La Paternidad (Parte 5) - Cuando los Padres Fallan

Derek Prince
*First Published: 1979
*Last Updated: marzo de 2026
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Me alegro de estar nuevamente con usted, a través de esta semana he compartido sobre La Paternidad. He explicado tres (3) Ministerios básicos que todo padre tiene en su hogar. Sacerdote, Profeta y Rey.
En mi última charla de hoy sobre ese tema voy a hablar acerca de “Cuando los Padres fracasan”.
Suponga que un padre fracasa. ¿Qué pasa con su familia? O suponga que los padres de una Nación fracasan. ¿Qué pasará con esa Nación? Dios sabía que Abraham, cumpliría con sus obligaciones como un padre, y por eso le prometió que sería una Nación grande y fuerte. Pero qué sucede con una Nación cuyos padres no cumplen con sus responsabilidades.
Voy a leer primero en el Capítulo 28 de Deuteronomio. Ese es un capítulo muy interesante, en el que Moisés menciona dos cosas. Primero, las bendiciones que vendrán sobre el pueblo de Dios si le obedecen. Segundo, las maldiciones que vendrán sobre ellos si le desobedecen. Los primeros 14 versículos contienen las bendiciones. Los versículos restantes del 15 al 68, listan las maldiciones por la desobediencia, por no andar en el camino de Dios y por no guardar sus mandamientos.
Aquí hay una lista asombrosa de las maldiciones, pero, yo quiero apuntar solo una. En Deuteronomio 28, versículo 41, Moisés dice:
“41 Hijos e hijas engendrarás, y no serán para ti, porque irán en cautiverio.”.
Me golpeó muy fuerte cuando me di cuenta de que al no disfrutar de los hijos es una maldición, Y luego empecé a preguntarme ¿Cuántos padres en verdad disfrutan de sus hijos hoy en día? Me acordé de un Pastor amigo mío, que tenía una familia numerosa, y un día le oí orar: “Señor ayúdanos a recordar que los niños son una bendición y no una carga”, y de alguna manera sentí que no estaba orando con mucha fe.
Yo pienso que la mayoría de los padres, en realidad no disfrutan de sus hijos. ¿Por qué no? ¿Cuál es la razón? La respuesta es esta: es una maldición por la desobediencia. Dios da hijos como la bendición más grande que podría dar a los hombres y a las mujeres. Pero cuando los hombres y mujeres, padres y madres, especialmente los padres no van por el camino del Señor, entonces ya no está la bendición.
Moisés les advierte a los padres de Israel que, si no guardan ni andan en el camino de Dios, entonces dice: “no disfrutarán de ellos, porque irán a cautiverio”. En estas últimas décadas hemos visto millones de hijos ir al cautiverio. Cautiverio de diferentes clases. Cautiverio satánico, en las drogas, en el sexo ilícito, en el ocultismo y en varios tipos de sectas. Eso es cautiverio, tanto como si un ejército extranjero invadiese el País y se los llevaran prisioneros. ¿Por qué entraron estos millones de hijos en cautiverio? La respuesta está ahí en las escrituras. Porque sus padres fracasaron en sus responsabilidades. Quiero decir que, la responsabilidad principal de este asunto de los hijos esta sobre los padres.
Oímos mucho acerca de los delincuentes juveniles. Mi experiencia es que, casi no hay delincuentes juveniles, sin que haya primero un delincuente adulto. Se necesitan delincuentes adultos para engendrar delincuentes juveniles.
Dije anteriormente esta semana, que una de esas responsabilidades del padre para su familia era la de un Sacerdote. El Señor establece lo que se requiere de un Sacerdote y quiero leerlo:
“porque los labios del Sacerdote han de guardar la sabiduría y de su boca el pueblo busca la Ley. Porque mensajero es de Jehová de los ejércitos."
Es la responsabilidad del sacerdote conocer la Ley del Señor de los ejércitos. Es la responsabilidad del sacerdote saber e interpretarla al pueblo de Dios. Así que el Sacerdote es el mensajero o tal vez una mejor palabra sería, el representante de Dios ante su Pueblo.
Eso por supuesto se aplica, como ya hemos visto, al padre como Sacerdote. Sus labios han de guardar la sabiduría, sus hijos y su familia buscarán a Dios de su boca. El deberá ser el representante de Dios ante ellos. ¿Qué pasa si los Sacerdotes fracasan en esa función? Leamos en Oseas, capítulo 4, versículo 6, donde Dios dice lo que hará a una familia, a una nación a una civilización si fracasan sus sacerdotes. Eso es lo que él dice:
“Mi pueblo fue destruido porque le falto conocimiento. Por cuanto desechaste el conocimiento, yo te echaré del Sacerdocio y, por que olvidaste la ley de tu Dios, también yo me olvidaré de tus hijos”.
Esa es una palabra muy fuerte a los padres. Dios dice: “Yo esperaba que fueras el Sacerdote de su familia, pero porque has rechazado el conocimiento que necesita tu familia, yo te rechazaré a ti, ya no te aceptaré como sacerdote y cuando tu ministerio sacerdotal en favor de tus hijos ya no sea aceptado, entonces dice Dios: También olvidaré a tus hijos, porque olvidaste la ley de tu Dios, también yo me olvidaré de tus hijos. Para mí eso es aterrador, pensar que Dios me dirá: “Como Padre has fracasado tanto en tus responsabilidades, que me olvidaré de tus hijos. Seré con ellos como si no estuvieran allí, los voy a borrar, ya no tendrán ninguna importancia ni significado para mí”.
Yo diría que nuestra Nación, nuestra civilización, está llena de hijos olvidados por Dios. ¿Por qué? Porque sus padres no guardaron la Ley de Dios. Lo diré de otra manera. El padre que rechazó el conocimiento de la Ley de Dios, perderá su derecho de ser Sacerdote en su familia. Cuando el ministerio Sacerdotal del Padre ya no está accesible, Dios dice: “me olvidaré de tus hijos.” Eso es un pensamiento muy, muy solemne.
Al llegar al final del mensaje de hoy, quiero que leamos los dos últimos versículos del Antiguo Testamento. No sé si usted está reflexionado sobre el hecho de que la última palabra del Antiguo Testamento generalmente se traduce como “maldición”. Es un pensamiento muy solemne que, si Dios no hubiese tenido más que decirle al hombre después del Antiguo Testamento, su última palabra a la humanidad hubiera sido una maldición. Gracias a Dios por el Nuevo Testamento que nos muestra la manera de salir de la maldición. Eso es lo que dice Dios en los últimos dos versículos del Libro de Malaquías, capítulo 4, versos 5-6:
5 He aquí, yo os envío al profeta Elías antes que venga el día del Señor, día grande y terrible. 6 Él hará volver el corazón de los padres hacia los hijos, y el corazón de los hijos hacia los padres, no sea que venga yo y hiera la tierra con maldición
Me impresiona el tremendo discernimiento de la Revelación profética que, al mirar por el largo telescopio del tiempo, mucho más de 2.000 años atrás, el Profeta Malaquías fue capaz de prever el problema social más grande y urgente de nuestros tiempos. En verdad es el problema más grande de nuestros días. Pero ¿cuál es ese problema? Es el de hogares divididos por contiendas. Padre e hijos sin hablarse. Hijos rebeldes. Padres negligentes. Y el Profeta nos advierte que, si esa situación no cambia, traerá una maldición ya sea a una familia, a una nación o a una civilización.
La palabra de Dios nos presenta sólo dos alternativas en nuestra situación actual. Restauremos las relaciones familiares y sobrevivimos, o permitir que las relaciones familiares se deterioren y continuar por el camino que han seguido y, moriremos bajo la maldición de Dios. Estos son las alternativas en un sentido muy significativo. El destino será establecido por los Padres. Dios responsabiliza a los padres. Dios podía confiar en que Abraham sería el tipo de padre que él quería. El dijo: Ha de ser una nación grande y fuerte. Pero lo contrario también es cierto. Donde los padres fracasan y no cumplen con sus responsabilidades, una Nación no podrá permanecer grande.
Yo creo que esa la misma crisis que enfrenta nuestra Nación hoy. Van a regresar los padres a Dios y cumplir con sus responsabilidades hacia sus familias antes de Dios o la crisis moral y social del presente que se originó en la familia y la están destruyendo. ¿Continuará esa crisis hasta su última consecuencia, que es una maldición? Será la decisión de los padres la que determine el destino de la nación. Dios requiere que los padres se vuelvan hacia los hijos, luego El promete que los hijos se volverán hacia los padres.
Nuestro tiempo por hoy y por esta semana ha terminado. Regresaré la próxima semana de lunes a viernes a la misma hora.

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