Me alegro de estar nuevamente con usted para compartir sobre uno de los temas más hermosos de todas las Escrituras, el fruto del Espíritu Santo.

En mi charla de ayer hablé del fruto de la benignidad. Expliqué en esencia, que la benignidad es vivir en armonía con las leyes que gobiernan el universo, especialmente las leyes que gobiernan la conducta y las relaciones. Es sembrar lo que queremos cosechar, tratar a los demás como queremos ser tratado.

Hoy voy a hablar sobre el fruto de la bondad. Primero necesitamos decir algo sobre la palabra “bueno”. Esta es una de las palabras más comunes del español. Pero en nuestro lenguaje contemporáneo desafortunadamente la hemos arruinado mucho y hemos usado descuidadamente. Hemos aplicado la palabra “bueno” sobre ambos, las personas y las cosas que en realidad no merecen el uso de esa palabra.

En las Escrituras la palabra “bueno”, denota excelencia moral, especialmente, en su uso más estricto se aplica solamente a Dios. Esto es expuesto en algo que Jesús dijo en Marcos capítulo 10, versículo 17 y 18:

17 Cuando salía para seguir su camino, vino uno corriendo, y arrodillándose delante de Él, le preguntó: Maestro bueno, ¿qué haré para heredar la vida eterna? 18 Y Jesús le dijo: ¿Por qué me llamas bueno? Nadie es bueno, sino solo uno, Dios.

Esa es una declaración muy fuerte. “Nadie es bueno, sino solo uno, Dios”. Y por supuesto si ese hombre no reconoció la divinidad de Jesús, entonces no tenía ningún derecho de llamarle “bueno”.

Así que la bondad está basada en un estándar muy alto. Está basado en el patrón de Dios, la medida de lo que Dios es y hace. Esa es la verdadera bondad, excelencia moral, completa integridad, honradez y justicia perfecta. Si vamos a ser buenos en cualquier sentido que se relacione con eso, solo hay una manera en que podemos hacerlo. Lo único que podemos hacer es ser vasos de la vida y de la naturaleza de Dios. Entonces la bondad de Dios se manifiesta en nosotros. Cuando hacemos eso, demostramos al mundo como es Dios en realidad. Ser bueno en este sentido significa vivir una vida que brinde testimonio de la existencia de Dios. Esto ha sido resumido en algunas palabras del Cardenal Suhard. Él dice esto:

“Para ser un testigo no se necesita hacer propaganda, ni incitar a las personas, sino ser un misterio viviente. Esto significa vivir de tal manera que la vida de uno no tendría sentido si Dios no existiera”.

Ser bueno significa ser un misterio viviente. Es ser algo que las personas de este mundo simplemente no podrían entender. Pero por el otro lado, no se puede negar esto, así una vida bondadosa, la bondad de Dios en la vida de su pueblo confronta al mundo con la existencia de Dios.

Recuerdo que escuché el testimonio de un hombre que había servido en la armada británica. Él ingresó al servicio siendo un ateo. No creía en Dios, no tenía más que desprecio por cualquier clase de religión y no deseaba involucrarse con ninguna religión. Pero por algunos meses estuvo comisionando en un barco pequeño, con una tripulación muy pequeña, y uno de sus compañeros a quien veía todos los días, y comían juntos, de quien no podía escapar, era un cristiano comprometido con el Señor. Este cristiano no le predicó, no le mencionó la Biblia, sino que vivió una vida bondadosa ante sus ojos, día tras día, semana tras semana, mes tras mes. Este ateo veía en su compañero de tripulación algo que no podía explicar. Era como una vida que no había visto. Su comentario final fue este: “Nunca hubiese abierto una Biblia, sin embargo no pude evitar leer la vida de este hombre. Eventualmente su vida me convenció de que tendría que haber un Dios”.

Ese hombre salió de la armada inglesa siendo un creyente de Jesucristo ¿Cuál fue la Biblia que lo convenció? No fue una biblia con marcas negras sobre un papel blanco, sino una Biblia en carne y hueso. La vida de un hombre que vivía su fe, sin mucha religiosidad, sin mucha predicación, simplemente era bueno.

Cada vez que pienso en este testimonio y medito en él, me confronta el sentido de mi propia responsabilidad. Me digo a mí mismo: “Recuerda, tu vida puede ser la única Biblia que alguien pudiera leer en toda su vida”. Es casi seguro que en el transcurso de su vida como cristiano, usted se encontrará con una persona como este ateo. Una persona que no va a la iglesia, que no lee la Biblia, que no cree en Dios. ¿Cómo puede llegar Dios a una persona así? Probablemente su vida será la única Biblia que alguien lea. Si alguien estuviese mirándolo hoy. ¿Qué leerían ellos en las páginas de su vida?

Dije que la bondad es en realidad, dejar que su vida sea un vaso para la bondad de Dios. Y usted se podría preguntar, ¿Cómo se puede lograr esto? Mi respuesta es, rendirse a Dios y permitir que El viva a través de usted. Creo verdaderamente que la palabra clave es “ceder o rendir”. Escuche lo que Pablo dice de su propia experiencia cristiana en Gálatas capítulo 2, versículo 20:

20 Con Cristo he sido crucificado[p], y ya no soy yo el que vive, sino que Cristo vive en mí; y la vida que ahora vivo en la carne, la vivo por fe en el Hijo de Dios, el cual me amó y se entregó a sí mismo por mí.. (LBLA)

¿Cómo vivo esta vida cristiana? Pablo dice, si tuviera que hacerlo con mi propia fuerza y habilidad no lo podría hacer. Pero mi secreto es que he llegado al fin de mí mismo. Veo a Jesús en la cruz y me doy cuenta de que en realidad fui yo quien murió. Y ahora yo estoy muerto pero hay una persona que vive en mí, y ese es Cristo resucitado. La vida que ahora vivo en mi cuerpo mortal, aquí en el tiempo, en el espacio, en la cocina, en la oficina, en la fábrica, en la carretera, en la vida que ahora vivo, lo hago en la fe del hijo de Dios, el cual me amó y se entregó a sí mismo por mí.

Y en Filipenses 1:21, Pablo dice:

21 Pues para mí, el vivir es Cristo y el morir es ganancia.

La vida de Pablo no era suya, era la vida de Jesús vivida en él. Él había llegado al fin de sí mismo y simplemente se entregó a Jesús.

Recuerdo hace muchos años el testimonio de una persona, una ancianita, que llevaba una vida ejemplar de bondad. Ella no predicaba mucho, simplemente vivía. Un día alguien le preguntó, hermana, ¿qué hace usted cuando es tentada?

Ella le dio una respuesta muy singular. Ella dijo: “Cuando el diablo toca a la puerta, dejo que Jesús conteste”.

Eso es darle el control a Jesús. No se trata de enfrentarse al diablo en su propia fuerza, o resistirse a la tentación con su propia habilidad o justicia. Se trata de dejar que Dios viva a través de Ud.

Escuche lo que Pablo dice en Romanos 6, versículos del 11 al 14 (LBLA):

11 Así también vosotros, consideraos muertos para el pecado, pero vivos para Dios en Cristo Jesús.12 Por tanto, no reine el pecado en vuestro cuerpo mortal para que no obedezcáis sus lujurias; 13 ni presentéis los miembros de vuestro cuerpo al pecado como instrumentos[g] de iniquidad, sino presentaos vosotros mismos a Dios como vivos de entre los muertos, y vuestros miembros a Dios como instrumentos de justicia. 14 Porque el pecado no tendrá dominio sobre vosotros, pues no estáis bajo la ley sino bajo la gracia.

Qué declaración más gloriosa, “porque el pecado no tendrá dominio sobre vosotros”, ¿Cómo se puede lograr? Primero debemos entender que no se logra por las obras de la ley. Cuando Jesús murió, lo hizo por los pecados que estaban bajo la ley. Él nos trajo a una nueva clase de justicia. No en un nivel más bajo sino, a uno que opera por medios distintos: la justicia de la gracia de Dios. Esta justicia se alcanza al rendirse a Dios.

Hay una cosa más que necesito decir: esta bondad no hace trato con el pecado. No es un cristiano inmaduro, que cede ante cualquier situación. Al contrario no hay un acuerdo con el bien y el mal. En el Salmo 45, versículo 7, leemos que el salmista declara proféticamente estas palabras que describen al Señor Jesús:

Has amado la justicia y aborrecido la iniquidad;por tanto Dios, tu Dios, te ha ungidocon óleo de alegría más que a tus compañeros.

Note que para amar la justicia, también se requiere aborrecer la maldad. No puede comprometer sus principios con el mal. Y en el Salmo 97, versículo 10, el salmista dice:

Los que amáis al Señor, aborreced el mal;

Al final de cuentas el único poder suficientemente fuerte para vencer el mal es el bien. No hay ninguna otra manera de enfrentarse al mal y vencerlo sino solamente por el bien. El bien es suficientemente fuerte para vencer al mal. Esto es lo que Pablo dice en Romanos 12, versículo 21:

No seas vencido por el mal, sino vence con el bien el mal.

Recuerde que la bondad es la vida de Dios en usted. Y la vida de Dios es más grande y fuerte que todo el mal. La bondad es ceder ante Dios y dejar que Él manifieste su vida en y a través de usted.

Nuestro tiempo por hoy ha terminado, regresaré mañana a la misma hora para hablar de la siguiente forma del fruto espiritual, el fruto de la fidelidad.

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