Me alegro de estar nuevamente con usted. La semana pasada y está también he estado compartiendo sobre el fruto del Espíritu Santo, ayer hablé del fruto de la bondad, hoy voy a hablar del fruto de la fidelidad o fe.

Hace un tiempo en mis charlas anteriores sobre los dones del Espíritu expliqué que el Nuevo Testamento menciona tres tipos de fe. Las volveré a repasar brevemente. El primer tipo de fe lo llamo: fe por la cual vivir, es el tipo de fe que nos permite vivir la vida cristiana. Está basada en una relación personal y permanente con Dios, que provee la motivación y el poder para la vida cristiana.

El segundo tipo es el don de fe, que aparece en la lista con los demás dones del Espíritu. Esta es la fe del mismo Dios, una fe sobrenatural, que nos es impartida sobreramente por el Espíritu Santo en un momento de necesidad.

El tercer tipo, es el fruto de la fe, un aspecto del carácter, algo que tiene que ser cultivado cuidadosamente. De este tipo de fe es que voy a hablar hoy.

Hay dos maneras diferentes de traducir este fruto en particular. Este fruto del Espíritu en algunas versiones bíblicas se traduce “fe”, en otras se traduce “fidelidad”. En realidad, la palabra en griego del Nuevo Testamento que generalmente se usa es “fe”; que aparece más de cien veces, ambas traducciones son legítimas, pero ninguna es completa. En realidad la palabra significa fe y fidelidad. La división que hacemos en nuestro pensamiento entre la fe y la fidelidad es en cierto modo artificial. Porque en el lenguaje original de la Escritura, la fe incluye a la fidelidad y sin fe, la fidelidad es imposible.

En ambos casos, la clave está en la palabra “depender”. Sugiero que piense en esto como una moneda con sus dos lados. En un lado está la fe y en el otro esta la fidelidad. En cualquiera de los casos la clave es “depender”.

Primero, tomemos el lado que yo llamo “fe”. Fe es aprender a depender de Dios en toda situación y circunstancia. Pero por otro lado la “fidelidad” es ser confiable, es ser esa clase de persona en quien otros pueden depender, esto incluye a ambos, a Dios y las personas. Con esto en mente, primero hablaré un poco sobre la fe.

La fe es una confianza continua, estable y silenciosa en la fidelidad de Dios. El fruto de fe que no entra en pánico, no se perturba, no pierde de vista la victoria, no piensa en rendirse y volverse atrás. Es una confianza continua, tranquila e imperturbable en Dios. Hay un pasaje bíblico básico que es suficiente para esta actitud de confianza, está en Romanos 8:28 (LBLA):

“Y sabemos que para los que aman a Dios, todas las cosas cooperan para bien, esto es, para los que son llamados conforme a su propósito”

Bien, si sabemos que todas las cosas nos ayudan a bien, entonces no hay nada más que hacer sino solo confiar. Lo importante es saber que estamos cumpliendo los requisitos de Dios. Las condiciones de Dios son, que estemos comprometidos con él y fluyamos en Su propósito para nuestras vidas. Si tenemos la seguridad de que estamos comprometidos con Dios y fluyendo en su propósito para nuestras vidas entonces, entonces no importa lo que suceda, sabemos que Dios hará que todas las cosas obren para bien. Así que no hay ninguna razón para tener pánico o darnos por vencido en nuestra confianza.

La clave para esto es el compromiso. Quiero leer ahora en Segunda de Timoteo, capítulo 1, versículo 12. Primero le daré los antecedentes de este relato. Esta carta fue escrita en los últimos años de la vida de Pablo. Él estaba prisionero en una cárcel romana; tenía una edad avanzada, sufriendo cierta clase de enfermedad, no tenía suficiente abrigo y le escribía a Timoteo para que le trajera su capa de invierno, estaba esperando ser juzgado y probablemente ejecutado por un tirano llamado Nerón. Algunos de sus mejores amigos lo habían abandonado. No había absolutamente nada en su situación que lo animara. Aun así esto es lo que escribe en 2nda Timoteo (DHH):

“12  Precisamente por eso sufro todas estas cosas. Pero no me avergüenzo de ello, porque yo sé en quién he puesto mi confianza; y estoy seguro de que él tiene poder para guardar hasta aquel día lo que me ha encomendado.”

Note la palabra “encomendado”, otra versión dice, “confiado”; la clave para “encomendar” es la confianza. Si sabe que realmente ha puesto su vida en las manos de Dios sin reserva, eso es encomendarse en Sus manos confiadamente. y entonces usted está seguro de que todo lo que Dios hace es para su bien. Así que la confianza viene al encomendar.

Ahora voy a considerar la otra cara de la moneda: la “fidelidad”, esto es ser confiable. Necesitamos reconocer una verdad que aparece una y otra vez en la Escritura: Dios es fiel. Yo creo que tengo un solo testimonio para dejar al partir de este mundo y Dios me llame a su presencia, si tuviera que dar un solo mensaje a mi familia y a aquellos que me siguen lo resumiría en estas tres palabras: DIOS ES FIEL.

El me ha mostrado su fidelidad una y otra vez en mi vida. Estoy absolutamente convencido de que Dios es fiel. Ahora el fruto de fidelidad es permitir que la fidelidad de Dios obre en usted. Quiero decirle que eso requiere práctica. Esto no sucede de pronto. Recuerde que, todo fruto debe ser cultivado; no hay fruto que requiera más labor que la fidelidad y empieza con las cosas pequeñas. Escuche lo que Jesús dice en Lucas 16:10:

“10 El que es fiel en lo muy poco, es fiel también en lo mucho; y el que es injusto en lo muy poco, también es injusto en lo mucho”

La fidelidad empieza con lo más pequeño. Así que muchas personas tienen una percepción muy equivocada, se les da una responsabilidad relativamente pequeña, puede ser en el trabajo o en la familia; y su actitud es: esto es tan pequeño que en realidad no vale la pena ponerle mucho cuidado. Si me delegaran algo grande o importante entonces si demostraré el tipo de persona que soy. Voy a hacerle una corrección, usted muestra que tipo de persona es cuando se encarga de responsabilidades pequeñas y aparentemente poco importantes. Allí se prueba el carácter.Y en el reino de Dios si usted no es fiel en las cosas pequeñas, nunca será ascendido a cosas mayores. Tal vez usted necesita revisarse ahora mismo, ¿cuán fiel es usted? ¿Qué tan confiable?

Quiero hacerle cuatro preguntas bastante personales: -Primera, ¿Hace promesas, tal vez a sus hijos, o a su esposa y luego no las cumple? Una cosa que he notado de algunos de mis amigos cristianos es que son más fieles para guardar una promesa a sus empleados que a su esposa; eso no es fidelidad.

-Pregunta número dos ¿Llega tarde a sus citas? Una cosa que usted puede notar es que Dios nunca llega tarde. El sol de Dios nunca sale tarde, nunca se pone tarde. Siempre está a tiempo. Todas las cosas por las que Dios se responsabiliza en el universo están puntuales. Usted no está demostrando la fidelidad de Dios si no es puntual.

-Pregunta número tres ¿Deja usted que sus cuentas se venzan? usted dice, bueno estaba tan presionado, tenía tantas cosas que hacer, pero ¿Y qué de sus acreedores? También ellos también están presionados, no demuestra la fidelidad de Dios cuando tarda en pagar las cuentas.En el pasado he vendido algunos de mis libros a través de las librerías cristianas, algunas muy extravagante y generalmente su negocio acarrea el nombre de Jesús. Pero sabe que frecuentemente, algunas de esas librerías con nombres religiosos, estaban tres o cuatro meses demorados en pagar sus cuentas. Eso no es fidelidad.

-Cuarta pregunta ¿Pide usted prestado dinero y no lo devuelve? ¿Sabe lo que dice el Salmo 37, versículo 21?

“El impío pide prestado y no paga, más el justo es compasivo y da.”

No se indigne, no estoy diciendo que usted es un impío, simplemente estoy diciendo que si es un cristiano, toma dinero prestado y no paga, entonces hay un área en su vida que no está reflejando la fidelidad de Dios. Usted me podría decir, “usted está hablando demasiado sobre el dinero. El dinero no es importante. Tal vez no es espiritual”. El dinero podría no ser espiritual pero, déjeme decirle que es muy importante. La forma en que administramos el dinero es en realidad la prueba de nuestra fidelidad. Escuche lo que Jesús dice en Lucas 16, versículo 11;

“11 Por tanto, si no habéis sido fieles en el uso de las riquezas injustas, ¿quién os confiará las riquezas verdaderas?”

La fidelidad empieza con las cosas pequeñas, no con las cosas grandes. Empieza con lo material, no con lo espiritual. Si es fiel en lo poco, Dios le confiará lo mucho. Si es fiel en lo material, el dinero, las finanzas, honrar a Dios con sus finanzas, el dinero, el diezmo y las ofrendas; entonces Dios le dará las verdaderas riquezas espirituales.

Pero ya sea fe o fidelidad recuerde que la clave es el compromiso.

Nuestro tiempo por hoy ha terminado, regresaré mañana a la misma hora para continuar con este mismo tema, del fruto espiritual, hablaré del fruto de mansedumbre.

Como
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