Me alegro de estar con usted nuevamente. Nuestro tema para esta semana es “La fe”. La fe es algo esencial para relacionarse con Dios, sin la fe es imposible llevar una vida que agrade a Dios.

Ayer expliqué que la fe no es principalmente un asunto del intelecto, tampoco es una cuestión de doctrina o teología. Primordialmente, se trata de una relación personal, directa y continua con Dios mismo.

También expliqué que la fe incluye la fidelidad. Requiere nuestro compromiso personal con Dios, no es solo entretener la verdad, sino que es un compromiso de fidelidad a Dios. Esta relación personal de fe en Dios lo resume David en el de Salmo 23, versículo 1. El conocido Salmo del Señor como mi pastor:

“El Señor es mi pastor, nada me faltará”,

También cité otra versión bíblica que dice:

“Porque el Señor es mi pastor tengo todo lo que necesito”

Expliqué que hay una seguridad total en esta relación de fe. La garantía de que cada necesidad que pueda surgir en nuestras vidas será suplida por la fidelidad y la omnipotencia de Dios. La seguridad es lo que busca la gente de este mundo, Dios ofrece seguridad, seguridad total por medio de esa relación de fe con él.

Hoy voy a explicar como la fe nos relaciona con el mundo invisible y eterno.

El primer versículo que leeré hoy está en el mismo capítulo 11 de Hebreos, el gran capítulo de la fe, es el versículo 1 (NBLA):

Ahora bien, la fe es la certeza de lo que se espera, la convicción de lo que no se ve.

Donde dice “certeza de lo que se espera” yo prefiero decir: sustancia o realidad fundamental de lo que se espera. En los próximos días vamos a profundizar más sobre esto, cuando hable de la diferencia entre la fe y la esperanza. Pero por ahora quiero enfatizar la segunda parte de ese versículo de Hebreos 11 que “la fe es la convicción de lo que no se ve”. El aspecto particular de esa verdad que quiero enfatizar ahora es que la fe nos relaciona con lo que no se ve, con lo invisible, lo eterno, el mundo que no palpamos con nuestros sentidos.

Pablo resalta esta verdad en 2 Corintios 5, versículo 7, una declaración simple pero importante. Él dice:

“Porque por fe andamos, no por vista.”

Note que las dos cosas están en oposición una con la otra “por fe no por vista”. El mundo está equivocado al decir: “Ver para creer”, pero la Biblia no dice eso. En realidad, donde se ve no se necesita creer. Se necesita creer donde no se ve. Y Pablo dice: Nuestra relación y nuestro caminar con Dios no depende de lo que vemos, sino que dependemos de lo que nos hemos apropiado en fe. Andamos por fe no por vista. Donde Pablo dice “vista” yo creo que sería válido interpretarlo de la siguiente manera: “no por nuestros sentidos”. No solo la vista sino todos los otros cinco sentidos que son excluidos. La percepción sensorial no obra por la fe. Nuestros sentidos nos relacionan con el mundo visible, lo material, del tiempo y del espacio. Todos conocemos el mundo por medio de nuestros sentidos, pero la fe nos relaciona con un mundo diferente, con el mundo invisible y eterno. Solo dos pasajes más adelante vemos que el autor dice en Hebreos 11:3 (NBLA):

3 Por la fe entendemos que el universo fue preparado por la palabra de Dios, de modo que lo que se ve no fue hecho de cosas visibles.

Note nuevamente el énfasis en lo invisible. La fe siempre está relacionada con lo que no se ve. En este versículo en particular el autor nos dice que la realidad invisible detrás de todo el universo es la Palabra de Dios. Eso no lo entendemos por nuestros sentidos sino por la fe.

El hombre siempre ha tenido un deseo inquietante de conocer la realidad más grande detrás del universo: cual fue el principio de todo y así sucesivamente. Yo, como filósofo profesional, me ocupé con esas preguntas por muchos años antes de llegar a conocer al Señor Jesús de una manera personal y descubrí que las verdades más importantes no se encuentran en la filosofía sino en las Escrituras. Pero muchas veces me pregunté ¿Cuál fue la primera causa?, ¿Qué es lo que hay detrás de todo?, ¿Cómo empezó el mundo? … cuando ya fui creyente, he llegado a entender por revelación bíblica, que la Palabra de Dios fue la primera causa detrás de todo, esta fue la que trajo todo a su existencia.Cuando Dios dio Su palabra entonces se llevó a cabo la creación, todo el mundo material es producto de la Palabra de Dios.

El salmista lo declara así en el Salmo 33, versículo 6:

Por la palabra del Señor fueron hechos los cielos, Y todo su ejército por el aliento de Su boca.

Es decir, la Palabra de Dios es el poder creativo y eficaz que hizo el universo y lo mantiene en existencia. Y la fe nos relaciona con Dios, con su palabra y con lo invisible.

Es interesante comparar estas declaraciones con algunas de las conclusiones de la física moderna. No soy un físico, pero entiendo que si le preguntáramos a un físico que explique en su lenguaje la naturaleza de la Biblia que yo uso cuando predico nos contestaría en términos de átomos, protones, neutrones y electrones, cosas que nadie ha visto con sus ojos naturales y que nadie espera ver. Y si le insistimos un poco más probablemente nos daría sus explicaciones en términos de algún tipo de ecuación matemática. Esa conclusión física está muy cerca de lo que la Biblia dice sobre cómo el mundo, el universo fue constituido y mantenido en existencia por la Palabra de Dios.

La esencia de lo que estoy diciendo hoy es esta, la fe nos relaciona con lo invisible, con esas cosas que no pueden ser percibidas con nuestros sentidos. En la vida de fe, siempre tenemos este conflicto potencial con el mundo al que nuestros sentidos nos conecta y el mundo al que nuestra fe nos relaciona. El mundo al que nuestros sentidos nos conecta es físico, material, variable y temporal. Pero el mundo al que la fe nos relaciona es eterno, invisible y permanente. Este no cambia. Principalmente nos relaciona con Dios y segundo con la Palabra de Dios.

Hay un hermoso ejemplo de esto en este mismo capítulo 11 de Hebreos, en el versículo 27. El autor escoge a Moisés como uno de los grandes héroes de la fe y dice varias cosas de la vida de Moisés y cómo él fue edificado en la fe.Esto es lo que dice de Moisés en Hebreos 11, versículo 27:

27 Por la fe Moisés salió de Egipto sin temer la ira del rey [esta fue la ira de faraón, el rey de Egipto], porque se mantuvo firme como viendo al Invisible.

Allí hay una paradoja con propósito. Moisés vio al invisible. Ese es, por supuesto, Dios mismo. La fe nos relaciona con lo que no se ve, con lo invisible y fue por eso que Moisés pudo soportar la persecución, el desánimo, la frustración, la soledad y el aparente fracaso. ¿Cómo pudo hacer esto? … Porque él veía, fijaba su vista en lo invisible, no el ojo natural, sino el ojo de fe. Su relación con lo invisible le permitió detenerse cuando ya no había fuente de aliento a su alrededor.

Esto coincide con lo que Pablo dice en 2 Corintios 4 del 16 al 18:

16 Por tanto no desfallecemos- [Así fue como Moisés se mantuvo, no desmayó. ¿Por qué?] Pablo continuaantes bien, aunque nuestro hombre exterior va decayendo, sin embargo nuestro hombre interior se renueva de día en día.

Hay dos personas en nuestra vida. Hay un hombre exterior que nos conecta el mundo físico con los sentidos. Hay un hombre interior que a través de la fe nos relaciona con lo invisible y un mundo eterno. Así que tenemos estas dos personas, el hombre interior y el hombre exterior, Pablo continúa diciendo:

17 Pues esta aflicción leve y pasajera nos produce un eterno peso de gloria que sobrepasa toda comparación,

Y Pablo pudo decir “esta aflicción leve y pasajera” porque como Moisés él tenía puesto sus ojos en lo invisible. Si solo hubiese estado viendo las circunstancias, creo que su tribulación sería muy pesada, al tomar en cuenta todo lo que tuvo que padecer, sin embargo, él dice: “esta aflicción leve…nos produce un eterno peso de gloria…”

18 al no poner nuestra vista en las cosas que se ven, sino en las que no se ven. Porque las cosas que se ven son temporales, pero las que no se ven son eternas.

Note nuevamente esta paradoja. “No poner nuestra vista en las cosas que se ven, sino en las que no se ven”. ¿Cómo podemos hacer eso? No con nuestros sentidos sino con la fe. No con nuestro hombre exterior, sino con nuestro hombre interior. Nuestro hombre interior. Esa persona verdadera y eterna que está dentro de nosotros como creyentes, que por fe se apropia de Dios y de sus cosas y de su verdad. Este se relacionado a un mundo que es permanente, real e inmutable, pero invisible. Esto nos permite perseverar, mantenernos firmes cuando no hay nada en nuestra circunstancias o situaciones en este mundo que podrían animarnos.El escritor de Hebreos dice: Moisés “se mantuvo firme”, Pablo dice: “No desfallecemos”. ¿Por qué? … Porque mediante nuestra fe tenemos ese contacto con el mundo invisible y eterno.

Al terminar quisiera preguntarle ¿Tiene usted ese contacto con Dios? … Recuerde que puede tenerlo. Esto surge del compromiso. Un compromiso total con Dios le llevará a esa relación con Él.

Bueno, nuestro tiempo se ha acabado por hoy, pero estaré de vuelta con ustedes mañana a esta misma hora.

Continuaré con este tema de la fe, explicaré una diferencia muy importante que muchas personas no entienden claramente, “la diferencia entre fe y esperanza”.

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