La Resurrección de los Muertos

Derek Prince
*Last Updated: mayo de 2026
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Nuestra proclamación esta mañana la tomaremos de 1 Tesalonicenses 5:23–24. Como siempre, vamos a aplicar la escritura a nuestra vida. Donde Pablo dice “vosotros”, diremos “nosotros”. Esto es especialmente apropiado porque vamos a hablar de los acontecimientos relacionados con la venida del Señor, y estas escrituras se refieren específicamente al hecho de estar preparados para su venida.
“Y el mismo Dios de paz nos santifique por completo; y todo nuestro ser, espíritu, alma y cuerpo, sea guardado irreprensible para la venida de nuestro Señor Jesucristo. Fiel es el que nos llama, el cual también lo hará.”
Ahora creo que sería bueno si todos ustedes lo repitieran con nosotros e hicieran de él su propia oración y proclamación especial. Nosotros lo diremos y ustedes lo repetirán.
“Y el mismo Dios de paz nos santifique por completo; y todo nuestro ser, espíritu, alma y cuerpo, sea guardado irreprensible para la venida de nuestro Señor Jesucristo. Fiel es el que nos llama, el cual también lo hará.”
Amén.
Ahora llegamos a las dos últimas grandes doctrinas de fundamento: la resurrección de los muertos y el juicio eterno. En esta reunión voy a hablar de la resurrección de los muertos y luego en la próxima reunión hablaré del juicio eterno.
Necesitamos entender el significado de la palabra resurrección. La palabra en griego quiere decir: “incorporarse y así salirse de”. De modo que la resurrección implica levantarse y salirse de la muerte y de la tumba. En la escritura que acabamos de citar, vimos que el hombre se compone de tres elementos: espíritu, alma y cuerpo. Es importante entender que es el cuerpo el que muere y es el cuerpo el que será resucitado. El espíritu y el alma nunca necesitan ser resucitados porque nunca mueren. Estamos hablando de la resurrección del cuerpo. Esto es muy importante.
Quiero hablar un poquito esta mañana de lo que la Biblia dice acerca de lo que sucede con las personas después que mueren. He advertido que este es un tema de interés universal. En realidad no importa la nacionalidad ni la cultura de la persona; a todos les interesa saber lo que ocurre después de la muerte. La Biblia presenta un cuadro bastante claro, y voy a tratar de resumir lo que la Biblia dice y luego mostrar cómo esto afecta la resurrección.
En Lucas 16:22–26, Jesús nos muestra un cuadro de lo que ocurre. Quiero señalar que a esto nunca se le llama una parábola. La palabra “parábola” no se usa en relación a esto. Empezaremos con Lucas 16:19:
“Había un hombre rico, que se vestía de púrpura y de lino fino, y hacía cada día banquete con esplendidez. Había también un mendigo llamado Lázaro, que estaba echado a la puerta de aquél, lleno de llagas, y ansiaba saciarse de las migajas que caían de la mesa del rico; y aun los perros venían y le lamían las llagas. Aconteció que murió el mendigo, y fue llevado por los ángeles al seno de Abraham; y murió también el rico, y fue sepultado. Y en el Hades alzó sus ojos, estando en tormentos, y vio de lejos a Abraham, y a Lázaro en su seno. Entonces él, dando voces, dijo: Padre Abraham, ten misericordia de mí, y envía a Lázaro para que moje la punta de su dedo en agua, y refresque mi lengua; porque estoy atormentado en esta llama. Pero Abraham le dijo: Hijo, acuérdate que recibiste tus bienes en tu vida, y Lázaro también males; pero ahora éste es consolado aquí, y tú atormentado. Además de todo esto, una gran sima está puesta entre nosotros y vosotros, de manera que los que quisieren pasar de aquí a vosotros, no pueden, ni de allá pasar acá. Entonces le dijo: Te ruego, pues, padre, que le envíes a la casa de mi padre, porque tengo cinco hermanos, para que les testifique, a fin de que no vengan ellos también a este lugar de tormento. Y Abraham le dijo: A Moisés y a los profetas tienen; óiganlos. El entonces dijo: No, padre Abraham; pero si alguno fuere a ellos de entre los muertos, se arrepentirán. Mas Abraham le dijo: Si no oyen a Moisés y a los profetas, tampoco se persuadirán aunque alguno se levantare de los muertos.”
Y, efectivamente, la experiencia nos muestra que es así. Aun cuando Jesús resucitó de los muertos, los que no creían a Moisés y a los profetas no se dieron cuenta de lo que había pasado. Eso es algo muy serio. A veces esperamos que haya una tremenda visitación sobrenatural y decimos: “Pues, si sucede eso, estaremos convencidos”. Pero Dios dice: “Tienes mi palabra; es lo único que necesitas. Si la crees y la obedeces, tendrás la victoria”.
Ahora quiero señalar ciertas verdades que salen a relucir en esta historia del rico y Lázaro. Hay cinco verdades.
Primero que todo, la identidad de las personas siguió siendo la misma después de la muerte. El rico siguió siendo el rico, y Lázaro siguió siendo Lázaro. Ninguno de los dos perdió su identidad. Algunas personas nos enseñan que después de la muerte todo se desvanece y no queda nada. Eso no es bíblico. Después de la muerte seguimos siendo la misma persona que éramos cuando estábamos en esta vida.
En segundo lugar, las personas se reconocían. El rico reconoció a Lázaro y a Abraham. Lázaro reconoció al rico.
En tercer lugar, las personas se acordaban de su vida terrenal. Tanto el rico como Lázaro se acordaban de las circunstancias de su vida antes de morir.
En cuarto lugar, estaban conscientes de su condición actual. El rico estaba atormentado; se quemaba en las llamas. Lázaro sentía consuelo y paz en el seno de Abraham.
En quinto lugar, existía una separación total entre los justos y los injustos. Había un lugar designado para cada grupo y ninguno podía cruzar de su lugar al otro.
Permítanme repetir esos cinco puntos, porque son sumamente importantes y contradicen muchas teorías que se están propagando hoy.
Número uno, la identidad de las personas seguía igual. No perdían su identidad.
Número dos, las personas se reconocían.
Número tres, las personas se acordaban de su vida terrenal.
Número cuatro, después de la muerte, estaban conscientes de su condición actual.
Y número cinco, existía una separación total entre los justos y los injustos.
Examinaremos lo que pasaba con los muertos antes que Jesús mismo muriera y resucitara de los muertos, ya que este acontecimiento dividió en dos la historia humana. El destino de las almas antes y después de la muerte y resurrección de Jesús no es el mismo. En realidad, la muerte y resurrección de Jesús produjo un cambio en todo el universo. Fue el acontecimiento más decisivo en la historia del universo e influyó en el destino de los que morían.
Hablemos ahora de lo que solía pasar antes de la muerte de Jesús. Ya hemos visto en esta historia del rico y Lázaro que el alma de toda persona que moría llegaba a un lugar que en hebreo se llama el Seol, y en griego, el Hades. En griego la palabra Hades significa “el mundo invisible”. De modo que todos, tanto los justos como los injustos, pasaban a esta dimensión invisible llamada el Hades o el Seol. Era un lugar al que iba el alma de toda persona que moría, pero había dos sitios completamente separados, uno para los justos y otro para los injustos. Y fíjense que todos eran o bien justos o injustos. Como decía ayer, no hay ningún terreno intermedio. No podemos ser justos a medias, e injustos a medias. Vamos a terminar en uno de esos dos lugares.
El sitio reservado para los justos se llamaba el seno de Abraham, me supongo porque Abraham, que es el padre de todos los que creen, les daba la bienvenida allí y los consolaba. Así lo entiendo yo.
¿Qué le pasó a Jesús cuando murió? Jesús fue un hombre perfecto. Él también tenía espíritu, alma y cuerpo. La Biblia dice algo diferente con respecto a cada uno de esos tres elementos de la persona de Jesús. En Lucas 23:46 descubrimos lo que pasó con el espíritu de Jesús cuando éste murió. Lucas 23:46:
“Entonces Jesús, clamando a gran voz . . .
Y yo creo que lo que clamó fue ‘Consumado es’.
“Él dijo: ‘Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu.’ Y habiendo dicho esto, expiró.”
Murió, expiró. Encomendó su espíritu al Padre. Hay algunas cosas que no puedo explicar. Puedo hacer estas afirmaciones pero tal vez haya ciertas cosas que no pueda explicarles a fondo.
¿Qué pasó con el alma de Jesús? En Hechos 2, al hablar el día de Pentecostés, Pedro citó el Salmo 16, diciendo que lo relatado era algo que le había acontecido a Jesús y no a David el salmista. Afirmó que en el Salmo 16, David decía de Jesús lo siguiente:
“Veía al Señor siempre delante de mí; Porque está a mi diestra, no seré conmovido. Por lo cual mi corazón se alegró, y se gozó mi lengua, Y aun mi carne descansará en esperanza; Porque no dejarás mi alma en el Hades . . .”
De modo que el alma de Jesús bajó a ese lugar reservado para el alma de los fallecidos. También dice en 1 Pedro 3:18–20:
“Porque también Cristo padeció una sola vez por los pecados, el justo por los injustos, para llevarnos a Dios, siendo a la verdad muerto en la carne, pero vivificado en espíritu; en el cual también fue y predicó a los espíritus encarcelados, los que en otro tiempo desobedecieron, cuando una vez esperaba la paciencia de Dios en los días de Noé.”
Entonces Jesús bajó al Hades y hay detalles en cuanto a esto que no puedo explicarles, pero puedo decirles lo que dice la Biblia. Jesús hizo una proclamación. Esta traducción dice que les predicó, pero esa palabra quiere decir “proclamar”. No quiere decir necesariamente que haya predicado el evangelio, sino que hizo una proclamación. Me imagino que habrá dicho: “De aquí en adelante yo soy el que mando en este lugar. Tengo las llaves de la muerte y del Hades. Ustedes deberán responderme a mí por todo lo que sucede de aquí en adelante”. Esa no es sino una teoría mía; tal vez no sea exacta.
Mientras tanto, el cuerpo de Jesús fue colocado en la tumba. En Juan 19:40 y los versículos que siguen leemos lo que pasó después que él murió en la cruz. Juan 19:40 hasta el 42:
“Tomaron, pues, el cuerpo de Jesús, y lo envolvieron en lienzos con especias aromáticas, según es costumbre sepultar entre los judíos.”
Solían envolver los cuerpos en lienzos y les ponían una gran cantidad de especias aromáticas porque se esperaba que los cuerpos se descompondrían y empezarían a heder.
“Y en el lugar donde había sido crucificado, había un huerto, y en el huerto un sepulcro nuevo, en el cual aún no había sido puesto ninguno. Allí, pues . . . pusieron a Jesús.”
Y no tenemos que seguir leyendo.
También leemos que después de la resurrección de Jesús, los apóstoles y las mujeres fueron a la tumba y todos sabían dónde se había sepultado su cuerpo pero no lo encontraron allí. ¡Gloria a Dios!
Entonces, ¿qué del espíritu, alma y cuerpo de Jesús? Le encomendó su espíritu al Padre, su alma descendió al Hades y allí hizo una proclamación y probablemente hizo muchas cosas más, y su cuerpo fue colocado en la tumba. Pero cuando resucitó, su espíritu, alma y cuerpo vinieron a ser uno nuevamente.
Lo que ocurrió a través de la muerte y la resurrección de Jesús afectó el universo. También decidió el destino de las almas al momento de morir. Desde ese momento en adelante, a partir de la resurrección de Jesús, el destino de los justos no ha sido ir al Hades, sino un destino diferente y mucho más glorioso. Permítanme darles dos ejemplos. Cuando apedrearon a Esteban y estaba a punto de morir en Hechos 7:57 y los versículos que siguen:
“Entonces ellos, dando grandes voces, se taparon los oídos, y arremetieron a una contra él [es decir, Esteban]. Y echándole fuera de la ciudad, le apedrearon; y los testigos pusieron sus ropas a los pies de un joven que se llamaba Saulo. Y apedreaban a Esteban, mientras él invocaba y decía: Señor Jesús, recibe mi espíritu.”
Él sabía que su espíritu iría directamente a Jesús. Este es el cambio que se efectuó a través de la muerte y resurrección de Jesús.
“Y puesto de rodillas, clamó a gran voz: Señor, no les tomes en cuenta este pecado.”
Y ya que Esteban hizo esa oración, Saulo de Tarso pudo ser salvo. Si Esteban no lo hubiera librado de su culpabilidad, jamás hubiera podido ser salvo. Eso es algo maravilloso.
Pero quiero recalcar que para el verdadero creyente que ha sido limpiado en la sangre de Jesús y que vive fielmente para Dios, su destino al morir es que su espíritu sube directamente a Jesús. Pablo también menciona esto en Filipenses 1. Dice que no sabe qué escoger. ¿Ha de seguir viviendo aquí o partir y estar con Cristo? Esto es lo que dice, Filipenses 1:23:
“Porque de ambas cosas estoy puesto en estrecho, teniendo deseo de partir y estar con Cristo, lo cual es muchísimo mejor; pero quedar en la carne es más necesario por causa de vosotros.”
Entonces, Pablo estaba totalmente confiado de que si moría en aquel momento, estaría con Cristo. Ese es un cambio muy importante que efectuó la muerte y resurrección de Jesús.
Otra cosa que ocurrió —y hay algunas cosas que puedo decirles, pero no puedo darles todos los detalles porque no los sé— fue que las almas de los justos fallecidos que estaban en el seno de Abraham fueron liberadas. Vamos a ver eso en Efesios 4. Aquí se cita el Salmo 68 y se está hablando de la resurrección de Jesús.
“Subiendo a lo alto, llevó cautiva la cautividad, y dio dones a los hombres.”
Según lo entiendo yo, y muchos otros comentaristas bíblicos, “llevó cautiva la cautividad” quiere decir que Jesús liberó a las almas de los justos fallecidos y se las llevó al cielo. Estas almas no podían ser liberadas hasta que no se hubiera ofrecido una ofrenda por el pecado. Dios las había justificado porque habían puesto su fe en un sacrificio que todavía no se había llevado a cabo. Estaban esperando el sacrificio prometido. Pero hasta que el sacrificio no se hubiera ofrecido, el sacrificio de Jesús en la cruz, no podían ser liberadas. Pero después de sacrificarse a sí mismo, Jesús bajó al Hades y en un momento dado y de alguna manera, se las llevó. Eso es lo que creo yo. Habían sido cautivos de la muerte, pero él llevo cautiva la cautividad. Llegaron a ser cautivos de Jesús y de su justicia. Lo cual me parece emocionante.
Ahora, la próxima cosa que es sumamente importante es lo siguiente: la resurrección de Jesús es la garantía de nuestra resurrección, si es que estamos totalmente comprometidos a Jesús. En Colosenses 1:18, hablando otra vez de la resurrección de Jesús, Pablo dice:
“. . . y él [Jesús] es la cabeza del cuerpo que es la iglesia."
. . .Entonces Jesús es la cabeza, nosotros los creyentes somos el cuerpo. Él también es el principio:
". . . él que es el principio, el primogénito de entre los muertos, para que en todo tenga la preeminencia [o el primer lugar].”
Entonces él es el primogénito de entre los muertos, es la cabeza de una creación completamente nueva. Es la cabeza de un nuevo género, el género Dios/hombre en la que la naturaleza de Dios y la del hombre se unen en una persona.
Él es la cabeza del cuerpo, el primogénito de entre los muertos. La resurrección se compara a un renacer de entre los muertos. Este es un cuadro tan hermoso. En un nacimiento natural, generalmente ¿qué parte del cuerpo sale primero? La cabeza, así es. Y cuando sale la cabeza, ¿qué sabemos? Sabemos que el resto del cuerpo también va a salir. De modo que la resurrección de Jesús es la garantía de que su cuerpo, la Iglesia, resucitará a su vez.
Además, la resurrección corporal de Jesús es un modelo para la resurrección nuestra. ¡Espero que esto les cause emoción! Si no, ¡en realidad no me estoy comunicando! Pablo dice en Filipenses 3:20–21:
“Mas nuestra ciudadanía está en los cielos . . .
Eso se refiere a los que hemos sido nacidos de nuevo y nos hemos comprometido a vivir para Jesús. Vivimos en la tierra, somos ciudadanos de un país aquí en la tierra, pero nuestra verdadera ciudadanía está en los cielos. Si uno es ciudadano de un país, tiene que tener un pasaporte, ¿lo sabían? Pues, nosotros tenemos un pasaporte: es la sangre de Jesús.
Mas nuestra ciudadanía está en los cielos, de donde también esperamos al Salvador, al Señor Jesucristo . . .
Fíjense que una característica de los verdaderos cristianos es que estamos esperando ansiosamente al Salvador. Y luego dice:
". . . el cual transformará el cuerpo de la humillación nuestra, para que sea semejante al cuerpo de la gloria suya, por el poder con el cual puede también sujetar a sí mismo todas las cosas.”
Ahora, esa es la traducción, pero no es literal. Si me permites darte una traducción literal, que lo hace algo muy vívido.
“. . . él transformará el cuerpo de la humillación nuestra para que sea hecho conforme al cuerpo de la gloria suya . . .”
Pues, tal vez no se den cuenta, pero ustedes y yo vivimos en un cuerpo de humillación. Hemos sido humillados por causa del pecado. Quiero señalar que no importa lo adinerados o lo saludables que seamos, hay ciertas realidades con respecto al cuerpo en el que vivimos que nos recuerdan continuamente que somos pecadores. Podemos comer la comida más exquisita y tomar todo el vino que queramos, pero tarde o temprano, y generalmente es temprano, tendremos que ir al baño y vaciar la vejiga y los intestinos. No importa lo adinerados que seamos, ni lo decorosos, ni lo bien situados que estemos, este es un cuerpo de humillación. Además, podemos usar la ropa más fina, pero al tener un poco de actividad física y ejercitarnos vigorosamente, ¿saben lo que pasa? Transpiramos. O para usar un lenguaje más vulgar: sudamos. Eso es tener un cuerpo de humillación. Dios ha dispuesto que el cuerpo de cada uno de nosotros nos recuerde constantemente que estamos en un estado de humillación por causa de nuestro pecado. Pero Jesús va a cambiar este cuerpo de humillación para que sea semejante al cuerpo de su gloria. ¿No les parece emocionante? Este cuerpo va a cambiar. Un poco más adelante examinaremos algunos detalles de cómo va a ser el cambio.
Permítanme señalar un hecho muy pertinente. En 1 Juan 3, Juan dice en los versículo 2 al 3:
“Amados, ahora somos hijos de Dios, y aún no se ha manifestado lo que hemos de ser . . ."
En otras palabras, todavía no hemos visto el tipo de cuerpo que vamos a tener.
". . . pero sabemos que cuando él se manifieste, seremos semejantes a él, porque le veremos tal como él es.”
Cuando él sea revelado y lo veamos, nuestro cuerpo será cambiado para ser semejante a su cuerpo.
Quiero que se fijen en el próximo versículo porque es muy importante.
“Y todo aquel que tiene esta esperanza en él, se purifica a sí mismo, así como él es puro.”
Ahora bien, usted podrá decirme que está esperando la resurrección y no tengo ningún derecho a discutir con usted. Pero si en realidad lo está esperando, hay algo que estará haciendo: estará purificándose. ¿Cuál es la medida de pureza a la que debemos aspirar? Jesús. Así como él es puro. Y si usted me dice que está esperando la resurrección pero no veo ninguna prueba de que se esté purificando, de que esté buscando ser más puro y más santo, yo diría que probablemente se está engañando a sí mismo. En realidad, no está esperando la resurrección; sólo está usando lenguaje religioso. Esto es lo que distingue a todo aquel que verdaderamente está esperando este intercambio, del cuerpo de humillación al cuerpo de gloria. Permítanme repetir esas palabras.
“Y todo aquel que tiene esta esperanza en él [en Jesús], se purifica a sí mismo, así como él es puro.”
¿Tiene usted esa característica? ¿Es evidente en su vida que realmente está esperando la venida de Jesús?
Nuestro cuerpo será como el suyo, y vemos en el relato del evangelio que él no estaba limitado por el tiempo ni el espacio. Podía subir al cielo y volver a bajar; podía entrar en un aposento que tuviera todas las puertas cerradas; podía aparecérsele a una persona bajo cierta forma, y a otra persona bajo otra forma. Tenía, digamos, un cuerpo flexible. Creo que tendremos un cuerpo parecido.
La gente dice: “Pues, ¿cómo será aquel cuerpo?”. Pablo habla de eso en 1 Corintios 15:35–38.
“Pero dirá alguno: ¿Cómo resucitarán los muertos? ¿Con qué cuerpo vendrán?
Estoy seguro que la mayoría de nosotros hemos querido preguntar eso.
Necio . . .Dice Pablo. Pablo es el que lo dice, no yo.. . . lo que tú siembras no se vivifica, si no muere antes.
Y luego sigue hablando de este ejemplo de la semilla.
"Y lo que siembras no es el cuerpo que ha de salir, sino el grano desnudo [la simple semilla], ya sea de trigo o de otro grano; pero Dios le da el cuerpo como él quiso, y a cada semilla su propio cuerpo.”
Aquí hay dos cosas juntas. Hay continuidad y hay cambio. Si uno siembra en la tierra una semilla de manzana no obtiene una naranja. Las características de la semilla determinan las características de la vida que brotará de la semilla. De modo que hay continuidad, pero también hay cambio. El manzano que brota de la semilla de manzana en realidad no se parece mucho a la semilla. Entonces, habrá continuidad. Seremos los mismos pero habrá un tremendo cambio sobrenatural. Lo que es sembrado determina lo que brotará; sin embargo, lo que brota es totalmente distinto a lo que fue sembrado. De modo que al ser sepultado, nuestro cuerpo es sembrado en la tierra como una semilla. Emergerá el mismo cuerpo pero será un cuerpo totalmente diferente. Me parece eso tan expresivo.
Siempre me maravillo cuando pienso en una semilla. Pienso en esa semillita, sea cual sea el color. Siempre pienso en una sandía. Aquella semilla negra se coloca en la tierra y, ¡quién se imaginaría que crecería una hermosa sandía redonda! Es un milagro continuo. Cada vez que sembramos una semilla sembramos un milagro. Y el propósito del milagro es recordarnos nuestra resurrección.
Jesús se esmeró en recalcar que siendo resucitado, su cuerpo era el mismo cuerpo que había sido crucificado. Lo vemos en Lucas 24. Los discípulos estaban todos muy asustados cuando Jesús apareció por primera vez. En realidad no podían creer lo que había pasado. Jesús les dijo en Lucas 24:38–39 después de aparecérseles:
¿Por qué estáis turbados, y vienen a vuestro corazón estos pensamientos? Mirad mis manos y mis pies, que yo mismo soy . . .
En sus manos y sus pies les mostró la evidencia de la resurrección. Quería que quedara en claro que era su mismo cuerpo, pero un cuerpo transformado.
Y luego en Juan 20, hay otro relato de la resurrección de Jesús. Dice:
Vino Jesús, y puesto en medio, les dijo: Paz a vosotros.
Ese es el saludo tradicional del Medio Oriente.
Y cuando les hubo dicho esto, les mostró las manos y el costado.
¿Por qué hizo eso? Para mostrarles que era el mismo cuerpo que habían visto crucificado. Recordarán que Tomás no estaba allí, y él dijo: “Si no viere en sus manos la señal de los clavos, y metiere mi mano en su costado, no creeré”. Entonces una semana más tarde Jesús volvió a aparecer y en el versículo 27, le dijo a Tomás:
Pon aquí tu dedo, y mira mis manos; y acerca tu mano, y métela en mi costado . . .
En otras palabras, la herida era tal que Tomás todavía podía meter su mano en ella. Esto es muy importante porque después de resucitar, no tendremos un nuevo cuerpo; tendremos un cuerpo diferente, pero será el mismo cuerpo que habrá sido transformado.
Pablo menciona cinco cambios específicos que se efectuarán en nuestro cuerpo cuando éste resucite. Habla de esto en 1 Corintios 15:42–44 y versículos 52 y 53. Leamos esos versículos. 42–44 y el 52 y 53. Pablo dice:
Así también es la resurrección de los muertos. Se siembra en corrupción, resucitará en incorrupción.
¿Saben lo que implica la corrupción? Implica descomposición. Todo lo que se descompone es corrupto.
Se siembra en deshonra, resucitará en gloria; se siembra en debilidad, resucitará en poder. Se siembra cuerpo animal, resucitará cuerpo espiritual.
Hay un cuerpo animal, es decir natural, y hay un cuerpo espiritual. Eso es difícil de entender. Desafortunadamente, la traducción no ayuda mucho. Este es uno de los problemas de la traducción en español, y todas las traducciones parecen tener el mismo problema. La palabra en griego es psuquikos que se deriva directamente de la palabra “alma” en griego, que es psuque. Hay una sola traducción razonable, y es “psicogénico”, es decir lo que es engendrado u originado en la psique o el alma. Se siembra cuerpo psicogénico, resucitará cuerpo espiritual. Ahí se ve la diferencia entre el espíritu y el alma. En algunos idiomas, por ejemplo, en sueco, hay una palabra que expresa este concepto. Y también lo hay en danés. Y en realidad, para expresar bien en español lo que la Biblia enseña, hay que usar la palabra “psicogénico”.
Por ejemplo, en 1 Corintios, en 1 Corintios 2, Pablo dice:
Pero el hombre natural no percibe las cosas que son del Espíritu de Dios.
Casi todas las traducciones dicen el hombre natural. Esto opaca esta diferencia tan importante entre lo que proviene del alma y lo que proviene del espíritu. De modo que se siembra, se sepulta cuerpo psicogénico y resucita cuerpo espiritual.
Ahora bien, si me piden que les explique eso, no estoy seguro de poder hacerlo. Sé lo que dice. Pero quiero plantearles que estando en nuestro cuerpo actual, el alma toma las decisiones. Si quiero salir por la puerta mi alma dice: “Vamos a salir por la puerta” y mis pies obedecen. De modo que de cierta forma, nuestro espíritu depende de nuestra alma. Recordarán lo que le decía David a su alma: “Alaba a Dios”. Anda, muévete. Su espíritu quería alabar al Señor pero su alma era lenta en responder. Parece que así sucedía. Nuestro espíritu tiene que avivar nuestra alma para que ésta haga lo debido. Sabemos que deberíamos estar alabando al Señor, pero nuestra alma es perezosa y tenemos que avivarla. Tal vez esta explicación no les satisfaga, pero es la mejor que pueda darles.
Cuando seamos resucitados, nuestro cuerpo será un cuerpo espiritual. En otras palabras, el espíritu controlará el cuerpo directamente. ¿Cómo? No lo sé. Había un hombre hace años, un barbero en Dinamarca cuando vivía mi primera esposa, que era un hombre un poco simplón, pero dijo un día: “Tuve un sueño. Estaba en un cuerpo y simplemente señalaba con el dedo dónde quería ir. Si quería subir, señalaba con el dedo hacia arriba y subía. Si quería ir hacia la derecha, señalaba con el dedo hacia la derecha, si quería ir hacia la izquierda, señalaba con el dedo hacia la izquierda. Mi cuerpo iba dondequiera que yo señalaba”. Pues, creo que ese es un cuerpo espiritual. Es un pequeño cuadro de lo que está por venir. No tendremos que pasar a través del alma para hacer que el cuerpo haga lo que queremos; nuestro espíritu tomará las decisiones.
Ahora bien, pueden aceptar eso o no aceptarlo; es la mejor explicación que les pueda ofrecer.
Miremos también más adelante en los versículos 52 y 53. Dice:
. . . en un momento, en un abrir y cerrar de ojos, a la final trompeta; porque se tocará la trompeta, y los muertos serán resucitados incorruptibles, y nosotros seremos transformados. Porque es necesario que esto corruptible se vista de incorrupción, y esto mortal se vista de inmortalidad.
Lo corruptible es aquello que está sujeto a descomponerse; lo mortal es aquello que está sujeto a morir. De modo que si tomamos esos dos pasajes conjuntamente hay cinco cambios específicos que se efectuarán en nuestro cuerpo.
De lo corruptible a lo incorruptible, de lo que está sujeto a descomponerse a lo que ya no lo está; de lo mortal a lo inmortal, de lo que está sujeto a morir a lo que ya no lo está; de deshonra a gloria, porque al ser sepultado, cualquiera llega a ser de cierta forma algo que da lástima. Así es que bajamos. Cuando resucitamos, resucitamos en gloria. Es sembrado en debilidad, pero es resucitado en poder, y como ya hemos dicho, es sembrado un cuerpo psicogénico, pero emerge un cuerpo espiritual. Permítanme repetirles esos cinco cambios.
De corruptible a incorruptible,
de mortal a inmortal,
de deshonra a gloria,
de debilidad a poder,
de psicogénico a espiritual.
La resurrección de Jesús es un elemento clave de la doctrina cristiana. No podemos desecharlo y llamarnos cristianos. En 1 Corintios 15:14, Pablo dice:
Y si Cristo no resucitó, vana es entonces nuestra predicación, vana es también vuestra fe.
Y en el versículo 17:
. . . y si Cristo no resucitó, vuestra fe es vana; aún estáis en vuestros pecados.
En otras palabras, el perdón de nuestros pecados está estrechamente vinculado a la resurrección de Jesús. Si Jesús no resucitó, el evangelio es falso, nuestra fe es vana y todavía estamos en nuestros pecados. Hay muchos teólogos eminentes y otras personas así que han negado la realidad de la resurrección del cuerpo de Jesús. Todavía están en sus pecados; no son salvos. No podemos ser salvos a menos que creamos en la resurrección física de Jesús.
Ahora prosigamos a hablar de las pruebas existentes de la resurrección de Jesús. ¿Qué evidencia nos ofrece la Biblia de la resurrección de Jesús? Es interesante: los testigos oculares no constituyen la evidencia principal. La principal prueba es la de las Escrituras, la cual tiene prioridad sobre los testigos humanos.
Miremos algunos de los pasajes del Antiguo Testamento que predicen la resurrección de Jesús. Este es un tema sumamente interesante; ojalá tuviera más tiempo para exponerlo. Miremos una afirmación en 1 Pedro 1:10–12.
Los profetas que profetizaron de la gracia destinada a vosotros, inquirieron y diligentemente indagaron acerca de esta salvación, escudriñando qué persona y qué tiempo indicaba el Espíritu de Cristo que estaba en ellos, el cual anunciaba de antemano los sufrimientos de Cristo, y las glorias que vendrían tras ellos. A éstos se les reveló que no para sí mismos, sino para nosotros, administraban las cosas que ahora os son anunciadas por los que os han predicado el evangelio . . .
Los profetas del Antiguo Testamento tenían un verdadero dilema. Me pregunto si podrán entenderlo, porque es un dilema increíble. Pedro dice que el Espíritu de Cristo estaba en ellos, el Espíritu del Mesías. Entonces, bajo esa inspiración hablaron en primera persona de cosas que le acontecerían a Jesús que nunca les acontecieron a ellos. Y eso ha debido ser difícil. No sé si se habrán puesto en el lugar de esos profetas del Antiguo Testamento. Dijeron cosas increíbles de sí mismos que nunca ocurrieron. Permítanme darles sólo dos ejemplos. En el Salmo 22:16, esto es lo que se llama un salmo mesiánico. En otras palabras, da a conocer la revelación del Mesías. Salmo 22:16, David está hablando en primera persona y dice:
Porque perros me han rodeado; Me ha cercado cuadrilla de malignos; Horadaron mis manos y mis pies.
Eso nunca le pasó a David. ¿Cómo creen que se habrá sentido al pronunciar esas palabras? No tengo idea, pero fue inspirado por el Espíritu de Cristo que estaba en él y por lo tanto habló en primera persona de cosas que le acontecerían al Mesías que nunca le acontecieron a él.
Luego podemos mirar en Isaías 50. Hay incontables otros ejemplos; sólo les estoy dando dos ejemplos muy claros. Isaías 50:6:
Di mi cuerpo a los heridores, y mis mejillas a los que me mesaban la barba; no escondí mi rostro de injurias y de esputos.
Nunca pasó en la vida de Isaías; pasó en el ministerio de Jesús. Pero fue escrito en primera persona. ¿Me explico? Fue el Espíritu del Mesías en ellos a través del Espíritu Santo que predijo lo que le acontecería a Jesús el Mesías, pero nunca les aconteció a ellos. Por lo tanto no es de extrañar que hubieran indagado acerca de qué tiempo estaban hablando. Me maravillo de la fe de aquellos hombres, de que tuvieran la fe de recibirlo. Le doy gracias a Dios por ellos porque esta es la primera confirmación de la resurrección de Cristo, la cual las Escrituras predicen.
En el salmo 16, citado por el apóstol Pedro el día de Pentecostés, tenemos un bosquejo increíble de la muerte y la resurrección de Jesús. Salmo 16, comenzando en el versículo 8:
A Jehová he puesto siempre delante de mí; Porque está a mi diestra, no seré conmovido.
Ahora, eso lo hubiera podido experimentar David, pero también lo experimentó el Mesías. Entonces, lo que pasa es que hablan de ciertas cosas que experimentaron ellos mismos, luego van más allá de su propia experiencia para hablar de cosas que nunca experimentaron. David sigue diciendo:
Se alegró por tanto mi corazón, y se gozó mi alma.
En hebreo, en vez de “se gozó mi alma” dice “se gozó mi gloria”, y si quieren buscar Hechos 2:26, verán lo que es eso. Pedro dice: “se gozó mi lengua”. ¿Me explico? Les he dicho eso antes. Nuestra lengua es nuestra gloria, porque es el miembro que fue puesto en nuestra boca para permitirnos glorificar a Dios. Luego él dice:
Se alegró por tanto mi corazón, y se gozó mi alma; Mi carne también reposará confiadamente . . .
En otras palabras, aunque voy a ser sepultado, tendré la esperanza de ser resucitado.
Porque no dejarás mi alma en el Seol . . .
Eso indica que su alma bajó al Seol.
Ni permitirás que tu Santo vea corrupción.
Aunque estuvo bastante tiempo en la tumba, su cuerpo nunca vio corrupción, ya que nunca había pecado, y el pecado es el aguijón que permite entrar al cuerpo la corrupción. Luego dice en el versículo final:
Me mostrarás la senda de la vida; En tu presencia hay plenitud de gozo; Delicias a tu diestra para siempre.
Eso se cumplió cuando Jesús fue resucitado. Regresó a la presencia del Padre y hubo plenitud de gozo. Así que ese es un ejemplo.
Otro ejemplo es el Salmo 71:20–21. Este es un salmo increíble. No se nos dice quién fue el salmista. Usted puede investigarlo si quiere, pero se dirige a Dios y dice:
Tú, que me has hecho ver muchas angustias y males, volverás a darme vida, Y de nuevo me levantarás de los abismos de la tierra.
Eso nunca le aconteció a ningún salmista.
Aumentarás mi grandeza, Y volverás a consolarme.
Eso sólo se aplica a Jesús. Fue sepultado, fue reavivado, fue levantado y su grandeza fue aumentada. Llegó a tener el nombre que es exaltado sobre todo nombre. ¿Me explico? Esto nunca le sucedió al salmista; le sucedió a Jesús. Ese es el espíritu del Mesías en ellos testificando de antemano de las cosas que acontecerían más adelante. Cuando uno empieza a comprender esta verdad, es la prueba más contundente de la realidad de la resurrección de Jesús.
Y luego hay un pasaje más que es interesante. Pablo dice en 1 Corintios que el evangelio consiste en tres verdades. Vimos eso el otro día. Jesús murió conforme a las Escrituras, fue sepultado y fue resucitado al tercer día conforme a las Escrituras. ¿Alguna vez se han preguntado qué escritura dice que él sería resucitado al tercer día? Sólo he podido encontrar una, y es sumamente interesante porque va mucho más allá del contexto. Oseas 6:1–2:
Venid y volvamos a Jehová; porque él arrebató, y nos curará; hirió, y nos vendará. Nos dará vida después de dos días; en el tercer día nos resucitará, y viviremos delante de él.
Esa es una predicción muy clara de una resurrección al tercer día. Lo interesante es que no habla de “él” en el singular, sino de “nosotros” en el plural.
Esta es una revelación. Si buscan Efesios 2, verán cómo Pablo aplica esta revelación. La profecía no solamente predice los acontecimientos futuros sino que los predice de tal manera que muestra su verdadero significado. Además de predecirlos, los interpreta. Este es un perfecto ejemplo. Efesios 2, empezando en el versículo 4, y esto habla de todos los verdaderos creyentes. Efesios 2, empezando en el versículo 4:
Pero Dios, que es rico en misericordia, por su gran amor con que nos amó, aun estando nosotros muertos en pecados . . .
Eso es maravilloso. Él nos amó aun cuando estábamos muertos. ¿Cuántas personas pueden amar a un cadáver? ¿Qué hizo él? Tres cosas:
. . . nos dio vida juntamente con Cristo (por gracia sois salvos), y juntamente con él nos resucitó, y asimismo nos hizo sentar en los lugares celestiales con Cristo Jesús . . .
Todo eso está en el tiempo pasado. Entonces, al estar identificados con Jesús, hemos sido vivificados, resucitados, —y no se detengan ahí— entronados. Ese es nuestro destino. Pablo no lo pone en el tiempo futuro. En realidad, lo que él dice es que si lo podemos recibir, estamos compartiendo el trono con Jesús ahora mismo. Este es el cumplimiento de Oseas 6:1-2. Fíjense lo bien que la Escritura se interpreta a sí misma.
Luego Pablo da una lista de testigos humanos. No es que esto no sea pertinente, sino que es secundario. Mirémoslo brevemente. 1 Corintios 15:5–8. Versículo 4 dice:
. . . y que fue sepultado, y que resucitó al tercer día, conforme a las Escrituras . . .
Versículo 5:
. . . y que apareció a Cefas [es decir, Pedro], y después a los doce. Después apareció a más de quinientos hermanos a la vez, de los cuales muchos viven aún, y otros ya duermen . . .
La mayoría todavía vivían, lo cual indica que probablemente eran bastante jóvenes cuando lo vieron.
Después apareció a Jacobo; después a todos los apóstoles; y al último de todos, como a un abortivo, me apareció a mí.
Esa es una lista de las personas que fueron testigos de la resurrección de Jesús. Según la ley judía, el testimonio de dos hombres dignos de confianza era suficiente para establecer una ley. Pero Dios ha provisto mucho más que dos testimonios de la resurrección de Jesús.
Entre paréntesis, y esto sólo lo digo porque me interesa, Pablo dice que Jesús se le apareció como a un abortivo, como a uno nacido fuera de tiempo. He meditado acerca de eso por mucho tiempo, y en realidad creo que Pablo es como un tipo de la salvación de Israel cuando éste vea al Mesías. Pero Pablo vivió dos mil años antes; nació fuera de tiempo. ¡Pueden discrepar conmigo en cuanto a eso y todavía ser salvos!
Ahora quiero hablar de la importancia de la resurrección. No podemos enfatizar lo suficiente la resurrección de Jesús. Es el hecho decisivo en la historia del universo. La historia de todo el universo, y no solamente la del género humano, gira alrededor de la resurrección de Jesús. Antes que nada, fue la vindicación de Jesús de parte de Dios. Recuerden que dos tribunales lo habían condenado a muerte: un tribunal secular romano, y un tribunal judío religioso. Y cuando fue sepultado estaba bajo esa condenación, pero cuando Jesús resucitó, Dios vindicó a su Hijo. Esto lo dice Romanos 1:3–4:
. . . acerca de su Hijo, nuestro Señor Jesucristo, que era del linaje de David según la carne, que fue declarado Hijo de Dios con poder, según el Espíritu de santidad . . .
Y esa es una frase judía para decir el Espíritu Santo, porque en realidad, en hebreo, para decir el Espíritu Santo se dice el Espíritu de Santidad. Algunos traductores no se dan cuenta de que Pablo estaba escribiendo en griego pero pensando en hebreo.
...que fue declarado Hijo de Dios con poder, por el Espíritu Santo, por la resurrección de entre los muertos...
Entonces, cuando Jesús salió de la tumba, Dios dijo: “He revocado esas decisiones injustas. He vindicado a mi Hijo. Él jamás pecó; no hay en él motivo de muerte y por mi Espíritu Santo lo he levantado”.
Saben, es interesante, no debería tardarme demasiado hablando de esto, pero todos los hechos importantes de la redención involucran las tres personas de la Trinidad. La concepción de Jesús la realizó el Padre por medio del Espíritu a fin de dar a luz al Hijo. Pedro dice del ministerio de Jesús que Dios Padre ungió a Jesús con el Espíritu Santo y con poder. El Padre ungió al Hijo con el Espíritu. De la muerte de Jesús dice que mediante el Espíritu Eterno, Jesús se ofreció a sí mismo a Dios. El Hijo se ofreció mediante el Espíritu al Padre. Con respecto a la resurrección de Jesús, el Padre mediante el Espíritu levantó al Hijo. Pedro termina su discurso el día de Pentecostés diciendo que Jesús recibió del Padre el don del Espíritu Santo y lo derramó sobre sus discípulos. Podemos ver cómo la unidad de la Trinidad está involucrada en cada etapa importante de la redención. Quiero decir esto con reverencia: pareciera que ninguna de las tres personas de la Trinidad quería ser excluida en el momento de esta gloriosa visitación a la humanidad. Dios está mucho más interesado en nosotros de lo que nos damos cuenta. Para mí, eso dice mucho. Las tres personas de la Trinidad estaban involucradas en cada etapa importante del proceso de la redención.
Ahora bien, la resurrección de Jesús es la base de nuestra justificación. Si él no hubiera sido levantado, todavía estaríamos en nuestros pecados. Pablo dice en Romanos 4:25-26:
...el cual fue entregado por nuestras transgresiones, y resucitado para nuestra justificación.
Si él no hubiera sido levantado, no podríamos ser justificados; todavía estaríamos en nuestros pecados.
Y luego dice de la salvación en Romanos 10:9-10:
...que si confesares con tu boca que Jesús es el Señor, y creyeres en tu corazón que Dios le levantó de los muertos, serás salvo. Porque con el corazón se cree para justicia, pero con la boca se confiesa para salvación.
Fíjense, si no creemos que Dios levantó a Jesús de los muertos no podemos ser salvos. Es indispensable para la salvación. Desafortunadamente hay multitudes de cristianos profesantes que no creen en la resurrección del cuerpo. Ninguno de ellos puede conocer la paz y el gozo de tener sus pecados perdonados, sea cual sea la posición que ocupen dentro de la iglesia.
Luego la resurrección es la garantía de que el poder de Cristo nos puede salvar. En Hebreos 7:25 dice lo siguiente:
...por lo cual puede también salvar perpetuamente a los que por él [por Jesús] se acercan a Dios, viviendo siempre para interceder por ellos.
Si Jesús todavía estuviera en la tumba, ¿cómo pudiera salvarnos? Pero ya que está a la diestra del Padre, ya que ha hecho expiación por nuestros pecados, ya que se le ha dado toda autoridad en el cielo y el la tierra, él nos puede salvar perpetuamente, o como dice otra versión, por completo. Me encanta ese concepto. El poder de Jesús para salvar no tiene límites. Él tiene todo poder.
Luego, y esto también es muy importante, la resurrección completa nuestra redención. Fíjense, nuestro destino final no es el cielo. Es maravilloso que podamos ir al cielo, pero no es sino una morada temporal porque mientras nuestro espíritu está en el cielo, nuestro cuerpo estará corrompiéndose en la tumba. Esa no es una salvación completa. Jesús murió por la persona total. Su salvación incluye espíritu, alma y cuerpo. Esa salvación no estará completa hasta la resurrección. Pablo entendía esto muy claramente. Él dice en Filipenses 3:10 y los versículos que siguen que la meta y el propósito de toda su vida es el siguiente:
...a fin de conocerle, y el poder de su resurrección, y la participación de sus padecimientos, llegando a ser semejante a él en su muerte, si en alguna manera llegase a la resurrección de entre los muertos.
No le preocupaba llegar al cielo; lo que ambicionaba era alcanzar la resurrección de entre los muertos. Gracias a Dios que cuando muramos, nuestro espíritu irá al cielo, pero esa no es la redención final, porque nuestro cuerpo todavía no ha sido redimido. Pablo puso la mira en la resurrección y dijo algo muy poderoso. Dijo: “Si en alguna manera llegase a la resurrección de entre los muertos”. Pablo no daba por sentado que alcanzaría la resurrección. Querido hermano y hermana, si usted anda a la deriva no alcanzará la resurrección. Si anda a la deriva, terminará en otro lugar. Hace falta tener una decisión y un compromiso muy serios.
Siento decir que me encuentro con miles de cristianos que en realidad no toman esto lo suficientemente en serio. Si Pablo tuvo que decir: “si en alguna manera llegase a la resurrección de entre los muertos”, ¿quiénes somos nosotros para decir que vamos a alcanzarlo automáticamente? ¿Estamos en el mismo nivel espiritual que Pablo? Probablemente no. Pero aun Pablo no lo dio por sentado.
Volvió a decir en el siguiente versículo:
No que lo haya alcanzado ya, ni que ya sea perfecto; sino que prosigo, por ver si logro asir aquello para lo cual fui también asido por Cristo Jesús. Hermanos, yo mismo no pretendo haberlo ya alcanzado; pero una cosa hago: olvidando ciertamente lo que queda atrás, y extendiéndome a lo que está delante, prosigo a la meta, al premio del supremo llamamiento de Dios en Cristo Jesús.
Pablo tenía un solo objetivo. Dijo: “No he llegado. No lo he alcanzado” en el momento en que estaba hablando. Pero dijo: “Una cosa hago. Prosigo a la meta. Tengo una resolución y una ambición suprema: estar presente cuando los muertos resuciten en Cristo”.
Y, hermanos, cuando piensan cómo va a ser eso, sería una lástima perdérselo. ¡Sería una gran lástima! Quiero decir, no es posible para nuestras mentes limitadas concebir la gloria y el poder que serán liberados cuando estos cuerpos débiles y corruptibles sean transformados repentinamente y gloriosamente para llegar a ser como el cuerpo de Jesús. ¿No les parece maravilloso? A mí sí. Tanto así que tengo que detenerme a meditar en ello por un momento.
Romanos 8:23 también lo dice. En otras palabras, la salvación no está completa hasta el momento de la resurrección. Romanos 8:23. Dice en el versículo 22:
...toda la creación gime a una, y a una está con dolores de parto hasta ahora...
Luego dice:
...y no sólo ella, sino que también nosotros mismos, que tenemos las primicias del Espíritu, nosotros también gemimos dentro de nosotros mismos, esperando la adopción, la redención de nuestro cuerpo.
Ahora, permítame preguntarle: ¿Es así en la vida suya? Usted tiene las primicias del Espíritu. ¿Está usted gimiendo dentro de sí? ¿Está esperando ansiosamente? ¿Qué derecho tenemos usted o yo de suponer que Dios tratará con nosotros de una manera menos severa? El bautismo en el Espíritu Santo no se nos da simplemente para que nos divertamos, sino para prepararnos para lo que viene más adelante. Siento en mi corazón que esto es algo sumamente serio.
Lo próximo que quiero decir acerca de la resurrección es que es la consumación de nuestra unión con Jesús. 1 Tesalonicenses 4:17 dice lo siguiente:
Luego nosotros los que vivimos, los que hayamos quedado, seremos arrebatados juntamente con ellos [con los muertos que han sido resucitados] en las nubes para recibir al Señor en el aire...
Eso es muy interesante porque hay dos palabras en griego para decir “aire”. Una señala el aire más alto y enrarecido, el otro el aire más cerca de la superficie de la tierra. La palabra que se usa aquí es la que indica el aire más cerca de la tierra. De modo que no iremos muy alto para recibir al Señor.
Luego nosotros los que vivimos, los que hayamos quedado, seremos arrebatados juntamente con ellos en las nubes para recibir al Señor en el aire, y así estaremos siempre con el Señor.
Después de eso, ya no habrá más despedidas. Estaremos siempre con el Señor y estaremos siempre unos con otros.
Ahora, yo tengo una esposa que quiero mucho que se ha ido delante de mí. Pero un día estaremos juntos para siempre. Queridos hermanos y hermanas, no se pierdan esto. Sería la tragedia más grande de su vida si se lo perdieran. Esto es algo muy serio.
Finalmente, y esto lo tengo que decir rápidamente, la resurrección tendrá lugar en tres etapas. 1 Corintios 15:22:
Porque así como en Adán todos mueren, también en Cristo todos serán vivificados. Pero cada uno en su debido orden...
Y éste es el orden; son tres etapas diferentes. Primero, Cristo, las primicias, luego aquéllos que son de Cristo en el momento de su venida, y por último, el fin, la resurrección final de todos los muertos que hayan quedado. ¿Para quiénes regresa Jesús? Para los que le pertenecen. Él no es un ladrón; no va a llevarse nada ni nadie que no le pertenezca. ¿Usted en realidad le pertenece? Es una pregunta importante. Es para aquellas personas que él regresa.
A él se le conoce como las primicias. Quiero darles otro pasaje bíblico que me causa gran emoción. Levítico 9, una ceremonia breve y rápida. Levítico 23:9, lo siento. Tengan paciencia conmigo. Esta es una ceremonia bajo la Ley de Moisés.
Habló Jehová a Moisés, diciendo: Habla a los hijos de Israel y diles: Cuando hayáis entrado en la tierra que yo os doy, y seguéis su mies, traeréis al sacerdote una gavilla por primicia de los primeros frutos de vuestra siega. Y el sacerdote mecerá la gavilla delante de Jehová, para que seáis aceptos; el día siguiente del día de reposo la mecerá.
¿Qué día es el día de reposo? ¿Qué día de la semana? El sábado. ¿Cuál es el día que le sigue al día de reposo? El domingo, así es. Él fue la gavilla y fue mecida por nosotros para que fuéramos aceptados por causa de él.
Pero él no fue un solo tallo, fue una gavilla. Si leemos en Mateo 27, cuando Jesús murió, hubo un terremoto, los sepulcros se abrieron y muchos de los justos que habían muerto entraron en la ciudad. No creo que hayan regresado al sepulcro; creo que subieron junto con Jesús. Llegaron a ser la gavilla que fue mecida delante del Señor, la cual declaraba que había una gran multitud que seguiría. Aquí estamos, somos la gavilla, somos las primicias.
En realidad no puedo continuar. Ya no sé qué hora es. De todas formas, ¿qué importa el tiempo? Se ha acabado el vídeo, pero no se ha acabado esta reunión. En mi espíritu siento una necesidad apremiante de desafiarlos a que examinen su corazón y vean si en realidad están prosiguiendo a la meta, y si tienen sus prioridades bien puestas. En 1977, creo, estaba en una reunión en alguna parte de las islas del norte donde se estaba hablando de la intercesión. Estaba enseñando sobre el hecho de que hay un hombre fuerte sobre cada nación. Me preguntaron: “¿Cuál es el hombre fuerte sobre Nueva Zelanda?” Les dije: “No me toca a mí decirles. Ustedes son los cristianos neocelandeses; ustedes son los que tienen que averiguarlo”. En ese momento el Señor me indicó que me iba a decir cuál era el hombre fuerte. Así que regresé y se lo dije a la congregación. En ese momento Bill Subritzsky, que es un amigo íntimo nuestro, estaba sentado al fondo con una de sus hijas. Me dijo después que en el momento de yo decir eso, Dios le dijo lo mismo a él. Lo que dije fue lo siguiente, y tal vez les sorprenda, porque no es nada sensacional. El hombre fuerte sobre Nueva Zelanda es la indiferencia. No sé hablar como un neocelandés, pero algunos neocelandeses me han dicho que algo muy típico que suele decirse aquí es “¡Todo se arreglará, amigo!”. En otras palabras, el problema se resolverá por sí mismo; si lo dejamos así, se arreglará solo. Ese es el problema principal de Nueva Zelanda, y es el problema que tienen algunos de ustedes. Si no tratan con ese problema, no estarán listos, porque Jesús no va a regresar para los indiferentes, sino para aquéllos que lo estén esperando ansiosamente.
Quiero darle una oportunidad; no sería justo que no se la diera. Si de verdad usted está consciente, en vista de lo que he estado diciendo, que no está viviendo como debería, a fin de esperar la venida de Jesús, es hora de que cambie. ¿Recuerda lo que dije acerca del arrepentimiento? Es una decisión seguida de una acción. Si usted necesita arrepentirse, y estoy hablándole a cada uno individualmente. No conozco la mayoría de ustedes personalmente, pero si usted necesita arrepentirse, este es el momento de hacerlo. ¿Recuerda lo que dije? No podemos arrepentirnos cuando nosotros queremos; sólo podemos arrepentirnos cuando el Espíritu Santo nos impulsa a hacerlo.
Si hay alguien aquí esta mañana...que sabe que el Espíritu Santo le está diciendo que no está viviendo debidamente, que no está en una actitud correcta como para esperar su venida, pero quiere rectificar esta situación, quiero desafiarlo, quiero darle una oportunidad. Quiero invitarle a que salga de su asiento y venga acá al frente para orar. Para hacerlo tendrá que humillarse. Si no lo hace, no es responsabilidad mía. Pero si usted sabe que no está listo para encontrarse con el Señor, que no está viviendo de una manera que indica que está esperando ansiosamente su venida, y quiere reconciliarse con Dios, este es el mejor momento de hacerlo. Voy a darle una oportunidad; no voy a prolongar este llamado. Si usted quiere reconciliarse con Dios aquí hoy, le estoy invitando a que venga al frente y se arrodille.
¿Se encuentra presente algún pastor? Si lo hay, ¿pudiera pasar a la plataforma para estar con nosotros? ¿Hay algún pastor aquí? Siempre me gusta tener junto a mí a los pastores del pueblo de Dios cuando oro de esta manera. Si usted está aquí y es pastor, por favor pase a la plataforma junto con nosotros.
Pues, simplemente tendrán que arrodillarse donde están. No importa dónde se arrodillan con tal de que se arrodillen en una actitud correcta. El arrodillarse implica humillarse, doblar rodilla ante el Señor. Eso es lo que necesitamos hacer.
Voy a orar por todos ustedes y también voy a orar por Nueva Zelanda. Después de yo hacer esta oración y decir amén, cada uno de ustedes necesita clamar a Dios de su propio corazón. No voy a darles las palabras, simplemente háblenle a Dios de su corazón. Siento una unción para orar ahora mismo por los que se han arrodillado ante el Señor en humildad, y por esta nación, Nueva Zelanda, la cual amo, y que en este momento está llevando una vida de desidia, satisfaciendo sus propios deseos. ¿Es cierto? Sí lo es. Voy a orar por los que se han arrodillado. Siento una unción; creo que algo va a empezar a pasar cuando ore. Luego voy a orar por Nueva Zelanda.
Señor Jesucristo, tú eres el autor de nuestra salvación. Tu eres las primicias que resucitaste de los muertos. Estás en el cielo como nuestro intercesor. Estás a la diestra del Padre intercediendo por nosotros ahora. Porque tú vives, viviremos también nosotros. Señor, tú ves a estos queridos hermanos que se han dado cuenta que no están viviendo debidamente en vista de tu pronto regreso. Señor, por favor derrama tu Espíritu sobre ellos ahora en el nombre de Jesús. Derrama un espíritu de gracia y de súplica para que puedan clamar a ti de corazón, Señor, para que eleven a ti una oración humilde, sincera y llena del temor de Dios. Envía sobre ellos ese espíritu ahora en el nombre de Jesús. Envía un espíritu de intercesión. Haz que empiecen a orar, Señor. Oh, Dios, ten misericordia, Señor.
Y Señor, también te pedimos por Nueva Zelanda, esta nación que amamos. Ten misericordia de esta nación, Señor. Obra a fin de volver otra vez a ti el corazón del pueblo, para volverlo otra vez de su desidia, impiedad y pecado, a un Dios viviente que lo ama, que ha bendecido esta nación más que la mayoría de naciones. Señor, ten misericordia de Nueva Zelanda, te lo pedimos, en el nombre de Jesús.
Amén, amén. Clame a Dios y no se levante hasta que sepa que se ha comunicado con Dios.
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