Al Final de los Tiempos

Derek Prince
*Last Updated: mayo de 2026
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Llegó el momento de hacer nuestra proclamación. Ésta la tomamos de los dos últimos versículos de la epístola de Judas; son palabras muy conocidas para muchos porque muchas veces se usan en los cultos de la iglesia.
Y a aquel que es poderoso para guardarnos sin caída y presentarnos sin mancha delante de su gloria con gran alegría, al único y sabio Dios, nuestro Salvador, sea gloria y majestad, imperio y potencia, ahora y por todos los siglos. Amén.
¡Imagínense! ¡Él es poderoso para presentarnos sin mancha delante de su gloria! ¡Qué maravilloso Dios servimos!
En las últimas reuniones he hablado acerca de las cuatro primeras doctrinas entre las doctrinas de fundamento. Déjenme ver si puedo recapitular. Arrepentimiento de obras muertas, fe en Dios, la doctrina de bautismos y la imposición de manos.
El título de mi mensaje esta mañana fue: “Transmitiendo el poder de Dios”, y trató específicamente de la imposición de manos. Estoy seguro que a algunos de ustedes les sorprendió bastante descubrir que la imposición de manos juega un papel tan importante en la vida y la labor de la Iglesia.
Nos quedan dos doctrinas sumamente interesantes: la resurrección de los muertos y el juicio eterno. Pero antes de hablar de ellas —y pienso hablar de ellas en las próximas dos reuniones— quiero hablar en esta reunión de un tema que he intitulado: “Al final de los tiempos”. Hay que entender que al llegar a estas dos últimas doctrinas ya no estamos hablando de la dimensión del tiempo sino de la eternidad. Esa es una de sus funciones importantes: llevarnos a no fijarnos solamente en esta vida. Encuentro que tantos cristianos hoy día sólo piensan en función de lo que Dios hará por ellos en esta vida. Eso es sólo una fracción pequeñísima de todo lo que Dios tiene para nosotros.
Quiero leer una escritura en Apocalipsis 10. Tengo que tener mucho cuidado porque con mi formación en el campo de la filosofía, a veces me pueden vencer ciertos pensamientos. En Apocalipsis 10:5–6 habla de un ángel:
. . . levantó su mano al cielo, y juró por el que vive por los siglos de los siglos, que creó el cielo y las cosas que están en él, y la tierra y las cosas que están en ella, y el mar y las cosas que están en él, que el tiempo no sería más.
Ahora, algunas de las versiones que tienen ustedes dirán: “Ya no habrá más demora”, que tal vez sea el significado correcto, pero lo que la Escritura en sí dice es que ya no habrá más tiempo. Tarde o temprano, en cada una de nuestras vidas, llegaremos al momento en que ya no habrá más tiempo. Alguien ha dicho que el reloj detrás de todos los relojes es el corazón humano y cuando éste deje de palpitar, todos los relojes dejarán de funcionar. Cada uno de nosotros individualmente saldrá de la dimensión del tiempo para entrar en una nueva dimensión, una dimensión eterna.
Recuerden que la eternidad no es sólo un período de tiempo muy largo; es una dimensión totalmente diferente, que apenas podemos entender.
Realmente aprecio la frase: “el misterio que Dios ha creado”, porque el tiempo es un misterio. Hace más de cincuenta años, cuando era filósofo, pensaba muchísimo en esto, pero me llama la atención porque la Biblia lo dice tan claramente. El tiempo es un misterio. Los físicos nos dicen que si unos científicos se montaran en una nave espacial que viajara como a la mitad de la velocidad de la luz, y visitaran un planeta o una estrella distante, al regresar, según el tiempo suyo, habrían tardado dos semanas en hacer el viaje, pero según el tiempo de la tierra, habrían pasado dos generaciones. Al regresar conocerían a sus bisnietos. Eso nos deja atónitos, ¿verdad? El tiempo es un misterio.
Permítanme agregar una cosa más acerca de la medición del tiempo. Según lo entendemos nosotros, depende del observador humano. Por ejemplo, un científico pudiera decir: “Pues, debido a la acumulación de cierto depósito en cierta roca o en cierto valle, o lo que fuera, o la acumulación de polvo atómico, creemos que han pasado mil años”. Yo pudiera decir que estoy de acuerdo, pero que me parece que ocurrió un millón de veces más rápido de lo que él dice. Entonces, sólo habría pasado un año. Las pruebas no diferirían en lo absoluto. En otras palabras, es la opinión del observador individual lo que define el tiempo. Me quedo satisfecho con decir que es un misterio. Pero tengan en cuenta que un día vamos a salir de la dimensión del tiempo y entrar en la eternidad.
2 Corintios 4:17 habla de la diferencia entre lo eterno y lo temporal. Pablo dice:
Porque esta leve tribulación momentánea . . .
Y cuando uno piensa en todo lo que pasó Pablo, si él dice que es una leve tribulación, queridos hermanos y hermanas, ¿de qué nos estamos preocupando? ¿Qué problemas están pasando ustedes que puedan compararse con aquello? No hablen de sus terribles aflicciones hasta que se hayan comparado con Pablo. O si no, no hablemos de nuestras tribulaciones.
Porque esta leve tribulación momentánea produce en nosotros un cada vez más excelente y eterno peso de gloria . . .
Siempre tengan en cuenta que el estar bajo presión está obrando a nuestro favor. Está produciendo en nosotros un cada vez más excelente y eterno peso de gloria. Ahora, en el idioma hebreo básicamente se usa la misma palabra para expresar los vocablos “peso” y “gloria”. De modo que Pablo, como judío, está pensando en hebreo. Está hablando de un peso de gloria que nos está preparando Dios.
Y luego dice:
. . . no mirando nosotros las cosas que se ven, sino las que no se ven . . .
Ahora, ténganlo en cuenta, la aflicción sólo obra para bien en nuestra vida cuando fijamos los ojos en lo eterno. Si quitamos los ojos de las cosas eternas y nos fijamos sólo en nuestros problemas y empezamos a compadecernos de nosotros mismos, nuestra aflicción no nos aprovecha. Sólo obra a nuestro favor si hacemos esto:
. . . no mirando nosotros las cosas que se ven, sino las que no se ven; pues las cosas que se ven son temporales, pero las que no se ven son eternas.
De modo que Pablo nos presenta dos dimensiones diferentes: la dimensión de lo físico, de lo que es visible, material y temporal, y la dimensión de lo invisible, de lo que es espiritual y eterno. Y recuerden, todo lo que nos acontece en esta vida, estando en la dimensión del tiempo, es temporal. Vamos rumbo a algo que es eterno.
Es muy importante recordar esto. Recientemente leí en un librito devocional que Ruth y yo leemos juntos, una afirmación muy sencilla. Decía que vivimos en un mundo caído. Cuando lo leí, me pareció verdad. Si somos sinceros y juzgamos objetivamente, en el mundo que conocemos hoy día hay mucha más desdicha que felicidad, mucha más contienda que paz. Hay mucha más enfermedad que salud. No pintemos un cuadro muy bonito del mundo porque no es así. Vivimos en un mundo caído, un mundo que ha sido completamente estropeado y corrompido por el pecado. Ahí es donde nos encontramos. Gracias a Dios que nuestro destino final no es este mundo.
Pablo dijo algo en 1 Corintios 15:19 que realmente me hizo una fuerte impresión. Me hace pensar en muchos cristianos que he conocido.
Si en esta vida solamente esperamos en Cristo, somos los más dignos de conmiseración de todos los hombres.
Mediten en eso un momento. Si todo lo que estamos esperando recibir de Cristo está en esta vida, somos de todos los hombres los más dignos de conmiseración. Y sin embargo, me encuentro con tantos cristianos que parecen estar completamente distraídos por lo que ocurre en esta vida. Su concepto del cristianismo es recibir algo de Dios en este mundo, lo cual es totalmente ajeno a lo que vemos en el Nuevo Testamento. Es sumamente saludable para nosotros que el Espíritu Santo nos presione para que pensemos en el momento en que se acabará el tiempo y comenzará la eternidad en la vida de cada uno de nosotros.
En Hebreos 13:14, el autor dice:
. . . porque no tenemos aquí ciudad permanente, sino que buscamos la por venir.
Ahora bien, ¿es así en la vida suya? ¿Dónde está su vida permanente? ¿Se encuentra en esta vida, o se da usted cuenta de que esto sólo es temporal? Sólo estamos de paso, como dicen. Nuestro destino permanente es la eternidad. Si usted no puede ver sino las cosas que pertenecen a la dimensión del tiempo, será una persona infeliz, una persona frustrada. Siempre estará quejándose y diciendo que las cosas no están saliendo como usted quiere y que Dios no contesta sus oraciones. Es porque tiene la perspectiva equivocada. Tenemos que mirar las cosas desde el punto de vista de la eternidad.
He llegado a la siguiente conclusión: Dios no cambiaría ni la parte más mínima de la eternidad por el período de tiempo más largo, porque el tiempo no es permanente, y la eternidad sí. Quiero preguntarle: en su vida personal, ¿cuánto está edificando para la eternidad? Las Escrituras dicen en el libro de Proverbios, que Dios nos ha dado riquezas duraderas mediante la sabiduría. He pasado mucho tiempo preguntándome en qué consisten las riquezas duraderas. No consisten en dinero en el banco, ni en bonos y acciones, ni en el carro elegante que manejamos, la casa en que vivimos, o la piscina. Ninguna de esas cosas constituyen riquezas duraderas. ¿Qué son las riquezas duraderas? Jesús dijo:
Vende todo lo que tienes, y dalo a los pobres, y tendrás tesoro en el cielo.
Esas son las riquezas duraderas. Jesús dijo:
Todo lo que den para la causa del evangelio, Dios se lo devolverá cien veces más en la eternidad.
Eso viene siendo diez mil por ciento. ¿Cuántos hombres de negocio rechazarían la oportunidad de ganar diez mil por ciento?
Luego una cosa más que para mí es muy importante. Nuestros dones cesarán cuando se acabe nuestra vida. Todos nuestros dones espirituales, nuestra profecía, nuestros milagros, nuestras palabras de ciencia cesarán. No nos los llevaremos con nosotros; no son sino para esta vida, para la dimensión del tiempo. Pero una cosa que sí nos llevaremos, ¿saben qué es? Nuestro carácter. El carácter es permanente. El carácter que tengamos determinará lo que seremos durante toda la eternidad. Esas son las riquezas duraderas y perdurables, el haber edificado un carácter cristiano fuerte, puro y piadoso.
Ahora tenemos que regresar a nuestro tema. Lo que quiero señalar ahora es que es muy importante que tengamos un entendimiento fundamental de la profecía bíblica. Desafortunadamente, hay muchas personas que han perdido la confianza por haber oído interpretaciones falsas, chillonas y superficiales de la profecía. Pues, no permita que eso le pase a usted. No permita que el mal uso de algo bueno lo aparte de una cosa buena. Por ejemplo, en mi vida, que ha sido bastante larga, en un momento u otro he visto cómo las personas han usado indebidamente cada uno de los dones del Espíritu. Pero eso no me ha llevado a despreciar los dones del Espíritu. Simplemente me lleva a ser más cuidadoso de cómo los uso. Es igual con la profecía bíblica. La necesitamos. Sin ella —voy a mostrárselo— tropezamos en la oscuridad. Necesitamos tener cuidado cómo la aplicamos.
Voy a buscar 2 Pedro 1:19–21:
Tenemos también la palabra profética más segura . . .
La palabra profética son las profecías de la Biblia, las profecías escritas. No estamos hablando aquí del don de la profecía, aunque eso tiene su lugar en nuestra vida; estoy hablando de las profecías escritas de la Biblia, la palabra escrita más segura:
. . . a la cual hacéis bien en estar atentos como a una antorcha que alumbra en lugar oscuro . . .
Fíjense en eso. No podemos darnos el lujo de despreciar las profecías bíblicas porque Pedro dice que hacemos bien en estar atentos a ellas y hacerles caso, ya que son una antorcha que alumbra en lugar oscuro. El mundo en que vivimos hoy es sin duda un lugar muy oscuro. Además, se está volviendo más oscuro. Necesitamos una luz que nos guíe a través de la oscuridad. La luz que Dios ha provisto es la revelación profética de las Escrituras.
Podemos haber sido salvos milagrosamente y ser buenos cristianos, pero caminar en la oscuridad por el hecho de no haber usado y aprovechado la luz de la profecía. Si caminamos en la oscuridad, tropezaremos con cosas que pudiéramos haber evitado y en realidad no sabremos a dónde vamos, no entenderemos lo que está pasando a nuestro alrededor. Eso pasa por no haber entendido la verdad de la palabra profética. Es sumamente importante.
Luego Pedro dice que necesitamos estar atentos a ella:
. . . hasta que el día esclarezca y el lucero de la mañana salga en vuestros corazones.
Eso no se refiere a la venida de Jesús. Se refiere a una experiencia subjetiva y personal en la cual la estrella de la mañana, que sale inmediatamente antes de la salida del sol, brilla en nuestro corazón. ¿Y saben lo que hace? Nos avisa que Jesús viene, y nos emocionamos.
Queridos hermanos y hermanas, si nunca se han emocionado al pensar en la venida del Señor, es porque no significa mucho para ustedes. Es la única esperanza para la humanidad. Ninguna otra cosa puede suplir todas las necesidades apremiantes del género humano. La gente habla de su venida como si fuera algo irreal. No creo que sea así. Creo que se trata de algo completamente real. De hecho, no me parece nada realista pensar que los políticos puedan resolver los problemas de la humanidad. Llevan bastante tiempo intentándolo y me parece que el desbarajuste es peor que antes. No me parece que se ajuste a la realidad esperar que haya una solución humana a los problemas de la humanidad. Esa es la enseñanza de los humanistas, pero el humanismo es una potestad anti-cristiana que está obrando en la mayoría de los gobiernos del mundo hoy día.
Entonces, necesitamos la profecía. ¿De acuerdo? ¿Los he convencido de eso? Pedro sigue diciendo que no proviene de hombres sino de Dios.
Ahora déjenme darles rápidamente dos claves para entender la profecía bíblica. El problema conmigo con respecto a esto es que una vez que empiezo a hablar de ello, me es difícil parar. En Deuteronomio 29:29, Moisés les dijo a los hijos de Israel:
Las cosas secretas pertenecen a Jehová nuestro Dios; mas las reveladas son para nosotros y para nuestros hijos para siempre, para que cumplamos todas las palabras de esta ley.
De modo que Moisés dijo que había dos tipos de cosas: las cosas secretas y las cosas reveladas. Dice que las cosas secretas pertenecen a Dios; nadie puede entenderlas. Las cosas reveladas son para que actuemos según ellas. Creo que la razón principal por la que las personas se enredan al estudiar la profecía es que tratan de entender las cosas secretas, y al mismo tiempo no obedecen las cosas reveladas.
Cuando hablo acerca de la profecía, casi siempre se me acerca alguien después y me dice: “¿El rapto tendrá lugar antes, durante o después de la tribulación?” ¿Saben lo que contesto? “No lo sé”. No me avergüenzo. Además, no creo que lo sepa nadie. Creo que ni siquiera lo sabe Jesús porque dice que esa hora y ese día no lo sabe nadie, ni siquiera el Hijo, sino sólo el Padre. Pues, no me avergüenzo de no saber algo que tampoco sabe Jesús. ¿Me explico? El problema es que la gente quiere saber cosas que no se pueden saber. ¿Y saben cuál es el motivo detrás de eso? El orgullo. Ese es el más peligroso de todos los motivos. Si tenemos la verdad revelada y la obedecemos, Dios nos dará más. Si no la obedecemos, él no nos dará nada más. Uno dice: “Dios, por favor muéstrame lo que sigue”. Él dice: “No has actuado según lo que ya te he mostrado. ¿Por qué he de mostrarte otra cosa?”
Esa es la clave para usar eficazmente la profecía bíblica. Debemos llegar a conocer las cosas que Dios quiere que entendamos y no molestar a Dios con las cosas que él no quiere que entendamos.
Y en segundo lugar, sea lo que sea que Dios les revele, obedézcanlo, actúen según eso. En mi opinión, en Mateo 24:14 hay una revelación clara de la profecía bíblica:
Y será predicado este evangelio del reino en todo el mundo, para testimonio a todas las naciones; y entonces vendrá el fin.
Entonces, ¿cuándo vendrá el fin? Cuando este evangelio del reino haya sido predicado en todo el mundo como testimonio a todas las naciones. ¿A quiénes les corresponde esa labor? A nosotros. Me alegro que lo hayan dicho. Si no estamos trabajando en eso, si no estamos obedeciendo esa revelación, ¿por qué ha Dios de mostrarnos más? Pero si empezamos a trabajar en esto, si empezamos a dedicarnos de cualquier manera que sea conveniente a predicar el evangelio a todas las naciones, es increíble lo que nos mostrará Dios. Pero si no hemos actuado según esa revelación, ¿por qué ha de mostrarnos Dios otra cosa? No lo hará.
Vamos a mirar nuevamente un cuadro del final de los tiempos. Voy a hacer ciertas afirmaciones generales acerca del tipo de cosas que estarán pasando a medida que nos acercamos al final. Me parece que estamos muy cerca del final de los tiempos; esa es mi opinión personal. No quiero dar fechas pero se me hace fácil creer que dentro de los próximos cincuenta años todo lo que está escrito en el libro habrá acontecido. No estoy diciendo que será así, sino que no me sería difícil creer que pudiera ocurrir.
Quiero tomar ciertas características del final de los tiempos. Les voy a dar tres escrituras significativas. Isaías 60:1–2. Lo que quiero decir es que a medida que nos acercamos al final, tanto la justicia como la maldad irán en aumento. La justicia florecerá y también la maldad. La luz brillará y habrá una gran oscuridad. Tenemos que acostumbrarnos al contraste entre estas dos cosas, la luz y las tinieblas, la justicia y la maldad. En Isaías 60:1–3, el Señor está hablando a su pueblo y dice:
Levántate, resplandece; porque ha venido tu luz, y la gloria de Jehová ha nacido sobre ti. Porque he aquí que tinieblas cubrirán la tierra, y oscuridad las naciones; mas sobre ti amanecerá Jehová, y sobre ti será vista su gloria. Y andarán las naciones a tu luz, y los reyes al resplandor de tu nacimiento.
Esa es una promesa para el pueblo de Dios al final de los tiempos. La gloria de Dios resplandecerá sobre nosotros y en medio de la densa oscuridad que nos rodeará de todos lados, que cubrirá las naciones, los que tienen un corazón que desea la verdad saldrán de las tinieblas y se acercarán al pueblo de Dios en busca de la luz. Pero no crean que ya no habrá más tinieblas. Persistirán y se harán más densas. Pero la luz se hará más brillante.
Hay una maravillosa realidad con respecto a la luz y las tinieblas que se remonta a la creación. Dondequiera que la luz se encuentra con las tinieblas, ¿quién gana? La luz, así es. Tengan eso en cuenta. Nosotros ganamos si somos la luz.
Luego la parábola del trigo y la cizaña. No voy a leer la parábola porque se nos está acabando el tiempo, pero trata de un agricultor que sembró buena semilla en su campo y luego de noche vino un enemigo y sembró cizaña, una mala hierba que se parece a trigo, pero la única diferencia es que no produce fruto, no produce nada que valga la pena cosechar. Los siervos en el campo dijeron: “¿Quiere que vayamos a arrancar la cizaña?” y el agricultor dijo: “No, porque al tratar de arrancar la cizaña puede ser que arranquen también parte del trigo. Déjenlos crecer juntos hasta la siega”. Luego, al interpretar la escritura, Jesús dice que la siega representa el final de los tiempos. Dice que al final de los tiempos los ángeles saldrán y separarán los impíos de los justos. Los impíos serán atados en manojos y echados al fuego. Los justos resplandecerán como el sol en el reino de su Padre. Pero tengan en cuenta que el trigo y la cizaña seguirán creciendo juntos hasta el final de los tiempos.
Eso no está hablando del mundo pagano, sino de la cristiandad profesante; de eso está hablando. En ese contexto la cizaña y el trigo crecerán juntos. Si usted quiere estar seguro de que es trigo y no cizaña, mire el fruto que está produciendo, porque esa es la diferencia.
La Iglesia no será purificada completamente hasta el final de los tiempos. Y en ese momento no lo vamos a hacer nosotros. Me alegro que no tenga que hacerlo yo. Los ángeles lo van a hacer.
Y luego en Apocalipsis 22, casi al final de la Biblia, una palabra de Jesús mismo. Apocalipsis 22:10–12:
Y [el ángel que trajo la revelación] me dijo: No selles las palabras de la profecía de este libro, porque el tiempo está cerca. El que es injusto, sea injusto todavía; y el que es inmundo, sea inmundo todavía; y el que es justo, practique la justicia todavía; y el que es santo, santifíquese todavía.
Esa es una declaración increíble dado el hecho de que viene de Dios. Dios está diciendo en efecto: “Si quieres ser injusto, adelante, no te queda mucho tiempo, diviértete. Si quieres ser inmundo, sé aun más inmundo. Pero si eres justo, sé aun más justo; si eres santo, sé aun más santo”. Este es el momento de separación.
Y luego Jesús dice inmediatamente:
He aquí yo vengo pronto, y mi galardón conmigo, para recompensar a cada uno según sea su obra.
Esto es inmediatamente antes de la venida del Señor. Los impíos y los justos están juntos, los impíos haciéndose más impíos, y los justos haciéndose más justos.
Permítanme decir que estando en la luz espiritual es imposible quedarse parado. Uno no se puede mantener inmóvil. Hay que avanzar o retroceder. El libro de los Proverbios dice que la senda de los justos es como la luz de la aurora, que va en aumento hasta que el día es perfecto. El ser justo no implica estar inmóvil; es una senda. Implica estar avanzando. Si estamos avanzando, la luz se estará haciendo más brillante cada día. Si estamos viviendo hoy según la luz de ayer, estamos empezando a decaer; no estamos en la senda de los justos.
Esas son dos cosas.
Luego, en medio de todo esto, Jesús nos ofrece unas hermosas palabras de consuelo en Lucas 21:25–28. Hablando del final de los tiempos, dice:
Entonces habrá señales en el sol, en la luna y en las estrellas, y en la tierra angustia de las gentes, confundidas a causa del bramido del mar y de las olas; desfalleciendo los hombres por el temor y la expectación de las cosas que sobrevendrán en la tierra; porque las potencias de los cielos serán conmovidas.
Todo el globo terráqueo será conmovido.
Entonces verán al Hijo del Hombre, que vendrá en una nube con poder y gran gloria.
Eso se refiere a la venida de Jesús. Esto es lo que él dice. Está hablándoles a sus discípulos:
Cuando estas cosas comiencen a suceder, erguíos y levantad vuestra cabeza, porque vuestra redención está cerca.
Entonces, ¿cómo hemos de reaccionar al ver toda esta confusión y todo este conflicto? ¿Hemos de deprimirnos y desanimarnos o hemos de decir: “Gloria a Dios, nuestra redención está muy cerca”? Nuestra manera de reaccionar nos muestra dónde está nuestro corazón.
Jesús habló de los dolores de parto de una nueva era y los describió en Mateo 24. Tal vez miremos eso un poco más adelante. Son muy desagradables. Nunca he dado a luz a un bebé pero según entiendo, nunca es una experiencia fácil. Hay que sufrir dolores de parto. La pregunta es: ¿quiere usted tener el bebé? Si quiere el bebé, aguantará los dolores de parto. Sin dolores de parto no hay bebé. Como digo, usted podrá darse cuenta de cuál es su actitud según su manera de reaccionar. Si decimos que las cosas están empeorando cada vez más, “Ay, ¡esto es tan deprimente! ¡Me siento tan infeliz! ¿Dónde está Dios? No veo que él esté haciendo nada”, estamos rechazando los dolores de parto. En realidad, lo que eso significa es que no estamos esperando el bebé. ¿Qué es el bebé? El advenimiento del reino de Dios en la tierra. No vendrá sin dolores de parto. Los dolores de parto están garantizados. Lo que tenemos que decidir es cómo responderemos a ellos.
Mientras tanto, como he dicho, en todo esto la Iglesia tiene una labor que completar. ¿Cuál es? No los oí. Proclamar el evangelio del reino a todas las naciones. Miremos lo que dice Mateo 24 acerca de los dolores de parto, empezando en el versículo 7:
Porque se levantará nación contra nación . . .
Eso quiere decir etnos contra etnos, conflictos étnicos.
. . . y reino contra reino; y habrá pestes, y hambres, y terremotos en diferentes lugares. Y todo esto será principio de dolores.
¿Se dan cuenta? ¿Así que quiere el bebé? Tiene que aguantar los dolores de parto. No hay alternativa.
Y luego Jesús dice:
Entonces os entregarán a tribulación, y os matarán, y seréis aborrecidos de todas las gentes por causa de mi nombre.
¿Quiénes serán aborrecidos? No los oí. Así es, el “seréis aborrecidos” se refiere a nosotros. “Os entregarán” quiere decir que nos entregarán a nosotros los cristianos. Seremos aborrecidos por todas las gentes por causa del nombre de Jesús. Versículo 10:
Muchos tropezarán entonces, y se entregarán unos a otros, y unos a otros se aborrecerán...
¿Muchos qué? Muchos cristianos. Habrá demasiada presión y se darán por vencidos. Para salvar su propio pellejo traicionarán a los demás creyentes. Esto ha estado ocurriendo en China y en la Unión Soviética por una o dos generaciones. Y no se limita a esos lugares, créanme. Versículo 11:
Y muchos falsos profetas se levantarán, y engañarán a muchos . . .
Créanme, el mundo está lleno de profetas falsos, y muchos de ellos están dentro de la Iglesia. No ahondaremos en eso; sólo lo digo para que mediten en ello.
. . . y por haberse multiplicado la maldad, el amor de muchos se enfriará.
¿Vemos que la maldad se está multiplicando en el mundo hoy? ¿Sí o no? No creo que nadie pudiera decir que no. Eso fue lo que dijo Jesús. Se multiplicará la maldad, y ¿qué dijo Jesús que sería el resultado? El amor de muchos cristianos se enfriará. La palabra “amor” ahí es agape, la palabra que se usa específicamente para señalar el amor cristiano. De modo que por la presión que ejerce la maldad en el mundo, algunos de nosotros dejaremos que nuestro amor se enfríe.
El próximo versículo es muy significativo. Versículo 13:
Mas el que persevere hasta el fin, éste será salvo.
En realidad, en griego es más específico. Dice: “El que haya perseverado hasta el fin será salvo”. Entonces, ¿cómo hacemos para conservar nuestra salvación? Debemos perseverar, así es. Somos salvos ahora, pero para conservar nuestra salvación, tenemos que perseverar. Le digo a la gente y cuando lo digo, nadie me nadie me bendice por haberlo dicho: “Hay una sola manera de aprender a perseverar, y es perseverando”. Así es. Así que si usted está perseverando en este momento, recuerde que Dios lo está entrenando para que pueda perseverar hasta el fin del siglo. ¿Se dan cuenta?
Y luego dice:
Y será predicado este evangelio del reino en todo el mundo, para testimonio a todas las naciones . . .
Usted dice que saldrá a predicar el evangelio cuando las cosas sean más fáciles. ¡No, no, no! Las cosas se van a poner cada vez más difíciles. Vamos a necesitar agallas para salir y predicar el evangelio. ¿Qué les parece esa palabra “agallas”? Es un poco fuerte. ¿Saben lo que significa? Coraje. Eso es lo que necesitamos. Cristianos que tengan agallas. Las cosas no van a ponerse más fáciles. Van a ponerse más difíciles. Si usted cree que ya es demasiado difícil, pues, empiece a moverse rápidamente antes de que se ponga más difícil.
La Iglesia que Jesús quiere no va a ser detenida por la oposición o la persecución; está comprometida a Jesús y a llevar a cabo sus propósitos y su labor.
Pasemos a hablar de los acontecimientos asociados con la venida de Jesús, y les daré una pequeña lista de acontecimientos, no necesariamente en el orden correcto. ¿Saben por qué? Porque en realidad no sé cuál es el orden correcto. He conocido a algunos hombres muy instruidos en materia bíblica que sí creían saber el orden correcto. El problema es que no estaban de acuerdo unos con otros, ¡y todos no podían tener razón! Yo estoy dispuesto a dejárselo al Señor. ¿Me explico? No soy un entremetido; no acoso al Señor con preguntas. En cierto momento, David dijo: “Como un niño destetado está mi alma. Espera, oh Israel, en Jehová”. También dijo otras cosas . . . [no se entiende].
El ejemplo que les voy a dar es tan gráfico. Espero que no piensen que soy maleducado. Hace años, solía predicar a multitudes de africanos. En las dos primeras filas se sentaban las madres lactantes y cada vez que su bebé empezaba a chillar, las madres empezaban a darle el pecho ahí mismo delante de mí. De modo que aprendí a mirar por encima de las primeras dos o tres filas. ¿Pero saben lo que noté? Un niño no destetado llora y grita mucho cuando quiere comer, pero un niño destetado espera a que la madre le prepare la comida. David dijo: “Mi alma es como un niño destetado. No fastidio a Dios con mis problemas. Sólo dejo que él me muestre las cosas que quiere mostrarme”. La clave para entender la profecía bíblica es dejar que el Espíritu Santo le muestre las cosas que él quiere revelarle en un momento dado. No sea como un niño no destetado.
Ahora, estos son algunos de los acontecimientos: la resurrección y el juicio de los verdaderos cristianos. Primero que todo, el rapto. ¿Cuál es su opinión acerca del rapto? 1 Tesalonicenses 4. Algunos expertos en la Biblia le dirán que la palabra “rapto” no aparece en el Nuevo Testamento. Esa es una afirmación un poco ingenua porque depende de qué traducción se usa. Pudiéramos usar una traducción en la cual figura la palabra “rapto”, y sería una traducción completamente exacta. Esto es lo que dice el Señor a través del apóstol Pablo, 1 Tesalonicenses 4:15:
Por lo cual os decimos esto en palabra del Señor: que nosotros que vivimos, que habremos quedado hasta la venida del Señor, no precederemos a los que durmieron.
Los que han muerto. En otras palabras, el hecho de que estemos vivos cuando viene el Señor no quiere decir que lleguemos más rápido que los que han muerto. Al contrario, Pablo dice:
Porque el Señor mismo con voz de mando, con voz de arcángel, y con trompeta de Dios, descenderá del cielo . . .
No sé cómo la gente puede creer en un rapto secreto. Para mí, no hay nada más público que algo que es anunciado desde el cielo con voz de mando, voz de un arcángel y con trompeta de Dios. Quiero decir, ¿qué es lo que pudiera haber de secreto después de eso?
. . . y los muertos en Cristo resucitarán primero.
Antes de que nosotros los que estamos vivos seamos transformados.
Luego nosotros los que vivimos, los que hayamos quedado, seremos arrebatados juntamente con ellos . . .
Ahora, “arrebatados” pudiera muy bien traducirse “raptados”. La palabra “rapto” viene de una palabra en latín que quiere decir asir algo a la fuerza. Y en griego se usa para hablar de un ladrón que entra en una casa y roba algo. Se usa de un lobo que entra en medio de las ovejas y toma una oveja del rebaño. Básicamente da a entender el hecho de agarrar algo repentinamente y por la fuerza. Así será el rapto. Jesús nos asirá; extenderá la mano y nos tomará repentinamente y por la fuerza. Hay una sola diferencia entre Jesús y el ladrón, ¿saben cuál es? El ladrón toma lo que no le pertenece; Jesús solamente tomará a los que son de él, los que le pertenecen en el momento de su venida.
. . . los que hayamos quedado, seremos arrebatados . . .
Pablo dice en otro lugar que seremos transformados en un momento, en un abrir y cerrar de ojos. Eso me parece muy emocionante. Si a usted no le parece emocionante, pues, allá usted. Aquí estamos, sentados en esta reunión, mirándonos. Warren está mirando mi esposa y pestañea. De repente, ella es totalmente transformada, llega a ser una criatura resplandeciente y gloriosa. Él también es transformado. Ella lo mira atónita. No toma mucho tiempo. En un momento, en un abrir y cerrar de ojos, seremos totalmente transformados. ¿Creen que Dios lo puede hacer? Yo sí. Me parece emocionante. Si a usted no le parece emocionante, ¡no sé qué le pasa!
Al rapto le sigue el juicio de los cristianos. Algunos cristianos no se dan cuenta, pero seremos los primeros en ser juzgados. Pedro dijo que el juicio tiene que empezar por la casa de Dios. ¿Qué es la casa de Dios? La Iglesia. 2 Corintios 5:10. Probablemente regresemos a esto cuando hablemos del juicio eterno, pero mirémoslo un momento. 2 Corintios 5:10:
Porque es necesario que todos nosotros [los cristianos] comparezcamos ante el tribunal de Cristo . . .
La palabra que se traduce “comparecer” en realidad quiere decir “ser manifestados”. Me parece una palabra aterradora. Todo lo que somos será revelado en su totalidad; no habrá secretos. Todos seremos manifestados ante el tribunal de Cristo. En griego el tribunal de Cristo es el bima; era el asiento en que se sentaba un oficial romano cuando hacía justicia. Ahí fue que se sentó Poncio Pilato cuando juzgó a Jesús. Hay otro cuadro, el del gran trono blanco donde se juzgará a los que quedan. Éste es el juicio de los cristianos. Por favor recuerden, Romanos 8:1:
Ahora, pues, ninguna condenación hay para los que están en Cristo Jesús.
No es un juicio de condenación; es un juicio para determinar la calidad de nuestro servicio y darnos las recompensas apropiadas. Pablo dice que es necesario que todos comparezcamos ante el tribunal de Cristo:
. . . para que cada uno reciba según lo que haya hecho mientras estaba en el cuerpo, sea bueno o sea malo.
Y fíjense que no hay sino dos categorías: bueno o malo. Juan dice en su primera epístola que toda injusticia es pecado. Cualquier cosa que no es justicia es pecado. Es como si alguien le pidiera que explicara la palabra “torcido”. Yo lo haría de la siguiente manera: le mostraría una línea recta y le diría que toda línea que difiere de ella es torcida. Tal vez la diferencia sea de un grado o tal vez sea de 90 grados, pero es una línea torcida.
Así es con la injusticia. Toda injusticia es pecado. Todo lo que no es bueno es malo. No hay ningún terreno intermedio. Este es un engaño que el enemigo ha promovido dentro de la Iglesia: “Pues, no estoy haciendo lo bueno, pero en realidad tampoco estoy haciendo lo malo”. Eso es imposible. Es una cosa o la otra.
Ese es el tribunal de Cristo. Luego llegamos a la derrota del anticristo y sus potestades. En 1 Juan 4, Juan habla acerca del anticristo de tres maneras: el espíritu del anticristo, muchos anticristos y el anticristo.
El espíritu del anticristo es el espíritu que obra a través de cada anticristo.
Ha habido muchos anticristos a partir del siglo 2 d.C. Uno de los más importantes fue Bar Kochbar, quien dijo ser el mesías, y guió al pueblo judío en la última insurrección en contra de Roma, que fue totalmente aplastada, y la nación entera fue muerta o llevada en cautiverio. Hubo otro llamado Shabbatide Spee [pronunciado fonéticamente] en el siglo 17, quien dijo ser el mesías y dijo que volvería a llevar al pueblo judío al Medio Oriente y lo plantaría en su propia tierra. Fue al Medio Oriente, fue arrestado por los turcos y se convirtió al Islam. Eso causó gran desilusión. La enciclopedia judía registra unos cuarenta falsos mesías que han venido al pueblo judío desde la época de Jesús. Jesús dijo: “Vendrán muchos en mi nombre, diciendo: Yo soy el Cristo; y a muchos engañarán”. De modo que ha habido muchos anticristos y muchos en la Iglesia. No necesitamos hablar muy específicamente de eso.
Pero el anticristo no ha venido todavía. Personalmente creo que ya vemos su sombra proyectada sobre el escenario de la historia de la humanidad, pero él no ha aparecido. Será la personificación misma de la maldad y de todo lo que es satánico. Cuando él gobierne la humanidad, lo cual hará por espacio de unos tres años y medio, será el período más difícil en toda la historia de la humanidad. Dios lo permitirá, porque él le dice al género humano: “Pues, han escogido. Miren lo que han escogido. Me han rechazado a mí y a mi Hijo, y ésta es la alternativa. ¡Pues ahí lo tienen!”
¿Ya se han dado cuenta de que Dios no enseña sólo en teoría? No. Podemos decir: “Señor, de verdad que he aprendido ese principio”. “Está bien” —dice Dios—, “ahora vamos a ver cómo lo pones en práctica en tu vida”. Así va a ser con la humanidad. Dios va a enseñarle la más terrible lección que jamás ha tenido que aprender. Poncio Pilato le presentó al pueblo judío dos hombres: Jesús y Barrabás. Barrabás era un criminal, un hombre violento, un agitador. Pilato dijo: “¿A cuál de estos dos pongo en libertad?” Y ellos dijeron: “Danos a Barrabás y crucifica a Jesús”. Al final de los tiempos el género humano hará algo parecido. Dirá: “No queremos a este Cristo; danos al líder que hemos escogido. Este hombre brillante, talentoso que tiene poder para hacer milagros, éste es el que queremos”. Y saben lo que pasó, el pueblo judío recibió lo que pidió. También dijeron a Pilato: “No tenemos más rey que Cesar”. Es increíble que el pueblo judío haya dicho eso, y por diecinueve siglos, han sido gobernados por los Césares, y los Barrabases han sido puestos en libertad. Así ha sido en realidad la historia de los judíos. Lo mismo le va a pasar al género humano. Se nos dará lo que hayamos escogido. Los que escojamos a Jesús estaremos bajo su dominio. Los que rechacen a Jesús estarán bajo el dominio del anticristo.
Tengo que seguir. La derrota del anticristo, Apocalipsis 19:19–21. Es aquí que Jesús aparece desde el cielo montado en un caballo blanco. ¿Creen ustedes que hay caballos en el cielo? ¡Que lo crean o no es asunto suyo!
Y el que lo montaba se llamaba Fiel y Verdadero, y con justicia juzga y pelea.
Fíjense que Jesús pelea.
Sus ojos eran como llama de fuego, y había en su cabeza muchas diademas [coronas reales]...
Y luego dice en el versículo 15:
De su boca sale una espada aguda, para herir con ella a las naciones, y él las regirá con vara de hierro; y él pisa el lagar del vino del furor y de la ira del Dios Todopoderoso. Y en su vestidura y en su muslo tiene escrito este nombre: Rey de reyes y Señor de señores.
Aquí se manifiesta Jesús como el gobernante designado de Dios que viene a encargarse de los malignos.
Y luego dice un poco más adelante en ese capítulo, versículos 19–21:
Y vi a la bestia [es decir el anticristo] . . .
Es bastante interesante. Apocalipsis, el último libro de la Biblia, tiene dos personajes que están en oposición uno al otro. Uno es el Cordero, el otro la bestia. El Cordero es Jesús; la bestia es el anticristo. La palabra “el Cordero” aparece veinte y ocho veces en el libro de Apocalipsis. La bestia aparece treinta y tres veces refiriéndose al anticristo. Este es el conflicto que surgirá al final de los tiempos; es entre el Cordero y la bestia. ¿Y saben quién gana? El Cordero, así es. Es una lección para nosotros, porque no ganamos mediante la violencia, ni mediante el odio, ni mediante la fuerza bruta. Ganamos cuando entregamos nuestra vida como Jesús. ¿Recuerdan que en el capítulo cinco de Apocalipsis, Juan estaba llorando porque no había nadie que abriera el libro? Uno de los ancianos dijo: “No llores. Todo está bien. El León de la tribu de Judá ha vencido”. Recuerden, queridos hermanos, que Jesús sigue siendo el León de la tribu de Judá. ¿Saben qué designación nos viene de la palabra “Judá”? Judío. Así que él todavía es judío. No se hizo judío sólo por treinta y tres años; se identificó con la tribu de Judá para toda la eternidad. Al tratar con los judíos, recuerden que están tratando con los hermanos de Jesús. Más vale que tengan cuidado.
Y vi a la bestia, a los reyes de la tierra y a sus ejércitos, reunidos para guerrear contra el que montaba el caballo, y contra su ejército. Y la bestia fue apresada, y con ella el falso profeta que había hecho delante de ella las señales con las cuales había engañado a los que recibieron la marca de la bestia, y habían adorado su imagen. Estos dos fueron lanzados vivos dentro de un lago de fuego que arde con azufre. Y los demás fueron muertos con la espada que salía de la boca del que montaba el caballo, y todas las aves se saciaron de las carnes de ellos.
Ese es el sistema divino de recolección de basura. Son las aves. Ellas limpian todo. Sólo dejan huesos limpios. Encontrarán en Ezequiel que tienen un sistema de enterrar aquellos huesos. No vamos a entrar en detalles. Todo eso viene más adelante.
Ahora, en medio de todo esto está Israel, el pueblo judío, que ha sido desplazado del centro de la historia por diecinueve siglos y está volviendo a retomar el centro de la historia. No sé si lo habrán notado, hoy día Israel es una nación muy pequeña. Es más pequeña que el País de Gales, más pequeña que el estado de New Hampshire en los Estados Unidos. Hay allí unos cuatro millones de judíos, y alrededor de un millón de no judíos. Sin embargo, está en las noticias casi todos los días, aun aquí en Nueva Zelanda. Ruth y yo hemos notado que casi no pasa ni un día sin que haya un reportaje de Israel. ¿Saben por qué? Porque Israel está volviendo a retomar el centro del escenario en preparación para la culminación de esta era. Ahí estará cuando venga la consumación final.
En Romanos 11 hay una revelación muy importante. Romanos 11:25–26. Pablo dirige estas palabras a cristianos de origen gentil, es decir no judío. ¿Cuántos de ustedes saben que la mayoría de ustedes son gentiles? Yo soy gentil. Warren es gentil. Ruth es judía. Pero está en la minoría. Los no cristianos son paganos, pero los no judíos son gentiles. Esto es difícil de entender para algunas personas. Pablo está escribiéndoles a cristianos de origen gentil y esto es lo que dice. Romanos 11:25:
Porque no quiero, hermanos, que ignoréis este misterio [este secreto que Dios viene guardando], para que no seáis arrogantes en cuanto a vosotros mismos . . .
No se envanezcan. No tengan más alto concepto de sí que el que deben tener. ¿Cuál es el misterio?
. . . que ha acontecido a Israel endurecimiento en parte, hasta que haya entrado la plenitud de los gentiles.
Fíjense que es un endurecimiento en parte. El pueblo judío nunca ha sido endurecido en su totalidad; siempre ha habido judíos en cada generación que creían en Jesús. A veces eran una minoría muy pequeña. Pero ha acontecido a Israel endurecimiento en parte, no para siempre sino por un tiempo. ¿Hasta qué? Hasta que haya entrado la plenitud de los gentiles. Hasta que la Iglesia haya hecho su labor y haya proclamado este evangelio del reino a todas las naciones. Y mientras tanto, el Señor ha empezado a recoger la siega de los gentiles. Yo personalmente creo que la siega más grande que la Iglesia jamás ha visto está todavía por venir. Creo que millones de personas van a entrar al reino de Dios. Pero tengan en cuenta que es una preparación para la restauración de Israel.
Y luego Pablo sigue diciendo en el versículo 26:
. . . y luego todo Israel será salvo.
Israel es la única nación de la que la Biblia predice que toda la nación será salva. No dice toda Nueva Zelanda, ni toda Gran Bretaña, ni todos los Estados Unidos, ni toda Rusia, sino que todo Israel será salvo.
Por otra parte, hay que tener en cuenta que todo Israel no quiere decir todos los habitantes de Israel que estén vivos hoy, porque en Romanos 9:27, Pablo cita a Isaías y dice:
Si fuere el número de los hijos de Israel como la arena del mar, tan sólo el remanente será salvo.
El remanente es aquel que Dios ha conocido desde antes y escogido para sí. De modo que no son todos los judíos que estén vivos en la nación de Israel en la actualidad, sino el remanente que Dios hará pasar por gran tribulación y sufrimiento y grandes pruebas a fin de hacerlo suyo.
Entonces vendrá Jesús juzgando a las naciones gentiles. Joel 3:1–2 nos pinta un cuadro de esto. Es sumamente importante que nosotros los no judíos entendamos esto. Joel 3:1–2:
Porque he aquí que en aquellos días, y en aquel tiempo [Está hablando Dios] en que haré volver la cautividad [es decir, el exilio] de Judá y de Jerusalén . . .
En otras palabras, en los días en que estamos viviendo, en que Dios está haciendo volver a su propia tierra a exiliados judíos de más de cien naciones, Dios dice:
. . . reuniré a todas las naciones [naciones gentiles], y las haré descender al valle de Josafat . . .
Josafat en hebreo quiere decir: “El Señor juzga”.
. . . y allí entraré en juicio con ellas a causa de mi pueblo, y de Israel mi heredad, a quien ellas esparcieron entre las naciones, y repartieron mi tierra . . .
Esto es algo sumamente importante que necesitamos entender. Dios va a juzgar a las naciones en base a cómo hayan tratado al pueblo judío. Y en particular, va a juzgarlas por haber hecho una cosa: por haber dividido su tierra. ¿Cuál es la palabra política hoy día para decir “dividir”? Repartir. Eso es precisamente lo que han hecho las naciones y lo que están intentando hacer ahora mismo. Dios está enojado con ellas. Los que amamos a nuestra nación necesitamos estar orando fervientemente que nuestra nación no tome una posición contraria a los propósitos de Dios.
No dice allí que serán juzgados los judíos. Mi opinión personal es que los judíos ya habrán pasado por su propio juicio, la gran tribulación. Hace años alguien dijo algo que vale la pena considerar. “Dios bendice a los judíos directamente y bendice a los gentiles por medio de los judíos. Dios juzga a los gentiles directamente y juzga a los judíos por medio de los gentiles”. Creo que la historia lo ha comprobado vez tras vez.
De modo que Israel pasará por su juicio en la gran tribulación. Ya habrán sido juzgados, y luego las naciones que los persiguieron serán juzgadas. En Mateo 25, Jesús dice . . . me parece que debo leer esas palabras porque es tan claro que se trata de Joel 3 en el Nuevo Testamento. Mateo 25, la última parte del capítulo, versículo 31:
Cuando el Hijo del Hombre venga en su gloria, y todos los santos ángeles con él, entonces se sentará en su trono de gloria . . .
Es el mismo cuadro que vemos en Joel 3:1:
. . . y serán reunidas delante de él todas la naciones [los gentiles]; y apartará los unos de los otros, como aparta el pastor las ovejas de los cabritos.
Si han estudiado ese capítulo verán que Dios aparta los unos de los otros de acuerdo a cómo hayan tratado a los hermanos de Jesús. De modo que las naciones necesitan saber. Necesitamos mantener informada a nuestra nación. Necesitamos levantar la voz y prevenir a nuestras naciones: “Van a ser juzgadas de acuerdo a la manera en que hayan tratado con el pueblo de Dios y con la nación de Dios, Israel”.
Después de eso, será establecido el reino de Cristo en la tierra. Cada vez que oran el padrenuestro —lo cual probablemente hacen con bastante frecuencia— lo que tal vez no sepan es que están pidiendo que se establezca el reino de Cristo en la tierra. La primera petición es: “Venga tu reino”. Eso tiene prioridad sobre todas las demás peticiones. Al pedir eso, que lo sepan o no, están orando para que Jesús venga y se establezca su reino en la tierra. Isaías 24:19 habla de esto. ¿Ven lo importante que es tener un conocimiento de las profecías bíblicas? Isaías 24:19; aquí vemos un cuadro del final de los tiempos. Se repite lo mismo muchas veces en Apocalipsis. Este es el cuadro:
Será quebrantado del todo la tierra, enteramente desmenuzada será la tierra, en gran manera será la tierra conmovida. Temblará la tierra como un ebrio, y será removida como una choza; y se agravará sobre ella su pecado, y caerá, y nunca más se levantará.
Se trata de la tierra, el planeta en que vivimos.
Acontecerá en aquel día, que Jehová castigará al ejército de los cielos en lo alto, y a los reyes de la tierra sobre la tierra.
El Señor se enfrentará a dos reinos: el reino de Satanás en los lugares celestiales y el reino del hombre en la tierra. Castigará a todos los que rehúsen someterse a su gobierno justo, encarnado en la persona de Jesús.
Y serán amontonados como se amontona a los encarcelados en mazmorra, y en prisión quedarán encerrados, y serán castigados después de muchos días.
Ahora, me gusta este versículo; es el punto culminante.
La luna se avergonzará, y el sol se confundirá, cuando Jehová de los ejércitos reine en el monte de Sion y en Jerusalén, y delante de sus ancianos sea glorioso.
El reino del Señor habrá sido restablecido en su capital, que es Jerusalén. ¿Por qué habría de avergonzarse la luna, y confundirse el sol? Creo tener la respuesta a esto. En Lucas 9:26 habla de la venida de Jesús. Lucas 9:26. Jesús dice:
Porque el que se avergonzare de mí y de mis palabras, de éste se avergonzará el Hijo del Hombre cuando venga en su gloria, y en la del Padre, y de los santos ángeles.
¡Imagínense eso! Jesús viene en su propia gloria, la gloria del Padre y la gloria de los santos ángeles. El resplandor de esa gloria es algo que no podemos ni empezar a imaginar, y sin embargo, no nos dañará los ojos. Pero el sol y la luna tendrán que quedar en segundo plano y decir: “La luz que ofrecemos no es nada comparada con la que viene con Jesús”. Por eso es que se avergonzarán.
Tengo que seguir rápidamente y sólo les daré las referencias; no tengo tiempo de buscarlas.
Lo que pasará después es que Jesús establecerá su reino por mil años. Mil años, dice la Biblia, es como un día. Así que para el Señor es un día.
Luego Satanás será soltado de su cárcel brevemente y saldrá a provocar rebeldía en las naciones, lo cual es su misión. El Señor intervendrá y traerá juicio final sobre las naciones y Satanás será echado al lago de fuego donde ya se encuentran el anticristo y el falso profeta. El cielo actual y la tierra actual pasarán y surgirán un nuevo cielo y una nueva tierra. Todos los muertos comparecerán ante el gran trono blanco de Dios para ser juzgados.
Ahora bien, mañana, con la ayuda de Dios, si Dios quiere y estamos vivos, hablaremos del juicio eterno de Dios. Que el Señor los bendiga.
Código: MV-4167-100-SPA