Dios Pide Cuenta a la Iglesia

Derek Prince
*First Published: 1998
*Last Updated: marzo de 2026
28 min read
Transcript
Realmente aprecio este tiempo para estar aquí. Es un privilegio especial, y me emociona. Algo que realmente nunca pensé que sucedería. Esta dama a mi derecha, como todos saben, es mi esposa. Dondequiera que voy digo que conmigo tienen a dos por el precio de uno.
Solo tengo una cosa para decir, estábamos en el teléfono hace un rato con Eliahu Ben Haim en Jerusalén, el líder de Intercesores por Israel, una organización hermana que realmente creció en parte gracias a esto, y él quería enviarles un saludo caluroso a todos ustedes aquí hoy.
Pero lo que Ruth y yo siempre hacemos antes de que mi intervención es hacer una proclamación de la Palabra de Dios. Muchos de ustedes me escucharon decir esto, pero una de las maneras más eficaces para desatar el poder de Dios en una situación, es proclamar la Palabra de Dios. De hecho, lo he dicho muchas veces, dudo que Ruth y yo estaríamos vivos hoy si no hubiéramos aprendido, en un período de intensas presiones, cada uno en diferentes momentos, a proclamar la Palabra de Dios. Esta no es la que vamos a repetir, pero es excelente: “No moriré, sino que viviré, y contaré las obras del Señor”. Pero la que vamos a proclamar esta noche es del libro de los Salmos 100:5, y creo que es muy apropiada para esta ocasión.
Porque Jehová es bueno; para siempre es su misericordia, y su verdad por todas las generaciones.
Entonces tal vez sea de bendición para usted repetir después de nosotros, frase por frase: “El Señor es bueno; su misericordia es para siempre, y su verdad por todas las generaciones”. Ahora, esta vez lo diremos juntos. ¿Están listos? “El Señor es bueno; su misericordia es para siempre, y su verdad por todas las generaciones”. Amén.
Ahora quiero anunciarles esta noche el tema que creo que Dios me ha dado para tratar en la parte que me corresponde durante estas reuniones. Voy a hacerlo en parte para ayudarle a usted, y en parte para ayudarme a mí, porque tan pronto he anunciado mi tema estoy prácticamente obligado a seguirlo. Mi tema es: en toda nación donde la iglesia se establece, “Dios pide cuentas a la Iglesia” de la condición de esa nación. Esta es una idea de gran alcance, y le daré algunos pasajes pertinentes en su momento. Pero es muy significativo para nuestra reunión, porque lo que queremos es alcanzar a los Estados Unidos. Y si yo tuviera que alcanzar a los Estados Unidos esta noche, este sería el lugar equivocado. Porque casi todos ustedes, o quizá todos ustedes, son creyentes comprometidos. Pero también creo que para alcanzar a los Estados Unidos, yo, al igual que cualquier persona involucrada, tiene que alcanzar a la iglesia, porque es por medio de la iglesia que Dios alcanza a una nación. Y Dios también juzga a una iglesia en parte por la condición de la nación a la cual Él le pide cuentas.
Hubo un gran avivamiento—estoy un poco cansado de esa palabra avivamiento. No sé usted, pero yo la escucho con tanta frecuencia, y a menudo se usa de manera equivocada. Pero en 1904, en el país de Gales en las islas Británicas, hubo un genuino avivamiento. Y sacudió a toda la nación. Afectó a todo el mundo en todas partes. Gales es una nación de mineros, y los mineros eran gente mala, grosera. Pero cuando el avivamiento tocó a los mineros, esto afectó en gran manera todo el trabajo en las minas de carbón, porque usaban potros para cargar el carbón de un lado a otro, y los potros estaban acostumbrados a solamente moverse cuando les decían groserías. Y cuando los mineros ya no decían groserías, los potros no se movían. Eso le da una pequeña idea del impacto que puede tener un avivamiento—un avivamiento genuino.
Entonces creo que eso es lo que necesitamos. Creo que no hay alternativa. No tenemos otra esperanza aparte de que Dios se mueva de tal forma que toque a millones de personas de manera soberana. En 1948 hubo un avivamiento en la pequeña isla llamada las Hébridas, en el norte de Escocia, y resulta que más adelante conocí al hombre que fue usado por Dios. Era gente muy sencilla en una sencilla aldea rural, pero estaba ubicada cerca de una ruta marítima por donde pasaban los barcos comerciales. En la época en la que el avivamiento estaba en su punto más alto, cuando los barcos mercantes pasaban cerca de la ciudad, el poder de Dios descendía sobre los hombres en los barcos, y ellos caían de rodillas y pedían a Dios misericordia.
En otro caso anterior, cuando Charles Finney sostuvo el avivamiento en algunas ciudades en esta nación, el poder de Dios era tan fuerte que las personas entraban en la ciudad sin saber qué esperar, y caían de rodillas en los andenes, y empezaban a llorar clamando a Dios misericordia. ¡Eso es avivamiento! No es un pequeño grupo de personas que se salvan. Como señaló el mismo Finney, la palabra avivamiento significa revivir. El evangelismo no es avivamiento. Doy gracias a Dios por los evangelistas. Apoyo el evangelismo de todo corazón, pero lo que la iglesia necesita no es evangelismo, sino avivamiento, porque la iglesia ha estado muerta y tiene que ser revivida, y allí es donde empieza la obra, con la iglesia. Entonces voy a tratar en mis charlas, con tanta profundidad como pueda, el tema de la responsabilidad de la iglesia; las cosas que Dios tiene que hacer en la iglesia, los cambios que tienen que venir en la iglesia, si hemos de tener lo que es un avivamiento genuino.
Hay ciertos principios que están implícitos en esto, y quiero tomar uno o dos versículos de Efesios 1:22–23. Refiriéndose al Señor Jesús dice:
[Dios] sometió todas las cosas bajo sus pies, y lo dio por cabeza sobre todas las cosas a la iglesia, la cual es su cuerpo. . .
Así que hay dos palabras que describen al pueblo de Dios en esos dos versículos —la iglesia y el Cuerpo de Cristo. A propósito, este no es un anuncio publicitario, pero de hecho tengo una serie de dos cassettes titulados Siete imágenes del pueblo de Dios, que presenta las siete imágenes del pueblo de Dios en esta epístola. Número uno, la iglesia; número dos, el Cuerpo; número tres, la hechura suya, la obra maestra creativa de Dios; número cuatro, el templo; número cinco, la familia; número seis, la novia; y número siete, el ejército. Eso, creo yo, le da una idea de cuán extremadamente versátil tiene que ser la iglesia.
Sin embargo, solo quiero hablar de dos: el Cuerpo y la iglesia. La iglesia, y explicaré ese término en un momento, es el Cuerpo de Cristo. Cristo es la cabeza, la iglesia es el Cuerpo. Ahora bien, es un hecho evidente que todos tenemos claro en nuestra experiencia: mi cabeza no puede hacer nada sin la cooperación dispuesta de mi cuerpo. Si quiero salir por esa puerta, puede que mi cabeza tome la decisión, pero mis pies tienen que llevarme por esa puerta. Si quiero tomar mi Biblia, mi cabeza toma la decisión, pero mis manos tienen que levantar la Biblia. Y así es con Cristo como cabeza de la iglesia. Él tiene planes, Él tiene deseos, pero Él no puede llevarlos a cabo a menos que el Cuerpo coopere.
Ahora, usted podría decir: “Bueno, que deje el Cuerpo a un lado y simplemente lo haga”. Él no hará tal cosa. He aprendido en mi experiencia a lo largo de los años que cuando Dios nos dice que hagamos algo, Él nunca lo hará por nosotros. Puede que usted diga: “Al fin de cuentas Jesús nos mandó ir por todo el mundo y hacer discípulos en todas las naciones hace más de diecinueve siglos, y hay muchas, muchas naciones que todavía no han sido tocadas”. Entonces el Señor podría decir: “Bueno, estoy cansado de esperar a que lo hagan. Vendré y yo mismo haré el trabajo”. Él nunca hará eso. El trabajo no terminará hasta que la iglesia lo haga.
Ese es uno de los aspectos. El otro es un poco más complicado. Es la iglesia, que es una palabra muy desafortunada. Es una lástima que se haya usado. Históricamente se remonta a una frase del griego (κυριακόν) y en alfabeto latino kuriakon que significa pertenece al Señor Kurios es el Señor. La iglesia es entonces aquello que la casa del Señor. Pero eso es lo que significa. Significa lo que es del Señor. Y es verdad, pero oscurece por completo el verdadero significado de la palabra griega que es ekklesia de la que se derivan términos tales como eclesiástico.
Ahora bien, ekklesia tiene un significado específico en la época de la lengua griega a la que hacemos referencia. Era la palabra empleada para designar el consejo administrativo de una ciudad/estado griego. Básicamente, Grecia se componía usualmente de cuatro ciudades/estados, como Atenas, Corinto, u otros. Cada ciudad/estado era muy diferente, pero tenían un consejo administrativo que se llamaba ekklesia.
La palabra ekklesia viene de un verbo griego que significa llamar. Así que la iglesia es un grupo de personas que son llamadas fuera del mundo. Y la ekklesia—tomemos Atenas que es el ejemplo más sobresaliente. La ekklesia era el organismo que gobernaba la ciudad de Atenas. Se habla mucho de democracia griega, pero esto no serviría en absoluto a los feministas de hoy, porque la ekklesia estaba conformada por ciudadanos varones de Atenas. No incluía mujeres, ni esclavos, ni extranjeros. Por lo que sé, así estaba conformada la ekklesia en todas las ciudades/estados griegas.
La iglesia, pues, la ekklesia, es un grupo de personas llamadas aparte del mundo para ejercer gobierno. Como ve, este es el problema con esta palabra iglesia, que no señala el hecho de que somos el organismo gobernante de Dios en la tierra. La mejor palabra que puedo encontrar en inglés es asamblea, pero en realidad no cumple con la función precisa. Pasé varias horas, una vez, tratando de ponerme al día en historia de los Estados Unidos, y no tuve éxito, pero creo que es cierto, y algunos de ustedes saben mejor que yo, que alguna vez el estado de Virginia fue gobernado por una asamblea de burgueses. ¿Es correcto? Bueno, eso significa que la asamblea es un organismo gubernamental.
Entonces, ¿qué es la iglesia, la ekklesia? Es el organismo de Cristo que gobierna sobre la tierra. Somos responsables de administrar su gobierno. Este es un concepto completamente extraño para la mayoría de las personas que asisten a la iglesia. Por eso Dios nos pide cuentas de la manera como lo hacemos. Y cuando miramos el mundo, digamos a los Estados Unidos de hoy, decimos: “es un desastre, estas personas son terribles”. Jesús mira a la iglesia y dice: “¿Qué están haciendo al respecto? Yo los hago responsables en muchos sentidos, no en todo sentido, de la condición actual del mundo”.
Entonces esa es la situación, como yo lo veo, y por eso me alegra estar aquí. Si queremos cambiar la nación, tenemos que empezar por cambiar la iglesia. En aquel avivamiento galés que mencioné, el hombre a quien Dios usó fue un hombre llamado Evan Roberts. Él no era, a mi parecer, un gran predicador, pero tenía un lema: “Doblega la iglesia y se inclinará el mundo”. Si la iglesia se doblega, el mundo se inclinará. Si la iglesia no se doblega ante el Señor, el mundo no se inclinará. En muchos aspectos, no en todos, el destino de los Estados Unidos está en manos de la iglesia—de usted y de mí, de gente como nosotros. ¿Entendemos nuestra responsabilidad? Es una responsabilidad muy seria.
Permítame decir primero algo acerca de Atenas. Creo que me enteré de esto hace unos años, pero lo redescubrí. En la ciudad de Atenas hubo un fundador, una especie de George Washington, que decretó las leyes de Atenas. Se llamaba Solón, y a partir de entonces las leyes no podían cambiarse. Pero ekklesia, el organismo que gobierna, tenía el poder para emitir decretos. Ellos no podían cambiar las leyes, pero podían emitir decretos. Para mí eso es exactamente como la iglesia. Cristo ha establecido las leyes, pero nosotros podemos emitir los decretos. No podemos transgredir las leyes, pero podemos imponer las leyes por medio de los decretos que sancionamos.
Dice una antigua traducción del libro de Job: “Establecí sobre él mi decreto”. Realmente creo que llega un momento en nuestra relación con el Señor en el que podemos emitir decretos que serán ejecutados, porque nuestra autoridad no viene de nosotros. Viene de Jesús que es la cabeza sobre todas las cosas de la Iglesia que es su Cuerpo. Entonces, por medio de la iglesia, Jesús ejecuta sus propósitos redentores. Sin importar cuánto nos demoremos, y hemos tardado diecinueve siglos en llevar el Evangelio a todas las naciones, Jesús no va a bajar del cielo para terminar el trabajo. Él no va a regresar hasta que lo hayamos terminado.
El pasaje clave de los Ministerios Derek Prince es Mateo 24:14,
Y será predicado este evangelio del reino en todo el mundo, para testimonio a todas las naciones; y entonces vendrá el fin.
¿Cuándo vendrá el fin? Cuando el evangelio del reino, y no alguna versión suplente de evangelio, sino el evangelio verdadero… cuando el evangelio del reino haya sido proclamado en todo el mundo a todas las naciones, entonces vendrá el fin. ¿Quién es responsable de proclamar el evangelio en todo el mundo a todas las naciones? Le animo a decir: “Yo soy responsable, junto con el resto del Cuerpo”. Y Jesús no va a venir desde el cielo para hacerse cargo de nuestro trabajo. Él está esperando. Creo que está esperando pacientemente, pero en cierto sentido con impaciencia. A cuántas otras cosas les hemos dado prioridad en lugar de esta misión prioritaria.
Quiero decir —espero que no suene jactancioso—Ruth y yo nos casamos en 1978. Este es mi segundo matrimonio. Algunos de ustedes conocieron a mi primera esposa, Lydia, que era danesa. Quiero decir una verdadera danesa. Solo los daneses saben lo que es un verdadero danés. Me alegra mucho tener dos verdaderos daneses sentados a mi lado… En 1979, yo sentí que el Señor me dijo: “Quiero que empieces un programa de radio”. Yo nunca me vi como un predicador de radio. No teníamos recursos adicionales. Pero avanzamos en obediencia y con timidez, y empezamos un programa radial titulado Llaves para vivir con éxito, en ocho emisoras, con un presupuesto de $8.000 mensuales, y realmente no sabíamos de dónde salía ese dinero. Pero lo hicimos en obediencia, y lo hicimos con una visión. Hoy, creo—no estoy seguro—pero creo, y puede preguntar a nuestro personal, creo que está en catorce idiomas. Indudablemente se transmite en cada continente. Está en chino, en ruso, árabe, y español, para mencionar cuatro idiomas principales. Así es. Nosotros nada más empezamos, pero Dios se hizo cargo de todo. Pero si nunca hubiéramos empezado, Dios nunca se habría hecho cargo del trabajo.
De modo que somos responsables delante de Jesús, la Cabeza de la iglesia, como miembros de su Cuerpo, de hacer lo que Él nos ha mandado. Somos responsables ante Él, como su organismo gobernante, de administrar su autoridad. Algo que hace muchísima falta en los Estados Unidos hoy es autoridad. En gran medida es a causa de la iglesia, porque la iglesia no ha representado la autoridad de Jesucristo. La razón, con frecuencia, es que la iglesia no está bajo la autoridad del Señor. Solo hay una cabeza de la iglesia. Su nombre es Jesús. Cualquier cosa que no está bajo Él como cabeza no es una iglesia.
Ahora quiero darle un ejemplo concreto de lo que sucede cuando la iglesia falla. Está en 2 Tesalonicenses 2:3.
Nadie os engañe en ninguna manera; porque no vendrá sin que antes venga la apostasía, y se manifieste el hombre de pecado, el hijo de perdición . . .
El “hombre de pecado” es el anticristo. Estos cristianos tesalonicenses estaban esperando la venida del Señor en cualquier momento, y Pablo dice: “Tengo que corregirlos. Ese día no vendrá, el regreso del Señor, hasta que haya venido la apostasía”. Una palabra muy interesante. La palabra griega es exactamente la palabra que se traduce apostasía. Es la misma palabra transcrita en alfabeto latino. Solo se usa dos veces—en este pasaje y en Hechos, cuando los líderes de la iglesia en Jerusalén acusan a Pablo de enseñar apostasía de la ley de Moisés. Entonces significa específicamente desviarse de la verdad espiritual revelada. Y Pablo dice: “Antes que el anticristo, del hombre de pecado, se revele, tiene que haber apostasía”. ¿Por qué? Porque la iglesia es la barrera que detiene la manifestación o la consumación del mal. Satanás lo sabe muy bien, él conoce la Biblia mejor que la mayoría de nosotros, y él no puede manifestar al anticristo hasta que la iglesia se quite del medio. De modo que tiene que haber una apostasía en la iglesia, porque la influencia restrictiva de la iglesia tiene que desaparecer antes que el anticristo pueda manifestarse.
¿Sabe lo que esto significa? Fíjese en la responsabilidad que esto pone sobre nosotros. Somos la fuerza que contiene el avance del mal. Dice un poco más adelante en ese capítulo, y sé que nos metemos en profecía especulativa, en el versículo 6:
Y ahora vosotros sabéis lo que lo detiene [al anticristo], a fin de que a su debido tiempo se manifieste. Porque ya está en acción el misterio de la iniquidad; sólo que hay quien al presente lo detiene, hasta que él a su vez sea quitado de en medio.
Hay dos formas de interpretar este pasaje. Puede referirse al Espíritu Santo, o a la iglesia. Probablemente a los dos—el Espíritu Santo en la iglesia. Así que la consumación final del mal en esta era no vendrá hasta que la iglesia, por apostasía, abra el camino. Y voy a presentar algunas citas en mi enseñanza más adelante—no esta noche. Yo diría que la apostasía está más o menos consumada hoy en los Estados Unidos. En las esferas más elevadas de la mayoría de las denominaciones cristianas reina la apostasía; apostasía blasfema, que niega a Cristo, que enoja a Dios. Le daré una o dos citas más adelante en estas reuniones.
Creo que no nos falta mucho para que la apostasía sea completa. Pero entre tanto, ¿cuál es nuestra responsabilidad? Detener las fuerzas del mal. Somos la asamblea gubernamental. Somos los encargados de hacer cumplir la autoridad de Cristo. No en todas las áreas, sino en ciertas áreas específicas.
Para resumir un poco, lo que Dios hará en los Estados Unidos depende en gran medida de lo que haga la iglesia. ¿Escuchó esto? ¿Tengo que repetirlo? Lo que Dios hará en los Estados Unidos depende en gran medida de lo que haga la iglesia. Le daré un pasaje bíblico conocido que es la cita por excelencia para los intercesores. 2 Crónicas 7:14:
Si mi pueblo . . . sanaré su tierra.
He dejado incompleto el texto, pero lo que quiere decir es que si Dios ha de sanar nuestra tierra, su pueblo tiene que hacer algo. Si su pueblo no lo hace, Él no sanará la tierra. Esto pone una clara responsabilidad sobre usted y sobre mí.
Solo me falta señalar un punto más, y luego voy a concluir por hoy. La pregunta que todavía no tiene respuesta es: ¿quiénes son la Iglesia?... ¿quiénes son la Iglesia? Y quiero darle una respuesta que creo le puede impresionar. Voy a citar cuatro pasajes en total. Primero,… Mateo 28:19-20. Jesús dijo a sus apóstoles después de su resurrección:
“Por tanto, id, y haced discípulos a todas las naciones, bautizándolos en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo; enseñándoles que guarden todas las cosas que os he mandado; y he aquí yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo”.
Jesús dijo “Id y haced discípulos a todas las naciones”. Y luego mandó enseñarles. La evidencia de que han aceptado la responsabilidad del discipulado es que se bautizan en el nombre del Padre, del Hijo, y del Espíritu Santo. Oigo a cristianos queridos hablando acerca de discipular naciones. Nadie es discipulado hasta que ha sido bautizado. Porque esa es la marca del discipulado. Así que podemos ir e influir sobre las naciones, pero no los hacemos discípulos hasta que ellos se sometan al bautismo.
Se habla mucho hoy acerca de cristianizar nuestra cultura. Yo soy escéptico. Yo no creo que nuestra cultura pueda ser cristianizada. Nuestro trabajo es hacer discípulos, no cristianizar gente. ¿Está de acuerdo con eso?
Jesús no dijo: “Id y haced miembros de iglesia”. Para ser honestos, así pensamos la mayoría de nosotros. “Bueno, tenemos 8.000 miembros en nuestra iglesia”. ¿Cuántos discípulos tenemos? Bueno, tal vez 23. Usted piensa que no hablo en serio. Bueno, le mostraré lo que Él dice. Hechos 11:26, …solo la última parte del versículo.
. . . Y a los discípulos se les llamó cristianos por primera vez en Antioquía.
En otras palabras, el término cristiano solo aparece tres veces en el Nuevo Testamento. Esta es una de ellas. ¿A qué clase de personas se les llamó cristianos? A los discípulos. Así es. Los que no son discípulos, no tienen derecho a llamarse cristianos. No tienen derecho bíblico. Esta es una tierra de libertad de expresión. Usted puede decir lo que quiera. Pero lo que diga puede que no sea bíblico. Entonces Jesús dijo: “Id y haced discípulos . . ”. Y el problema es que no hemos guardado sus mandamientos. Ha habido maravillosas excepciones.
Le diré por qué es un error hacer miembros de iglesia que no son discípulos. Número uno, proyectan al mundo una imagen falsa de lo que es el Cristianismo. ¿Cuántas veces ha escuchado gente decir: “Si eso es cristianismo, no quiero tener nada que ver con eso”? Yo tampoco quisiera. Pero el Cristianismo no es eso. La demostración de Cristianismo son los discípulos. Y todos ustedes puede que sepan que me han asociado antes con “El Movimiento de discipulado”...Yo no hago parte del Movimiento de discipulado y no estoy hablando del Movimiento de discipulado. Quiero dejar eso claro. Muchos de los objetivos del Movimiento de discipulado eran correctos, pero desafortunadamente se equivocaron en la forma de aplicarlos.
Como dice en Gálatas, “Oh gálatas insensatos, ¿cómo pueden comenzar en el espíritu y ser perfeccionados en la carne...” Esa es realmente la trágica historia del Movimiento de Discipulado. Y tengo que decir que estuve allí cuando comenzó. Había otros tres hermanos, dos de los cuales ahora están con el Señor. Fue una intervención soberana de Dios. No lo planeamos, ni siquiera lo queríamos. Dios comenzó algo, pero lo arruinamos. Creo que en un año lo arruinamos. ¿Sabes cuál fue el problema? La ambición personal. ¿Es eso algún problema en la iglesia? Creo que probablemente es el problema número uno en la iglesia.
Lo que estoy diciendo es que el otro problema sobre los miembros de la iglesia que no son discípulos es que ocupan el tiempo de las personas que deberían estar haciendo discípulos. Pablo dijo: "Si las personas no pueden aprender, no pierdas tiempo con ellas. De tales apártate." Hay muchos ministros piadosos y hombres de Dios que están dedicando innumerables horas trabajando con personas que nunca harán el compromiso. Es un desastre. Así que lo que estamos hablando ahora es de una iglesia compuesta por verdaderos cristianos, que son discípulos.
Esto nos lleva a una pregunta sencilla y final: ¿Cuáles son los requisitos para convertirse en discípulo? Tomaré dos pasajes de las enseñanzas de Jesús. Algunos de ustedes han notado que hay un nuevo libro de colores vivos titulado Echarán fuera demonios. Tengo que confesarles que gran parte de lo que hay en ese libro lo aprendí a las malas. Una y otra vez quise ir en cierta dirección, me enfrenté a las palabras de Jesús. Él nunca perdió el tiempo. Nunca transigió. Nunca usó un doble discurso. Dijo exactamente lo que quería decir, y todavía quiere decir eso mismo hasta hoy. Quiero tomar dos declaraciones suyas concernientes a los discípulos. La primera está en Mateo 16:24–25.
“Entonces Jesús dijo a Sus discípulos: ‘Si alguno viene en pos de Mí...’”
Y eso significa convertirse en discípulo, porque la marca de un discípulo en la cultura judía era seguir a su maestro. Nunca ir delante de él, ni siquiera al lado de él, sino caminar detrás de él. Y aquellos que caminaban detrás de Jesús eran sus discípulos. Había toda clase de gente y multitudes que se aglomeraban en torno a Él, pero no eran discípulos. En cambio, los que caminaban detrás de Él, esos eran discípulos. Jesús, pues, dijo:
“Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, y tome su cruz, y sígame. Porque todo el que quiera salvar su vida [alma], la perderá; y todo el que pierda su vida [o su alma] por causa de mí, la hallará”.
Entonces, hay dos requisitos invariables. Número uno, te niegas a ti mismo. Número dos, tomas tu cruz. Alguien dijo: “Tu cruz es el lugar donde la voluntad de Dios y tu voluntad se cruzan.” También es el lugar donde mueres. Dios nunca impone la cruz. Es algo que tomamos voluntariamente. Y luego Jesús dijo: “Porque el que desea salvar su vida...” Pero la palabra griega también es alma. Si quieres aferrarte a la vida de tu alma, la perderás. Si estás dispuesto a perderla, la encontrarás.
Ahora, el alma en la fisiología o la constitución del ser humano tiene tres elementos: el espíritu, el alma y el cuerpo. El hombre triuno creado a imagen de un Dios triuno. Y el alma es el ego. Generalmente se interpreta como la voluntad, el intelecto y las emociones. En palabras simples, es lo que dice: "Quiero, siento y pienso." Y eso tiene que ser muerto. Lo que quieres no es importante. Lo que sientes no es importante. Lo que piensas no es importante. Lo que importa es lo que dice Dios. Y tienes que poner eso a muerte. No puedes ser un discípulo sin dar ese paso, poniendo fin voluntariamente a tu ego.
Verán, si se dirigen a 2 Timoteo 3, no necesitamos ir allí ahora, hay una imagen vívida en los primeros cinco versículos de la condición de la humanidad al cierre de esta era. Y hay dieciocho horribles pecados que se enumeran. Pero los dos primeros y el último, todos se refieren a lo que amamos; amor propio, amor al dinero y amor al placer. Desafortunadamente, la NIV no traduce amor propio. Dice egocentrismo, lo cual está bien. Pero oscurece el hecho de que hay tres amores dominantes; el yo, el dinero y el placer. Y en 1 Timoteo 6:10 dice: "Porque el amor al dinero es raíz de toda clase de males..." Así que todo lo demás que es malo en ese capítulo surge del amor al dinero. Y tendría que decir que el amor al dinero es la fuerza impulsora conspicua en América hoy. Y no todos ustedes han vivido tanto como yo. No siempre fue así en el mundo anglosajón.
Yo vengo de una familia de militares. Todos mis antepasados han sido oficiales en el ejército británico. Algunos no eran cristianos. Pero debo decir que no vivían motivados por el amor al dinero. ¿Qué los motivaba? Una palabra que nunca se oye en la actualidad: deber. La gente ha cambiado. Algunos de ustedes no han vivido lo suficiente para darse cuenta de lo mucho que ha cambiado la gente. Esta es una señal del fin de los tiempos. El amor de sí mismo, el amor al dinero, y el amor al placer. Pero si ha existido una era egocéntrica, es esta. Todas las palabras como autodesarrollo, auto conservación, autoexpresión tienen que ver con el yo. Lo que la gente no comprende es que el yo que expresan es un rebelde. Y vemos la multiplicación de la rebeldía.
Esas son pues las condiciones para el discipulado. Negarse a sí mismo, tomar su cruz, y seguir a Jesús. Y usted no puede seguirle hasta que se haya negado a sí mismo y tomado su cruz. En esto consiste la iglesia. Todo lo demás es, en cierto modo, superfluo. No puede cumplir los propósitos de Dios porque va en contra de los planes de Dios.
Ahora permítame señalar un pasaje muy interesante. En Hechos 11:26, la última frase de ese versículo:
…y a los discípulos se les llamó cristianos por primera vez en Antioquía.
¿A quiénes se les llamó cristianos? A los discípulos. ¿Y quién tiene derecho a llamarse cristiano? El discípulo. Nadie más tiene el derecho bíblico. Podemos usar el título, sin que le pertenezca. Solamente los discípulos tienen derecho a llamarse cristianos. Verá, tengo la sensación, tengo que decir que el Señor no solo me dio mucho tiempo para pensar en lo que iba a decir, y que cambié mi opinión varias veces antes de llegar a mi decisión, sino que el Señor en su soberanía ha tratado conmigo y con Ruth. No entraré en detalles, pero ayer pasamos tiempo en la presencia de Dios, y Él nos redarguyó a cada uno de pecados que cometimos hace muchos años. Y nos dimos cuenta de que nunca habíamos tratado con esos pecados. Y hasta donde sé, lo hicimos.
Creo que algo va a pasar a algunos aquí presentes. Van a ser redargüidos de pecados que han tolerado o quizás olvidado. Pero Jesús no los ha olvidado. Él no se los reprocha, pero no son expiados sino hasta que usted los reconoce, se arrepiente y confiesa. Y creo que tal vez muchos de ustedes aquí tendrán que responder durante estos días la pregunta: ¿Soy un discípulo o simplemente un miembro de iglesia? Puede ser que usted sea un excelente miembro de iglesia. Hace todo lo que tiene que hacer. Lee su Biblia, paga sus diezmos, asiste a las reuniones, no hace mal a nadie. La pregunta es ¿a cuántas personas hace usted el bien? Volveremos a esto más adelante si Dios quiere y me da vida.
Veamos el otro pasaje concerniente al discipulado. Lucas 14:26–27. Estas son palabras increíblemente dolorosas, pero ahí están. Y si no estamos dispuestos a experimentar el dolor, no creo que experimentaremos la liberación. Leamos el versículo anterior, el 25.
“Y grandes multitudes iban con Él [observen que iban con Él, no lo seguían. No eran discípulos. Eran solo multitudes de personas interesadas.]. Y Él se volvió y les dijo: ‘Si alguno viene a Mí y no odia a su padre y madre, esposa e hijos, hermanos y hermanas, sí, y también su propia vida [pero la palabra es alma], no puede ser Mi discípulo. Y el que no lleva su cruz y viene en pos de Mí no puede ser Mi discípulo.’”
Así que es imposible convertirse en un discípulo de Jesús sin cumplir con esas condiciones. Ahora pueden pensa en una excepción, o sentirse sorprendido por la palabra “odiar”. No estamos llamados a odiar activamente a nuestro padre o madre, a nuestra esposa o hermanos o hermanas. Pero, según lo entiendo, la palabra significa que cuando nuestra relación con cualquiera de esas personas entra en conflicto con nuestra obediencia a Jesucristo, entonces tenemos que decir “no”. Debemos odiar cualquier cosa que nos impida seguir a Jesús de todo corazón. Luego dice: “...su propia vida o su propia alma también.” Así que esa es la salvaguarda. No tienes derecho a odiar a nadie más a menos que odies tu propia alma. Tu vida del alma, tu ego, el yo exigente que dice: “Quiero, pienso, siento, soy importante, ponme primero, atiéndeme, hazme sentir cómodo, adapta a mi conveniencia.” ¿Gobierna eso a muchas personas en los Estados Unidos hoy en día? Creo que sí. Creo que debemos tener mucho cuidado de no dar por sentada nuestra relación con Jesús. Realmente creo, y esta es la última cosa que quiero decir esta noche, que necesitamos examinarnos durante estos días que estamos aquí juntos, y decir: “Señor, muéstrame. ¿Soy un discípulo o solo un miembro de la iglesia? Y si solo soy un miembro de la iglesia, Señor, ayúdame a cambiar. Amén.”
Código: MV-4404-100-SPA