Ahora continuamos con el tema “Salvación completa y cómo recibirla”. En la sesión anterior expliqué que la salvación no es solo recibir el perdón de los pecados, aunque eso es maravilloso. No siquiera se limita a nacer de nuevo sino que es un proceso completo y en desarrollo constante. La palabra griega que se usa en el Nuevo Testamento para “salvar” se usa también para todos los demás beneficios que recibimos por medio del sacrifico de Cristo en la cruz. Para la sanidad, la liberación de demonios, la resurrección de los muertos, para guardarnos en este mundo y para la vida eterna en el venidero.

Señalé que la Biblia es el único libro que revela la verdadera causa de los problemas humanos y el único libro que ofrece una solución. La causa es el pecado y el remedio es un sacrificio. No hay otro remedio para el pecado aparte de un sacrificio. Pero el sacrificio que lo incluye todo y suple todo tuvo lugar cuando Jesús murió en la cruz. Cuando Él exclamó “consumado es”, fue consumado. Desde entonces es perfecto. Perfectamente perfecto, completamente completo.

Señalé que una forma de ver y entender lo que se logró mediante la muerte de Jesús en la cruz está contenido en la palabra intercambio. En la cruz un intercambio dispuesto por Dios tuvo lugar en este sentido, que Dios impuso sobre Jesús todo el mal que conforme a la justicia merecíamos, y que en lugar de eso Dios pudiera ofrecernos todo el bien que le correspondía a la obediencia perfecta e inmaculada de Jesús. O, en términos más sencillos, Jesús cargó con el mal para que nosotros pudiéramos recibir el bien.

Y luego vimos brevemente ocho aspectos de este intercambio. Creo que nos ayudaría recapitular un poco brevemente antes de continuar. No sé si usted comprenda plenamente los beneficios de proclamar en voz alta todo esto que usted desea creer. Lo retomaremos más adelante en este mensaje. Pero es un hecho interesante que donde se lee en otro idioma “aprender por el corazón”, el hebreo dice “aprender por la boca”. Ambos son ciertos. Como sabrá, si quiere tener algo en su corazón, repítalo con su boca. Si tiene algo en su corazón, esto saldrá por medio de lo que dice con su boca. Los dos van juntos, cada uno hacer parte del proceso completo. Así que si usted cree algo, entre más lo afirma, más lo cree. Y entre más lo cree, más lo afirma.

Por otro lado, desafortunadamente lo contrario es verdad. Si usted no lo afirma dejará de creerlo. Y si deja de creerlo no tardará en dejar de afirmarlo. Así que estamos atrapados en uno de estos dos espirales. Ya sea el espiral positivo de creer y afirmar, o el espiral negativo de no afirmar y dejar de creer.

Volvamos pues al espiral positivo y repitamos los ocho aspectos del intercambio. Voy a pedirle que tenga la gentileza de usar sus manos. ¿Está bien? De nuevo, esto parece infantil pero Jesús dijo que debemos volvernos como niños si queremos entrar en el reino de los cielos. Aun el hecho de movernos es significativo. El gran evangelista de la generación pasada, Smith Wigglesworth, solía decir que la fe es un acto. Si usted cree tiene que hacer algo. Por cierto, como era originario de Yorkshire él no decía que la fe era un acto, decía que la fe era un jacto. Sucedió algo —me gusta siempre contar esta historia— cuando él estaba predicando y trataba de comunicar esta verdad al pueblo. Ellos no respondieron así que hubo otro ministro que resultó ser un profesor de elocución. Él dijo a su otro hermano: “hermano, ellos no están oyendo, necesitan oírlo dos veces. así que todo lo que digo desde este lado de la plataforma, usted lo dice al otro lado de la plataforma”. Entonces Smith Wigglesworth dijo: “La fe es un jacto”. Y este hombre dijo: “La fe es un acto”. Como ve, lo escucharon de las dos formas. Así que hay un acto que expresa fe.

Ahora, vamos a usar la mano izquierda para el mal, la mano derecha para el bien. Creo que si digo la primera parte usted ya puede decir la segunda conmigo. Si puede decir la primera parte, está bien.

  • Jesús fue castigado para que nosotros pudiéramos ser perdonados.
  • Jesús fue herido para que nosotros pudiéramos ser sanados.
  • Jesús fue hecho pecado con nuestra pecaminosidad para que nosotros pudiéramos ser hechos justos con su justicia.
  • Jesús murió nuestra muerte para que nosotros pudiéramos recibir su vida.
  • Jesús se hizo maldición para que nosotros pudiéramos recibir la bendición.
  • Jesús sufrió nuestra pobreza para que nosotros pudiéramos recibir su abundancia.
  • Jesús soportó nuestra vergüenza para que nosotros pudiéramos participar de su gloria.
  • Jesús soportó nuestro rechazo para que nosotros pudiéramos recibir su aceptación.

Ahora quiero seguir con otra palabra que me permite ayudar a otros a comprender este sacrificio de Jesús. Hemos visto la palabra intercambio, ahora quiero presentarle la palabra identificación. Identificarse con alguien significa hacerse uno con alguien, ponerse en el lugar de esa persona. Creo que en la cruz tuvo lugar una doble identificación con dos aspectos. En primer lugar, Jesús como el postrer Adán se identificó con toda la raza humana y cargó con todo el mal que merecíamos recibir, y murió para pagar el castigo por nuestros pecados. Ese es un lado de la identificación. La salvación viene cuando respondemos con otra identificación. Nos identificamos a nosotros mismos con Jesús en su muerte, su sepultura, su regreso a la vida, su resurrección y su exaltación en el trono. Allí es cuando recibimos lo que ha provisto. Él ha hecho la identificación, que ha sido consumada. Pero nosotros nos apropiamos al identificarnos a nosotros mismos con todo lo que Él experimentó desde la muerte en adelante.

Veamos, en primer lugar, sus dos gloriosos títulos que le fueron dados en 1 Corintios 15:45. Muchas veces los cristianos lo citan erróneamente. Es importante entenderlos bien. En el versículo 45 Pablo dice:

Así también está escrito: Fue hecho el primer hombre Adán alma viviente; el postrer Adán, espíritu vivificante.

Y luego en el versículo 47:

. . . El primer hombre es de la tierra, terrenal; el segundo hombre, que es el Señor, es del cielo.

Ahora, los dos títulos aquí son “el postrer Adán” y luego “el segundo hombre”. Muchas veces he escuchado a las personas llamar a Jesús el segundo Adán. No es así que se le llama. Se le llama el postrer Adán. Y luego se le llama el segundo hombre.

En la cruz Él murió como el postrer Adán. No postrer en tiempo sino en el sentido de que toda la herencia de maldad de la raza adámica entera cayó sobre Él y él acabó con ella en la cruz. Y cuando fue sepultado quedó atrás. Y cuando Él resucitó al tercer día, se levantó como el segundo hombre, una nueva clase de hombre. Un tipo de raza que nunca antes había existido, la raza de Dios/hombre, la raza de Emanuel. Él es la cabeza del cuerpo, el primogénito de los muertos, y por medio del nuevo nacimiento nos identificamos con Él en su resurrección y en todo lo que viene después.

En 1 Pedro 1:3, el apóstol Pedro dice:

Bendito sea el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, que según su grande misericordia nos hizo renacer para una esperanza viva, por la resurrección de Jesucristo de los muertos.

Así que por medio de la resurrección de Jesús, cuando nos identificamos con Él somos engendrados de nuevo, nacemos a una nueva raza, la raza Dios/hombre. Dice que el Señor hará algo nuevo en la tierra. Esto nuevo es una nueva raza, una raza en la cual la naturaleza de Dios y del hombre están perfectamente unidas para siempre.

Ahora miremos algunos aspectos de la identificación. Jesús murió como el postrer Adán. Pablo amplía esto en Romanos 6:6 y versículo 11. Es el medio de una de las frases largas de Pablo.

Sabiendo esto, que vuestro viejo hombre fue crucificado juntamente con él, para que el cuerpo de pecado sea destruido, a fin de que no sirvamos más al pecado.

Esta es una afirmación muy importante. Y Pablo dice “sabiendo esto”. Debo comentar que en mi opinión muchos cristianos en realidad no lo saben. Este es un hecho histórico. Cuando Jesús murió en la cruz nuestro viejo hombre, nuestra naturaleza adámica rebelde fue crucificada en Él. Como sabe, el viejo hombre es incorregible. Dios no trata de mejorarlo, Él no trata de mandarlo a la iglesia o enseñarle las Escrituras. Sólo hay una solución para él. “La solución es la ejecución”. El mensaje de misericordia es que la ejecución tuvo lugar hace más de 19 siglos cuando Jesús murió en la cruz, mi viejo hombre, su viejo hombre, nuestro viejo hombre fue crucificado en Él.

Y luego Pablo continúa en el versículo 11 en relación con esto:

Así también vosotros consideraos muertos al pecado, pero vivos para Dios en Cristo Jesús, Señor nuestro.

Ahora, lo que Dios hizo en la cruz es un hecho histórico acabado. Es verdad independientemente de que lo sepamos o creamos. Pero cuando lo sabemos y lo creemos, obra en nosotros. Entonces tenemos que decir que así como Jesús fue ejecutado en la cruz, también creo que mi naturaleza vieja, caída y rebelde fue ejecutada y ha muerto. Esa es la salida. La muerte es el único fin posible para la vieja naturaleza adámica caída. Pero tomamos la salida por medio de la muerte de Jesús en la cruz.

Y Pablo dice: “considérense muertos al pecado”. Esto se ha vuelto muy gráfico para mí. Qué significa estar muerto al pecado. Siempre cuento esta anécdota imaginaria acerca de un hombre muy malo. Es decir, conforme a los estándares religiosos era terrible. Bebía whisky, juraba, maldecía a su esposa e hijos, miraba toda clase de programas sucios de televisión; era un mal hombre. Pero su esposa y sus hijos eran creyentes. Ellos se escabullían los domingos para ir al culto de evangelización de la noche. Siempre los maldecía cuando salían. Entonces una noche que salían lo vieron y ahí estaba en su sillón con un cigarro en su boca, un vaso de whisky en la mesa, mirando algo inapropiado en la televisión.

Ellos tuvieron una noche gloriosa en el culto evangelístico. Estaban llenos del Espíritu y regresaron aún cantando himnos. Entraron en la casa y de repente se dieron cuenta, pararon en seco y esperaron oír la maldición. No hubo ninguna. Luego miraron. El cigarro estaba en el cenicero, el humo subía pero él no estaba fumando. El vaso con whisky estaba en su lugar pero él no estaba bebiendo. No había movimiento. ¿Saben qué había sucedido? Había muerto, tuvo un ataque cardiaco y murió. ¿Saben cómo estaba? Estaba muerto al pecado, ¿lo ve? El pecado ya no le resultaba atractivo. El pecado ya no tenía poder sobre él. El pecado ya no lo incitaba. Estaba muerto al pecado.

Pablo dice considérense así también muertos al pecado. El pecado ya no tiene poder sobre usted, el poder ya no le atrae, el poder ya no lo incita. Es por medio de la identificación, ya lo entiende. Comprendemos que cuando Jesús murió en la cruz, esta naturaleza vieja, corrompida y pecaminosa murió en Él. Como verá, conozco personas que viajan por todo el mundo para huir de sus problemas. Pero el verdadero problema los acompaña porque es el viejo hombre. No puede escapar de él viajando. Solo hay un escape, es mediante la muerte, la muerte de Jesús a nuestro favor.

El otro lado de la identificación es que nosotros nos identificamos con Jesús. Esto lo hacemos por fe. Lo hacemos porque la Biblia dice que es verdad. Aquí están los cinco pasos de la identificación. En primer lugar, morimos con él. Este es tiempo pasado simple. ¿Recuerda que hablé acerca de los tiempos? Es un suceso que ocurrió en un momento específico en el tiempo. Colosenses 3:3, Pablo escribiendo a los cristianos dice:

Porque habéis muerto. . .

Aún vivían en la tierra, pero él dijo que estaban muertos. ¿Cuándo murieron? Cuando Jesús murió en la cruz.

Porque habéis muerto, y vuestra vida está escondida con Cristo en Dios.

Y luego en 2 Timoteo 2:11, Pablo presenta las implicaciones.

Palabra fiel es esta: Si somos muertos con él, también viviremos con él . . .

Entonces estamos identificados con Él en muerte. Su muerte fue nuestra muerte.

Luego nos identificamos con él en lo que vino después de la muerte. ¿Qué sucedió después de la muerte? La sepultura, así es. Y esto es muy importante. Debemos identificarnos con Él en su sepultura. ¿Cómo nos identificamos con Él en su sepultura, por medio de qué? Del bautismo, así es. Por eso el bautismo es tan importante. La identificación con su muerte es interior, pero la identificación con él en su sepultura es externa, es una identificación visible con el Señor. Y en países donde existe una fuerza anti-cristiana es el punto máximo decisivo tanto entre judíos como musulmanes, y otros. Usted puede decir que cree en Jesús, ellos se enojarán. Pero cuando usted se bautiza el infierno se desata porque ahí es donde usted escapa de su territorio. Así que nos identificamos con Él en su sepultura por medio del bautismo. Veamos dos pasajes. Romanos 6:4:

Porque somos sepultados juntamente con él para muerte por el bautismo, a fin de que como Cristo resucitó de los muertos para la gloria del Padre, así también nosotros andemos en vida nueva.

Entonces nos identificamos con Él en su sepultura mediante el bautismo. De hecho, cada culto de bautismo debe ser una reunión doble. Debería haber una sepultura seguida de una resurrección, así es. Pero solo si hemos sido sepultados podemos ser resucitados. ¿Lo ve?

Y luego en Colosenses 2:12, Pablo repite lo mismo:

Sepultados con él en el bautismo, en el cual fuisteis también resucitados con él, mediante la fe en el poder de Dios que le levantó de los muertos.

Entonces cuando somos sepultados con Él en el bautismo, tenemos derecho a seguirlo en todo lo que vino después de su sepultura.

Y hay tres etapas más. Todas están en Efesios 2. Déjeme decir que hay otros pasajes en el Nuevo Testamento pero miraremos solamente Efesios 2:4–6.

Pero Dios, que es rico en misericordia, por su gran amor con que nos amó, aun estando nosotros muertos en pecados [observe que estamos muertos], nos dio vida juntamente con Cristo (por gracia sois salvos), y juntamente con él nos resucitó, y asimismo nos hizo sentar en los lugares celestiales con Cristo Jesús.

Note que la palabra juntamente aparece tres veces. Nos han dado vida. Porque Jesús no salió del sepulcro muerto, Él estaba vivo antes de salir del sepulcro. Hemos recibido vida, hemos resucitado, pero no nos quedamos ahí. Nos han permitido sentarnos con Él en los lugares celestiales. ¿Sobre qué se sienta Él en los cielos? Sobre un trono, eso es. Reina Valera Contemporánea dice que nos sentó al lado de Él. Así que somos muertos, sepultados, revividos, resucitados y exaltados.

Suponga que, por un momento, usa sus dedos de esta manera. ¿Lo hacemos? Muerto con Él, sepultado con Él, revivido con Él, resucitado con Él, exaltado con Él. Esto está completamente fuera de nuestra capacidad. No hay forma de que podamos alcanzarlo. Es imposible que lleguemos a merecerlo. Solo hay una manera como podemos recibirlo, por la fe. Solo por la fe. Si comprendemos el alcance de esta salvación, sería ingenuo, sería absurdo tratar de ganarlo o tratar de hacer algo para merecerlo.

Un problema con muchos cristianos profesantes es que tienen una sensación incómoda de que tienen que hacer algo para merecerlo. El resultado es que nunca lo disfrutan realmente porque si piensan que lo están ganando, Dios no se los dará. Porque vendría sobre un fundamento falso. Por eso resulta por lo general más fácil para los peores pecadores ser salvos que para los que asisten a la iglesia. ¿Alguna vez lo ha notado? Yo era uno de los peores pecadores y fui salvo al mismo tiempo que un hombre que era muy religioso sin ser salvo. Yo me sumergí de inmediato en todo y empecé a nadar, verá. Fui bautizado en el Espíritu, empecé a recibir dones del Espíritu. Él paso meses en el mismo proceso porque en algún lugar de su mente pensaba que tenía que ganarlo.

Muy bien. Quiero compartir con usted un hermoso pensamiento que está ahí en Efesios 2, el siguiente versículo. Después de hablar de que somos revividos, resucitados y estamos sentados con El, dice en Efesios 2:7 que revela el propósito de Dios. ¿Por qué lo hizo Dios?

Para mostrar en los siglos venideros las abundantes riquezas de su gracia en su bondad para con nosotros en Cristo Jesús.

Este es un pensamiento asombroso. En los siglos venideros. No solo en esta vida sino por siempre en la eternidad vamos a ser para el universo entero la demostración de las riquezas de la gracia de Dios. Así que cada vez que Dios quiere mostrar a todo ser creado el alcance de su gracia, Él dirá en efecto: “Miren a estos. Vean, ellos son cercanos a mí, me adoran, son mis hijos. Eran pecadores, rebeldes, proscritos, inservibles, inútiles, enemigos míos. Y aun así los he acercado a mí por la eternidad”. Espero que esté preparado para eso. Espero que comprenda que por toda la eternidad usted va a ser la demostración de la gracia de Dios.

¿Recuerda lo que dije? La gracia no puede ganarse. Hay muchas cosas en el consejo eterno que no entendemos completamente pero creo, en cierto sentido, Dios ha permitido que suceda el pecado a fin de poder tener algo para demostrar su gracia. ¿Lo ve? No digo que Dios aprobó el pecado, pero cuando este vino en lugar de decir “se acabó todo”, Él dijo “esta es una verdadera oportunidad para mostrar al universo entero mi gracia”. Hasta ese momento Él había mostrado muchos aspectos de su carácter pero no creo que él haya demostrado antes plenamente su gracia. De modo que somos su oportunidad, si quiere verlo de esa forma. Somos la persona en la cual Dios va a mostrar al universo la verdadera naturaleza de la gracia. ¡Maravilloso!

Y luego un poco más adelante en el mismo capítulo segundo de Efesios, Pablo dice:

Porque somos hechura suya, creados en Cristo Jesús para buenas obras, las cuales Dios preparó de antemano para que anduviésemos en ellas.

No solo somos la demostración de su gracia sino que Pablo afirma que somos hechura suya. No se puede apreciar plenamente pero la palabra griega es poeima, de la cual se deriva la palabra poema. Sugiere una obra maestra de arte. De modo que somos la obra maestra de Dios. Cuando Él quiere mostrar al universo su genio creativo en toda su extensión, nosotros somos la obra de exhibición. Esto es emocionante, ¿no le parece? Es maravilloso. Me bendice tan solo comprobar lo que Él podía hacer, porque el material que usó para su obra de arte ¿sabe a dónde fue? Al basurero. ¿Se da cuenta de eso? “Puedo hacer lo que sea con cualquier cosa. Creé las estrellas y el sol y todo eso, los mares y los árboles. Pero para demostrar lo que realmente puedo crear”, dice Dios, “voy a tomar estos pedazos rotos de humanidad y los voy a moldear hasta convertirlos en una obra maestra”.

Hay una canción que no puedo cantar, ni siquiera lo intentaré pero dice “vidas arruinadas, pedazos rotos, por ello moriste en el Calvario”. Él murió para crear su obra maestra con las vidas rotas de hombres y mujeres. Qué mensaje, qué revelación.

Ya ve, si a usted no le emociona la salvación no sé qué tanta salvación tenga. La gente dice que somos fanáticos cuando saltamos y aplaudimos. Yo era un experto en lógica antes de volverme cristiano. Yo diría que esta es la respuesta lógica a la revelación de las Escrituras. Si realmente creemos lo que he estado diciendo, sentarse ahí nada más y decir que está bien no es para nada realista. ¿Qué le parece poner un poco en práctica por un momento? ¿Por qué no nos ponemos en pie y bendecimos al Señor y le decimos que realmente creemos lo que Él dice acerca de nosotros? [alabanza y acción de gracias]

Vuélvase a su vecino y diga: “Soy salvo por la gracia. Nunca podría ganarlo. Soy salvo por la gracia, no podría merecerlo”. Muy bien, ¡siéntense y organícense!

Lo que he descrito es lo que Dios ha hecho, la provisión que Él ha hecho. Ya le he dicho que es perfectamente perfecta, completamente completa. Pero, depende de nosotros saber cómo apropiarnos de ella. Yo podría simplemente concluir este mensaje en este momento y usted tendría una visión prometedora de algo glorioso pero muchos de ustedes no sabrían cómo tomar los pasos necesarios para tomarlo. Así que voy a hacer mi mejor esfuerzo para describir los pasos mediante los cuales podemos entrar en posesión de lo que Dios ha hecho. Estoy pensando en cuatro sencillos pasos. Número uno, arrepentirse. Número dos, creer. Número tres, confesar. Y número cuatro, actuar conforme a lo que cree.

Veamos algunos pasajes. El primer paso esencial que nadie puede pasar por alto es arrepentirse. Todo el Nuevo Testamento, de hecho, toda la Biblia deja claro que nadie puede jamás reconciliarse con Dios para salir del pecado y la rebelión sin arrepentimiento. Hoy día veo que la enseñanza del arrepentimiento es muy escasa en muchas áreas de la iglesia. Creo que la iglesia sufre en gran manera. Al igual que muchas personas que han sido pastores, consejeros y demás, con los años he aconsejado a miles de personas. Ya no lo hago tanto. He descubierto que no hay muchos cristianos que no tengan problemas. Mi conclusión después de pasar mucho tiempo con cristianos con problemas es esta, que el 50% de sus problemas se deben a falta de arrepentimiento. En otras palabras, si en realidad se hubieran arrepentido sus problemas no existirían. Como ve, no hay atajo para el arrepentimiento. Creo que es importante subrayar esto porque creo que algunos enseñan que el arrepentimiento es negativo y no lo necesitamos. El arrepentimiento puede ser negativo pero definitivamente lo necesitamos.

Miremos las palabras de Jesús en Marcos 1:15. Este es el comienzo de su ministerio público.

“El tiempo se ha cumplido, y el reino de Dios se ha acercado; arrepentíos, y creed en el evangelio.”

Dios nunca manda a nadie en el Nuevo Testamento que crea sin antes decirle que se arrepienta. Creo que es imposible. Usted no puede realmente creer a menos que se haya arrepentido sinceramente. Puede cumplir con todas las señales externas y formas de creer pero la realidad no está presente.

¿Qué es arrepentimiento? El arrepentimiento no es una emoción, es una decisión. La palabra griega que se usaba en el lenguaje secular es traducido generalmente “cambio de mente”. Arrepentirse es cambiar en la forma de pensar. Usted ha vivido de cierta manera, y decide vivir de otra manera. Se ha agradado a sí mismo, ha vivido conforme a sus propias reglas, hace lo que le place. Decide que va a someterse a Dios, que va a vivir como Dios quiere, que Dios va a decirle qué hacer y lo va a cumplir. Una persona que se ha arrepentido realmente no discute con Dios. Como sabrá he recibido cartas aun desde que he estado aquí, de personas con problemas. Y algunas son personas que han tenido problemas por mucho tiempo y casi han perdido la esperanza de una solución. Creo que, de cierta manera, al menos en ciertos casos, esas personas realmente no se han arrepentido. Porque quieren que su problema se solucione para poder hacer lo que quieren. ¿Lo ve? Tienen su plan de lo que les gustaría hacer y ser en la vida. Pero eso no es arrepentimiento. El arrepentimiento dice heme aquí Dios, haz conmigo lo que quieras. No haré mis propios planes. Renunciaré a mis ambiciones. Puede ser que tú tengas planes completamente diferentes para mí. Renuncio a mis propios planes, a mis propios deseos y Dios, estoy dispuesto a lo que tú me mandes, sea lo que sea. Eso es arrepentimiento. No lo digo para criticar a esas personas pero no creo que se den cuenta.

Miremos unos pasajes donde se subraya esto. Después de la resurrección en Lucas 24, Jesús explicó a sus discípulos las Escrituras acerca de su muerte y resurrección. Él dijo en los versículos 46-47**:

“Así está escrito, y así fue necesario que el Cristo padeciese, y resucitase de los muertos al tercer día; y que se predicase en su nombre el arrepentimiento y el perdón de pecados.”

¿Qué se predica primero? No el perdón sino el arrepentimiento. No tenemos derecho a prescindir del arrepentimiento y ofrecer a la gente el perdón. Estuve en una reunión en el sureste de Asia donde un ministro estadounidense predicaba. Predicó un excelente mensaje acerca de la sanidad. Señaló cómo podemos recibir sanidad por medio de la Palabra de Dios. El mensaje me bendijo. Pero al final dijo a esta multitud mezclada, la mayoría de los cuales eran chinos, si quieren esta vida maravillosa y todas estas bendiciones, pasen adelante y recíbanla. Él no mencionó una sola vez la palabra arrepentimiento en todo el mensaje. Bueno, muchas personas pasaron adelante y eran adoradores de ídolos y toda clase de cosas y ellos quisieron pero no lo obtuvieron. ¿Lo ve? El resultado, en un sentido, fue confusión en ese punto.

Rut y yo hemos tratado a veces de ministrar a algunas personas, no podíamos hablar su idioma, ellos no podían entendernos. Era evidente que no cumplían con los requisitos. Pero no era su culpa porque la condición no había sido explicada. Nosotros que tenemos un trasfondo de conocimiento bíblico, a veces podemos dar por sentado que las personas saben que tienen que arrepentirse. Sin embargo, yo creo que es una conclusión apresurada. Si usted va a otra cultura y a otro trasfondo, ellos no tienen claro lo que es el arrepentimiento. Para muchas personas el arrepentimiento es autoinfligirse dolor, subir los escalones de la catedral de San Pedro de rodillas y cosas así. Toda clase de cosas, autoflagelarse. Entre los musulmanes hay quienes en realidad se autoflagelan, aún los cristianos profesantes. Arrepentimiento no es autoinfligirse sufrimiento. Jesús ha soportado todo el sufrimiento. Arrepentimiento es decidirse a cambiar o a ser cambiado, a renunciar a todo lo que usted se aferra y decir “Dios, estoy a tu disposición”.

Busque en Hechos 2, el día de Pentecostés. El Espíritu Santo había descendido, una multitud de personas recibían convicción de sus pecados. No sabían qué hacer. En el versículo 37 ellos dijeron a los apóstoles:

Varones hermanos, ¿qué haremos?

Y sale Pedro con la respuesta de las tres etapas.

Arrepiéntanse, bautícense, reciban el Espíritu Santo.

¿Cuál es el primer requisito? Arrepiéntanse, así es. Creo que esa es la respuesta de Dios hoy. No creo que sea un trato por cuotas. Creo que es un paquete completo. Tiene que tenerlos todos de una vez. Arrepentirse, bautizarse, recibir el Espíritu Santo.

Y permítame solamente mostrarle el ministerio y el mensaje de Pablo en Hechos 20. Pablo está hablando a los ancianos de la iglesia de Éfeso, recordándoles su ministerio en Éfeso y él dice en el versículo 20:

Y cómo nada que fuese útil he rehuido de anunciaros y enseñaros, públicamente y por las casas, testificando a judíos y a gentiles acerca del arrepentimiento para con Dios, y de la fe en nuestro Señor Jesucristo.

No importaba que fueran judíos o griegos o lo que fueran. El orden era primero arrepentimiento, después fe.

Luego venimos a creer y a confesar. Cuando hacía mi bosquejo no sabía si poner la confesión antes de creer o creer antes de confesar. A decir verdad, en el Nuevo Testamento realmente no están separados. Miremos en este pasaje clave en Romanos 10 donde Pablo describe los requisitos para la salvación del Nuevo Testamento. Romanos 10, y quiero que observe el orden. Él habló de dos cosas, la boca y el corazón. Él los menciona en cada versículo. Las primeras dos veces pone la boca antes del corazón. La tercera vez menciona el corazón antes de la boca. No pensamos de esa manera pero lo cierto es que, en cierta forma, obtiene la fe diciéndolo. Algunas personas dicen no lo creo así que no puedo decirlo. Yo opino que si usted lo dice descubrirá que empieza a creerlo.

Ahora permítame hablar sobre la confesión un momento, es una palabra clave. Significa literalmente “decir lo mismo que”. Proviene de un verbo latino, confeiteor. Y la confesión es decir lo mismo que Dios ha dicho en su Palabra acerca de usted. Es hacer coincidir las palabras de su boca con la Palabra de Dios. Y es absolutamente esencial en el proceso de la salvación. Usted no puede realmente experimentar la salvación sin la confesión correcta.

Veamos lo que Pablo dice, Romanos 10:8–10:

Cerca de ti está la palabra, en tu boca y en tu corazón. . .

¿Dónde está primero? En la boca, así es.. . . 

Esta es la palabra de fe que predicamos: que si confesares con tu boca que Jesús es el Señor, y creyeres en tu corazón que Dios le levantó de los muertos, serás salvo.

¿Qué hace usted primero? Confiesa con su boca y cree en su corazón. Verá, esa no es la manera como pensamos pero es realmente verdadera en la experiencia. Y luego en el versículo 10, por tercera vez dice:

Porque con el corazón se cree para justicia, pero con la boca se confiesa para salvación.

Así, cuando usted lo ha confesado dos veces con su boca entonces lo tiene en su corazón. Y cuando lo tiene en su corazón lo dice con su boca porque Jesús dijo que de la abundancia del corazón habla la boca. Pero la forma como llega a su corazón es aceptarla como Palabra de Dios y empezar a confesarla. Entre más la cree más la dice. Pero hay una especie de tradición, pienso que especialmente entre los que asisten a la iglesia, que usted no habla acerca de su fe.

Lo sé, yo crecí en Gran Bretaña entre personas que asistían juiciosamente a la iglesia. Y algunas eran sin duda cristianos realmente salvos. Pero nadie me dijo nunca lo que significaba ser salvo. ¿Lo ve? Para la gente en esa época, la religión era algo personal de lo que no se hablaba. Bueno, así no funciona el evangelio. Hay que hablar de él. Usted cree, usted confiesa. Usted confiesa, usted cree. Y descubrirá que cuando se trata de hacer la confesión correcta hay una fuerza maligna y oscura que se interpone y quiere mantener su boca cerrada. Y usted tiene que usar su voluntad para abrir su boca y decir lo correcto.

Quiero mostrarle la posición de Jesús como sumo sacerdote en relación con nuestra confesión. Quiero guiarlo a tres pasajes de Hebreos. Hebreos 3:1:

Por tanto, hermanos santos, participantes del llamamiento celestial, considerad al apóstol y sumo sacerdote de nuestra profesión, Cristo Jesús.

Jesús fue el apóstol enviado por Dios para proveer la redención. Después de proveer redención Él volvió a Dios para ser nuestro sumo sacerdote en la presencia de Dios. Pero Él es el sumo sacerdote de nuestra confesión. Eso es radical. Sin confesión, no hay sumo sacerdote. Si usted cierra sus labios en la tierra, usted silencia los labios de su abogado en el cielo. Tenga eso presente, el sumo sacerdote de nuestra confesión. Entre más confiesa, más libera su ministerio de sumo sacerdote a su favor.

Luego en Hebreos 4:14 dice:

Por tanto, teniendo un gran sumo sacerdote que traspasó los cielos, Jesús el Hijo de Dios, retengamos nuestra profesión.

Observe que cada vez que habla acerca de Él como sumo sacerdote tiene que ver con nuestra confesión. El capítulo 3, versículo 1 dice que Él es el sumo sacerdote de nuestra confesión. El capítulo 4:14 dice que retengamos nuestra profesión. ¿Qué significa esto? Dígalo y siga diciéndolo. No retroceda. No se desanime.

Y luego en Hebreos 10:21 y 23, el autor vuelve al mismo tema.

Teniendo un gran sacerdote sobre la casa de Dios. . . [versículo 23:] Mantengamos firme, sin fluctuar, la profesión de nuestra esperanza, porque fiel es el que prometió.

Ahora, observe el cambio aquí. No es la confesión de nuestra fe, es la confesión de nuestra esperanza porque si usted confesa la fe lo suficiente se convierte en esperanza. ¿Lo comprende? La fe es la certeza de lo que se espera. Cuando usted ha construido una certeza entonces viene la esperanza. Mi definición de esperanza en la Biblia es esperar confiadamente lo bueno.

Pero, dice, mantengamos firme nuestra profesión o confesión sin fluctuar. Note que primero Él es el sumo sacerdote de nuestra confesión. Luego tenemos que mantenernos firmes en ella. Y además tenemos que mantenernos firmes en ella sin fluctuar. ¿Por qué cree que dice sin fluctuar? ¿Qué implica esto? Bueno, permítame decirlo de esta manera. Si usted viaja en un avión y se enciende la señal de “ajuste su cinturón de seguridad”, ¿qué le sugiere? Que viene turbulencia. ¿Qué le sugiere “sin fluctuar”? Que viene oposición. Aquí es donde se pelea la batalla de mantenerse firme en su confesión.

Quiero ilustrar esto con un libro que leí hace poco y que me impresionó profundamente. Se titula Sin temor del mal. Es la historia de un denegado judío y cómo fue tratado en la Unión Soviética, cómo finalmente salió. Se llamaba Natan Sharansky. Es un libro largo, un libro de 600 páginas. Él no era cristiano pero la KGB, la policía secreta de la Unión Soviética, lo arrestó y lo sometió a nueve años de sufrimiento. Estuvo en reclusión solitaria hasta durante 40 días seguidos. Estuvo en un ayuno de hambre al que lo sometieron día tras día tras día. Pero mientras leía esta historia entendí algo. Vi en la KGB la demostración más gráfica de Satanás y sus tácticas. Es decir, era como la personificación de Satanás. Vi en Natan Sharansky la estrategia para vencer. Él era un jugador de ajedrez, un jugador de ajedrez extremadamente calificado. Él había resuelto que trataría a la KGB como un oponente de ajedrez y que él iba siempre a hacer una movida más adelante que ellos. El libro es muy interesante.

Como digo, él no tenía una fe real en un Dios personal pero tenía en algún lugar como judío la imagen general de Dios, tal vez. Casi todas las oraciones judías empiezan con “O Señor, nuestro Dios, rey del universo”. Y así, él aprendía por su cuenta el hebreo y decidió que escribiría una oración en hebreo que pudiera repetir cada vez que la necesitara. Escribió esta oración en hebreo en la que le pedía a Dios que lo acompañara, que protegiera a su familia y que lo llevara a salvo de vuelta a la tierra de Israel. Era una oración que duraba más o menos un minuto. Y siempre que estaba bajo presión, por ejemplo, si iba de camino a ser examinado, cuestionado o interrogado, repetía la oración tal vez un par de veces entre la celda y el cuarto de interrogatorios. Como dije, él estuvo allí nueve años. Yo calculo que tal vez él repitió esa oración un promedio de diez veces al día, que es unas 3.560 veces al año. Lo cual en nueve años se convierte aproximadamente en 30.000 veces. Quiero preguntar a ustedes cristianos cuántos de ustedes se mantendrían orando 30.000 veces. Y el único propósito de la KGB resumido en una frase era forzarlo a hacer la confesión equivocada. Si él decía soy culpable, he sido un traidor, lo hubieran liberado y dejado ir. Pero él se negó a hacerlo. Y la batalla prosiguió con furia durante nueve años en torno a su confesión. Al hacer la confesión correcta y repetir la oración correcta, aún sin ser creyente—y había muchas personas orando por él—al fin ganó. Salió completamente victorioso. Está hoy en Israel cerca de donde nosotros vivimos. Pero cuánto me impresionaron las tácticas de Satanás. Él usó toda clase de presión, toda clase de provocación. Él usaría cualquier mentira, todo lo que sea posible. Tiene un solo propósito. ¿Cuál es? Llevarlo a hacer la confesión incorrecta. ¿Cómo podemos derrotarlo? Manteniendo la confesión correcta. ¡Oh, cuán claro es esto!

Cuando usted se ha arrepentido, cuando cree, cuando confiesa, hay algo más que tiene que hacer. Tiene que poner por obra su fe. Santiago 2:26 dice:

La fe sin obras está muerta.

La fe que no se expresa en obras correspondientes es una fe muerta. Quiero sugerirle tres obras que evidencian su fe. Número uno, ser bautizado. Esta es su primera oportunidad para identificarse abiertamente con Jesús como su Salvador. Y Marcos 16:15-16**, Jesús dijo:

“Id por todo el mundo y predicad el evangelio a toda criatura. El que creyere y fuere bautizado, será salvo”.

No creo que usted tenga derecho a reclamar la salvación a menos que se bautice. ¿Recuerda que hice la distinción entre el nuevo nacimiento y la salvación? Usted puede nacer de nuevo sin haber entrado en la salvación. El que cree y es bautizado será salvo. Y si estudia el libro de Hechos, nadie en el libro de Hechos declaró salvación sin ser bautizado. Le dieron una importancia inmediata. Felipe guió al eunuco al Señor en el camino a Gaza y había un estanque junto al camino. El eunuco dijo, no Felipe—como ve, Felipe ya le había señalado claramente la necesidad del bautismo. No lo dice. El eunuco dijo: “¿qué impide que yo sea bautizado?” Él bajó al agua y lo bautizó.

Recuerde en Filipo, cómo Pablo y Silas estaban en la cárcel, hubo un terremoto, todos quedaron libres, el carcelero fue salvo. ¿Qué sucedió? Él y toda su familia fueron bautizados a la misma hora de la noche. Ellos no esperaron el amanecer. He oído a muchos pastores decir que hay un servicio de bautismos en tres semanas, que se inscriban. Eso no es el Nuevo Testamento. Es creer y ser bautizado.

He visto algunas de las reuniones más emocionantes de mi carrera espiritual cuando las personas creyeron y fueron bautizadas. Hubo una hace algunos años. Quiero decir, toda clase de personas se bautizaron. Lo curioso es que había un grupo de bautistas que vinieron nada más a mirar lo que sucedía, según recuerdo, en una piscina. Había tal presencia de Dios que las personas quedaban bajo el poder de Dios en el borde de la piscina. Esos queridos bautistas dijeron que desearían poder tener lo mismo.

Como ve, hacer del bautismo una ceremonia en el calendario de la iglesia es como hacer de la salvación algo que ocurre si asiste a la iglesia en la Pascua. ¿Lo comprende? Es desconectarlo de su verdadero significado. Entonces lo primero que tiene que hacer cuando ha creído es ser bautizado. Busque a alguien, el que sea. Yo enseñé esto en la universidad de Juventud con una Misión hace unas semanas. Fui muy cuidadoso de no controvertir. Dije simplemente lo que he dicho esta noche. Creer y ser bautizado. No hablé nada acerca de cómo hacerlo. Las personas empezaron a acercarse a mí al final y decían “quiero bautizarme”. Yo no había dicho nada. Así que uno de los profesores allí dijo ese es su problema, llévelos. Ellos se dirigieron hacia la piscina y se bautizaron a esa misma hora de la noche, ¿lo ve? Eso fue emocionante.

Creo que cuando el evangelio no es emocionante hemos perdido algo. Cuando no actuamos creo que no hay mucha fe.

¿Qué es lo primero que hace? Bautizarse. ¿Y lo segundo? Es decir, puede hacerlo en el orden contrario. Dar gracias. La expresión más pura de fe es agradecer a Dios. Si usted cree realmente lo que le he enseñado, tendrá que salir esta noche dando gracias a Dios. Es decir, de lo contrario usted no sería un creyente o sería la persona más ingrata de esta ciudad esta noche. La verdad es que usted no es ingrato sino lento para creer.

Algunos milagros de Jesús solo se lograron dando gracias. Para alimentar a los 5.000 lo único que Jesús hizo fue dar gracias. Y cinco panes y dos peces fueron suficientes para una multitud de unas 10.000 personas. Hay un poder casi ilimitado en la gratitud. Jonás estuvo, como sabe, tres días y tres noches en el vientre del pez. No salió cuando oró, y había orado mucho. Pero en Jonás 2:9, cuando empezó a dar gracias el pez no pudo retenerlo más. De modo que si usted está en el vientre del pez esta noche, empiece a dar gracias.

Luego para concluir el tema de las obras, llevó a las personas a Romanos 8:14:

Porque todos los que son guiados por el Espíritu de Dios, éstos son hijos de Dios.

Así que Dios no tiene un programa único para cada creyente. Usted toma el primer paso, se bautiza, y después el Espíritu Santo le muestra el plan de Dios para su vida. No tiene que imitar lo que hace otro creyente porque Dios tiene un plan individual para cada creyente.

Ahora, quiero decir algo para concluir que es importante porque si usted solamente oye lo que he dicho hasta ahora tal vez salga de aquí diciendo “bueno, debo estar mal porque él lo hace ver tan fácil y para mí no lo es”. No hay nadie así esta noche pero si lo hubiera, quiero ayudarle. Mi comentario al respecto es que esto es simple pero no fácil. ¿Ve la diferencia? Usted tiene tres enemigos que harán todo lo posible por impedírselo.

Número uno, tiene un enemigo interior y la Biblia lo llama la mente carnal, la mente no renovada. Y en Romanos 8:7–8, Pablo dice:

Por cuanto los designios de la carne son enemistad contra Dios; porque no se sujetan a la ley de Dios, ni tampoco pueden.

Así que en nuestra mente, tenemos en nosotros un enemigo de Dios que va a resistirse a lo que Dios quiere que nosotros hagamos. Tenemos que someter esa mente a la voluntad de Dios. Pablo dice en 2 Corintios 10:5 debemos llevar nuestros pensamientos cautivos. Es interesante, la palabra para cautivo no es un prisionero civil sino un prisionero de guerra. En otras palabras, sus pensamientos están en guerra contra Dios y usted tiene que llevarlos prisioneros de guerra y someterlos a Dios.

Para la mayoría de los cristianos, las más grandes batallas que pelean están en sus mentes. ¿No es así? No se sorprenda, es parte del trato.

Y luego tenemos a un enemigo externo que se opone a nosotros. ¿Cómo se llama? Satanás, así es. Pedro dice en 1 Pedro 5:8–9**:

Vuestro adversario el diablo, como león rugiente, anda alrededor buscando a quien devorar . . .

Y luego dice:

. . . al cual resistid firmes en la fe.

Este es tiempo presente continuo. Hay otro tiempo que solo significa hacerlo una vez y ya. Hacerlo una vez con el diablo no es suficiente. Tiene que seguir resistiéndolo. Él seguirá presionándolo, usted tiene que seguir resistiéndolo. Santiago dice sométase primero a Dios, luego resista al diablo y ¿qué sucederá? ¿Qué hará él? Huirá de usted, eso es. Pero es muy obstinado. Tiene que saber que usted va en serio. Él probará cuatro o cinco maneras y tácticas diferentes antes de darse por vencido.

Y luego por último, vivimos en un medio hostil que se llama mundo. Jesús dijo a sus discípulos: “no se sorprendan porque el mundo los odie porque a mí me odió primero”. Y en Juan 15:19 él usa la palabra “el mundo” nueve veces. Él dice:

“Si fuerais del mundo, el mundo amaría lo suyo; pero porque no sois del mundo, antes yo os elegí del mundo, por eso el mundo os aborrece”.

Cinco veces en un versículo. Debemos entender brevemente para concluir lo que es el mundo. El mundo son personas y sistemas que no se sujetan al gobierno justo de Dios en la persona de Jesucristo. Así pues, cualquiera que no está dispuesto a someterse al reino y al gobierno justo de Dios en la persona de Jesús está en la categoría del mundo. Y el mundo y la iglesia son grupos completamente distintos. El mayor problema para la iglesia es cuando el mundo se mete en la iglesia. Ahí empiezan nuestros problemas.

Permítame finalizar señalando las tres fuerzas que debemos enfrentar. Son vieja teología. El mundo, la carne y el diablo. Por eso es simple pero no fácil.

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