Como viene el fruto

Derek Prince
*First Published: 1979
*Last Updated: marzo de 2026
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Me alegro de estar nuevamente con Ud. para compartir las verdades que la vida me ha enseñado, verdades que han hecho la diferencia entre el éxito y el fracaso en mi vida, y que pueden hacer lo mismo por Ud.
Déjame comenzar diciendo gracias a aquellos de ustedes que me han estado escribiendo. Antes de terminar esta charla, les daremos una dirección postal a la que pueden escribir. Siéntanse libres de compartir con nosotros sus necesidades personales, sus problemas, sus solicitudes de oración.
Las últimas dos semanas hablé de los nueve dones del Espíritu Santo. Esta semana y también la próxima, estaré compartiendo con Ud. lo que yo llamo, la otra cara de la moneda, el fruto del Espíritu Santo.
Encontramos la lista de las nueve formas del fruto del Espíritu Santo en Gálatas 5: 22y23:
“Más el fruto del Espíritu es amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fe, mansedumbre, templanza.”
Repetiré esa lista. El fruto del Espíritu tiene nueve formas: amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fe, mansedumbre, y templanza. Durante los nueve días siguientes estaré tratando con cada una de estas nueve formas de fruto; pero mi primera charla de hoy será introductoria, voy a hablar de “cómo viene el fruto”.
Necesitamos recordar que el fruto al igual que los dones vienen del Espíritu Santo. El Espíritu Santo nos da los dones, el Espíritu Santo trae el fruto. Ambos son igualmente la voluntad de Dios; Dios quiere que su pueblo ejerza dones, Dios quiere que su pueblo de fruto. No hay conflicto entre los dos, desafortunadamente hay una tendencia dentro del cuerpo de Cristo en que los grupos se alinean en dos bandos opuestos. Un grupo tiene una actitud de: “bueno nosotros tenemos el fruto del Espíritu, no necesitamos los dones”; y el otro grupo tiende a tener la actitud opuesta:” Bueno tenemos los dones del Espíritu. En realidad no necesitamos el fruto”. Ambos grupos están equivocados, ambos grupos están fuera de línea con las Escrituras. Es la voluntad claramente revelada por Dios, que todos los creyentes den fruto y ejerciten los dones.
Ud. podría decir ¿Cuál es la diferencia entre el fruto y los dones? Le daré una explicación breve, los dones son dados y recibidos en una sola transacción breve. No pueden ser ganados. No se puede trabajar para obtenerlos. Por otro lado el fruto viene por un proceso de crecimiento gradual y necesita ser cultivado. Es un hecho significativo que en casi cualquier lugar del mundo, sería imposible comercializar un fruto que no haya sido cultivado intencionalmente. Para entender mejor la diferencia podemos considerar dos árboles. Un árbol de manzana y un árbol de navidad. El árbol de manzana da fruto y debajo del árbol de navidad tenemos regalos/dones/o presentes. El fruto que da el árbol de manzana viene por un proceso de crecimiento gradual y depende de un número de factores diferentes para que este llegue a dar buen fruto. Por el otro lado, los dones o regalos en el árbol de navidad son puestos allí con una sola acción breve y son quitados del árbol por una acción breve.
Así que el árbol de manzana, es un ejemplo de fruto, y el árbol de navidad es un ejemplo de los dones. Podríamos resumirlo de esta manera, esencialmente los dones representan capacidad o poder, el fruto representa carácter. Ahora, cada uno necesita del otro. Dones o poder, sin carácter son peligrosos. Son como un joven con un auto deportivo nuevo, que no tiene control de sí mismo y no sabe cómo manejar. Si usted lo deja suelto con ese auto, lo más posible es que va a tener un accidente. Entonces, los dones o el poder, de cualquier manera que se lo describa, sin carácter son peligrosos. Por otro lado, el carácter sin los dones es ineficaz. La vida cristiana tiene para ofrecer a las personas mucho más que una simple simpatía. Hay un dicho que oí decir a alguien una vez y que me gusta: “Quiero ser parte de la solución no parte del problema”. Yo creo que eso es lo que un cristiano debe ser, parte de la solución. Pero se necesitan los dones para ser parte de la solución. Es una cosa compadecerse de un enfermo, pero se necesita fe o un don de sanidad o de operación de milagros para suplir la necesidad de ese enfermo. El ejemplo perfecto es Jesús. Él tenía el fruto perfecto del Espíritu en su vida y tenía carácter, pero también ejercitaba los dones del Espíritu; los dones del Espíritu le permitieron expresar su carácter en acción. Así que necesitamos ambos los dones y el fruto.
Sin embargo hay una diferencia importante y es esta, el carácter es permanente, los dones son temporales. Esta verdad de que los dones son temporales Pablo lo dice claramente en 1ra Corintios 13, del 8 al 10. El habla del amor y recuerde que el amor es la forma principal del fruto, dice:
“El amor nunca deja de ser; pero las profecías se acabarán, y cesarán las lenguas, y la ciencia acabará. Porque en parte conocemos, y en parte profetizamos; más cuando venga lo perfecto, entonces lo que es en parte se acabará.”
Así que necesitamos los dones ahora. Necesitamos la palabra de conocimiento, necesitamos la profecía, necesitamos los otros dones, porque aún no hemos llegado a lo perfecto, pero cuando lleguemos a lo perfecto en nuestra vida resucitada, entonces ya no necesitaremos más los dones. Pero en nuestra vida resucitada el carácter aún tendrá una parte permanente. Su carácter es lo que usted será por toda la eternidad. Recuerde eso: los dones son temporales, el carácter es permanente.
Ya dije que el fruto debe ser cultivado. Ahora quiero darle algunas direcciones breves de cómo debe cultivarse el fruto. Veamos primero en Segunda de Timoteo Cap. 2 vers. 6, donde Pablo dice: “El labrador, para participar de los frutos, debe trabajar primero”. Pablo resalta una verdad básica muy simple, para cultivar el fruto se necesita trabajar arduamente. No se puede conseguir sin esfuerzo y eso es igualmente cierto del fruto del Espíritu, se tiene que trabajar duro para cultivarlo. Quiero sugerirle cuatro cosas que Ud. necesita hacer para cultivar el espiritual en su vida.
Primero, necesita estudiar la Palabra de Dios. La Palabra de Dios es la base de toda provisión para nosotros. Si no conocemos su Palabra casi inevitablemente nos privamos de muchas de sus provisiones. En Segunda de Timoteo 2:15, Pablo le dice a Timoteo nuevamente: “Procura con diligencia presentarte a Dios aprobado, como obrero que no tiene de que avergonzarse, que usa bien la palabra de verdad”. Para poder usar bien la palabra de verdad, o sea las Escrituras o la Palabra de Dios, usted tiene que ser un obrero. Esto requiere tiempo. En cierto sentido tiene que arremangarse la camisa y ponerse a trabajar.
La segunda dirección que yo le daría es que pase tiempo en oración. Y con oración no quiero decir solamente hablarle a Dios, sino lo que es importante y tal vez más importante, escuchar a Dios. Nuevamente Jesús es nuestro patrón perfecto. Todo el ministerio terrenal de Jesús fue basado en la relación con su padre. Y para poder cultivar y mantener esa relación, Jesús pasó mucho tiempo en oración; muy a menudo, temprano en la mañana. Y allí El escuchó la voz de su Padre, y recibió la dirección para su ministerio.
La tercera dirección que yo le daría es esta, cultive la comunión con otros. No trate de vivir la vida cristiana solo. La Escritura dice que todos somos miembros de un cuerpo, y que nos necesitamos los unos a los otros. Muchas veces pienso en David, enfrentándose a Goliat, recuerde que las armas que él tomó del arroyo fueron cinco piedras lisas; ¿Por qué tenían que ser lisas esas piedras? Porque si no hubiesen sido lisas no podrían ser eficaces. Si estas hubiesen tenido cualquier irregularidad al lanzarse estarían erráticas e imprecisas y le pudo haber costado la vida a David. ¿Por qué eran lisas las piedras? Porque habían estado en el arroyo, ¿Qué le sucedió en el arroyo? Primero, el agua estaba corriendo continuamente sobre estas piedras; segundo, habían estado chocándose unas con otras, puliéndose todas las irregularidades de los bordes.
Yo creo que cuando el Señor Jesucristo busca cristianos que Él puede usar. Él busca en el arroyo. Él va al lugar donde el agua pura de la Palabra de Dios ha estado fluyendo sobre ellos limpiándolos, puliéndolos, y segundo donde han estado en comunión los unos con los otros; quitándose las asperezas el uno del otro. Así que cultive la comunión y eso lo convertirá en alguien suave así como las piedras.
La cuarta, y final recomendación que tengo para usted es que se someta a disciplina. El fruto no viene a la vida de alguien sin disciplina; y yo tengo en mente dos tipos de disciplina. Primero, disciplina propia, la manera en que organiza su vida, aun cosas sencillas como cuando se levanta, lo que come, como se viste, su higiene personal. Todo eso es esencial para cultivar el fruto. Sin embargo, más allá de eso, creo que todo cristiano en situaciones normales debe estar sujeto a la disciplina de la iglesia. Debe ser miembro de una iglesia y estar bajo la autoridad de los líderes de la iglesia, y sujeto a su disciplina.
Esos son mis cuatro recomendaciones, -Estudie la palabra de Dios. -Pase tiempo en oración. -Cultive la comunión. -Sométase a la disciplina.
Nuestro tiempo por hoy ha terminado, regresaré mañana a la misma hora para hablar de la primera forma del fruto del Espíritu, el fruto de AMOR.

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