El Don de Lengua

Derek Prince
*First Published: 1979
*Last Updated: marzo de 2026
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Me alegro de estar nuevamente con usted. La semana pasada y esta también he estado compartiendo sobre los preciosos y maravillosos Dones del Espíritu Santo. En mi charla de ayer, traté con el don que muchas personas encuentran difícil de entender, el don de lenguas. Hoy, voy a hablar del don que va directamente con el don de lenguas. Es más, el don del que voy a hablar no tiene ningún significado aparte del don de lenguas. Es el don de la interpretación de lenguas. Por simple lógica, no puede haber necesidad para el uso de este don de la interpretación de lenguas a menos que haya sido precedido por una lengua; o sea, una lengua desconocida que necesita ser interpretada.
Primero definiré “interpretación”, con respecto a eso. La interpretación es la habilidad, dada sobrenaturalmente por el Espíritu Santo, de presentar en un lenguaje conocido el significado de algo que anteriormente había sido dado en un lenguaje desconocido. Ahora, la interpretación puede ser dada por otra persona o puede ser la misma persona que dio la palabra en la lengua desconocida. La Escritura permite cualquiera de las dos posibilidades.
Esencialmente, el propósito de la interpretación de lenguas así definida es el mismo que el de la profecía. Por ejemplo, en 1 Corintios 14, versículos 4 y 5, Pablo dice:
“El que habla en lengua extraña, a sí mismo se edifica; pero el que profetiza, edifica a la iglesia. Así que, quisiera que todos vosotros hablaseis en lenguas, pero más que profetizaseis; porque mayor es el que profetiza que el que habla en lenguas, a no ser que las interprete para que la iglesia reciba edificación.”
La prueba del uso de estos dones es la edificación. ¿Cuánta edificación se logra? Hablar en una lengua desconocida edifica al que habla, pero a nadie más. Pero profetizar edifica a la iglesia, el grupo reunido de creyentes. Por lo tanto, se dice que profetizar es mayor que hablar en lenguas porque edifica a más personas.
Ahora, cuando las lenguas son interpretadas, entonces el significado de la lengua se comunica a las personas que pueden escuchar y entender, y como resultado, tiene el mismo efecto que la profecía. Así que pone a las lenguas, más la interpretación, esencialmente en el mismo nivel que profetizar.
Nuevamente, en 1 Corintios 14, versículos 12 y 13, Pablo continúa diciendo:
“Así también vosotros; pues que anheláis dones espirituales, procurad abundar en ellos para edificación de la iglesia.”
Note que el propósito principal es la edificación. Luego dice:
“Por lo cual, el que habla en lengua extraña, pida en oración poder interpretarla.”
Ahora, ¿por qué debe orar por eso? Porque tiene que anhelar la edificación de otros aparte de sí mismo. Hablar en lenguas se edifica a sí mismo, pero cuando profetiza o cuando interpreta lo que ha dicho en una lengua, edifica a otros.
Usted se podría preguntar: "¿No es un poco extraño que Dios dé primero una lengua desconocida y luego una interpretación? ¿Por qué Dios no puede dar de una vez la profecía o la interpretación?" Pienso que hay algunas preguntas de las que tendremos que recibir respuestas directamente de Dios. Pero le daré tres razones de por qué pienso que esto es práctico.
Primero, si Dios da a uno la palabra en una lengua desconocida y a otro una interpretación, Él estará promoviendo la interdependencia de los miembros y ese es uno de los grandes propósitos de los dones. Pablo, después de hablar de los dones en 1 Corintios, capítulo 12, habla del cuerpo y de sus miembros y uno de sus puntos principales es que cada miembro necesita a los otros miembros. Así que, cuando uno habla en una lengua, pero la interpretación es dada por otro, cada uno de esos miembros necesita al otro para el resultado final.
Segundo, por lo general, hablar en una lengua que la mente no entiende destrona al intelecto humano y, por lo tanto, da espacio a la soberanía de Dios. Uno de nuestros problemas en la iglesia es que hemos manejado las cosas simplemente al nivel de nuestro propio intelecto. Todo lo hemos tenido que razonar antes de aceptarlo. Pero Dios opera en un nivel más alto que nuestro intelecto; y una de las maneras en que Dios opera para bajarnos de esa entronización del intelecto humano, es ministrar en un lenguaje desconocido en que la pobre mente humana tiene que hacerse a un lado y decir: "simplemente no sé lo que se está diciendo". Eso es muy bueno y saludable para la mayoría de nosotros que confiamos demasiado en nuestro intelecto.
Otra razón práctica es que a veces en una reunión del pueblo de Dios las personas en realidad no están atentas y listas para escuchar una palabra profética. Pero si, primero, viene una palabra ungida, bien articulada y con autoridad en una lengua desconocida, esta atrae la atención de la gente. Se dan cuenta de que Dios está tratando de decir algo. Y, si las personas están entrenadas apropiadamente en una situación como esa, cuando ese tipo de palabra viene en una lengua desconocida, entonces debe haber silencio y la gente debe estar en una actitud atenta y de oración, esperando y orando por la interpretación. Esa es la tercera razón del porqué a veces es práctico para Dios operar a través de una lengua y una interpretación y no simplemente a través de una profecía, porque las personas no siempre están listas para recibir una profecía, pero una lengua preparará el camino para que reciban una interpretación.
Ahora voy a dar las guías para el ejercicio de la profecía al igual que la interpretación que Pablo nos da en 1 Corintios, capítulo 14. Es importante entender que estos dones necesitan ser regulados. Pablo empieza en el versículo 26:
“¿Qué hay, pues, hermanos? Cuando os reunís, cada uno de vosotros tiene salmo, tiene doctrina, tiene lengua, tiene revelación, tiene interpretación. Hágase todo para edificación.”
Note, nuevamente, que el propósito primordial es siempre la edificación. Y a través de estos dones sobrenaturales, cuando el pueblo de Dios se reúne, cada uno puede contribuir algo dado por Dios. Nadie necesita sentarse a un lado, pasivo y silencioso, simplemente oyendo a las otras personas. Hace a cada miembro del cuerpo potencialmente activo. Entonces Pablo continúa en los versículos 27 y 28:
“Si habla alguno en lengua extraña, sea esto por dos, o a lo más tres, y por turno; y uno interprete. Y si no hay intérprete, calle en la iglesia, y hable para sí mismo y para Dios.”
Pablo dice que una declaración pública en una lengua desconocida está fuera de lugar a menos que sea seguida por una interpretación. Por lo tanto, una persona que da una palabra como tal debería poder interpretarla ella misma o tener la confianza de que haya otra persona presente que puede dar la interpretación. De lo contrario, es legítimo que esa persona hable en una lengua, pero no en voz alta. Pablo dice: "hable para sí mismo y para Dios".
Hay algunas personas que simplemente no se dan cuenta de que no es necesario hablar en voz alta en una lengua desconocida. Es perfectamente legítimo hacerlo para usted mismo. Luego Pablo continúa con las regulaciones para la profecía. Él dice:
“Asimismo, los profetas hablen dos o tres, y los demás juzguen.”
He señalado en mi charla sobre profecía, que la profecía siempre debe ser sujeta a juicio. Nunca debe ser aceptada a la ligera, sin ser probada. Entonces, cuando hablen dos o tres profetas, se espera que los otros presentes con ese don y ministerio deben asesorar las profecías y decir si se deben ser aceptadas de parte de Dios o no. Tanto con las lenguas, la interpretación y con la profecía, Pablo dice, "dos o tres". Creo que la razón es que Dios no quiere que su pueblo tenga una comida que consista de solo en un plato. Un plato podría ser el ejercicio de lenguas e interpretación o la profecía, pero hay muchos más aspectos de la dieta total que Dios para Su pueblo. Así que Él no quiere que Su pueblo se quede en una manifestación particular y excluya Sus otras provisiones para ellos. Luego Pablo continúa diciendo, extraordinariamente, en el versículo 31:
“Porque podéis profetizar todos uno por uno, para que todos aprendan, y todos sean exhortados.”
En lo que a Dios se refiere y a las Escrituras, es perfectamente posible que todos los creyentes profeticen. "Porque podéis profetizar todos uno por uno, para que todos aprendan, y todos sean exhortados". No significa que la primera vez que profetice una persona, que va a profetizar como Isaías. Puede que tartamudee, que titubee y sea un poco tímido, pero lo puede hacer para aprender. Entonces Pablo dice:
“Y los espíritus de los profetas están sujetos a los profetas;”
Eso es muy importante. Cuando una persona está operando en el Espíritu Santo, ella siempre está en control de sí misma. Esta es una lección que algunos de nosotros hemos tenido que aprender por la vía difícil. Una persona que hace algo imprudente y fuera de lugar y luego le echa la culpa al Espíritu Santo y dice: "¡El Espíritu Santo me hizo hacerlo!", esto no está de acuerdo con las Escrituras. El Espíritu Santo nunca obliga a un hijo de Dios que haga algo. El apóstol Pedro dice: "El Espíritu me dijo que fuese", pero nunca dijo: "El Espíritu me obligó a ir". Los espíritus malignos pueden apropiarse de las personalidades humanas y forzarla a hacer cosas que no quieren y por las que no son responsables, pero el Espíritu Santo nunca hará eso en una persona. Y todo se resume en esta declaración en el versículo 33:
“Porque Dios no es un Dios de confusión sino de paz como en todas las iglesias de los santos.”
Vemos que los dos objetivos principales de Pablo en estas pautas son, primero, la edificación y segundo, el orden.
Ahora me gustaría contarle brevemente, cómo Dios me dio este don de interpretación. Mi educación se basó en la filosofía. Yo era un ignorante de las cosas espirituales, pero el Señor Jesús se reveló a mí sobrenatural y soberanamente, y me llenó del Espíritu Santo; e inmediatamente tuve esta habilidad de hablar en una lengua desconocida. Entonces, cada noche, acostado en mi cama antes de dormir, yo hablaba en una lengua desconocida y luego terminaba hablando en inglés, pero no escogí las palabras que decía, y me asombré de las cosas que decía en inglés. Así que leí en el Nuevo Testamento, porque no sabía dónde más podía encontrar una explicación, y encontré estas frases: "lenguas" y la "interpretación de lenguas", y de pronto me di cuenta de que Dios me había dado esta habilidad de interpretar las lenguas que Él me había dado previamente. Y recuerdo, que la primera vez que esto me sucedió, hablé algunas palabras que me asombraron muchísimo; pero en ellas, Dios me mostró un breve avance de Su plan para mi vida. Al mirar hacia atrás, casi 40 años después, tengo que testificar que lo que Dios me enseñó entonces, por ese don de interpretación, se ha cumplido progresivamente desde entonces.
Nuestro tiempo por hoy ha terminado, regresaré la próxima semana, de lunes a viernes a la misma hora para hablar de otra de las maravillosas maneras en que el Espíritu Santo bendice al pueblo de Dios. Hablaré de los Frutos del Espíritu. Esto servirá para equilibrar y completar la enseñanza que he dado estas últimas dos semanas sobre los Dones del Espíritu Santo.

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