Me alegro de estar nuevamente con usted, en esta semana estoy compartiendo sobre un tema muy rico y hermoso, el fruto del Espíritu, las nueve formas del fruto espiritual que se menciona en Gálatas capítulo 5.

Ayer hablé de la primera forma de fruto, el fruto de AMOR. Hoy voy a hablar de la segunda forma de fruto, el fruto de GOZO.

Gozo es una palabra hermosa. Totalmente, el gozo es algo bello. Sin embargo para experimentar su belleza en nuestras vidas, necesitamos entender, la verdadera naturaleza del gozo, y para entender esto necesitamos conocer algo sobre las personalidades humanas.

La Biblia revela que toda la personalidad humana está compuesta de tres áreas distintas: el Espíritu, el Alma y el Cuerpo; Pablo establece esto en Primera de Tesalonicenses 5:23, donde dice:

“Y el mismo Dios de paz os santifique por completo; y todo vuestro ser, espíritu, alma y cuerpo, sea guardado irreprensible para la venida de nuestro Señor Jesucristo.”

Note que cuando Pablo habla de toda nuestra personalidad específica tres áreas distintas; el espíritu, el alma y el cuerpo.

Hay un tipo diferente de satisfacción, para cada área de nuestra personalidad. Si entendemos esto podemos empezar a entender la naturaleza del gozo. Yo lo llamo placer al tipo de satisfacción que buscamos para el cuerpo. En el alma, llamo felicidad al tipo de satisfacción que buscamos para el alma. Sin embargo, yo llamo gozo al tipo de satisfacción que buscamos para el Espíritu. Así que el placer está en el cuerpo, la felicidad está en el alma, y el gozo está en el espíritu.

Es importante poder distinguir, entre la felicidad y el gozo como lo definí anteriormente. Por supuesto que se pueden usar diferentemente, pero las escogí de esta manera para destacar esta diferencia. ¿Cuál es entonces la diferencia entre la felicidad y el gozo? Le daré un ejemplo muy sencillo y cotidiano de felicidad. Hay un joven con su auto deportivo nuevo, su novia está a su lado es un hermoso día de primavera, y están paseando por una bella carretera. Todo va muy bien las aves cantan, él tiene dinero en su bolsillo, su novia le toma la mano. El está muy feliz.

Pero ahora cambiemos el escenario. Veamos al mismo joven, su hermoso auto deportivo está descompuesto, su novia lo dejó plantado, es un día frío de invierno, está lloviendo y él no tiene dinero. ¿Cree usted que ahora este feliz? Definitivamente que no. Su felicidad se evaporó. ¿Por qué? Porque la felicidad depende de las circunstancias. Pero la gran verdad que tiene que entender es esta: el gozo no depende de las circunstancias.

Usted se pregunta ¿Cómo puede ser eso? La respuesta es que el gozo depende de algo que nunca cambia con las situaciones, las circunstancias, las finanzas o el clima. Solo hay una fuente de gozo, que es Dios mismo, y porque Dios nunca cambia, entonces el gozo no necesita cambiar tampoco.

Si estamos viviendo solamente en el nivel del cuerpo y el alma, podremos conocer el placer y la felicidad; pero no podríamos conocer el gozo. Porque el gozo solo tiene una fuente que es Dios. El gozo viene de una relación directa, personal y continua con Dios. Sin esa relación es imposible conocer el verdadero gozo.

Ahora quiero darles el testimonio de algunos hombres que encontraron el secreto del gozo. Quiero presentárselos en sus propias palabras. El primer hombre es por supuesto el Salmista David. Escuche lo que dice en el Salmo 43, versículo 4. El trasfondo de este Salmo nos dice que David estaba deprimido, sus enemigos lo perseguían, estaba bajo presión de las circunstancias, las cosas no iban bien y el futuro estaba muy incierto. Así que él tomó una decisión y fue la siguiente:

“Entraré al altar de Dios. Al Dios de mi alegría, y de mi gozo; Y te alabaré con arpa, oh Dios, Dios mío.”

David se dijo a sí mismo ¿Cuál es la solución a todos estos problemas? ¿Dónde está la respuesta? Solo hay un lugar donde puedo ir, entrare al altar de Dios. Cuando llegue al altar podré alabar y adorar a Dios. Mi relación con Dios será renovada y mi gozo será restaurado.

Y note lo que David dice de Dios; Dios de mi alegría y de mi gozo. Así que el gozo de David no estaba en ninguna situación, circunstancia, experiencia, logro o bendición, sino que su gozo, estaba en su Dios. El dijo de EL: “Al Dios de mi alegría y de mi gozo”.

¿Tiene Ud. ese tipo de relación con Dios, para que en medio de todo problema, u opresión el camino aun esté abierto para que pueda recibir el gozo? El canal entre Ud. y Dios está abierto, y aun cuando no está feliz y no está experimentando placer, y todo a su alrededor esté oscuro e inseguro aún tiene gozo; el gozo en su espíritu, porque su espíritu está en contacto directo con el espíritu de Dios, la fuente de gozo.

Escuche el testimonio de otro hombre que estaba en una situación muy terrible. En realidad en cierto sentido casi no se puede estar en una situación peor que este hombre, el profeta Habacuc. Este es el testimonio de Habacuc, en el capítulo 3, versículos 17 y 18:

“Aunque la higuera no florezca, Ni en las vides haya frutos, Aunque falte el producto del olivo, Y los labrados no den mantenimiento, Y las ovejas sean quitadas de la majada, Y no haya vacas en los corrales; Con todo yo me alegraré en Jehová, Y me gozaré en el Dios de mi salvación.”

Habacuc está en una situación en la que todo lo material en que podía depender, se le había sido terminado. La lista en verdad es impresionante. La higuera no florece, no hay fruto en las vides, no hay olivos, los campos no producen alimentos, no hay ovejas, no hay vacas. Así que para un hombre que se ganaba la vida cultivando la tierra, no le quedaba mucho. ¿Qué fue lo que hizo Habacuc? ¿Se sentó y dijo, todo ha terminado? ¿Dios me ha olvidado, mejor me doy por vencido?, ¿qué hubiera hecho Ud. en una situación semejante?

Habacuc como David, tomó una decisión. David dijo: entraré al altar de Dios; Habacuc dijo: Me gozaré en el Dios de mi salvación. Quiero que note que esto no depende de la emoción, descansa de la voluntad. Es una decisión. Todo me ha salido mal, pero aun así puedo ir al Señor, y cuando lo hago tengo gozo, porque el Señor es mi gozo, aunque las situaciones y circunstancias varíen, el Señor no cambia. Así es como un creyente puede tener gozo continuo y sin interrupción. No en su cuerpo, no en su alma, sino en su espíritu.

En Romanos capítulo 5, Pablo expresa una progresión interesante de gozo. En el versículo 2 dice: Nos gloriamos o nos regocijamos en la esperanza de la gloria de Dios. Nuestra primera fuente de gozo es la esperanza de la gloria de Dios. El siguiente versículo es un tanto sorprendente a nuestra mente natural. Él dice: también nos gloriamos en las tribulaciones, en los problemas. Nos gozamos en ellos. ¿Cómo puede ser eso?

Pablo lo explica en el versículo siguiente. Porque la tribulación produce, ciertos resultados en nuestro carácter que no se puede lograr de otra manera y aunque no nos gusten las tribulaciones, nos gozamos en ellas, nos gloriamos en ellas porque sabemos que están formando nuestro carácter.

Pero la tercera etapa de la progresión está en el versículo 11 de Romanos capítulo 5; donde Pablo dice: Y No solo esto, sino que también nos gloriamos en Dios por el Señor nuestro Jesucristo, por quién hemos recibido ahora la reconciliación. El clímax de glorificación del gozo está en Dios mismo. Por supuesto, como ya dije, eso nunca se les podrá quitar. Yo diría que la marca de la verdadera madurez espiritual es encontrar su gozo en Dios; no es una experiencia, una bendición, o una provisión, aunque esas cosas son maravillosas; sino en Dios mismo.

Para terminar leeré un pasaje de Hechos capítulo 13, versículo 52. Esto es lo que dice de los discípulos en la ciudad de Antioquía en Sibia: Y los discípulos estaban llenos de gozo y del Espíritu Santo. Si vemos los antecedentes notamos que sus discípulos recién se habían convertido. Ellos estaban bajo una gran presión; había persecución en la ciudad, los hombres que les habían guiado al Señor, Pablo y Bernabé tuvieron que irse, así que se quedaron solos bajo aquella persecución.

¿Cuál fue su respuesta? ¿fue la de rendirse, de desanimarse y decir: bueno, Dios les ha fallado? No, su respuesta fue asombrosa. Los discípulos estaban llenos de gozo y del Espíritu Santo. Mientras pueda ser lleno del Espíritu Santo, también podrá ser lleno de gozo.

Terminaré con dos afirmaciones paralelas1.- Es imposible ser lleno del gozo, sin el Espíritu Santo, y 2.- Es imposible ser lleno del Espíritu Santo, sin el gozo.

Nuestro tiempo por hoy ha terminado regresaré mañana a la misma hora para hablar de la tercera forma del Fruto del espíritu, el fruto de paz.

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