La palabra de ciencia o conocimiento

Derek Prince
*First Published: 1979
*Last Updated: marzo de 2026
10 min read
Transcript
Me alegro de estar nuevamente con usted, esta semana estoy compartiendo sobre el tema emocionante e importante de los dones espirituales. He explicado que estos dones pueden ser divididos lógicamente en tres grupos de tres dones cada uno; tres dones de revelación, tres dones de poder, y tres dones vocales.
Ayer hablé del primero de los dones de revelación “La palabra de sabiduría”, hoy voy a hablar del segundo don de revelación “La palabra de conocimiento”.
Ayer señalé que hay una relación estrecha entre la sabiduría y el conocimiento, pero aun así son distintos. Y traté de definir la diferencia en términos simples. Dije esto: “La sabiduría es directiva, el conocimiento es informativo”. El conocimiento nos da los hechos, la sabiduría nos dice qué hacer con los hechos, en cada caso es una palabra; una palabra de sabiduría o una palabra de conocimiento. Dios tiene toda sabiduría y todo conocimiento. Pero, alabado sea su nombre, Él no deposita toda su sabiduría y todo su conocimiento en nosotros porque colapsaríamos con tanta sobrecarga. Pero cuando estamos en una situación en la que necesitamos saber algo, o necesitamos dirección y no está disponible por nuestra habilidad, educación, pensamiento o sentidos naturales, entonces Dios en su soberanía nos da una palabra de sabiduría o una palabra de conocimiento. Solo una parte de toda su sabiduría o de su total conocimiento.
Ahora quiero leerle un ejemplo de la operación de la palabra de conocimiento en el ministerio del apóstol Pedro como está registrada en el libro de los Hechos. Voy a leer de Hechos capítulo 4, versículos 34 y 35, y luego de Hechos capítulo 5 la primera parte del capítulo, esta es la historia de Ananías y Safira. Quiero que note cuidadosamente cómo Dios, el Espíritu Santo a través de Pedro trató con esa situación. Es una descripción de la vida en la iglesia primitiva en Jerusalén. Hechos 4:
“No había, pues, ningún necesitado entre ellos, porque todos los que poseían tierras o casas las vendían, traían el precio de lo vendido, y lo depositaban a los pies de los apóstoles, y se distribuía a cada uno según su necesidad.”
Hechos 5:
“Pero cierto hombre llamado Ananías, con Safira su mujer, vendió una propiedad, 2 y se quedó con parte del precio, sabiéndolo también su mujer; y trayendo la otra parte, la puso a los pies de los apóstoles. 3 Mas Pedro dijo: Ananías, ¿por qué ha llenado Satanás tu corazón para mentir al Espíritu Santo, y quedarte con parte del precio del terreno? 4 Mientras estaba sin venderse, ¿no te pertenecía? Y después de vendida, ¿no estaba bajo tu poder? ¿Por qué concebiste este asunto en tu corazón? No has mentido a los hombres sino a Dios. 5 Al oír Ananías estas palabras, cayó y expiró; y vino un gran temor sobre todos los que lo supieron. 6 Y los jóvenes se levantaron y lo cubrieron, y sacándolo, le dieron sepultura.7 Después de un lapso como de tres horas entró su mujer, no sabiendo lo que había sucedido. 8 Y Pedro le preguntó: Dime, ¿vendisteis el terreno en tanto? Y ella dijo: Sí, ese fue el precio. 9 Entonces Pedro le dijo: ¿Por qué os pusisteis de acuerdo para poner a prueba al Espíritu del Señor? Mira, los pies de los que sepultaron a tu marido están a la puerta, y te sacarán también a ti. 10 Al instante ella cayó a los pies de él, y expiró. Al entrar los jóvenes, la hallaron muerta, y la sacaron y le dieron sepultura junto a su marido. 11 Y vino un gran temor sobre toda la iglesia, y sobre todos los que supieron estas cosas.”
Ese es un ejemplo asombroso de Dios dándole conocimiento a uno de sus siervos. Esta pareja, Ananías y Safira, estaban tratando de engañar a Dios. Como Pedro les dijo, no estaban mintiendo a los hombres, sino al Espíritu Santo. La esencia de su culpa era esto, ellos declararon que dieron a Dios todo el precio de la heredad que habían vendido, cuando en realidad estaban reteniendo una parte de esto. Pedro les dijo que eran libres de quedarse con todo, pero lo que no podían hacer era engañar a Dios. Y Pedro les señaló claramente que no estaban tratando con hombres, sino con Dios. Y por la palabra sobrenatural de conocimiento le habló claro, primero a Ananías y luego a Safira que él sabía que estaban mintiendo, que no estaban diciendo la verdad acerca del precio. El impacto de esta revelación, de esta omnisciencia de Dios, su conocimiento total trajo tal tremenda convicción a Ananías y a Safira que no pudieron vivir. La vida salió de ellos.
Señalaré algunas cosas sobre esto para ilustrar la operación de la palabra de conocimiento: Primero, Pedro recibió su conocimiento directamente del Espíritu Santo. No hubo ninguna fuente humana. Él no tenía una agencia de detectives, no realizó investigaciones, recibió su conocimiento directamente del Espíritu Santo.
Segundo, como ya he dicho, los resultados fueron dramáticos y poderosos. Hubo dos efectos principales: Primero la operación de este don en este contexto preservó a la iglesia de que se infiltrara toda hipocresía. Mantuvo a la iglesia pura, honesta y recta ante Dios. Segundo, trajo tremenda convicción a los incrédulos. Esto les mostró que Dios en verdad, estaba en medio de su pueblo.
En el cantar de los cantares de Salomón, capítulo 6, versículo 10, la iglesia es representada proféticamente con estas palabras “Imponente como ejércitos en orden” o como escuadrones abanderados”. A veces pienso que olvidamos que un aspecto de la iglesia es el de un ejército; un ejército que pondrá temor y miedo en los enemigos de Dios. Y una de las cosas en que es temible e imponente de este ejército está en sus estandartes. Y algunos de los estandartes que hacen temible a la iglesia contra los enemigos de Dios son los dones sobrenaturales del Espíritu Santo. Fue la palabra de conocimiento a través de Pedro que trajo temor no solo a la iglesia, sino que a toda la comunidad circundante. Esta es una de las funciones de los dones del Espíritu Santo, nos permite tratar eficazmente con los enemigos de Dios y hacer que la iglesia sea verdaderamente imponente como un escuadrón con estandartes.
Ahora quiero darle un par de ejemplos de mi experiencia personal de cómo la palabra de conocimiento ha operado en mi vida. Recuerdo que hace muchos años me presentaron a una mujer cristiana. Yo no sabía nada acerca de ella. Y no había nada extraño o peculiar en su apariencia. En la realidad, ella tenía problemas profundos. Fue diagnosticada como esquizofrénica, pero yo no sabía nada de eso. Normalmente solo la hubiera saludado, pero antes de que me diera cuenta de lo que estaba diciendo, aun antes de que le dijera alguna otra cosa a ella, de mis labios salían estas palabras: “Su problema es su madre”.
Normalmente soy una persona de buenos modales, y no saludaría con esas palabras a un extraño. Después me sentí avergonzado, pensé: “Que mal que estuve en decirle eso a una mujer que ni siquiera conocía”. Pero en realidad esa fue la clave para su liberación y sanidad total. Resultó ser que ella tenía una mala relación y actitud hacia su madre y eso había abierto la puerta a todos sus problemas personales y emocionales. Y por el Espíritu de Dios, sin entender lo que yo estaba diciendo, le puse el dedo justo en el problema. Y cuando ella vio la naturaleza de su problema, se abrió al consejo y a la oración sucesiva que la llevaron a su completa restauración.
La encontré muchas otras veces después y era una mujer perfectamente normal y sana. No había evidencia de esquizofrenia en su vida, pero se necesitó el diagnóstico del Espíritu Santo para ir a la raíz de su problema.
En los evangelios, el Espíritu Santo es llamado “el dedo de Dios”. Ese es uno de sus títulos. Y usted ve como Dios a través de ese dedo del Espíritu Santo, a través de la palabra de conocimiento, logra tocar un área en la vida de una persona o en su pasado, que es el área clave que necesita abrirse antes que pueda recibir la verdadera ayuda.
Le daré un ejemplo más de mi propia experiencia, de cómo fui ayudado yo mismo por la palabra de conocimiento. Hace poco estaba conduciendo una conferencia en Jerusalén. Había concluido mi enseñanza y había sugerido a las personas que podían pasar adelante para orar por ellos si tenían necesidades personales de sanidad u otras necesidades. Cuando estábamos esperando lo que la gente iba a hacer, una hermana en el Señor que yo conocía y respetaba dijo: “Hay un hombre aquí con un problema en su ojo derecho. Es un problema crónico y está tomando medicamentos para esto. Si pasa adelante para que se ore por él, será sanado.”
hubo una pausa, ¿quién era el hombre con el problema en el ojo derecho?, y yo estaba mirando a las personas preguntándome quien era; de pronto pensé: “Ese podría ser yo, en verdad he tenido una inflamación crónica en la esquina de mi ojo derecho y he estado tomando medicamentos para eso, en verdad creo que debo ser yo.”, así que le dije a la señora y a los otros ministros que estaban allí “. “Saben, creo que ese soy yo. Yo soy el que tiene el problema en el ojo derecho”. Y les pedí que oraran por mí. Nada muy dramático sucedió, pero al día siguiente mi ojo estaba completamente sano. Así que Dios alcanzó nuevamente con el dedo del Espíritu Santo a través de la palabra de conocimiento de esa hermana, y me enseño mi problema, lo trajo a mi atención y me enseñó que ese era el momento para que yo fuera sanado. Eso creó en mí la fe para recibir la sanidad que Dios quería que recibiera.
Nuestro tiempo por hoy ha terminado, regresaré mañana a la misma hora, para hablar del tercer don de revelación “La distinción o discernimiento de espíritus”.

*Download Transcript
*A free copy of this transcript is available to download, print and share for personal or church use.
Descargar PDFCódigo: RP-R007-103-SPA