Me alegro de estar nuevamente con usted.

He estado compartiendo sobre el fruto del Espíritu Santo, en mi charla de ayer, hablé del fruto de mansedumbre o templanza. Hoy voy a hablar del último fruto espiritual el fruto del dominio propio. Esta es la traducción dada en la mayoría de las versiones modernas. La palabra que se usa en la versión Reina Valera 1960 es templanza o temperancia. El problema con la palabra temperancia es que, a través de 350 años o más, ha cambiado un poco su connotación. En el castellano contemporáneo la palabra temperancia, con frecuencia, solo se asocia con la abstención del alcohol. Sin embargo la palabra griega incluye la abstención en cada área de nuestras vidas. No solo prohíbe excesos con el alcohol, sino también con la comida, o sea la glotonería o gula.

Una vez escuché que alguien hizo un comentario sobre nuestra sociedad contemporánea y decía: “después que alguien gastó todos sus dientes cavando su tumba prematura, este se compra un juego de dentaduras postizas para terminar de excavarla”. Yo diría que la glotonería es probablemente uno de los pecados más frecuentes que toleramos entre los cristianos. Muchas iglesias están firmes contra el alcoholismo, pero no dicen nada contra la glotonería o gula. Al ver a los miembros de esas iglesias se hace evidente por su condición física de que no consideran a la glotonería un pecado. Sin embargo la Biblia normalmente agrupa a la embriaguez y la glotonería y de la misma manera condena a las dos.

Por ejemplo aquí hay un caso en Deuteronomio 21, versículos del 18 al 21, de cómo los padres bajo la ley debían tratar a un hijo rebelde y terco. Esto es lo que dice:

18 Si un hombre tiene un hijo terco y rebelde que no obedece a su padre ni a su madre, y cuando lo castigan, ni aun así les hace caso, 19 el padre y la madre lo tomarán y lo llevarán fuera a los ancianos de su ciudad, a la puerta de su ciudad natal,20 y dirán a los ancianos de la ciudad: «Este hijo nuestro es terco y rebelde, no nos obedece, es glotón y borracho». 21 Entonces todos los hombres de la ciudad lo apedrearán hasta que muera; así quitarás el mal de en medio de ti, y todo Israel oirá esto y temerá.

Note el cargo contra este hijo, es terco y rebelde, un glotón y borracho. Cuatro cosas en conjunto: terquedad y rebelión, la glotonería y la borrachera. Las dos primeras son aspectos del carácter y son causas: la terquedad y la rebelión. Las otras dos son aspectos de conductas y son resultados, la glotonería y la borrachera. Necesitamos entender que la glotonería y la borrachera y casi toda clase de vicio y adicción son productos de dos raíces en nuestro carácter: la terquedad y la rebelión.

Bajo la ley de Moisés, el castigo era la muerte por glotonería y borrachera cuando se manifestaba en terquedad y rebelión. Esa es la evaluación de Dios de esas dos formas de conductas. Así que, no vamos a usar hoy la palabra temperancia sino que usaremos las palabras dominio propio, porque tienen connotaciones más amplias.

Muchos cristianos se sorprenden cuando descubren que Dios espera que tengamos dominio propio. Cuando se enfrentan a este tipo de enseñanza nos contestan diciendo algo así: “Yo pensaba que el Espíritu Santo nos daría dominio propio”. Sí, pero eso no es toda la verdad. El Espíritu Santo lo hará solamente si tiene una activa colaboración de su propia voluntad. Lo resumiré en dos declaraciones paralelas. No lo podemos hacer sin el Espíritu Santo. El Espíritu Santo no lo hará sin nosotros. Lo diré nuevamente. No lo podemos hacer sin el Espíritu Santo. El Espíritu Santo no lo hará sin nosotros.

Pablo destaca este principio muy claramente en Filipenses, capítulo 2 versículos 12 y 13 donde dice:

Ocupaos en vuestra salvación con temor y temblor,……porque Dios es el que obra en vosotros tanto el querer como el hacer, para su beneplácito.

El proceso completo de la salvación se origina en Dios. Dios obra en nosotros. El produce en nosotros el querer como el hacer lo que es bueno. Pero así como Dios obra en nosotros, Él requiere que nos esforcemos. Así que Dios obra y nosotros nos esforzamos. Sin embargo, la medida en que Dios obra en nosotros está limitada por la medida en que nosotros nos ocupemos. Si dejamos de hacerlo entonces no habrá lugar para que Dios obre en nosotros.

Esto se aplica particularmente al fruto del dominio propio. Este no opera sin el ejercicio de nuestra voluntad. Pablo busca en el campo del deporte cuando quiere explicar lo que es el dominio propio en la vida cristiana. Él dice lo siguiente en Primera de Corintios 9, versículos del 24 al 27:

24 ¿No sabéis que los que corren en el estadio, todos en verdad corren, pero solo uno obtiene el premio? Corred de tal modo que ganéis. 25 Y todo el que compite en los juegos se abstiene [o sobre todo tiene dominio propio] de todo. Ellos lo hacen para recibir una corona corruptible, pero nosotros, una incorruptible.

Nuestros juegos olímpicos modernos ciertamente están basados en los juegos olímpicos de la época de Pablo. Una corona de laurel fue el premio para el ganador de los juegos olímpicos en la antigüedad que, por supuesto, se marchitaba rápidamente. Pablo dice que ellos se toman la molestia de esforzarse tanto para ganar una corona que perece. Pero, él dice que si ponemos el mismo esfuerzo correspondiente a nuestra vida cristiana, si ejercitamos un dominio propio similar, ganaremos una corona o un premio que no perecerá. Por supuesto que en el atletismo moderno, el premio es una medalla de oro, pero aun así, aunque dure mucho tiempo es transitorio. Entonces, el punto de Pablo es que ellos lo hacen para ganarse algo tan transitorio, algo de tan poco valor intrínseco, pero nosotros lo hacemos por algo que es permanente y de incalculable valor. Él dice que si ellos lo hacen con esa causa en mente, cuánto más nosotros deberíamos hacerlo por semejante motivo. Y luego lo aplica así mismo. El continúa diciendo 1ra Corintios 9:26-27 (LBLA):

26 Por tanto, yo de esta manera corro, no como sin tener meta [corro con un objetivo en mente]; de esta manera peleo, no como dando golpes al aire,27 sino que golpeo mi cuerpo y lo hago mi esclavo, no sea que habiendo predicado a otros, yo mismo sea descalificado [esto sería, no obtener el premio porque no cumplí con los reglamentos].

Al considerar todo lo que Pablo había alcanzado en su vida y ministerio, esto debería ser una advertencia y a la vez crear cierta humildad en nosotros, de que él aun veía la posibilidad de ser descalificado del premio, si no mantenía control de su propio cuerpo.

El ejemplo de los atletas, por supuesto, inevitablemente se aplica hoy a nosotros como lo hizo en los tiempos de Pablo. De hecho el atletismo, los juegos olímpicos y demás, están de vez en cuando en la mente y en la pantalla televisiva de todo el mundo.

¿Qué tipo de vida tiene que llevar un atleta moderno si quiere tener éxito? ¿si quiere correr más rápido, saltar más alto, golpear más fuertemente la pelota, o lanzar más lejos la jabalina que todos sus competidores? Yo diría esto, la disciplina propia de un atleta afecta a cada área importante de su vida. Lo que come, lo que bebe, las horas que duerme y aun las cosas que lee. Gran parte de la victoria en el deporte es tener una actitud psicológica correcta. Afecta a sus amigos y compañeros. Él se relaciona con personas que lo animan, personas que tienen valores similares, no con personas que los distraen o los tientan a placeres o cualquier clase de caprichos que le impidan lograr el éxito.

Todos estos principios se aplican a nosotros como cristianos. El dominio propio afecta cada área vital de nuestra vida. Lo que comemos, lo que bebemos, las horas que dormimos, las cosas que leemos, las personas con quienes nos asociamos.

El éxito de un atleta depende principalmente de su motivación. Tiene una meta específica que alcanzar. Quiere saltar una pulgada más alto que cualquiera, correr cierta distancia más rápida que cualquier otro. Esa es su meta. Su meta es su motivación. Es lo que le permite soportar todo su entrenamiento riguroso.

Lo mismo se aplica a nosotros como cristianos. Si tenemos la meta correcta, nos permitirá practicar el dominio propio. Sin la meta correcta fracasaremos, ¿Cuál debería ser nuestra meta? Mi respuesta es esta: nuestra meta debería ser que cada esfera y cada área de nuestra vida esté disciplinada y entrenada para alcanzar el propósito supremo de Dios para nuestras vidas. Eso es más que llegar al cielo. Si mantenemos este objetivo al frente, estaremos preparados para hacer los sacrificios necesarios que demanda el dominio propio.

Nuestro tiempo por hoy ha terminado, regresaré la próxima semana a la misma hora de lunes a viernes, para compartir otro tema rico y emocionante para presentarles más llaves para vivir con éxito.

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