El Juicio Eterno

Derek Prince
*Last Updated: mayo de 2026
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Pues, ya hemos hecho nuestra proclamación, así que sólo queda que yo traiga la enseñanza. Esta es la décima y última reunión de nuestra serie intitulada “Poniendo el fundamento”. En reuniones anteriores hemos hablado de cinco de las seis doctrinas de fundamento mencionadas en Hebreos 6:1–2. Hablamos del arrepentimiento hacia Dios, la fe, la doctrina de bautismos, la imposición de manos y la resurrección de los muertos. Lo que queda es hablar en esta última reunión de la última doctrina de fundamento: el juicio eterno.
Cuando hablamos de juicio necesitamos entender que hay dos maneras principales en que Dios trae juicio sobre las personas. La primera son sus juicios que se manifiestan en el género humano a través de la historia, la segunda, que es el tipo de juicio del cual vamos a hablar, son sus juicios eternos, aquellos juicios que enfrentaremos al pasar de esta vida a la eternidad. Es importante poder distinguir entre los dos tipos de juicio, porque si no, podríamos confundirnos por lo que parecieran ser afirmaciones incompatibles.
El primer juicio de Dios es el que se lleva a cabo en la historia, e implica el traer bendición o maldición sobre las generaciones futuras de acuerdo con la manera en que la primera generación ha respondido a Dios. En Éxodo 20:4–6 tenemos un ejemplo muy claro de los juicios de Dios en la historia. Éxodo 20:4–6, que forma parte de lo que llamamos los diez mandamientos. Dios dice:
No te harás imagen, ni ninguna semejanza de lo que esté arriba en el cielo, ni abajo en la tierra, ni en las aguas debajo de la tierra. No te inclinarás a ellas, ni las honrarás; porque yo soy Jehová tu Dios, fuerte, celoso, que visito la maldad de los padres sobre los hijos hasta la tercera y cuarta generación de los que me aborrecen, y hago misericordia a millares, a los que me aman y guardan mis mandamientos.
Ahí vemos que el pecado de idolatría, que es el más grande pecado de todos, trae consigo un juicio que se extiende hasta la tercera o cuarta generación. Ese es un juicio en la historia y hay incontables ejemplos de cómo ese juicio se ha manifestado en la historia de Israel y de otras naciones que han estado involucradas en la idolatría.
Luego en Jeremías 32, Jeremías también habla de este asunto de los juicios de Dios en la historia. Y en una oración que elevó al Señor en Jeremías 32:18, dijo:
. . . que haces misericordia a millares, y castigas la maldad de los padres en sus hijos después de ellos; Dios grande, poderoso, Jehová de los ejércitos es su nombre . . .
Entonces Jeremías también dice que Dios castiga la iniquidad de los padres en las generaciones futuras. De nuevo, este es un juicio en la historia, en la dimensión del tiempo.
Esto también se aplica a la bendición de Dios sobre los justos. En el Salmo 103 David dice en los versículos 17–18:
Mas la misericordia de Jehová es desde la eternidad y hasta la eternidad sobre los que le temen, y su justicia sobre los hijos de los hijos; sobre los que guardan su pacto y los que se acuerdan de sus mandamientos para ponerlos por obra.
Hay una promesa de que la bendición y la justicia de Dios alcanzarán a los hijos de los hijos, hasta las generaciones futuras. De modo que la manera en que nos comportamos y la relación que tenemos con Dios no sólo nos afecta a nosotros sino que lo más probable es que también afecte a las generaciones venideras. Ese es un concepto muy significativo y muy importante que debemos tener en cuenta. De cierta forma somos responsables por la bendición o bien el sufrimiento de las generaciones venideras.
Me parece que esto es algo que comprobamos fácilmente en la vida diaria. Por ejemplo, un hijo que les nace a padres alcohólicos, ya empieza la vida con una desventaja. No es culpa de él, pero el juicio de Dios sobre esos padres naturalmente se extenderá a las generaciones futuras.
Necesitamos mencionar esto pero también necesitamos decir que hay otro tipo de juicio divino que es lo que el escritor de Hebreos llama el juicio eterno, que es el juicio que decide nuestro destino en la eternidad. Y ahí los principios que rigen el juicio son completamente diferentes. Dios se los dice a Ezequiel en el capítulo 18, versículos 1–4. Está hablando Ezequiel, y dice:
Vino a mí palabra de Jehová, diciendo: ¿Qué pensáis vosotros, los que usáis este refrán sobre la tierra de Israel, que dice: los padres comieron las uvas agrias, y los dientes de los hijos tienen la dentera?
Ese refrán se refiere a que los hijos sufren por causa de los pecados del padre.
Vivo yo, dice Jehová el Señor, que nunca más tendréis por qué usar este refrán en Israel. He aquí que todas las almas son mías; como el alma del padre, así el alma del hijo es mía; el alma que pecare, esa morirá.
No estamos hablando de un juicio en la historia sino del juicio de cada alma individual al pasar de esta vida a la eternidad. Y ahí cada alma es responsable solamente de la vida que ha llevado. El alma que pecare morirá.
Eso se vuelve a repetir en el versículo 20. Aquí Dios lo recalca aun más. Ezequiel 18:20:
El alma que pecare, esa morirá; el hijo no llevará el pecado del padre, ni el padre llevará el pecado del hijo; la justicia del justo será sobre él, y la impiedad del impío será sobre él.
De modo que cuando pasamos de esta vida a la eternidad, ya no somos juzgados según los pecados o las bendiciones de nuestros padres, nuestros antepasados; le responderemos a Dios solamente por lo que hayamos hecho en la vida. La justicia del justo será sobre él, y la impiedad del impío será sobre él. Dice en el libro de Eclesiastés: “En el lugar que el árbol cayere, allí quedará”. La condición en que estemos al morir determinará nuestra condición durante toda la eternidad. Ese es el juicio eterno. Es algo muy, muy serio.
A veces recuerdo y me da risa que mi Serie de Fundamentos originalmente fue publicado como siete libritos individuales. Luego fue recogido en tres libros, y luego en un solo libro. Pero en la época en que se componía de siete libros, el título del último era El juicio eterno. Los libros se encontraban en exhibición para la venta y observábamos como la gente los miraba y compraba los primeros seis libros y por alguna razón no quería comprar el séptimo. No les gustaba el título El juicio eterno. Pero querido amigo, que le guste o no, es una realidad. La verdad es que necesitamos enfrentar la realidad del juicio eterno.
Ahora quiero hablar de cinco principios con respecto al juicio de Dios, que se mencionan todos en Romanos 2. Romanos 2 da a conocer cinco principios con respecto al juicio de Dios. Yo leo la Biblia, primero que todo en griego y el Nuevo Testamento, y luego leo varias traducciones. Aprecio la Nueva Versión Internacional, tiene muchas cosas buenas, pero a veces se aleja de la estructura del original. Si me está escuchando y tiene la Nueva Versión Internacional, no va a recibir lo mismo que si estuviera leyendo la versión Reina Valera de 1960. No estoy diciendo que una sea mejor que la otra, sólo que ambas tienen sus fuertes y sus puntos débiles. No hay una traducción perfecta.
He aquí los cinco principio con respecto al juicio de Dios, todos expuestos en Romanos 2:2:
Mas sabemos que el juicio de Dios contra los que practican tales cosas es según verdad.
Ese es el primer principio. El juicio de Dios se basa en hechos reales, no en rumores. Recuerdo que cuando el Señor quería averiguar la verdad acerca de la condición de Sodoma y Gomorra —había oído rumores terribles de parte de los ángeles y otras personas— recordarán que le dijo a Abraham: “He bajado para ver por mí mismo”. Eso me impresiona muchísimo. Dios no juzga según rumores, sino según la verdad.
El segundo principio en cuanto al juicio de Dios en el versículo 6 es:
. . . el cual pagará a cada uno conforme a sus obras . . .
Seremos juzgados por lo que hayamos hecho. Ese es un principio básico que se extiende a través de toda la Biblia y se aplica tanto a los creyentes como a los no creyentes. En 1 Pedro 1:17 Pedro expone este principio y lo aplica específicamente a los creyentes. Está hablando a creyentes y dice:
Y si invocáis por Padre a aquel que sin acepción de personas juzga según la obra de cada uno, conducíos en temor todo el tiempo de vuestra peregrinación.
Ese es el tipo de declaración que no se difunde en la mayoría de las iglesias hoy. Pero Pedro dice a los creyentes: “Ya que saben que van a ser juzgados según lo que hayan hecho, vivan una vida reverente y piadosa. No sean impetuosos, ni soberbios, ni presumidos, porque un día van a tener que responderle a Dios por todo lo que hayan dicho y hecho”. Y recuerden que eso se dirige a creyentes y no a incrédulos.
Y luego en Apocalipsis 20:12 dice que todos los que fueron juzgados en el juicio final fueron juzgados según lo que fue escrito en los libros. De modo que Dios mantiene un registro de cada vida.
Saben que en la época del Nuevo Testamento, los libros no eran como hoy; se parecían mucho más a cintas. Eran rollos, pergaminos enrollados. Me parece que eso nos da un cuadro mucho más claro. Me inclino a pensar que en el juicio —esta es sólo una opinión— cada uno de nosotros será confrontado por algo parecido a una videocinta de todo lo que hemos hecho a lo largo de nuestra vida. Recuerdo cuando Dios estaba tratando conmigo hace unos cuatro años cuando estaba muy enfermo. Estaba buscando a Dios diligentemente para que me mostrara por qué no estaba siendo sanado. Una noche Dios me despertó a eso de las dos de la madrugada que es la hora que él a veces suele hablarme, y me mostró un pequeño cuadro de la vida que había estado llevando. Quiero decirles que era predicador, en general aceptado, a veces criticado. Estaba más o menos al mismo nivel de muchos otros predicadores que son bastante conocidos. Dios me mostró que de muchas maneras había sido sumamente carnal. No había cometido ningún pecado terrible; gracias a Dios que nunca he estado involucrado en la inmoralidad sexual, la borrachera o la malversación de fondos. Sin embargo, Dios me mostró que habían cosas en mi pasado que no le agradaban. Me llevó a esta escritura en Malaquías:
Y amé a Jacob, y a Esaú aborrecí . . .
Eso es lo que dice Dios. Esaú es un tipo del hombre carnal. La Biblia no nos dice que Esaú haya cometido pecados terribles; simplemente era un hombre de mente carnal. Dios dijo: “Eso lo aborrezco”.
Dios me mostró —y llevaba como cincuenta años en el ministerio— que había cosas en mi vida que él aborrecía. Me mostró que en algunos aspectos yo había sido muy descuidado. Algunas de las escenas que me mostró eran en restaurantes. No sé si se dan cuenta que Dios también nos juzga cuando estamos en los restaurantes. Alguien una vez comentó que los norteamericanos no hablamos sino de comida. Otra persona comentó que para averiguar dónde se encuentran los mejores restaurantes, hay que preguntarle a un predicador. Eso tiene algo de verdad. No es completamente cierto. Sólo estoy hablando de mi propria experiencia. Empecé a darme cuenta de lo que significa conducirse en temor durante el tiempo de nuestra peregrinación aquí. No en temor servil, sino en temor reverente, como estando ante la presencia de Dios, el cual juzgará todo lo que decimos y todo lo que hacemos. Eso lo dice 1 Pedro.
Volviendo a Romanos 2, el próximo principio con respecto al juicio de Dios lo dice el versículo 3. ¿Es el versículo 3? No. Lo que pasa es que no está traducido de la manera que creía. Sí, es Romanos 2:11. Les explicaré rápidamente lo que quiero decir. Dice:
. . . porque no hay acepción de personas para con Dios.
Una de las traducciones modernas dice: “Porque con Dios no hay favoritismos”, porque esa es una expresión moderna. Pero a veces pregunto: ¿Se podrá traducir la Biblia en español moderno sin que influya la manera de pensar moderna? Porque el lenguaje que usamos es verdaderamente una expresión de nuestra forma de pensar. La versión Reina-Valera de 1960 dice que no hay acepción de personas para con Dios. Esto es mucho más exacto, porque se le puede mostrar favoritismo a cualquier persona. Uno pudiera tomar una persona muy débil e insignificante y mostrarle mucho favoritismo. Tal vez esa persona es tan débil que realmente quiero ayudarle; quiero hacer todo por ella. Pero “No hay acepción de personas” quiere decir que no nos impresiona lo que las personas son en sí, en lo natural. Un hombre pudiera ser un general, un presidente o un obispo, pero Dios no lo juzga de una manera diferente a los demás; lo trata igual que todos. Eso es lo que quiere decir cuando dice que no hay acepción de personas; se dirige especialmente a personas que ocupan una posición importante en el mundo actual.
El próximo principio con respecto al juicio de Dios, el cuarto principio, es que se juzga según el conocimiento de la verdad que se tenga. Pablo dice en Romanos 2:12:
Porque todos los que sin ley han pecado, sin ley también perecerán; y todos los que bajo la ley han pecado, por la ley serán juzgados.
El que tiene la ley será juzgado por ella. El que no tiene la ley no será juzgado por ella, pero todavía será juzgado por lo que ha hecho.
Y un ejemplo de este principio son las palabras que dirige Jesús en Mateo 11 a algunas de las ciudades importantes de su época que no habían respondido a su predicación. Mateo 11:20–24:
Entonces comenzó a reconvenir a las ciudades en las cuales había hecho muchos de sus milagros, porque no se habían arrepentido, diciendo: ¡Ay de ti, Corazín! ¡Ay de ti, Betsaida! Porque si en Tiro y en Sidón se hubieran hecho los milagros que han sido hechos en vosotras, tiempo ha que se hubieran arrepentido en cilicio y en ceniza. Por tanto os digo que en el día del juicio, será más tolerable el castigo para Tiro y para Sidón, que para vosotras.
¿Por qué? Porque Tiro y Sidón conocían menos de Dios. Betsaida y Corazín habían recibido más conocimiento de la verdad que todas las demás ciudades y serían juzgadas más severamente que cualquier otra ciudad. Ustedes y yo seremos juzgados según el conocimiento de la verdad que esté a nuestro alcance.
Quiero decirles a las personas de habla hispana que tenemos a nuestro alcance una medida de conocimiento mayor que jamás ha tenido cualquier otra generación en la historia. La Biblia se ha distribuido en masa, tenemos un sinfín de libros, tenemos cintas, casetes, predicadores. Vamos a ser juzgados según el conocimiento que hayamos tenido a nuestro alcance. Tengamos eso en cuenta. Dios juzgará a esta generación más severamente que todas las demás porque hemos tenido más conocimiento de la verdad que cualquier otra.
Y luego Jesús sigue diciendo en el siguiente versículo:
Y tú, Capernaum, que eres levantada hasta el cielo, hasta el Hades serás abatida; porque si en Sodoma se hubieran hecho los milagros que han sido hechos en ti, habría permanecido hasta el día de hoy. Por tanto os digo que en el día del juicio, será más tolerable el castigo para la tierra de Sodoma, que para ti.
El juicio es según la medida de conocimiento de la verdad. Mientras más conozcamos de Dios, más severo será nuestro juicio. Como dije antes, les repito a cada uno de ustedes incluyéndome a mí, que puede ser que nunca haya habido una generación de cristianos que haya tenido acceso a la medida de conocimiento al que tenemos acceso hoy. Tengan eso en cuenta; seremos juzgados conforme a eso.
Y finalmente, el quinto principio con respecto al juicio de Dios en Romanos 2:16. Dice:
. . . en el día en que Dios juzgará por Jesucristo los secretos de los hombres, conforme a mi evangelio.
De modo que Dios no sólo va a juzgar lo que hayamos hecho abiertamente, sino que va a juzgar nuestros pensamientos íntimos, las actitudes y los motivos secretos de nuestro corazón. Creo que es cierto decir que a Dios le interesan mucho nuestros motivos. Dos personas pueden hacer la misma acción pero sus motivos pueden ser totalmente diferentes. Y cuando Dios las juzgue tomará en cuenta sus motivos.
Vamos a hablar de las diferentes escenas de juicio. Según lo entiendo yo, va a haber cuatro grandes escenas de juicio una tras otra. La primera será ante el tribunal de Cristo. La palabra en griego bima quiere decir un estrado en el que se sentaban los oficiales romanos para hacer justicia. Poncio Pilato se sentó en su bima cuando Jesús compareció ante él para ser juzgado. Este será un juicio sólo de cristianos, sólo de creyentes. Vayamos otra vez a 1 Pedro 1:17. Por alguna razón siento que Dios quiere que vuelva a leer este versículo. 1 Pedro 1:17:
“Y si invocáis al Padre que sin acepción de personas juzga según la obra de cada uno, conducíos en temor durante el tiempo de vuestra peregrinación aquí.”
Eso se dirige a nosotros. Invocamos al Padre. Y luego en 1 Pedro 4:17 dice:
Porque es tiempo de que el juicio comience por la casa de Dios; y si primero comienza por nosotros, ¿cuál será el fin de aquellos que no obedecen al evangelio de Dios?
¿Dónde comienza el juicio? Siempre empieza por la casa de Dios, por las personas que han recibido más conocimiento de la verdad. De modo que cuando empiece el juicio, los primeros en ser juzgados serán los cristianos. Ellos tendrán un juicio especial.
Romanos 14:10–12 dice:
Pero tú, ¿por qué juzgas a tu hermano? O tú también, ¿por qué menosprecias a tu hermano? Porque todos [los cristianos] compareceremos ante el tribunal de Cristo [el bima]. Porque escrito está: Vivo yo, dice el Señor, que ante mí se doblará toda rodilla, Y toda lengua confesará a Dios. De manera que cada uno de nosotros dará a Dios cuenta de sí.
Recuerde que tendrá que dar cuenta de una sola persona: de usted mismo. No tiene que dar cuenta de mí ni de su pastor, y muchos de ustedes pierden mucho tiempo juzgando a los demás cuando deberían estar juzgándose a sí mismos. La única persona de la cual tendrá que dar cuenta es usted mismo. Y eso sí lo tendrá que hacer.
De modo que Pablo dice que cada uno de nosotros tendrá que rendir cuentas a Dios. Es decir, cada uno de nosotros los cristianos. Y luego en 2 Corintios 5 Pablo vuelve al mismo tema. 2 Corintios 5:10:
Porque es necesario que todos nosotros [los cristianos] comparezcamos ante el tribunal de Cristo, para que cada uno reciba según lo que haya hecho mientras estaba en el cuerpo, sea bueno o sea malo.
Dice que es necesario que todos comparezcamos. Pero el griego dice que es necesario que todos seamos manifestados. No habrá secretos. Todo será completamente puesto al descubierto; no permanecerá nada oculto. Y estaremos delante del tribunal de Cristo para recibir según la manera en que hayamos vivido estando en el cuerpo. Ya lo he señalado en esta serie de mensajes, pero lo volveré a repetir: no hay sino dos categorías: lo bueno y lo malo. No hay nada intermedio. Todo lo que no es bueno es malo. Jesús dijo muy claramente: “El que no es conmigo, contra mí es”. No hay ninguna neutralidad. Jesús ha eliminado toda neutralidad.
Hay muchas personas en las iglesias que nadan entre dos aguas. ¿Saben lo que quiere decir nadar entre dos aguas? No querer comprometerse. No están de un lado ni del otro. No hacen el bien pero no admitirían que están haciendo el mal. A veces hago el siguiente comentario: cuando el Espíritu Santo visita a un iglesia, una de las primeras cosas que él hace es eliminar la posibilidad de nadar entre dos aguas. Él obliga a las personas a escoger. Por eso es que muchas personas no le dan la bienvenida al Espíritu Santo, porque él destruye su neutralidad. Con el Espíritu Santo no hay neutralidad.
Ahora, lo que tenemos que explicar es que hay cinco características principales de este juicio. Voy a mencionarlas muy rápidamente.
Es un juicio individual; cada uno responderá por sí mismo.
Se juzgarán las cosas que hemos hecho estando en el cuerpo, es decir, la manera en que hemos vivido estando en este cuerpo.
No hay sino dos categorías, lo bueno y lo malo. 1 Juan 5:17 dice: Toda injusticia es pecado. Todo lo que no es justicia es pecado. Esa tercera categoría se ha infiltrado en la manera de pensar de la gente y engaña a tantas personas. No hay neutralidad.
El próximo principio es que no es para condenación. Eso es sumamente importante. Vamos a ser juzgados pero no vamos a ser condenados, si fuimos creyentes sinceros, personas que verdaderamente creían en Jesús. El juicio es para evaluar nuestro servicio.
Permítanme darles tres escrituras que tal vez los consuelen en este momento. Veo que algunos se ven un poquito preocupados, que en realidad no es nada malo, créanme. Juan 3:18, Jesús dice:
El que en él cree, no es condenado; pero el que no cree, ya ha sido condenado.
Entonces si somos verdaderamente creyentes en Jesús, seremos juzgados pero no seremos condenados. Y luego, nuevamente dice en Juan 5:24:
De cierto, de cierto os digo . . .
Esa es la manera más enfática de expresarse Jesús.
De cierto, de cierto os digo: El que oye mi palabra, y cree al que me envió, tiene vida eterna; y no vendrá a condenación, mas ha pasado de muerte a vida.
Y finalmente en Romanos 8:1:
Ahora, pues, ninguna condenación hay para los que están en Cristo Jesús.
Así que no estamos hablando de un juicio de condenación, sino de un juicio para evaluar el servicio que hayamos ofrecido a Jesús durante nuestra vida. La escritura que mejor lo dice es 1 Corintios 3:11 y los versículos que siguen. Pablo está hablando de edificar a la iglesia y dice:
Porque nadie puede poner otro fundamento que el que está puesto, el cual es Jesucristo. Y si sobre este fundamento alguno edificare oro, plata, piedras preciosas, madera, heno, hojarasca, la obra de cada uno se hará manifiesta; porque el día la declarará, pues por el fuego será revelada; y la obra de cada uno cuál sea, el fuego la probará. Si permaneciere la obra de alguno que sobreedificó, recibirá recompensa. Si la obra de alguno se quemare, él sufrirá pérdida, si bien él mismo será salvo, aunque así como por fuego.
Y la Nueva Versión Internacional dice: “como quien escapa entre las llamas”. Entonces así es el juicio de los cristianos. Primero que todo, tenemos que estar fundados sobre el fundamento de Jesucristo; no hay otro fundamento. Luego tenemos que determinar el valor del servicio que hemos ofrecido. Las cosas que son fáciles de obtener se pueden ofrecer en grandes cantidades: madera, heno, hojarasca. Pero todas estas serán quemadas. Las cosas que son valiosas no se obtienen en grandes cantidades: oro, plata, piedras preciosas. Algunas personas sólo consideran la cantidad de su servicio, pero Dios no lo evalúa así.
Yo me examino constantemente. ¿Qué estoy produciendo? ¿Es simplemente paja, heno y hojarasca, las cuales serán quemadas? ¡Qué tragedia cuando uno ha trabajado toda su vida por algo, lo ha amontonado todo, y en el día del juicio ve que el fuego arrasa con él y lo destruye todo! No queda nada y uno es un alma desnuda que es como quien escapa entre las llamas. Eso es algo sumamente serio.
Ahora quiero darle unas sugerencias con respecto a cómo puede estar seguro que su servicio resistirá a la prueba del fuego. Quiero sugerirle tres maneras en que puede evaluar su propio servicio.
Antes que nada, ¿cuál es su motivo? El único motivo que es aceptable ante Dios es que sea para la gloria de Dios. Mucho de lo que se hace en la iglesia hoy lo hacen los hombres para su propia gloria. Yo digo personalmente, y esto es simplemente una observación personal, creo que el problema más grande en la iglesia hoy es la ambición personal de parte de los ministros. La iglesia más grande, la lista de nombres y direcciones más larga, la mayor cantidad de milagros. Todo eso será quemado porque su motivación era incorrecta. 1 Corintios 10:31, Pablo dice:
Si, pues, coméis o bebéis, o hacéis otra cosa, hacedlo todo para la gloria de Dios.
No hay sino un motivo aceptable para nuestro servicio y esa es la gloria de Dios.
Siento que el Señor quiere que me detenga aquí un momento, sólo para darle una oportunidad de considerar qué le ha estado motivando en su labor, en su servicio a él. Pablo dijo en Romanos 12:1, que necesitamos ser renovados en el espíritu de nuestro entendimiento. Creo que la diferencia entre una mente renovada y una mente no renovada es que la mente no renovada al enfrentarse a una situación, dice: “¿Qué provecho voy a sacarle yo?” mientras que la mente renovada dice: “¿Recibirá Dios la gloria?”. Es una motivación completamente diferente.
Me parece que esto se aplica mucho al matrimonio. Creo que muchos matrimonios son infelices porque la gente contrae matrimonio con una mente no renovada. La actitud de cada uno es: “¿Qué voy a sacar yo de esto? ¿Me hará feliz?”. Esa es una receta casi segura para un matrimonio infeliz. El motivo correcto es: “¿Qué puedo dar?”. No “¿Qué puedo conseguir?”, sino, “¿Qué puedo dar?”. Y cuando dos personas se juntan con el propósito de dar uno al otro, tendrán un matrimonio feliz y exitoso. Lo que realmente importa es esto de la motivación.
En segundo lugar, si su obra ha de resistir a la prueba del fuego, debe ser hecha en obediencia a la Palabra de Dios. Esa es la única base aceptable. En Mateo 7, Jesús habló de dos diferentes tipos de personas, el que edificó su casa sobre la arena y el que la edificó sobre la roca. Dijo al final, Mateo 7:21 y los versículos que siguen:
No todo el que me dice: Señor, Señor, entrará en el reino de los cielos, sino el que hace la voluntad de mi Padre que está en los cielos.
De modo que el único motivo aceptable es querer hacer la voluntad del Padre. Luego Jesús sigue diciendo algo que ofende a algunas personas. Él dijo:
Muchos me dirán en aquel día: Señor, Señor, ¿no profetizamos en tu nombre, y en tu nombre echamos fuera demonios, y en tu nombre hicimos muchos milagros? Y entonces les declararé: Nunca os conocí: apartaos de mí, hacedores de maldad.
Por la gracia de Dios he tenido el privilegio de echar fuera muchísimos demonios. He visto producirse varias sanidades que definitivamente eran milagros. He profetizado frecuentemente. Quiero decirles que no baso mi esperanza de llegar al cielo en cualquiera de esas cosas. Y cualquier persona que lo hace está en peligro. Hay un solo requisito indispensable para ir al cielo y es hacer la voluntad del Padre que está en los cielos. Jesús dice a estos hacedores de milagros: “Apartaos de mí, hacedores de maldad”. Saben, muchas de estas personas dictan sus propias leyes. Básicamente hacen lo que les da la gana, toman todo lo que está a su alcance y hacen caso omiso de los grandes principios fundamentales de la Palabra de Dios. Pudiera hablar mucho sobre esto pero probablemente no sería provechoso.
Quiero decir que muy recientemente escribí una carta acerca de Balaam. He aquí un hombre que tenía dones proféticos milagrosos, palabras de ciencia y palabras de sabiduría. Quiero decir, en el libro de Números se encuentran varias profecías de Balaam con respecto al destino de Israel, que son tan bellas como cualquier otra profecía en la Biblia. Sin embargo pereció, ejecutado por el pueblo de Israel. ¿Saben cuál era su problema? Se le menciona tres veces en el Nuevo Testamento y dice muy claramente que la motivación de Balaam era el amor al dinero. Eso le costó su alma. Y en realidad, en la iglesia de hoy necesitamos preguntarnos si somos motivados por el amor al dinero.
Ruth y yo tenemos una escritura que citamos que dice:
Pues no somos como muchos, que medran falsificando la palabra de Dios . . .
O como dice otra versión “que comercian con la palabra de Dios”. Esa es una afirmación increíble, ¿verdad? Eso era en la época de Pablo. Pablo dice que hay muchas personas que están sacándole provecho financiero al evangelio. Son nuestros motivos los que Dios escudriña.
El tercer requisito es el poder en el cual operamos. En Romanos 15:18-19 Pablo dice:
Porque no osaría hablar sino de lo que Cristo ha hecho por medio de mí para la obediencia de los gentiles, con la palabra y con las obras, con potencia de señales y prodigios, en el poder del Espíritu de Dios . . .
Pablo dice . . . Nada de lo que he hecho vale la pena mencionar a no ser aquello que el Espíritu Santo ha hecho a través de mí. Ese es el único poder que vale al momento de ministrar: el ministerio del Espíritu Santo.
Permítanme repetirles esos tres requisitos para que su obra resista a la prueba del fuego. Su motivo debe ser la gloria de Dios. ¿Lo está haciendo en obediencia a la Palabra de Dios o está haciendo lo que le da la gana, o estableciendo sus propias reglas? Y en tercer lugar, ¿está obrando en el poder del Espíritu Santo o en su propia habilidad carnal?
Ahora llegamos a dos modelos de juicio, dos parábolas que relató Jesús. Me costó decidir cómo exponer esto pero creo que voy a tener que tomar un tiempo y leer las parábolas. La primera es la parábola de las minas. Mina simplemente quiere decir una cantidad. Era una cantidad de dinero. Esta parábola se encuentra en Lucas 19. Una mina era una cantidad de dinero bastante pequeña. Vamos a leer Lucas 19:11 y los versículos que siguen:
Oyendo ellos estas cosas, prosiguió Jesús y dijo una parábola, por cuanto estaba cerca de Jerusalén, y ellos pensaban que el reino de Dios se manifestaría inmediatamente. Dijo, pues: Un hombre noble se fue a un país lejano, para recibir un reino y volver.
En otras palabras, voy a tardarme bastante en regresar.
Y llamando a diez siervos suyos, les dio diez minas, y les dijo: Negociad entre tanto que vengo.
En otras palabras, sáquenle provecho.
Pero sus conciudadanos le aborrecían, y enviaron tras él una embajada, diciendo: No queremos que éste reine sobre nosotros. Aconteció que vuelto él, después de recibir el reino, mandó llamar ante él a aquellos siervos a los cuales había dado el dinero, para saber lo que había negociado cada uno.
Dios va a pedirnos cuentas de nuestro servicio a cada uno de nosotros.
Vino el primero, diciendo: Señor, tu mina ha ganado diez minas. El le dijo: Está bien, buen siervo; por cuanto en lo poco has sido fiel, tendrás autoridad sobre diez ciudades.
De modo que nuestra fidelidad al servir en esta vida determinará la posición que ocuparemos en la eternidad, la responsabilidad que podremos tener en el reino de Dios.
Vino otro, diciendo: Señor, tu mina ha producido cinco minas. Y también a éste dijo: Tú también sé sobre cinco ciudades.
Pero no dijo: “Está bien, buen siervo”. Había un nivel más bajo de reconocimiento.
Vino otro, diciendo: Señor, aquí está tu mina, la cual he tenido guardada en un pañuelo; porque tuve miedo de ti, por cuanto eres hombre severo, que tomas lo que no pusiste, y siegas lo que no sembraste. Entonces él le dijo: Mal siervo, por tu propia boca te juzgo. Sabías que yo era hombre severo, que tomo lo que no puse, y que siego lo que no sembré; ¿por qué, pues, no pusiste mi dinero en el banco, para que al volver yo, lo hubiera recibido con los intereses? Y dijo a los que estaban presentes: Quitadle la mina, y dadla al que tiene las diez minas. Ellos le dijeron: Señor, tiene diez minas.
No les parecía correcto que al que ya tenía diez se le diera uno más. Entonces Jesús sigue diciendo:
Pues yo os digo que a todo el que tiene, se le dará; mas al que no tiene, aun lo que tiene se le quitará.
Ahora escuchen esto porque la mayoría de nosotros no pensamos así. Ese no es el final de la parábola; hay una oración más.
Y también a aquellos mis enemigos que no querían que yo reinase sobre ellos, traedlos acá, y decapitadlos delante de mí.
Ese es Jesús el Juez. No Jesús el Salvador, sino Jesús el Juez. Recuerden que el que es Salvador también es Juez. Él desempeñará la labor de Juez tan eficiente y cabalmente como la de Salvador.
¿Su imagen de Jesús incluye eso? ¿O es usted una de esas personas que dicen que Jesús es todo dulzura y mansedumbre? Gloria a Dios, eso es cierto, pero no es la verdad completa. Hay otro aspecto del carácter de Jesús. Él es el Juez con ojos como llama de fuego, una espada de dos filos que sale de su boca, una voz como el estruendo de muchas aguas, pies semejantes al bronce bruñido. Y cuando Juan, el que recibió la revelación de Apocalipsis se encontró con él bajo ese aspecto, cayó como muerto a sus pies. Eso me impresiona. De todos los discípulos Juan tuvo la relación más íntima con Jesús. En la última cena él se había recostado cerca del pecho de Jesús. Era uno de los discípulos que estaban presentes cuando Jesús se les reveló junto al mar de Galilea y les preparó el desayuno.
A propósito, me gusta eso. Me gusta el hecho que Jesús les tuviera preparado el desayuno a sus discípulos.
Pero en fin, aquí tenemos a este Juan que conoce a Jesús de manera tan íntima, y cuando se encuentra con Jesús el Juez, cae a sus pies como muerto. Saben, me parece que algo así necesita sucederle a la iglesia. Me parece que la iglesia que ha tenido con Jesús una relación de amigos demasiado ligera necesita tener un encuentro con Jesús el Juez. No creo que nos haría ningún daño si cayéramos a sus pies como muertos. Aprenderíamos algo.
Ahora quiero comentar sobre esta parábola. Primero que todo, el que más ganó recibió la porción adicional. Ese es un principio. Una vez Dios me dio un don de fe de una manera bastante extraña. Oraba por las personas cuyas piernas no tenían el mismo largo y la pierna más corta crecía. Sucedió con literalmente cientos de personas y yo les decía: “Ahora bien, Dios lo ha tocado. Su poder sobrenatural está obrando en su cuerpo. Recíbalo”. Vi a muchas personas sanadas sobrenaturalmente.
Pero mis amigos íntimos, los demás ministros, dijeron: “Sabes, Derek, tienes una reputación como un maestro de la Palabra bastante serio. Si andas sosteniéndoles los pies a las personas y haciendo que sus piernas crezcan, tal vez no encaje con tu reputación”. Yo pensé que tal vez tenían razón. Le oré al Señor y sentí que me dijo lo siguiente: “Te he dado un don” y de repente me di cuenta de que era un don, el don de fe. “Puedes hacer una de dos cosas. Puedes usarlo y recibir más, o puedes dejar de usarlo y perderlo”. En ese momento decidí que iba a usarlo y recibir más. Les digo para la gloria de Dios que recibí más. Pero recuerden, sea cual sea el don que tengan, pueden hacer una de dos cosas. Pueden usarlo y recibir más o pueden dejar de usarlo y perderlo.
Y tengan en cuenta, como creo que ya hemos dicho, que su servicio en esta vida determinará su posición en la eternidad. El que ganó diez minas tuvo autoridad sobre diez ciudades; el que ganó cinco minas tuvo autoridad sobre cinco ciudades. La responsabilidad que se les dio fue directamente proporcional a su fidelidad en esta vida. Y fíjense que Jesús no dijo: “Bien hecho, buen siervo, de mucho éxito” sino “Bien hecho, buen siervo y fiel”. Algunos de nosotros le damos demasiada importancia al éxito y muy poca importancia a la fidelidad.
Tenemos el privilegio hoy de ver tremendas obras de Dios en muchos lugares que llamamos campos misioneros en el extranjero. Pudiéramos envanecernos un poco y decir: “¡Qué maravilla! Miles de personas vienen a mis seminarios”. Pero Dios me ha dicho: “No olvides que hubo una generación anterior a ti que vio muy poco fruto, pero trabajaron duro y tú has segado el fruto de sus esfuerzos. No tengas un concepto de ti demasiado alto”. Yo respeto a los pioneros; respeto a los que se esforzaron y entregaron su vida. Cuando los primeros misioneros fueron al este de África cuatro de cada cinco murieron antes de haber estado ahí muchos meses. No vieron ningún resultado pero fueron semillas plantadas en la tierra que dieron fruto más tarde.
Les digo sinceramente, el peligro más grande que ustedes y yo enfrentamos es el orgullo. ¿Saben el cuento del hombre —no debería contar esta historia— pero saben el cuento del hombre en la iglesia que recibió una medalla por ser humilde? ¡Y luego tuvieron que quitársela porque se la puso! ¡Así que no salgan de aquí luciendo su medalla de humildad después de todo lo que he dicho!
Ahora, una cosa más, Jesús le dijo al hombre que no hizo nada: “Pues, tal vez no tenías la habilidad de ganar dinero tú mismo pero hubieras podido ponerlo en el banco y yo hubiera recibido mi dinero con intereses”. Para mí esa es una prueba de que no siempre es malo recibir intereses. Tal vez sea incorrecto en algunas situaciones, pero no en todas.
¿Qué significa eso para ustedes y para mí? ¿Qué podríamos hacer nosotros? Pudiéramos decir: “Pues, no tengo un ministerio grande; no soy predicador; no soy administrador; no tengo mucho talento. ¿Qué puedo hacer?” Poner el dinero en el banco. ¿Qué significa eso? Yo lo entiendo así: encontrar un ministerio que está llevando fruto, examinarlo, ponerlo a prueba y luego invertir en él. Eso es poner su dinero en el banco. Cuando el Señor venga, usted recibirá sus intereses. Amén.
Ahora miremos la siguiente parábola, que es muy parecida pero un poco diferente, la parábola de los talentos. Eso está en Mateo 25:14–30. Mateo 25:14 y los versículos que siguen:
Porque el reino de los cielos es como un hombre que yéndose lejos, llamó a sus siervos y les entregó sus bienes. A uno dio cinco talentos, y a otro dos, y a otro uno, a cada uno conforme a su capacidad; y luego se fue lejos.
Ahora, fíjense que en el caso de las minas cada uno recibió una mina, pero en el caso de los talentos, un siervo recibió cinco, otro dos y otro uno solo. Se los distribuyó según su habilidad. Quiero que entiendan que Dios nos da talentos según lo que él sabe que podemos hacer con ellos. Si podemos usar cinco talentos, nos dará cinco. Si sólo podemos usar dos, nos dará dos, y si sólo podemos usar uno, nos dará uno. Pero él nos da según nuestra habilidad.
Y luego dice:
Y el que había recibido cinco talentos fue y negoció con ellos, y ganó otros cinco talentos. Asimismo el que había recibido dos, ganó también otros dos. Pero el que había recibido uno fue y cavó en la tierra, y escondió el dinero de su señor. Después de mucho tiempo vino el señor de aquellos siervos, y arregló cuentas con ellos.
Y hermanos y hermanas, el Señor va a venir a arreglar cuentas con ustedes y conmigo.
Y llegando el que había recibido cinco talentos, trajo otros cinco talentos, diciendo: Señor, cinco talentos me entregaste; aquí tienes, he ganado otros cinco talentos sobre ellos. Y su señor le dijo: Bien, buen siervo y fiel; sobre poco has sido fiel, sobre mucho te pondré; entra en el gozo de tu señor.
Observen que es el mismo principio; lo que hacemos en este mundo determinará lo que haremos en la eternidad.
Llegando también el que había recibido dos talentos, dijo: Señor, dos talentos me entregaste; aquí tienes, he ganado otros dos talentos sobre ellos. Su señor le dijo: Bien, buen siervo y fiel; sobre poco has sido fiel, sobre mucho te pondré; entra en el gozo de tu Señor.
Ahora bien, ahí hay un principio diferente. Uno ganó cinco talentos y el otro ganó dos, pero el reconocimiento fue exactamente igual. En otras palabras, es el porcentaje que Dios busca. Si hemos recibido cinco, él espera cien por ciento. Eso bastará. Si hemos recibido dos, él espera cien por ciento, es decir dos. Él sabe nuestra capacidad y no nos pide más de lo que él sabe que podemos dar.
Sigamos:
Pero llegando también el que había recibido un talento, dijo: Señor, te conocía que eres hombre duro, que siegas donde no sembraste y recoges donde no esparciste; por lo cual tuve miedo, y fui y escondí tu talento en la tierra; aquí tienes lo que es tuyo. Respondiendo su señor, le dijo: Siervo malo y negligente . . .
Permítanme señalar que la pereza es maldad. La mayoría de nuestras iglesias no aceptarían a un borracho; le dirían que no hay lugar para él en la congregación. Muchas de nuestras iglesias aceptan a perezosos. Pero a los ojos de Dios me parece que la pereza es un pecado peor que la borrachera. Así es que me parece que Jesús mide las cosas. Por favor entiendan, no sanciono la borrachera. Es un pecado. Pero creo que a los ojos de Dios la pereza es un pecado peor. Jesús dijo:
Siervo malo y negligente, sabías que siego donde no sembré, y que recojo donde no esparcí. Por tanto, debías haber dado mi dinero a los banqueros, y al venir yo, hubiera recibido lo que es mío con los intereses.
Otra vez, el mismo principio. Si usted no tiene la habilidad de ganar dinero usted mismo, inviértalo en un ministerio que está llevando fruto.
Quitadle, pues, el talento, y dadlo al que tiene diez talentos.
Fíjense que el que tiene es el que recibe.
Porque al que tiene, le será dado, y tendrá más; y al que no tiene, aun lo que tiene le será quitado. Y al siervo inútil echadle en las tinieblas de afuera; allí será el lloro y el crujir de dientes.
Esa es una frase que aparece varias veces en el Nuevo Testamento: “allí será el lloro y el crujir de dientes”. He estudiado los pasajes donde aparece y he llegado a la conclusión que sólo se usa para referirse a personas que han estado muy cerca del verdadero cristianismo. Han tenido todas las oportunidades de entrar. No se trata de personas que estaban totalmente alejadas y que nunca supieron nada de Dios, sino de los que estaban cerca toda su vida y sabían toda la verdad pero nunca entraron. Habrá lloro y crujir de dientes. Habrá la tremenda amargura de decir: “Yo hubiera podido ser parte de esto; tuve todas las oportunidades, pero nunca las aproveché. Ahora he sido echado a las tinieblas de afuera por siempre”. ¡Qué terrible!
Permítanme decir algo más. Las personas que fueron rechazadas eran las personas a quienes se les había encomendado la cantidad mínima, las personas de un solo talento. Encuentro que eso es cierto en la iglesia. Básicamente, los que tienen mucha habilidad la utilizan. Los que tienen una buena medida de habilidad hacen algo. Pero los que tienen un talento se sientan y dicen: “Pues, no tengo mucho; no hay mucho que yo pueda hacer, así que no voy a hacer nada”. Serán rechazados; serán echados fuera.
Quiero hablarles a algunos de ustedes. No quiero que se identifiquen, pero son personas de un solo talento. Han subestimado su responsabilidad y han dicho: “No tengo mucho; no hay mucho que yo pueda hacer. Dios no requiere mucho de mí”. Dios sí requiere algo de usted. Requiere fidelidad, ya sea que usted tenga mucho o poco.
Prediqué acerca de las personas de un solo talento en nuestra iglesia en Fort Lauderdale, y pedí que respondieran las personas que sentían que tenían un solo talento y que no habían estado usando su talento. ¡El resultado fue alarmante! Respondió como la mitad de la congregación. Vine a ver que este es un problema grave para muchos creyentes. “No tengo sino un talento; ¿qué puedo hacer con él? No voy a hacer nada”. Jesús no va a aceptar eso. Él dijo: “Has podido ponerlo en el banco. Tu talento has podido invertirlo en un ministerio que sí estaba dando fruto. Y entonces mucho de ese fruto se te hubiera atribuido a ti”.
Uno de nuestros grandes problemas, Ruth y yo, es que necesitamos a alguien que nos sirva. No somos ambiciosos; no queremos enseñorearnos de nadie, pero si vamos a cumplir con nuestra misión, la que Dios nos asigna, tenemos que tener personas que sirvan. Que simplemente sirvan. Y saben que lo más difícil encontrar en la iglesia hoy son personas dispuestas a servir. Hemos tenido personas maravillosas; nos hemos encontrado con dos o tres de ellos aquí. De hecho, tuvimos una pequeña reunión con tres personas diferentes que nos habían servido en distintas épocas. Cada una de ellas había sido fiel. Pero hemos tenido tantos problemas con personas que quieren su propio ministerio. No se conforman con invertir en otro ministerio. Se pierden todo; no obtienen su propio ministerio, y tampoco obtienen el beneficio de haber hecho una inversión en el ministerio de otra persona.
Queridos hermanos de un solo talento, ¡tengan cuidado! Están en peligro. Es posible que oigan las palabras: “Y al siervo inútil echadle en las tinieblas de afuera; allí será el lloro y crujir de dientes”.
Ahora permítanme señalar unos principios en estas parábolas.
En primer lugar, nuestro servicio en esta vida determina nuestra posición en la otra vida.
En segundo lugar, no usar nuestro talento es perderlo.
En tercer lugar, no hacer el bien cuando podemos hacerlo es pecado. Santiago 4:17:
. . . y al que sabe hacer lo bueno, y no lo hace, le es pecado.
Muchas veces hablamos de los pecados de comisión pero los pecados de omisión también son una realidad.
Y luego quiero analizar un momento Mateo 5. Ahí hay tres tipos de personas que fueron totalmente rechazadas por Dios. Las vírgenes insensatas que no tomaron consigo aceite, el siervo de un solo talento que no hizo nada con él, y las naciones que Jesús llama “cabritos” que no ayudaron a los hermanos de Jesús. Todos fueron totalmente y terminantemente rechazados por Dios. Un día me hice la pregunta: “¿Qué tenían todos ellos en común que hizo que fueran rechazados?”. Recibí una respuesta sencilla: “No hicieron nada”. Eso es todo lo que tenemos que hacer para ser rechazados; simplemente no hacer nada. Es algo sumamente serio.
Vamos a seguir muy rápidamente con los demás juicios. Hemos hablado principalmente del juicio de los creyentes porque ese es el que en realidad nos concierne. Si somos creyentes, es acerca de este juicio que tenemos que saber.
En mi opinión, el próximo juicio será el juicio de Israel, un pueblo especial apartado por Dios. Aunque han sido desobedientes e infieles por muchísimos siglos, Dios nunca los ha rechazado completamente. ¿Cuál es la escritura que confesamos?
Pues Jehová no desamparará a su pueblo, por su grande nombre; porque Jehová ha querido haceros pueblo suyo.
Lo que Dios hace por Israel no es porque Israel se lo merezca, sino por causa del nombre del Señor, para que su nombre sea glorificado. Dios va a tratar con Israel de una manera especial. He aquí un principio que quiero transmitirles con respecto a la bendición y el juicio. Dios bendice a los judíos directamente pero bendice a los gentiles por medio de los judíos. Los que somos gentiles aquí necesitamos recordar eso. Toda bendición espiritual que jamás hallamos recibido se la debemos al pueblo judío. Jesús dijo en Juan 4:22:
. . . la salvación viene de los judíos.
Esa es una afirmación muy sencilla. Cada una de las bendiciones que usted jamás ha recibido se la debe a un solo pueblo, al pueblo judío. Dios espera que usted lo reconozca y actúe de acuerdo con esa verdad.
Pero en cuanto al juicio, Dios juzga a los gentiles directamente, y juzga a los judíos a través de los gentiles. Permítanme repetir eso. Dios bendice a los judíos directamente, pero bendice a los gentiles a través de los judíos. Dios juzga a los gentiles directamente, pero juzga a los judíos a través de los gentiles. Si examinamos cientos de años de historia de los judíos vemos que Dios ha persistido en usar a las naciones gentiles para juzgar a los judíos por su desobediencia e infidelidad.
Entonces, el próximo juicio va a ser el juicio de Israel durante la gran tribulación. Vamos a mirar una sola escritura, Jeremías 30:3–7:
Porque he aquí que vienen días, dice Jehová, en que haré volver a los cautivos de mi pueblo Israel y Judá, ha dicho Jehová, y los traeré a la tierra que di a sus padres, y la disfrutarán.
No importa lo que quiera pensar cualquier gobierno o cualquier político, dice que ellos la disfrutarán, o la poseerán, como dice otra versión. Y todo el que conoce la Biblia sabe a qué tierra se refiere; hay una sola tierra.
Un predicador, un amigo mío, dijo una vez: “Pues, si el regreso de los judíos a su tierra fuera del Señor, habría paz”. Él no conocía su Biblia porque esto es lo que dice Dios con respecto al regreso de los judíos:
Estas, pues, son las palabras que habló Jehová acerca de Israel y de Judá. Porque así ha dicho Jehová: hemos oído voz de temblor; de espanto, y no de paz. Inquirid ahora, y mirad si el varón da a luz; porque he visto que todo hombre tenía las manos sobre sus lomos, como mujer que está de parto, y se han vuelto pálidos todos los rostros.
La presión más fuerte que Israel jamás ha experimentado está por venir; será cuando hayan regresado a su tierra.
¡Ah, cuán grande es aquel día! tanto, que no hay otro semejante a él; tiempo de angustia para Jacob; pero de ella será librado.
Tendrán que sufrir la tribulación, pero al final serán librados. Y allí Dios juzgará al pueblo judío. Al final de la tribulación su juicio se habrá llevado a cabo. Entonces Dios juzgará a las demás naciones. Joel 3:1–2. El tiempo se está acabando; tendré que ir rápidamente.
Porque he aquí que en aquellos días, y en aquel tiempo en que haré volver la cautividad de Judá y de Jerusalén . . .
Fíjense que esto se refiere al mismo período, al regreso del pueblo judío a su propia tierra. Dios dice:
. . . reuniré a todas las naciones, y las haré descender al valle de Josafat, y allí entraré en juicio con ellas a causa de mi pueblo, y de Israel mi heredad, a quien ellas esparcieron entre las naciones, y repartieron mi tierra . . .
De modo que Dios dice que cuando él haya terminado de tratar con los judíos, tratará con los gentiles. Serán juzgados según una sola cosa: la manera en que trataron a Israel. Esa es una verdad increíble pero ahí está. Dios los acusa de dos cosas: primero, de haber oprimido al pueblo judío, y segundo, de haber dividido y repartido esa tierra. Dios dice: “Esa es mi tierra. Yo se la di a Israel”. Y ninguna autoridad ni ningún gobierno humano tiene derecho a repartirla. ¿Qué está sucediendo hoy? Exactamente lo que Dios dijo que no debería suceder. Han repartido la tierra, la están repartiendo y probablemente la seguirán repartiendo. Pero cuando Dios venga para juzgar, juzgará a las naciones que hayan repartido esa tierra.
Desafortunadamente, él pudiera poner a Gran Bretaña al principio de la lista, porque Gran Bretaña fue responsable por el mandato al final de la Primera Guerra Mundial y se le dio la responsabilidad de proveer un hogar nacional para el pueblo judío, y en el año 1922 Gran Bretaña mediante una sola decisión de Winston Churchill le entregó setenta y seis por ciento de esa tierra a una nación árabe que se llama ahora Jordania. No le es permitido a ningún judío vivir allí. Las Naciones Unidas dividió aun más el veinte y cuatro por ciento que quedaba. Pero todos van a tener que responderle a Jesús cuando él venga.
Si miramos Mateo 25, el juicio de las naciones, las naciones que Dios llama ovejas, que son invitadas a entrar al reino, y las naciones que Dios llama cabritos, que son echadas del reino, que son enviadas al castigo eterno, básicamente son apartadas las unas de las otras según la manera en que han tratado a los hermanos de Jesús. Digo esto porque es tan importante. Israel es un factor muy importante en los asuntos mundiales hoy y muchas naciones se están aliando con el grupo equivocado. Israel no puede defenderse, pero tarde o temprano, cuando llegue el momento, Dios intervendrá.
Ese es el tercer juicio, el cuarto sólo lo vamos a mencionar. Es el juicio ante el gran trono blanco que se menciona en Apocalipsis 20:
Y vi un gran trono blanco y al que estaba sentado en él, de delante del cual huyeron la tierra y el cielo . . . y vi a los muertos de pie ante Dios . . . y fueron juzgados los muertos por las cosas que estaban inscritas en los libros.
Pero hay otro libro —gracias a Dios por eso— que es el libro de la vida. Y aquellos cuyos nombres están inscritos en el libro de la vida entrarán a la eternidad con Dios. Los demás serán desterrados por siempre de la presencia de Dios.
Esos son los cuatro juicios principales.
Primero, el tribunal de Cristo, un juicio sólo de creyentes.
Segundo, el juicio de Israel durante la gran tribulación.
Tercero, el juicio de todas las demás naciones ante el trono de Cristo al principio del Milenio.
Y cuarto, el juicio final de todos los muertos que hayan quedado, ante el gran trono blanco.
Pues, esos son los principios en cuanto al juicio de Dios, según he podido entenderlos. Y ahora cada uno de nosotros necesita preguntarse: “¿Estoy preparado para enfrentar el juicio de Dios? ¿Estoy viviendo el tipo de vida de la cual no me avergonzaré cuando esté delante de Dios?” Hermanos y hermanas, oremos juntos. Oremos acerca de este asunto de vital importancia, el comparecer ante Dios para ser juzgados.
Señor Todopoderoso, tu Palabra es tan clara. Hemos estado ministrando tu Palabra a tu pueblo esta noche. Ahora quiero orar por cada persona que está reunida aquí, que estas palabras que he hablado que han sido tomadas directamente de la Biblia penetren profundamente en los corazones, y que muchos se sientan impulsados a examinar su vida. Te pido especialmente por las personas de un solo talento. Señor no permitas que escondan ese talento en la tierra. Ayúdales a depositarlo con el banquero para que no sean avergonzados delante de tu presencia cuando vengas. Señor Jesús, nos has dicho muchas veces que vienes rápidamente, que vienes pronto. Nos has avisado muchas veces, aun en estas reuniones, que necesitamos estar preparados para tu venida. Te pido por cada persona aquí, incluyéndome a mí; concédenos por tu gracia estar preparados para tu venida, que estemos listos para comparecer ante el tribunal de Cristo y rendir cuentas por las cosas que hemos hecho en el cuerpo. Señor te pedimos esta misericordia en tu nombre, el nombre de Jesús. Amén.
Que Dios los bendiga.
Código: MV-4169-100-SPA