La Paternidad (Parte 3) - El Padre como Profeta

Derek Prince
*First Published: 1979
*Last Updated: marzo de 2026
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Me alegro estar nuevamente con ustedes. El tema para esta semana es la Paternidad.
Mencioné al principio de la semana que en mi primer matrimonio fui padre de nueve (9) hijos, y luego más recientemente, mi segunda esposa agregó a tres (3) mas a la familia. Así que entre todo, tengo una relación de padre con exactamente, una docena de personas, de los que la mayoría son adultos y tienen sus propias familias.
Ayer expliqué, que todo padre tiene 3 ministerios básicos en su familia: los ministerios de Sacerdote, de Profeta y de Rey. Hablé de la responsabilidad que tiene un padre como sacerdote de su familia, que es de representar a su familia ante Dios.
Hoy voy a hablar de la Segunda responsabilidad básica del Padre como Profeta para su familia; que es representar a Dios ante su familia. La primera cosa que necesito decir es que, inevitablemente un padre representa a Dios ante su familia. Él puede intentar hacerlo. Puede ser que lo haga bien. Puede ser que lo haga mal, pero inevitablemente lo hace.
Los psicólogos, sociólogos, quienes están en el ministerio y casi todos estarían de acuerdo que normalmente un niño forma su primera impresión de Dios viendo a su padre. Yo creo que eso fue planeado por Dios, creo que una de las responsabilidades más solemnes que Dios puede dar a un ser humano es que lo represente a El ante otras personas. El tipo de padre que alguien haya tenido tiene mucho que ver con la respuesta y la reacción inicial de esa persona ante Dios. Si la persona tuvo un padre cariñoso, desprendido y afectuoso, con el que era fácil comunicarse, esa persona normalmente encontrará más fácil pensar en Dios y acercarse a él en estos términos. Pero si una persona tuvo un padre poco amable, crítico, que siempre hacia demandas irracionales y excesivas, esa persona puede pensar que Dios es así; siempre demandando cosas que un ser humano no puede cumplir, irrealista, legalista y riguroso.
A veces sucede que un niño tiene un padre que es cruel y depravado y muy frecuentemente ese niño puede, sin darse cuenta, transferir esos atributos de su padre natural a Dios. Consecuentemente tendrá una actitud negativa hacia Dios, que no está basada en ninguna razón, excepto el comportamiento de su padre.
Ahora quiero hablar de cómo representar a Dios, ante su familia, cómo ser el Profeta de su familia para bien y no para mal. En Efesios, capítulo 6, versículo 4, Pablo les escribe a los padres y dice:
“4 Y vosotros, padres, no provoquéis a ira a vuestros hijos, sino criadlos en la disciplina e instrucción del Señor”
En Colosenses 3:21, nuevamente:
“21 Padres, no exasperéis a vuestros hijos, para que no se desalienten.”
La primera cosa que debemos ver es que, directa y claramente, el Antiguo como el Nuevo Testamento pone la responsabilidad de la educación espiritual y la instrucción de los niños sobre los hombros del padre. Obviamente, las madres tienen una gran influencia sobre sus hijos y tienen mucho que contribuir en su desarrollo espiritual, pero es el Padre quien básicamente tiene la responsabilidad de proveer instrucción espiritual para sus hijos. Y si un padre no lo hace, no hay nadie más que pueda tomar exactamente esa responsabilidad.
Hoy diría que posiblemente la mayoría de los padres contemporáneos, si están conscientes que tienen alguna responsabilidad de instruir a sus hijos, gustosamente lo pasarían a otros, sea la Escuela Dominical, la Iglesia, al Pastor, al Líder de los jóvenes, y si su hijo va por mal camino, con frecuencia un padre así, le echará la culpa a la Iglesia o a su Grupo Juvenil. Quiero decir que, el Padre nunca puede despojarse de su responsabilidad principal de criar a sus hijos en la disciplina y la amonestación del Señor. Es una de sus responsabilidades sagradas que no es transferible.
Pablo indica que, al hacerlo, un padre debe cuidarse de dos peligros opuestos, el primer peligro es la rebeldía en el niño, y para cuidarse de eso, el Padre debe mantener una disciplina firme para que el niño no se vuelva caprichoso e irresponsable. No permitiendo que conteste de mal modo, esperando que haga lo que se le pide sin demora, en silencio y obedientemente. Es mucho más fácil darles instrucción a niños que son criados de esa manera.
Sin embargo, un extremo opuesto es que el padre también debe protegerse contra el desánimo. Si un padre es indebidamente severo, crítico y exigente, el resultado bien puede ser que, el niño se desanime y tome una actitud tal como “ … bueno no tiene sentido, nada de lo que hago complace a mi padre, así que mejor ni lo intento …” Y la advertencia que Pablo da allí es “no los provoque, no los exaspere…”.
He tratado con personas con severos problemas emocionales, que vinieron buscando ayuda. No sé cuántas veces descubrí esa actitud negativa, esa falta de amor propio, ese sentimiento de fracaso y frustración, que se remontaba a tiempos en la vida de esas personas, que como niños experimentaron un tratamiento crítico, muy negativo, de rechazo, posiblemente castigados injustamente en frente de otros y, eso ha dejado una marca, una herida en el alma, que no había sanado por quizás 20 o 30 años. Así que los padres deben tener cuidado de mantener la disciplina por un lado; pero por el otro, no desanimar, o exasperar a sus hijos con exigencias injustas o excesivas.
Para cumplir con las responsabilidades de su familia, hay una cosa que un padre siempre debe tener en mente, y es la necesidad de comunicación regular y continua con sus hijos. Si él no mantiene ese tipo de comunicación entonces no podrá cumplir con sus responsabilidades, y la comunicación entre el padre y el hijo es por lo general más efectiva en un ambiente no religioso. Si los niños siempre asocian la instrucción que se les da con algo rígido, formal y religioso, ellos tienden a resentir la religión, al igual que la instrucción. Y nuevamente, puedo recordar un gran número de personas con quien he tratado y cuyos problemas se remontaban a ese tipo de situación.
Una cosa es esencial en la comunicación con los niños, no es solo hablarles si no dejar que ellos hablen. La mayoría de las personas que tratan con niños delincuentes o rebeldes, están de acuerdo en que, casi todos tienen una queja en común. “Nuestros padres nunca nos escuchaban”. Así que tienen que cultivar el hábito de escuchar. Deje que su niño hable, que se exprese, deje que se exteriorice su problema. No lo haga en un ambiente religioso.
Ese principio está establecido bajo la Ley de Moisés, bajo el Antiguo Pacto en el que antes que Israel entrara en la Tierra Prometida, Moisés dio las instrucciones muy claras y prácticas de cómo debían criar a sus hijos. Busque por favor en Deuteronomio, Capitulo 11, versículos 18 al 21, y leeré lo que dijo Moisés:
“18 Por tanto, pondréis estas mis palabras en vuestro corazón y en vuestra alma, y las ataréis como señal en vuestra mano, y serán por frontales entre vuestros ojos. 19 Y las enseñaréis a vuestros hijos, hablando de ellas cuando te sientes en tu casa, cuando andes por el camino, cuando te acuestes, y cuando te levantes, 20 y las escribirás en los postes de tu casa, y en tus puertas; 21 para que sean vuestros días, y los días de vuestros hijos, tan numerosos sobre la tierra que Jehová juró a vuestros padres que les había de dar, como los días de los cielos sobre la tierra.”
Me impresioné una vez cuando descubrí que esa frase “los cielos sobre la tierra”, venia de la Biblia, y más aún, que era una descripción de lo que Dios esperaba de las familias. Lo que anhelaba de su pueblo. Y observé nuestra civilización moderna y me pregunté ¿cuántas familias en esta Nación hoy en día, se podrían describir como “los cielos sobre la tierra”? Francamente la proporción sería muy pequeña.
Una razón principal, es que los padres fallaron en hacer lo que Moisés les dijo que hicieran. Moisés dijo: Enseña la Palabra de Dios, las verdades de tu fe a tus hijos, hablando de ellas cuando te acuestes, cuando te levantes, cuando andes por el camino. En otras palabras, deje que la Palabra de Dios sea un tema central de toda la familia. No reserve simplemente la enseñanza de la Escritura a la Iglesia o a la escuela dominical, al grupo de jóvenes, si no que, deje que la Palabra de Dios tenga un lugar natural en su vida cotidiana y en la comunicación con su familia. Que sea algo natural, algo práctico. Permita que sus hijos vean como la Palabra de Dios obra en las situaciones de la vida real.
Me gustaría citar el testimonio del difunto Dr. Raymond Edman el Ex presidente de la Universidad Wheaton de Illinois, quien dijo:
“Recordando la manera en que crie a mis hijos, si los tendría que volver a hacer pasaría más tiempo con ellos en actividades simples y no religiosas”.
Yo digo: “amen”. Si yo pudiera vivir algo del tiempo que he pasado con mis hijos nuevamente eso es lo que yo haría también. El Dr. Edman dice que los hijos adultos recuerdan más los momentos informales cuando estaban juntos.
La verdadera comunicación con un niño no se logra en cinco minutos. A menudo las cosas más importantes que se les dice a un niño, son en los momentos que menos usted espera. De una manera casual e improvisada. Por ejemplo cuando van de pesca o cuando están trabajando en el patio, cortando el césped, limpiando el garaje, o viendo por qué no funciona el auto, son situaciones como esas, las propicias para una verdadera comunicación entre padres e hijos, y es en situaciones como esas que un padre debería trasmitir a sus hijos los principios profundos de la Palabra de Dios. El altar familiar por sí solo, no necesariamente lo hará. Mucho depende de cómo se pasa el resto del tiempo en la familia.
Nuestro tiempo por hoy ha terminado, regresaré mañana a la misma hora, para hablar del Tercer ministerio del Padre como Rey de la familia.

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