Me alegro de estar nuevamente con Ud. para compartir uno de los temas más hermosos de las Escrituras, el fruto del Espíritu; que está en Gálatas 5:22 y 23:

“Más el fruto del Espíritu es amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fe, mansedumbre, templanza.”

En mi charla introductoria de ayer, expliqué la diferencia entre los dones y el fruto. Esencialmente dije que los dones son dados y recibidos en una sola transacción breve, no se puede ganar y ni trabajar para obtenerlos. Por otro lado el fruto viene por un proceso de crecimiento gradual y necesita ser cultivado. Este requiere que se trabaje arduamente. Esencialmente los dones representan habilidad, el fruto representa el carácter.

En mi charla de hoy voy a tratar con la primera forma del fruto que es: EL AMOR. Primero, necesito decir que el amor es lo principal en la fe cristiana. Ocupa un lugar de importancia que no comparte con nada más.

Escuche lo que Jesús dice en Juan 13:34-35;

“Un mandamiento nuevo os doy: Que os améis unos a otros; como yo os he amado, que también os améis unos a otros. En esto conocerán todos que sois mis discípulos, si tuviereis amor los unos con los otros.”

Hay ciertas cosas que necesitamos ver en estas palabras de Jesús. Primero que el amor es un mandamiento, no es una opción; si no nos amamos unos a otros estamos desobedeciendo al Señor.

Segundo es el nuevo mandamiento. En cierto sentido, éste remplaza, éste resume e incluye todos los otros mandamientos previos. Es interesante notar que Moisés le dio a Israel los Diez Mandamientos, y en el judaísmo tienen 613 mandamientos; pero el Señor Jesús solo dejó un solo mandamiento: Que nos amemos unos a otros. Luego también debemos reconocer que esta es la verdadera prueba del discipulado.

Francis Scheffer lo resumió de esta manera: “El Señor le ha dado al mundo el derecho de juzgar a la iglesia”. Si la gente de este mundo ve que nosotros como cristianos no nos amamos unos a otros, entonces tienen un perfecto derecho, basado en las palabras de Jesús de decir que no somos sus discípulos.

Veamos también lo que Pablo dice acerca del amor, en Romanos 13: 8 al 10:

“No debáis a nadie nada, sino el amaros unos a otros; porque el que ama al prójimo, ha cumplido la ley. Porque: no adulterarás, no matarás, no hurtarás, no dirás falso testimonio, no codiciarás, cualquier otro mandamiento, en esta sentencia se resume. Amarás a tu prójimo como a ti mismo. El amor no hace mal al prójimo, así que el cumplimiento de la ley es el amor.”

Note esa última declaración exclusiva, “el cumplimiento de la ley es el amor”.

Y luego dos afirmaciones en Gálatas Capitulo 5, en el versículo 6,

“porque en Cristo Jesús, ni la circuncisión vale algo, ni la incircuncisión; sino la fe que obra por el amor.”

Pablo dice que la única cosa que en realidad es importante en la vida cristiana es la fe que se expresa por el amor. Ceremonias y ritos externos son de segunda importancia, el centro de toda nuestra fe se expresa por el amor.

Y ahora en Gálatas 5: 14, Pablo dice:

“Porque toda la ley en esta palabra sola se cumple: Amarás a tu prójimo como a ti mismo.”

La palabra por supuesto es “Amor”.

Especialmente para nosotros que estamos en el ministerio cristiano, ya sea como maestros, pastores o lo que sea, es importante que le prestemos atención a esta supremacía del amor, sobre todos los demás aspectos de la vida cristiana; porque marca la diferencia en nuestro ministerio.

Pablo dice esto en Primera de Timoteo 1:5 y 6;

“Pues el propósito de este mandamiento es el amor nacido de corazón limpio, y de buena conciencia, y de fe no fingida, de las cuales cosas desviándose algunos, se apartaron a vana palabrería.”

¿Qué es lo que Pablo está diciendo? Que la única meta principal y legítima de todo el ministerio cristiano es producir el amor. Cualquier ministerio que no produzca amor, no estará sirviendo el propósito de Dios y terminará en trivial palabrería, palabras vacías y tiempo perdido. Necesitamos medir nuestro ministerio con este criterio. ¿Estamos produciendo personas que ese aman unas a otras?

No es difícil en algunos lugares hacer que la gente vaya a la iglesia y que se sienten en las bancas, canten himnos y que aun dan sus diezmos, pero si esas personas no se aman unas a otras, todo ese esfuerzo religioso en realidad se pierde. Bajo este estándar, a menudo he examinado mi propio ministerio. Y a veces he tenido que reconocer, que no estaba produciendo lo que debía. Pero es mi determinación hoy producir personas que en verdad se amen las unas a las otras.

Bien ¿Cuál es la naturaleza del amor, como entendemos esto en el Nuevo Testamento? Diré brevemente que en el griego del período en el Nuevo Testamento había cuatro palabras básicas que ese refería a algún tipo de amor. La primera es EROS, la que sin duda conoce, que refiere al amor o al deseo sexual. La segunda palabra es ESTORGE, que probablemente podría traducirse como afecto o cariño, especialmente afecto familiar. La tercera es FILIA, que es amistad. La cuarta es ÄGAPE, que denota amor puro y verdadero, principalmente como manifestado por Dios mismo; aunque hay partes en el Nuevo Testamento donde se habla de otro tipo de amor, que no es el amor de Dios, pero generalmente ágape se refiere al amor que se origina en Dios mismo.

¿Cómo viene el amor? ¿Cómo se produce? He dicho que todo fruto debe ser cultivado, ¿Cómo podemos cultivar el amor? Quiero sugerirle cuatro principios para cultivar el amor: Amor ágape, el tipo de amor que trata el Nuevo Testamento:

Primero el amor de este tipo nace de la semilla de la Palabra de Dios, recibida en el corazón del creyente; esto es lo que dice Pedro, en Primera de Pedro Cap.1 versículos 22 y 23:

“Habiendo purificado vuestras almas por la obediencia a la verdad, mediante el Espíritu, por el amor fraternal no fingido, amaos unos a otros entrañablemente, de corazón puro; siendo renacidos, no de simiente corruptible, sino de incorruptible, por la palabra de Dios que vive y permanece para siempre.”

Note la parte central de lo que dice Pedro “amaos unos a otros entrañablemente, de corazón puro; siendo renacidos, de la simiente de la palabra de Dios”. En otras palabras lo que hace posible para nosotros este tipo de amor, es nacer de nuevo de la semilla de la Palabra de Dios; inicialmente es el producto de la simiente de la Palabra de Dios.

Nuevamente, en Primera de Juan 4, versículos 7 y 8, leemos

“Amados, amémonos unos a otros; porque el amor es de Dios. Todo aquel que ama, es nacido de Dios, y conoce a Dios. El que no ama, no ha conocido a Dios; porque Dios es Amor.”

Hay un tipo de amor que solo puede venir a través de nacer de nuevo en Dios. Todos los que son nacidos de Dios deben estar manifestando ese tipo de amor; y una persona que no manifiesta ese tipo de amor, en realidad no tiene ninguna base bíblica para decir que ha nacido de Dios.

El segundo principio, es que el amor es derramado por el Espíritu Santo. Romanos 5:5 dice: “Porque el amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones por el Espíritu Santo que nos fue dado.” El corazón del creyente que ha nacido de nuevo se convierte en un vaso para el amor de Dios; una persona que no ha nacido de nuevo no es un vaso adecuado para contener el amor de Dios. Pero cuando nacemos de nuevo, nuestros corazones se vuelven vasos para el amor de Dios y entonces el Espíritu Santo puede derramar ese amor en nuestros corazones. Esa es la contribución del Espíritu Santo.

Tercero; para cultivar este tipo de amor, se requiere la colaboración de nuestra voluntad, estamos tan acostumbrados hoy en día al amor que es físico o emocional, que a algunas personas apenas pueden reconocer, que hay un tipo diferente de amor, que no se centra en las emociones; no se centra en el cuerpo físico, sino que se centra en la voluntad. Ágape, viene principalmente de la decisión y determinación de nuestra voluntad. No depende de nuestras emociones, o de nuestras sensaciones físicas.

Cuarto; este tipo de amor se expresa en acción, poniendo nuestra vida por otro; Jesús dice en Juan 15: 12 y 13:

“Este es mi mandamiento: Que os améis unos a otros, como yo os he amado. Nadie tiene mayor amor que este, que uno ponga su vida por sus amigos.”

Jesús dice, que este es un mandamiento. Ya señalé que el amarnos unos a otros no es una opción, ¿Cómo? Como yo os he amado; ¿Cómo fue expresado el amor de Jesús hacia nosotros? El dio su vida por nosotros, si nos amamos estamos obligados a poner nuestras vidas, el uno por el otro. Esto se observa nuevamente en Primera de Juan 3:16, “En esto hemos conocido el amor, en que él puso su vida por nosotros; también nosotros debemos poner nuestras vidas por los hermanos.” Esa es la esencia del amor ágape, poner nuestras vidas por los hermanos. No necesariamente como mártires, con una muerte física; sino disponiendo nuestras vidas, posesiones, habilidades, y talentos, para nuestros hermanos en Cristo. Eso significa poner nuestra vida por los hermanos, la expresión del amor ágape.

Repetiré brevemente, esos cuatro principios de cómo cultivar el amor: Primero, este es el resultado de haber nacido de nuevo, de la Palabra de Dios; una persona que no ha nacido de nuevo no puede producir este tipo de amor.

Segundo, el corazón que nació de nuevo se convierte en un vaso, para que el Espíritu Santo lo llene del amor de Dios.

Tercero, esta clase de amor se centra en la voluntad, no en las emociones o en el cuerpo físico.

Cuarto, esta clase de amor se expresa de la misma manera que Jesús lo expresó por nosotros. Se expresa poniendo nuestras vidas por los hermanos, si no estamos dispuestos a poner nuestras vidas por nuestros prójimos creyentes, no tenemos ningún derecho de decir que tenemos este tipo de amor.

Nuestro tiempo por hoy ha terminado, regresaré mañana a la misma hora, para hablar de la segunda forma del fruto del Espíritu; el fruto del Gozo.

Como
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