cosas que deben ir juntas con la fe.FeLa fe debe confesarse.

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