Me alegro de estar nuevamente con usted. La semana pasada y esta también, he estado compartiendo sobre los dones del Espíritu Santo. Hasta ahora, he tratado con los tres dones de revelación y los tres dones de poder, pero ahora voy a empezar con los tres dones vocales: es decir, los dones que necesariamente operan a través de las cuerdas vocales del ser humano. Estos tres dones son profecía, lenguas e interpretación de lenguas. Hoy, hablaré del don de profecía.

Primero, trataré de definirlo. La profecía es la habilidad dada por el Espíritu Santo a un creyente de hablar palabras que vienen de Dios, que no vienen de la educación, del razonamiento o entendimiento del creyente. Lo diré nuevamente. La profecía es la habilidad dada por el Espíritu Santo a un creyente de hablar palabras que vienen de Dios, que no vienen de la educación, del razonamiento o entendimiento del creyente, y así sucesivamente.

Ahora bien, este don de profecía ha estado en operación a través de la historia del pueblo de Dios desde el principio. Lo encontramos varias veces en el libro de Génesis. Por ejemplo, en el caso de Isaac cuando bendijo a Jacob, este es un caso asombroso. Isaac, el padre, imaginaba que estaba bendiciendo al gemelo mayor, Esaú, pero Jacob se había hecho pasar por Esaú y se presentó ante su padre, quien era ciego. Isaac, en su ceguera, puso sus manos sobre Jacob, suponiendo que él era Esaú, y lo bendijo. Más tarde, descubrió que había bendecido a Jacob y no a Esaú. Esaú le suplicó a su padre que anulara la bendición, pero Isaac no pudo hacer eso: Lo bendijo y él fue bendito.

Así que vemos que las palabras que pronunció Isaac proféticamente no procedían de su propio entendimiento y en realidad estaban por encima de su propia capacidad para anularla o invalidarla. Tenemos un caso similar con Jacob, más adelante, cuando bendijo a los dos hijos de José. José tenía sus ideas de quien debía recibir la mayor bendición; pero Jacob, inspirado y movido por el Espíritu Santo, bendijo a Efraín, el menor, más que a Manasés, el mayor. Y Jacob: no lo pudo cambiar. Ya que así Dios lo quiso.

Vemos que a través de la profecía un creyente puede ser un canal del consejo de Dios; de los propósitos de Dios, dados en palabras que provienen de Dios y no del creyente. Son dados sobrenaturalmente por el Espíritu Santo.

Ahora, el Nuevo Testamento dice mucho acerca del ejercicio de este don. Primero, veamos los propósitos por los que es dado. Estos están planteados en 1ra Corintios, capítulo 14 y versículo 3, donde Pablo dice:

“Pero el que profetiza habla a los hombres para edificación, exhortación y consolación.”

Es decir, el que profetiza, habla a los hombres de parte de Dios. Y el propósito principal está expuesto en tres palabras: edificación, exhortación y consolación. Podríamos decirlo, en lenguaje un poco más contemporáneo. El propósito de la profecía es de vigorizar, levantar y animar. Lo repetiré: vigorizar, levantar y animar.

Definitivamente el don de profecía no es para producir dictadores. Personas que anden haciendo declaraciones arbitrarias sobre lo que las otras personas deben hacer. Le diré esto con toda la firmeza posible: No hay dictadores en el cuerpo de Cristo y cualquiera que use la profecía para hacerse un dictador estará usándola mal. Debemos examinar bien esto.

Por esta razón, la Escritura establece muy claramente que toda profecía está sujeta a juicio. Por ejemplo, Pablo dice en 1ra Corintios 14:29:

“Y que dos o tres profetas hablen, y los demás juzguen.”

Es importante ver que generalmente, aunque no siempre, en el Nuevo Testamento los profetas operaban juntos. Eran miembros del mismo cuerpo. No era un caso de un hombre que estuviera en un nivel muchos más alto que los demás dando opiniones que todos debían aceptar, aunque estuvieran de acuerdo o no. Así que Pablo dice, que dos o tres profetas hablen y los demás profetas juzguen. Que ellos determinen en nombre del cuerpo si estas declaraciones en realidad son de Dios y si debemos prestarles atención.

Una vez más, Pablo dice en 1ra Tesalonicenses 5, versículos 19–21:

“No apaguéis el Espíritu; 20 no menospreciéis las profecías 21 Antes bien, examinadlo todo cuidadosamente, retened lo bueno;”

Pablo se cuidaba de dos errores. El primero, menospreciar las declaraciones proféticas y rechazarlas por completo. El segundo es creerla toda sin examinar. Él dice no menospreciar y no apagar al Espíritu. Pero, por otro lado, cuando viene una declaración profética, examinarla cuidadosamente y retener solo lo que es bueno.

Recuerdo de algo que les decía a los africanos cuando trabajaba con ellos en el Este de África, hace algunos años. Les decía: "Recuerden que no todo lo que les han traído los misioneros ha sido bueno. Algunas cosas son buenas y otras no tan buenas. Pero "eso no es un gran problema. Cuando ustedes comen pescado, saben bien qué hacer. Se tragan la carne y escupen los huesos. "Y hagan lo mismo con lo que le dicen". Y digo eso nuevamente hoy. No tenemos que aceptar todas las profecías. Recibamos la carne, que nos hace bien. Desechemos los huesos que no nos hace ningún bien.

He dicho que la profecía necesita ser juzgada. ¿Cómo podemos juzgarla? Ahora quiero darles tres pruebas bíblicas, simples y prácticas. Primero, ¿concuerda la profecía con la Escritura? El Espíritu Santo es el autor de la Escritura y Él nunca se contradice, así que el Espíritu Santo nunca dirá algo a través de la profecía que sea contradictorio a las Escrituras.

La segunda prueba es esta: ¿exalta la profecía a Jesucristo? El ministerio primordial del Espíritu Santo en la iglesia es de revelar y exaltar a Jesucristo. Cualquier cosa que no exalte a Jesús no viene del Espíritu Santo. Apocalipsis 19:10 nos dice esto específicamente:

“…Pues el testimonio de Jesús es el espíritu de la profecía.”

Toda profecía verdadera se centra en la persona de Jesús.

La tercera pregunta es: ¿Edifica la profecía al pueblo de Dios? Recordamos que ese era uno de los principales propósitos: la edificación del pueblo de Dios. Si la profecía no edifica, no fortalece, no anima al pueblo de Dios, entonces no hay razón de creer que viene del Espíritu Santo.

Si buscamos ejemplos de profecía en el ministerio de Jesús, curiosamente, no lo encontraremos. Creo que la razón de esto es que todo lo que Jesús dijo e hizo fue profético, así que no había ninguna situación en particular en la que Él estuviera profetizando porque todo Su ministerio fue profético. Sin embargo, hay otros ejemplos de profecía en el Nuevo Testamento que son interesantes y útiles.

Me gustaría ver uno en la vida de Timoteo. Pablo le escribe lo siguiente a Timoteo, en 1ra Timoteo, capítulo 1 versículo 18:

“Esta comisión te confío, hijo Timoteo, conforme a las profecías que antes se hicieron en cuanto a ti, a fin de que por ellas pelees la buena batalla,”

Ahora debemos llenar el trasfondo de Timoteo. En una de sus epístolas, Pablo dice que, por medio de una profecía, se le fue asignado a Timoteo un ministerio especial por la imposición de manos del presbiterio. En otras palabras, parece que el destino particular de la vida de Timoteo que Dios planeo fue indicado por medio del don de profecía, y por este don Pablo y los ancianos fueron movidos a imponer manos sobre Timoteo y apartarlo para su ministerio. Y también parece, que esas profecías daban mucho aliento y promesa a Timoteo de lo que Dios podía hacer a través de él. Pero cuando Pablo escribió esta primera epístola, le advertía a Timoteo contra el espíritu de temor y de no darse por vencido.

Y una de las cosas que le dijo: "Recuerda el don espiritual que está en ti, que se te fue conferido por medio de la profecía. Recuerda que Dios está contigo, y aunque tengas oposición y problemas, aun así, Dios cumplirá todo lo que prometió". Bueno, este es un uso muy hermoso de la profecía, que yo he experimentado varias veces en mi vida. Cuando he estado desalentado, oprimido o cuando parecía que ya no podía seguir más me he encontrado con que las palabras proféticas que habían sido dadas en el pasado me han animado y fortalecido.

Sin embargo, debemos hacer una advertencia sobre la profecía directiva:

No debe ser el único medio de dirección en su vida. En 2 Corintios 13:1, Pablo dice:

“el testimonio de dos o tres testigos se juzgarán todos los asuntos.”

No actúe en base a solo una profecía. Deje que sea uno de los medios que lo guie a la voluntad de Dios.

Ahora, terminaré con un breve testimonio de mi experiencia personal. Hace algunos años, estuve en Inglaterra, predicando en una iglesia a la que nunca había visitado antes ni después. Yo debía predicar en el servicio matutino del domingo, pero llegué temprano y la gente estaba en una reunión de oración antes del servicio. Entonces, me arrodillé y oré con ellos, y después de un rato oí que varias personas estaban recibiendo palabras proféticas. Le estaban hablando a cierta persona, describiendo algunas cosas de su pasado; y de pronto me di cuenta, asombrado, que esa persona era yo. Yo estaba seguro que ninguna de esas personas conocía algo de mi pasado. Bueno, cuando Dios atrajo mi atención de esta manera, entonces empezaron a decirme lo que Dios quería hacer a través de mí en el futuro, en particular, un nuevo libro que Dios me iba a inspirar para escribir. Esto verdaderamente me habló, me dio ánimo, fue una dirección en un momento crítico en mi vida; y en realidad escribí ese libro en particular y ahora ya fue impreso. Así que aquí hay un ejemplo de recibir ánimo, dirección, inspiración y aliento por medio del don de profecía.

Nuestro tiempo por hoy ha terminado, regresaré mañana a la misma hora para seguir hablando de los dones vocales, hablaré del don que a la mayoría de las personas se les hace difícil de entender: el don de lenguas.

Como
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