Amistad con Dios

Derek Prince
*First Published: 1979
*Last Updated: mayo de 2026
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Me alegro de estar nuevamente con usted hoy. Esta semana estuve hablando sobre el pacto que es el fundamento de una relación permanente con Dios.
Ayer describimos la forma en que Dios entró en un pacto con Abraham, según lo narra el Cap. 15 de Génesis, recordará que Abraham, tomó los animales del sacrificio, los mató, los partió por la mitad, y Abraham pasó por entre la mitad de los animales. El Señor también en forma de una antorcha de fuego, pasó por en medio de ellos; de esta manera pasando por el medio de las piezas del sacrificio, el Señor y Abraham entraron en un pacto mutuo. Estos animales sacrificados, representaban la muerte de los que entraban en el pacto; esto significa que solo por medio de la muerte se puede entrar en un pacto, entregando nuestra vida.
Hoy quiero trazar el desarrollo práctico de ese pacto en la historia y resaltar, la relación personal que surgió entre Dios y Abraham. Esto lo mencioné en mi libro “El Pacto Matrimonial”, y voy a leerles unas líneas de este libro; estos párrafos explican el desarrollo en la historia del pacto que Dios hizo con Abraham.
“La muerte del animal sacrificado es física, pero simboliza otra formade muerte para el que ofrece el sacrificio, y pasa a través de los pedazos. El que hace esto por ese medio renuncia a todo, desde ese momento, a vivir para sí mismo. A medida que cada participante pasa a través de los pedazos del sacrificio está diciendo, en efecto, al otro: “Si fuera necesario, moriré por ti. De hoy en adelante, tus intereses toman precedencia ante los míos. Si yo tengo algo que tú necesitas pero no puedes obtener, entonces, mi suministro se vuelve tu suministro. Yo ya no vivo para mí; yo vivo para ti”.A los ojos de Dios, este acto de hacer un pacto no es ningún ritual vacío. Es un compromiso solemne y sagrado. Si nos remontamos a través de la historia al curso de eventos que resultaron del pacto que el Señor hizo con Abram, vemos que cada parte tuvo que hacer cumplir el compromiso que el pacto representó.Algunos años después, cuando Abram se había vuelto Abraham, Dios le dijo: “Yo quiero que me des tu hijo Isaac, tu único hijo. La cosa más preciosa que tu tienes no es ya tuya, porque tu y yo estamos en un pacto. Me pertenece”. Para su crédito eterno, Abraham no vaciló. Él estaba dispuesto a ofrecer a Isaac. Fue hasta el último momento que el Señor intervino directamente desde el cielo, y le detuvo de realmente matar a su hijo (vea Génesis capítulo 22).Sin embargo, ése no es el final de la historia. Dios también se había comprometido con Abraham. Dos mil años más tarde Dios, en Su turno, cumplió Su parte del pacto. Satisfacer la necesidad de Abraham y sus descendientes, Dios ofreció a Su único Hijo. Pero esta vez, no hubo intervención en el último minuto. En la cruz, Jesús entregó Su vida como precio completo para la redención de Abraham y todos sus descendientes. Ese acto era el resultado del compromiso que Dios y Abram habían hecho uno con el otro en esa noche fatal, dos mil años antes, cuando ellos pasaron por entre esos pedazos del sacrificio. Todo lo que siguió desde aquel momento en el curso de la historia estaba determinado por ese pacto.El compromiso que se hace en un pacto es así de solemne, así de total, y así de irrevocable”.
Bueno, este fue un desarrollo práctico de un pacto en la historia. Cada persona, Dios y Abraham hicieron un compromiso total. La ocasión llegó cuando Dios le pidió a Abraham, que cumpliera con su compromiso, y ofreciera a Isaac, en sacrificio; pero el compromiso de Dios era también total con Abraham. Y dos mil años después, la otra parte del pacto fue efectuada; Dios entregó a su propio y único hijo, el señor Jesucristo. Recuerde que el compromiso que Ud. hace con Dios determina la medida del compromiso, de Dios con Ud. un compromiso total con Dios representa un compromiso total de parte de Dios. Esta es la misma esencia del pacto.
Sin embargo ese pacto también tuvo otro efecto práctico sobre Abraham, en su relación personal con Dios. En la epístola de Santiago en Cap. 2, Santiago está hablando de lo que hizo Abraham cuando ofreció a Isaac, dice lo siguiente:
“¿No fue justificado por las obras Abraham nuestro padre cuando ofreció a Isaac su hijo sobre el altar? Ya ves que la fe actuaba juntamente con sus obras, y como resultado de las obras, la fe fue perfeccionada; y se cumplió la Escritura que dice: Y Abraham creyó a Dios y le fue contado por justicia, y fue llamado amigo de Dios”
Como resultado del compromiso de ese pacto y del desarrollo en el ofrecimiento de Isaac, Abraham fue llamado, Amigo de Dios. Este es un título muy significativo y honorable, la lección es ésta: un pacto es la puerta de entrada para una amistad verdadera. Cuando dos personas, hacen un pacto y cumplen las cláusulas de ese pacto, esa es la amistad verdadera.
Desafortunadamente en este mundo la palabra “amigo”, ha perdido el verdadero significado; ahora es una palabra barata, la amistad puede ser una cosa muy barata; pero yo quiero que sepa, que para Dios su significado no ha cambiado; para Dios la amistad está fundamentada en el compromiso de un pacto. Abraham se convirtió en el amigo de Dios por el compromiso del pacto. Bajo el nuevo pacto, Jesús quiere llevarnos a la misma relación con él, como amigos; así como Abraham bajo el Antiguo Pacto. En Juan 15:15, Jesús dijo a sus discípulos:
“Ya no os llamo siervos,…pero os he llamado Amigos...”
A eso llamo yo un ascenso, de siervos a amigos; pero tenemos que entender, al igual que Abraham, esa amistad no es barata. Le cuesta algo ser amigo de Jesús. Para nosotros el fundamento es el mismo que el de Abraham. Es un compromiso en un pacto. Jesús entregó su vida y El dijo: “Nadie tiene un amor mayor que este: que uno dé su vida por sus amigos”. Recuerde si vamos a ser amigos de Jesús, debemos poner nuestra vida, por El. Esta es una relación reciproca, un compromiso en dos direcciones.
En la primera epístola de Juan Cap. 1, vers. 3, Juan dice esto:
“Lo que hemos visto y oído, eso os anunciamos, para que también vosotros tengáis comunión con nosotros, y nuestra comunión verdaderamente es con el Padre y con su hijo Jesucristo.”
En otras palabras, el Evangelio es una invitación de la trinidad, para compartir la comunión que el Padre y el Hijo tienen, el uno con el otro. Esa palabra comunión, en el griego es koinonía; es una palabra muy importante en el griego del Nuevo Testamento. Esta significa tener algo en común; la comunión es compartir en comunidad. Se nos invita a compartir la misma relación, que Dios el Padre, y Dios el Hijo tienen. La primera cosa es bien clara en esa relación, Dios el Padre, y Dios el Hijo tienen todo en común; ninguno se reserva nada para darlo al otro. En Juan 17:10; Jesús está hablando con el Padre y dice esto:
“Y todo lo mío es tuyo, y lo tuyo es mío...”
Esta es la koinonía perfecta, la comunión perfecta, el compartir todas las cosas perfectamente; es un patrón perfecto a la relación que Dios quiere llevarnos; pero tiene un cierto orden. Quien habla tiene que cambiar “lo mío” a “lo tuyo”. Jesús dijo: Todo lo mío es tuyo, y con base a eso pudo decir, lo tuyo es mío. Si queremos tener esta clase de relación, debemos observar el mismo orden, debemos decirle al Señor; todo lo mío es tuyo, no reservo nada para mí; hago un compromiso total y sin reservas. Y una vez que Ud. pueda decir, “Todo lo mío es tuyo”, entonces sabrá que todo “lo tuyo es mío”. Si Ud. hace un compromiso total con Dios, Dios responderá con un compromiso total con Ud. Repito nuevamente esto, la medida del compromiso de Dios con Ud. está determinada por la medida del compromiso que Ud. haga con Dios; Dios no hace compromisos parciales, ni desea compromisos a medias; Él ya ha establecido el precio para esa relación, y es todo lo que tiene. “Cualquiera de vosotros que no renuncie a todas sus posesiones, no puede ser mi discípulo”
Ud. pude pensar que es muy duro; tal vez, pero es realista. Voy a darle una buena noticia, hay dos verdades respecto al reino de Dios. La primera es que Dios nunca ofrece algo en liquidación, Él nunca reduce el precio del producto. Si quiere tener una relación similar a la que Pedro, Pablo y Juan tuvo con el Señor deberá pagar el mismo precio que ellos pagaron; él nunca hace rebajas. Pero la otra verdad, es la buena noticia; en el reino de Dios no existe la inflación; el precio nunca ha bajado, pero tampoco ha subido, este continúa siendo el mismo. El resultado de ese compromiso es paz, seguridad, alegría ¿Lo quiere tener? Ud. deberá tomar la decisión: Jesús dijo: He aquí yo estoy a la puerta y llamo, si alguno oye mi voz y abre la puerta, entraré a él y cenaré con él, y él conmigo. Note nuevamente el orden; Ud. le da su cena a Jesús, y Él le dará a Ud. la suya. Todo lo mío es tuyo; y por lo tanto todo lo tuyo es mío. ¿Está Ud. dispuesto, de hacer un compromiso así con el Señor?
Bueno, nuestro tiempo de hoy terminó, regresaré mañana a la misma hora, hoy hablamos de la amistad con Dios, mañana quiero dar un paso más, y hablar de nuestra unión con Dios.

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