Nuestra proclamación esta mañana la tomamos de 1 de Crónicas 28:20. Estas son las instrucciones que David le dio a Salomón para completar el templo. Están en la segunda persona del singular, pero nosotros las hemos aplicado a nuestra vida, así que las confesamos en la primera persona del singular. ¿Entienden la idea? Esa es una de las funciones de la proclamación: aplicar la Palabra de Dios a nuestra vida de una manera personal.

“Seremos fuertes y de buen ánimo y haremos. No temeremos ni nos desanimaremos, porque el Señor Dios, nuestro Dios, estará con nosotros. No nos dejará ni nos abandonará hasta que hayamos terminado toda la obra para el servicio de la casa del Señor. Amén.”

Ahora vamos a continuar con el estudio de las seis doctrinas de fundamento que se mencionan en Hebreos 6:1–2. Ya hemos hablado de las tres primeras: arrepentimiento de obras muertas, fe en Dios y la doctrina de bautismos. Con respecto a la doctrina de bautismos, señalé que el Nuevo Testamento habla de tres bautismos diferentes: el bautismo de Juan el Bautista, el bautismo cristiano y el bautismo en el Espíritu Santo.

Ahora en esta charla vamos a seguir con la cuarta doctrina de fundamento, que es la imposición de manos. El título que le he puesto a este mensaje es: “Transmitiendo el poder de Dios”.

A muchos de nosotros tal vez nos sorprenda un poco ver que la imposición de manos figura entre las doctrinas de fundamento, porque en la actualidad se habla muy poco de esto en la mayoría de las congregaciones. Pero si reflexionamos, veremos que es sumamente lógico; tiene que figurar, ya que la imposición de manos, es decir la transmisión del poder y de la autoridad de Dios, es lo que le da continuidad al Cuerpo de Cristo. Hace que haya continuidad entre un ministro de más alto rango y uno subalterno, entre una generación y otra. De modo que la función básica de este ministerio de la imposición de manos es hacer que haya continuidad dentro del Cuerpo de Cristo. En algunas tradiciones, afirman que esta continuidad se ha preservado desde la época del apóstol Pedro hasta ahora. No voy a opinar al respecto; sólo quiero señalar que el razonamiento que está detrás de eso tiene lógica. Necesitamos una manera de continuar de generación en generación, de ministerio en ministerio, y para este fin, las Escrituras nos ofrecen esta ordenanza de la imposición de manos.

Es interesante; la encontramos en el primer libro de la Biblia, y en realidad, se extiende desde allí a través de toda la historia del pueblo de Dios. Es un elemento indispensable en la historia del pueblo de Dios.

Yo diría que tiene varios objetivos espirituales. Primero que todo, fijémonos en el hecho de que tocar a otro ser humano con la mano es una reacción humana natural. Una madre que tiene un bebé enfermo con fiebre casi sin pensarlo pone la mano en la frente de la criatura. O bien, al encontrarse dos hombres que no se han visto por mucho tiempo, se dan la mano, o ponen su mano sobre el hombro del otro, pero de una manera u otra tocan a la otra persona con la mano. Tocándose con la mano es una de las maneras principales en que los seres humanos hacen contacto unos con otros.

En el contexto espiritual, quiero plantear que hay ciertos propósitos que se cumplen. Primero que todo, se transmite algo. En la Biblia vemos que la imposición de manos se usa para transmitir bendiciones, autoridad, sabiduría, el Espíritu Santo, un don espiritual o un ministerio. Permítanme repetir esa lista. Se usa para transmitir bendiciones, autoridad, sabiduría, el Espíritu Santo, un don espiritual o un ministerio.

Y en segundo lugar, se usa para comisionar. Es la manera bíblica de comisionar a una persona para que sirva dentro del Cuerpo de Cristo. Al hacerlo, se reconoce el llamamiento de Dios. Necesitamos entender que las cosas en la iglesia no se resuelven según el voto de la gente. Dios no está sujeto a nuestro voto. En muchas iglesias se vota para escoger a los pastores o diáconos, o quien sea, y en realidad, no es bíblico. Dios es el que nombra. Jesús dijo a sus apóstoles: “No me elegisteis vosotros a mí, sino que yo os elegí a vosotros”. A mi juicio, funciona así para cada función, cada ministerio y cada nombramiento legítimo en la iglesia. No es el hombre quien escoge, sino Dios, porque Jesucristo es la cabeza sobre todas las cosas a la iglesia, que es su Cuerpo. Me parece que los nombramientos que no se hacen según la autoridad de Jesús en realidad no tienen validez. A mi juicio, al nombrar a alguien, no somos nosotros los que designamos a la persona para cierto cargo, sino que reconocemos que Dios ha escogido a esa persona para ese cargo. Me parece que estando en una reunión en la iglesia para hablar de diáconos, nuestro propósito no debería ser decidir quiénes queremos nosotros, sino quiénes Dios ha escogido. Es una actitud muy diferente.

Nos hemos corrompido bastante por causa de la democracia, la cual no tiene mucha cabida en la Biblia, ni en la iglesia. No voy a seguir hablando de eso porque es un tema bastante controversial y no tengo tiempo de caer en polémicas.

En segundo lugar, además de usarse para reconocer un ministerio, la imposición de manos se usa para apartar a una persona para cierto ministerio o cierta labor.

En tercer lugar, se usa para respaldar o dar autoridad.

Y en cuarto lugar, se usa para equipar, es decir, transmitir el don espiritual, la autoridad espiritual o cualquier otra cosa que la persona necesite para llevar a cabo la tarea que Dios le ha encomendado.

Permítanme repetir esa lista porque es importante. La imposición de manos se usa para comisionar a las personas en el sentido de reconocer quién Dios ha escogido, no decidir uno a quién se le debe dar el cargo. Se usa para apartar a una persona para una cierta tarea o un cierto ministerio, y también para respaldar a la persona, transmitiéndole autoridad. Además, se usa para equiparlo, proveyéndole toda la autoridad espiritual y todos los dones que necesitará.

Miremos ahora algunos ejemplos, primeramente del Antiguo Testamento. Busquemos Génesis 48 y leamos desde el versículo 8 hasta el versículo 19, que es un pasaje muy interesante. En este pasaje, José trae a sus dos hijos a su padre Jacob, que también se llama Israel, para que Jacob bendiga a sus nietos. Y permítanme decir que después de la bendición de Dios, la bendición más deseable es la de un padre o de un abuelo. Quiero decirles a todos ustedes, especialmente a los más jóvenes, que si es posible, obtengan la bendición de su padre sobre cualquier cosa que hagan. Es sumamente importante. La única bendición que vale más es la bendición de Dios mismo. Verán que en la Biblia se le daba una gran importancia a la bendición del padre. Pues, aquí estamos en el versículo 8:

“Entonces Israel [es decir, Jacob] vio a los hijos de José y dijo: ‘¿Quiénes son estos?’ Y José dijo a su padre: ‘Estos son mis hijos que Dios me ha dado en este lugar [es decir, Egipto].’ Y él dijo [es decir, Jacob]: ‘Por favor, tráelos a mí y los bendeciré.’ Ahora, los ojos de Israel estaban nublados por la edad, de modo que no podía ver. Entonces José los acercó a él y los besó y los abrazó. Y Israel [es decir, Jacob] dijo a José: ‘No había pensado en ver tu rostro; pero de hecho Dios también me ha mostrado tu descendencia.’”

Si hay una cosa que me conmueve profundamente, es la fidelidad de Dios. No es por dolor ni tristeza, pero cada vez que pienso en la fidelidad de Dios, se me salen las lágrimas.

“Entonces José los trajo de junto a sus rodillas y se inclinó con su rostro a la tierra.”

Fíjense el respeto que las personas en la Biblia mostraban hacia los padres y las personas mayores.

“Y José los tomó a ambos, a Efraín con su mano derecha hacia la mano izquierda de Israel, y a Manasés con su mano izquierda hacia la mano derecha de Israel, y los acercó a él. Entonces Israel extendió su mano derecha y la puso sobre la cabeza de Efraín, que era el menor, y su mano izquierda sobre la cabeza de Manasés, guiando sus manos sabiamente, pues Manasés era el primogénito.”

Generalmente el primogénito recibía la mayor bendición, y ésta se transmitía con la mano derecha. José tenía todo arreglado para que Manasés, que era el mayor, estuviera en frente de la mano derecha de Jacob. Pero Jacob, movido por el Espíritu Santo, cruzó las manos y puso la mano derecha sobre Efraín y la mano izquierda sobre Manasés.

“Bendijo a José y dijo: ‘Dios ante quien anduvieron mis padres Abraham e Isaac, el Dios que me ha alimentado toda mi vida hasta este día, el ángel que me ha redimido de todo mal...’”

¿Saben cuándo ocurrió eso? Cuando Jacob se encontró con el ángel en Peniel. A eso se refería.

“…el ángel que me ha redimido de todo mal, bendiga a los muchachos; que mi nombre sea invocado sobre ellos, y el nombre de mis padres Abraham e Isaac; y que crezcan en una multitud en medio de la tierra.”

¿Se dan cuenta además de lo importante que es transmitir un nombre? Muchas de estas cosas ya no están de moda hoy día, pero para Dios, nunca han dejado de tener vigencia.

“Ahora bien, cuando José vio que su padre puso su mano derecha sobre la cabeza de Efraín, le desagradó; así que tomó la mano de su padre para quitarla de la cabeza de Efraín y ponerla sobre la cabeza de Manasés. Y José dijo a su padre: ‘¡No así, padre mío! Porque este es el primogénito, pon tu mano derecha sobre su cabeza.’ Pero su padre se negó y dijo: ‘Lo sé, hijo mío, lo sé; también él será un pueblo, y también será grande. Pero verdaderamente su hermano menor será mayor que él, y sus descendientes serán una multitud de naciones.’ Así que los bendijo ese día, diciendo: ‘Por ti Israel bendecirá, diciendo: ‘¡Que Dios te haga como a Efraín y a Manasés!’ Y así puso a Efraín delante de Manasés.”

Es un cuadro muy gráfico, ¿verdad? Es muy exacto. Ya se sabía que la bendición mayor vendría de la mano derecha del padre. Y era algo tan real que verdaderamente se transmitía algo. No era simplemente una formalidad, ni una ceremonia; era un acontecimiento vital en la vida de dos jóvenes, Efraín y Manasés. En realidad, determinó su destino de ahí en adelante.

Pues, nunca debemos subestimar el significado y la importancia de la imposición de manos cuando se administra por obra del Espíritu Santo.

Y ahora vamos a mirar Números 27 donde vemos que Moisés le estaba diciendo al Señor que era tiempo de nombrar al líder que lo había de seguir. Moisés sabía que no entraría a la Tierra Prometida, pero se preocupaba muchísimo por el pueblo de Dios, Israel. De modo que le dijo al Señor en Números 27:15:

“Entonces Moisés habló al Señor, diciendo: ‘Que el Señor, el Dios de los espíritus de toda carne, ponga a un hombre sobre la congregación...’”

Me parece eso importante. Él es el Dios de los espíritus de toda carne. Es el Dios que conoce el espíritu de cada persona. Él ve hasta lo más profundo del carácter humano.

“Que el Dios de los espíritus de toda carne ponga a un hombre sobre la congregación que pueda salir delante de ellos y entrar delante de ellos, que los pueda sacar y traer, para que la congregación del Señor no sea como ovejas que no tienen pastor.”

Y toda la Biblia nos dice, desde el principio hasta el fin, que las ovejas sin pastor serán esparcidas y se convertirán en presa. Es un mensaje que se encuentra en toda la Biblia. Permítanme decir que salvo en circunstancias muy excepcionales, cada uno de ustedes debería tener un pastor humano que cuide de su alma con mucho cuidado...es sumamente importante. Regresaremos a eso dentro de poco al estudiar otro tema.

En fin, ¿cómo respondió el Señor?

“El Señor dijo a Moisés: ‘Toma a Josué, hijo de Nun, contigo, un hombre en quien está el Espíritu, y pon tu mano sobre él. Preséntalo ante Eleazar, el sacerdote, y ante toda la congregación, y comisionalo en su presencia, y le darás parte de tu autoridad.’”

Me gusta eso. No toda tu dignidad, porque Moisés tenía autoridad única. Pero, dale una buena porción de tu dignidad porque la va a necesitar.

“Darás parte de tu autoridad a él para que toda la congregación de los hijos de Israel le obedezca. Él estará delante de Eleazar el sacerdote, quien consultará al Señor por él mediante el juicio de los Urim. A su palabra [esa es la palabra de Josué] saldrán y a su palabra entrarán, tanto él como todos los hijos de Israel con él.”

Toda la congregación.

“Y Moisés hizo como el Señor le había mandado. Tomó a Josué y lo presentó ante Eleazar el sacerdote y ante toda la congregación. Y le impuso las manos y lo comisionó tal como el Señor había mandado por medio de Moisés.”

Pues, toda la congregación tenía que ser testigo de que la autoridad de Moisés, a quien habían seguido por cuarenta años, se transmitía a su sucesor. Fue un acontecimiento crucial para el bienestar de todo el pueblo de Dios.

Además, no fue sólo una ceremonia; algo muy real le sucedió a Josué. En Deuteronomio 34 vemos el siguiente comentario que es interesante:

Ahora Josué, hijo de Nun, estaba lleno del Espíritu de sabiduría, porque Moisés le impuso las manos.

Entonces, ¿se dan cuenta de lo que recibió mediante la imposición de manos? Recibió el espíritu de sabiduría. No fue simplemente una formalidad, ni una ceremonia; verdaderamente se transmitió un espíritu de sabiduría.

Sigamos ahora con otro ejemplo del Antiguo Testamento, en 2 Reyes 13. Es la escena final del ministerio de Eliseo. Sin embargo, en realidad no fue la escena final, porque como recordarán, Eliseo murió y fue sepultado, y luego una banda de merodeadores vino a invadir a Israel y los que estaban sepultando a otro hombre tuvieron que arrojar el cadáver en el sepulcro de Eliseo y huir. Al tocar los huesos de Eliseo, el muerto revivió. ¡Qué increíble! ¿No les parece? ¡Qué maravilloso que el poder de Dios se pueda transmitir de tantas maneras fuera de lo normales! Leamos 2 Reyes 13:14:

“Y Eliseo había caído enfermo de la enfermedad de la cual moriría...”

Esto es tan . . . qué diría yo . . . no es lo que nos imaginaríamos. Murió de una enfermedad, y sin embargo, sus huesos estaban tan impregnados del poder de Dios que cuando un muerto llegó a tocarlos, revivió. Eso no se puede explicar. Hay algunas cosas que no se pueden explicar.

Permítanme contarles rápidamente algo que pasó. Estoy tan cansado de que la gente siempre quiera darle una explicación a todo lo que hace Dios. En Sudáfrica hace unos años, Ruth y yo estábamos ministrando en una iglesia de las Asambleas de Dios, y el pastor asociado, un hombre joven, había estado jugando “squash”, un juego de pelota, se había caído y se había fracturado el brazo en cuatro lugares. Vino para que oráramos por él, y yo dije: “Sé que esto puede parecer extraño, pero voy a ver si sus piernas tienen el mismo largo, porque eso es lo que Dios me ha dicho que haga. Si sus piernas no tienen el mismo largo, la pierna más corta crecerá y usted sabrá que Dios lo ha tocado”. Luego dije: “Asegúrese de darle gracias a Dios por su sanidad”. La verdad es que cuando la gente tiene una verdadera necesidad, hace muchas cosas extrañas que no haría en otras ocasiones. De modo que así lo hicimos: yo le sostuve la pierna, y creció. Yo sabía que Dios lo había tocado. Regresó al doctor y le hicieron una radiografía. Esto es lo que no puedo explicar. Había tenido cuatro fracturas en el brazo. Tres de ellas se habían sanado completamente, y la cuarta todavía estaba ahí. El pastor de más alto rango me dijo: “Explíqueme eso”. No puedo explicarlo. Pudiera decir que su fe llegaba a un setenta y cinco por ciento, pero no sería una explicación muy convincente. ¡Estoy tan cansado de que la gente quiera saber y poder explicar todo lo que hace Dios! Hay muchas cosas que hace Dios que no puedo explicar. No me preocupa en lo absoluto dejárselas a él.

Pero en fin, sigamos con la historia.

“Joás, el rey de Israel, descendió a Eliseo y lloró sobre su rostro y dijo: ‘Oh, padre mío, padre mío, los carros de Israel y su gente de a caballo.’”

Eso fue lo mismo que Eliseo mismo le dijo a Elías cuando éste fue arrebatado en el carro. Y ahí hay en realidad un mensaje para todos nosotros. Un hombre que verdaderamente conoce a Dios puede defender a una nación. Puede ser más fuerte que un ejército. Y Joás, que no era un rey muy piadoso, reconoció lo que Eliseo representaba para su pueblo.

“Y Eliseo le dijo: ‘Toma un arco y unas flechas.’ Así que él tomó un arco y unas flechas. Luego le dijo al rey de Israel: ‘Pon tu mano en el arco.’ Entonces él [es decir, el rey] puso su mano en el arco y Eliseo puso sus manos sobre las manos del rey. Y dijo: ‘Abre la ventana del este,’ [que era la dirección de Siria, el enemigo de Israel] y él la abrió. Y Eliseo dijo: ‘Dispara,’ y él disparó. Y dijo: ‘La flecha de la liberación del Señor y la flecha de liberación de Siria, porque debes golpear a los sirios en Afec hasta que los hayas destruido.’”

Y vemos que Joás tiró con las saetas tres veces, y tres veces venció a los sirios. Eliseo se enojó con él porque debió haber tirado más veces. Pero lo que quiero sacar a relucir es que lo que hizo que esto tuviera efecto fue que Eliseo puso las manos sobre las manos del rey cuando éste sostenía el arco. Una vez más, esto es algo sobrenatural, pero muestra que algo real puede suceder cuando una persona le impone manos a otra.

Ahora vayamos al Nuevo Testamento, y quiero examinar los objetivos de la imposición de manos en el Nuevo Testamento. Primero que todo, es para impartir sanidad a los enfermos. Al comisionar a sus discípulos ante la presencia del Padre en Marcos 16:16 y los versículos que siguen, Jesús dijo:

“Estas señales seguirán a los que creen...”

Y la quinta señal era:

“…pondrán las manos sobre los enfermos y sanarán.”

En otras palabras, imponerles manos a los enfermos era una manera de ministrar la sanidad de Dios a los enfermos.

En Santiago 5:14–15 hay otra ordenanza. Dice:

“¿Hay algún enfermo entre vosotros [creyentes]? Llame a los ancianos de la iglesia y que ellos oren por él, ungiéndolo con aceite en el nombre del Señor.”

Eso es parecido. Los ancianos han de orar por él e imponer manos, pero también han de ungirlo con aceite. Y como me imagino que sabrán, el aceite siempre es un tipo del Espíritu Santo. De modo que el aceite no produce la sanidad, sino que es un símbolo de que mediante esa ceremonia, el Espíritu Santo toca el cuerpo del enfermo.

Ahora, quiero hacer una pregunta. ¿Cuál es la diferencia entre simplemente imponer manos, e imponer manos y ungir con aceite? Quiero plantearles —y esta no es sino una regla general— que la imposición de manos sin el ungir con aceite era para personas que no eran miembros de la iglesia. Pero para los miembros de la iglesia, después de imponer manos, se ungía con aceite. También quiero señalar que el Nuevo Testamento indica que generalmente cada creyente debe formar parte de una congregación, porque dice: “¿Está alguno enfermo entre los creyentes? Que llame a los ancianos de la iglesia, y que oren por él, ungiéndole con aceite”. Ahora, si una persona asiste a una iglesia el domingo por la mañana y a otra el domingo por la noche, ¿a cuáles ancianos llamará? Y si la persona no tiene ancianos a quienes llamar, ¿qué hará cuando está enfermo? ¿Se dan cuenta? En otras palabras, el Nuevo Testamento da por sentado que, con ciertas excepciones, el creyente será miembro de una congregación, que los líderes lo conocerán y que él reconocerá su liderazgo, y tendrá acceso a su ministerio.

Permítanme mencionar otra cosa. Esto no tiene que ver con nuestro tema, pero en el libro de Apocalipsis, capítulos 2 y 3, se envían siete mensajes. Se envían a siete iglesias, sólo a las iglesias. La persona que no pertenecía a una iglesia no recibía ningún mensaje. Siento que Dios quiere que haga hincapié en esto. Siento que algunos de ustedes son como las cabras monteses: se encuentran muy separados de la manada y no tienen pastor. Es peligroso estar en esa situación. Someterse a la autoridad humana requiere humildad, pero Dios bendice a los humildes y resiste a los soberbios. Así que usted tiene que escoger.

Hay excepciones; hay situaciones en que esto no se aplica. No sea una excepción si debería ser parte de la regla.

Luego, otro propósito de la imposición de manos era impartir el don del Espíritu Santo. En Hechos 8 leemos, antes que nada, cómo Felipe fue a una ciudad de Samaria y predicó a Cristo, y sus palabras fueron confirmadas por milagros y señales, y todos los habitantes de la ciudad que creyeron fueron bautizados. Fueron salvos porque Jesús dijo: “El que creyere y fuere bautizado será salvo”. Pero los apóstoles no estaban satisfechos porque sabían que faltaba algo. De modo que en Hechos 8:14 dice:

“Ahora bien, cuando los apóstoles que estaban en Jerusalén oyeron que Samaria había recibido la palabra de Dios, enviaron a Pedro y Juan a ellos, quienes, al descender, oraron por ellos para que recibieran el Espíritu Santo; porque aún no había caído sobre ninguno de ellos, solo habían sido bautizados en el nombre del Señor Jesús.”

Pues, como señalé ayer, esa es una indicación muy clara de que en cierto sentido es posible ser salvo sin haber recibido el Espíritu Santo. Ahí dice que el Espíritu Santo descendió sobre ellos, lo que llamo yo una inmersión desde arriba, una inmersión estilo Cataratas del Niágara.

Dice el versículo 17:

Entonces [los apóstoles] les imponían las manos, y recibían [los creyentes] el Espíritu Santo. Cuando vio Simón que por la imposición de las manos de los apóstoles se daba el Espíritu Santo, les ofreció dinero, diciendo: Dadme también a mí este poder.

Fíjense que ahí dice que se daba el Espíritu Santo mediante la imposición de las manos de los apóstoles.

Y en el próximo capítulo, después que Saulo tuvo el encuentro con Jesús en el camino a Damasco, estando allí en una casa en Damasco, sin poder ver y en ayuno por tres días, Dios le dijo a Ananías, un simple discípulo, no un apóstol, ni un profeta, sino un simple discípulo, que fuera a la casa donde estaba Saulo, que le impusiera las manos y orara por él. Dice que le impuso las manos y éste recobró la vista, recibió el Espíritu Santo y fue bautizado. Así que entiendan que la imposición de manos no se limita a personas con un ministerio especial. En el contexto de la voluntad de Dios, cualquier persona puede ser guiada a imponer manos sobre otra persona.

Ruth me recordó de esto mientras estábamos sentados en la oficina...tengo que cuidarme de no tomar mucho tiempo, pero esta es una historia bastante fuera de lo común. Estábamos en Kona en Hawai y yo había estado muy enfermo. Todavía me faltaba bastante para recuperarme. Estábamos caminando por la calle principal y un hombre se nos acercó corriendo y dijo: “¿Pueden orar por mí? Estoy enfermo”. Le pregunté qué le pasaba y él dijo que había sido elecrocutado. No sé si saben lo que es eso, pero quiero decir, era electricista y había recibido una descarga eléctrica de alto voltaje. Sus hombros estaban paralizados. No podía levantar las manos más que esto. [Derek lo muestra] Pues, yo estaba un poco renuente a orar por él, pero él seguía insistiendo. De modo que nos detuvimos en medio de la calle justamente a la puerta de un restaurante y oramos. Rut puso las manos sobre sus hombros.

Al día siguiente, durante el tiempo devocional en Juventud con una Misión, levantó las manos más arriba de la cabeza. ¡Había recibido un milagro mediante la imposición de manos!

Más adelante él vino a vernos cuando estábamos ministrando en Arizona y nos dijo que había ido al doctor a hacerse un examen. El doctor dijo: “He examinado sus hombros y es imposible que usted pueda levantar los brazos más arriba de la cabeza”. Pues, ese es sólo un pequeño ejemplo de lo que hará la imposición de manos.

Una vez más, en Éfeso. Ya hemos visto esto en otro contexto. Pablo llegó allí y encontró a unos discípulos, pero no eran sino discípulos de Juan el Bautista. Pablo les explicó el evangelio, fueron bautizados en el nombre del Señor Jesús, y cuando Pablo les impuso las manos, hablaron en otras lenguas y profetizaron. Así que la imposición de manos es una manera muy bíblica de transmitir el poder del Espíritu Santo.

En realidad, hay cinco ejemplos principales en el Nuevo Testamento, y es interesante. En dos casos, el día de Pentecostés y en la casa de Cornelio, simplemente vino de Dios de manera soberana. En los otros tres casos, es decir, en Samaria, en el caso de Saulo de Tarso, y en Éfeso, fue transmitido mediante la imposición de manos. De modo que depende de cómo guíe Dios. He tenido el privilegio de guiar literalmente a miles de personas a recibir el bautismo en el Espíritu Santo. El fuerte mío es lograr que las personas crean que si buscan al Señor, recibirán. Sí impongo manos sobre las personas, pero no es lo más usual. Y puedo decir que por la gracia de Dios he visto a miles de personas recibir directamente del Señor.

Ahora vamos a seguir. Otro propósito de la imposición de manos es comisionar a los siervos de la iglesia, que a veces se llaman diáconos. Me pregunto cómo cambiarían algunas iglesias si se dieran cuenta de que en griego la palabra “diácono” quiere decir siervo. Quiero decir, en algunas iglesias, la Junta de Diáconos tiene mucha autoridad. ¿Cómo sería si se le llamara la Junta de Siervos? Pues, alguna de la terminología que usamos la usamos mal.

Ruth y yo fuimos a Paquistán una vez y teníamos que pasar por la aduana. El aduanero, que era paquistaní, me preguntó qué era yo. Pues, era un país musulmán y me dije a mí mismo: “Tienes que tener bastante cuidado”. Finalmente dije: “Soy ministro”. Pensé que ese era un término bastante inocuo que la mayoría de las personas no entienden. Pues, de ahí en adelante, me recibieron a cuerpo de rey en todas partes. Me hicieron pasar al principio de la fila y así por el estilo. Después me di cuenta de que él pensó que era ministro del gobierno de los Estados Unidos. ¿Se dan cuenta? ¡Estamos tan lejos del verdadero significado de la palabra “ministro”, que significa “siervo”!

Hermano o hermana, si usted es un ministro, es un siervo. Un siervo del Señor y un siervo del pueblo de Dios.

Pues, la iglesia en Hechos 6 tenía un problema muy bueno. Estaban creciendo tan rápidamente que no podían cuidar de todos los pobres y todas las viudas que necesitaban su atención.

Permítanme señalar otra cosa con respecto a la iglesia del Nuevo Testamento. Invariablemente se responsabilizaban por sus viudas. Era algo que se daba por sentado. El problema hoy es que el gobierno se ha hecho cargo de tantas funciones que la Iglesia en realidad no se da cuenta de su responsabilidad. Todavía pienso que la Iglesia tiene cierta responsabilidad hacia los pobres, sea como sea que esto se exprese.

Entonces los creyentes vinieron a los apóstoles y dijeron: “Las cosas no están funcionando bien. Nuestras viudas no están siendo atendidas”. Así que los apóstoles dijeron: “Está bien, vamos a tomar ciertas medidas”. Era una situación bastante grave. Los doce apóstoles convocaron a la congregación y dijeron:

No es justo que nosotros dejemos la palabra de Dios, para servir a las mesas. Buscad, pues, hermanos, de entre vosotros a siete varones de buen testimonio, llenos del Espíritu Santo y de sabiduría, a quienes encarguemos de este trabajo. Y nosotros persistiremos en la oración y en el ministerio de la palabra.

¿Cuál es el ministerio apostólico? La oración y el ministerio de la Palabra. No es la administración. Dijeron: “Podemos conseguir a otras personas que se encarguen de la administración. Tenemos que seguir cumpliendo con nuestra responsabilidad. Escojan a siete hombres conocidos de entre ustedes”. Y todos ellos tenían que ser llenos del Espíritu Santo. En la Iglesia primitiva no se nombraba ni a un diácono a menos que éste fuera lleno del Espíritu Santo.

Aquí vemos la sabiduría de los apóstoles, porque los diáconos iban a encargarse de las finanzas. Así que dejaron que la congregación los escogiera, luego los tomaron, los ordenaron y les dieron el cargo. Y después de eso, la congregación ya no se podía quejar de esos hombres, porque ellos mismos los habían escogido. ¿Se dan cuenta de lo sabio que es Dios?

Dice que trajeron a estos hombres y los presentaron ante los apóstoles, quienes, orando, les impusieron las manos. Los ordenaron. Podemos decir que eran diáconos, pero en realidad, la palabra “diácono” no se usa allí. Yo preferiría decir “ayudantes”. Los apóstoles dijeron: “Estamos tan ocupados que necesitamos ayudantes”.

El puesto de ayudante era sumamente importante. Es interesante ver lo que pasó con dos de aquellos hombres. Esteban llegó a ser el primer mártir, y Felipe, el evangelista reconocido por Dios. Así que, hermano o hermana, si usted empieza teniendo el puesto de un siervo, recuerde que puede ser un trampolín que lo lleve a otra cosa. De hecho, si no empieza como siervo, en realidad, Dios nunca lo ascenderá, porque Dios sólo asciende a personas que empiezan abajo.

Otro propósito de la imposición de manos es enviar a apóstoles. No sé si algunos de ustedes piensan que sólo hay doce apóstoles en el Nuevo Testamento. No es así. He contado unas veinte personas que fueron llamadas apóstoles. Hubo los doce apóstoles originales y luego hubo otros apóstoles cuyos nombres se mencionan. Miremos algunos de ellos.

En Hechos 13, habla de la iglesia en Antioquía, que en muchos aspectos, era una iglesia modelo. De hecho, en algunos aspectos, se adelantó a la iglesia en Jerusalén, que se quedó atrás, al centrarse demasiado en los asuntos internos. Ese es uno de los grandes problemas en nuestras iglesias hoy. La mayoría de las iglesias están tan concentradas en lo que está pasando dentro de la iglesia que tienen muy poco tiempo para su verdadera misión, que es predicar el evangelio a los que nunca lo han escuchado. Pero las personas en Antioquía tenían una visión diferente y esto es muy importante. Hechos 13, comenzando en el versículo 1:

Había entonces en la iglesia que estaba en Antioquía, profetas y maestros: [Se nombra a cinco de ellos] Bernabé, Simón . . . Lucio de Cirene, Manaén . . . y Saulo. [quien llegó a ser Pablo].

Si podemos creer para tener profetas y maestros, entonces el camino está abierto para los apóstoles. Les voy a mostrar de qué manera.

Ministrando éstos al Señor . . .

Y creo que la Nueva Versión Internacional dice: “Mientras adoraban al Señor . . .” ¡Es tan importante! Voy a hablar de esto más adelante. La adoración es la clave de tantas cosas.

Mientras adoraban al Señor y ayunaban, el Espíritu Santo dijo: “Apártenme a Bernabé y a Saulo para el trabajo al que los he llamado”.

Fíjense que el Espíritu Santo estaba hablando como Dios. “Apártenme a estos dos hombres”. ¿Cómo creen ustedes que lo habrá dicho? ¿Se habrá oído una voz de la nada, o habrá hablado el Espíritu a través de uno de los cinco hombres? Usted puede decidir cuál va a ser su opinión, pero personalmente, creo que probablemente fue una palabra profética.

Entonces, habiendo ayunado y orado . . .

Creo mucho en el ayuno y la oración. No tengo tiempo de entrar en detalles, pero en la Iglesia nunca pasarán muchas cosas hasta que la gente aprenda a ayunar y orar. Esta era la segunda vez que ayunaban. Ya estaban en ayuno cuando recibieron el mensaje.

Habiendo ayunado y orado, les impusieron las manos y los despidieron.

Los enviaron. Fíjense que no escogieron al líder de jóvenes subalterno que es lo que hacen algunas iglesias. Escogieron a los dos hombres más maduros y capaces. Enviaron lo mejor que tenían. Cuando se trata de la obra del ministerio, Dios envía a personas maduras que están en posiciones de alto rango, no a las que tienen posiciones inferiores. Aquí también la iglesia hoy día tiene muchísimo que aprender. Las personas que son, entre comillas, misioneros, o sea lo que sea que los llamemos, no deberían ser personas con posiciones menores en la iglesia, sino las personas más maduras, escogidas por Dios. Pero tenemos un énfasis totalmente erróneo en cuanto a nuestra estructura interna y estamos tan concentrados en nosotros mismos que en realidad no tenemos la visión del Señor.

No sé si me van a perdonar lo que voy a decir, pero creo que muchas personas involucradas en el movimiento actual del Espíritu Santo en algunos países son como los astrónomos en la época de Ptolomeo. Si saben un poco acerca de la astronomía —y yo no sé mucho— Ptolomeo estaba convencido de que el sol giraba en torno a la tierra. Vino Copérnico y dijo: “Eso no es cierto. Es al revés. La tierra gira en torno al sol”. Y es típico que la Iglesia quiso darle muerte por decir eso. Apenas escapó con su vida. ¿Por qué se enfureció tanto la Iglesia? Porque iba en contra de sus tradiciones. Yo digo que muchos cristianos todavía están viviendo en la época de Ptolomeo. Todavía creen que el Hijo de Dios gira en torno a nosotros. Todavía no se han dado cuenta de que es al revés. Nosotros giramos en torno al Hijo de Dios.

Jesús no existe para beneficio nuestro; nosotros existimos para su gloria. Lo podemos ver en algunos de los cánticos que se cantan: se concentran totalmente en lo que Jesús hará por uno. Eso es maravilloso, pero es menos importante de lo que nosotros haremos por Jesús. Ahí es donde está el énfasis.

De todas maneras, esa iglesia envió a las dos personas más capacitadas que tenía. En el momento de ser enviadas, eran profetas y maestros, pero si siguen leyendo en el próximo capítulo de Hechos, capítulo 14, hablando de estos dos hombres, en cierto lugar dice:

Y la gente de la ciudad estaba dividida: unos estaban con los judíos, y otros con los apóstoles.

Y luego dice en el versículo 14:

Cuando lo oyeron los apóstoles Bernabé y Pablo . . .

Habían llegado a ser apóstoles. ¿Cómo? Por el hecho de haber sido enviados por una iglesia bajo la dirección del Espíritu Santo. La palabra “apóstol” significa “uno que es enviado”. Si una persona no ha sido enviada, no es apóstol. Entonces, aquí tenemos dos hombres que no figuran entre los doce apóstoles originales, pero ahora a Pablo y a Bernabé se les llama apóstoles. ¿Cómo llegaron a ser apóstoles? Por nombramiento del Espíritu Santo. ¿Cómo oyeron la voz del Espíritu Santo? Estaban orando, ayunando y adorando a Dios. Y cuando el liderazgo de la iglesia hace eso, veremos surgir apóstoles.

Luego, vemos que en el Nuevo Testamento, la imposición de manos también se usa para nombrar a ancianos. Hechos 14:23, el capítulo donde hemos estado leyendo dice:

Y [Pablo y Bernabé] constituyeron ancianos en cada iglesia . . .

De modo que inicialmente eran los apóstoles los que nombraban a los ancianos.

Luego, al escribirle a Timoteo, que era su representante en la ciudad de Éfeso, Pablo dice en 1 Timoteo 5:17 y los siguientes versículos . . . le está dando instrucciones acerca del tipo de persona que debe ser un anciano. Dice:

Los ancianos que gobiernan bien, sean tenidos por dignos de doble honor, mayormente los que trabajan en predicar y enseñar.

Ahora, si analizan el Nuevo Testamento verán que lo de doble honor significa algún tipo de remuneración financiera. En el Nuevo Testamento, la palabra “honor” no es sólo un título; quiere decir que la persona digna de honor mostraba respeto hacia las personas por la manera en que se ocupaba de sus necesidades. A veces digo que el sumar dos veces cero es todavía cero. De modo que hay un patrón de remuneración, y aquéllos que dedican todo su tiempo a la Palabra de Dios deben ser remunerados por las personas que sirven, según el tiempo que den.

Versículo 19. Pablo sigue hablando de cómo tratar con los ancianos.

Contra un anciano no admitas acusación sino con dos o tres testigos.

Por favor, ¡esto es muy importante! No admita una acusación contra un hombre que tiene el puesto de anciano a menos que sea confirmada por por lo menos dos testigos. He visto tantos casos donde hombres de Dios han sido calumniados y la gente ha creído la calumnia sin jamás exigir que haya dos o tres testigos. Nunca haga eso porque una de las principales maneras en que Satanás ataca a los que están en el ministerio es levantando acusaciones falsas contra ellos. Esta es la manera de protegerlos. No admita una acusación contra un anciano a menos que sea confirmada por por lo menos dos, y preferiblemente tres testigos. Muchísimas cosas en la Iglesia cambiarían si acatáramos esa regla.

Pablo sigue diciendo en el mismo capítulo, versículo 21:

Te encarezco delante de Dios y del Señor Jesucristo, y de sus ángeles escogidos, que guardes estas cosas sin prejuicios, no haciendo nada con parcialidad.

Luego dice:

No impongas con ligereza las manos a ninguno, ni participes en pecados ajenos. Consérvate puro.

Esto está en el contexto de cómo tratar con los ancianos, así que cuando dice que no se le debe imponer las manos a ninguno con ligereza, quiere decir que no se debe nombrar a un anciano apresuradamente. Hay que asegurarse de tener la mente de Dios. Hay que tener mucho cuidado de que la persona reúna las condiciones necesarias. Porque como he dicho muchas veces, es mucho más fácil imponer manos que retirar la imposición de manos. Una vez que se ha nombrado a un anciano, es muy difícil deshacerse de él, si se ha hecho un nombramiento indebido. De modo que Pablo le dice a Timoteo que tenga muchísimo cuidado, que no le imponga las manos a nadie para designarlo un anciano hasta que esté absolutamente seguro de que es la persona que Dios ha escogido. 

Y luego le dice que no participe en pecados ajenos, porque si uno nombra como anciano a un hombre que no es digno, que tal vez se aproveche de la congregación y del pueblo de Dios, uno está participando en su pecado. Así que tenemos que tener muchísimo cuidado.

Sí quiero decir que en nuestra iglesia en Fort Lauderdale, que no es siempre una iglesia modelo, pero cuando designan a ancianos, créanme, se les somete a un examen riguroso. Quiero decir, esos hombres pasan dos días contestando preguntas. Se toma en cuenta todo. Creo que el nombrar a ancianos apresuradamente acarrea muchos problemas en la iglesia.

¿Se dan cuenta cuántas lecciones aprendemos de esto de imponer manos? No es un asunto insignificante. Entonces, ¿cuál era el propósito de la imposición de manos en todos estos casos, ya sea para comisionar a siervos, enviar a apóstoles o designar a ancianos? Era transmitir autoridad y apartar, respaldar y equipar a una persona para que sirva.

Ahora bien, la imposición de manos también tiene otro propósito. Pablo les escribió a los cristianos romanos y dijo: “Quisiera venir a ustedes e impartir algún don espiritual”. Pero en ese momento no fue; fue después. En 2 Timoteo 1:6, Pablo dice, escribiéndole a Timoteo:

Por lo cual te aconsejo que avives el fuego del don de Dios que está en ti por la imposición de mis manos.

De modo que un don le fue impartido a Timoteo mediante la imposición de las manos de Pablo. Ahora, en griego la palabra que se usa allí es charisma, de donde nos viene la palabra “carismático”. Permítanme darles mi opinión personal, y no tienen que estar de acuerdo conmigo, todavía pueden llegar al cielo, ¡con tal de que me amen! A mi juicio, el charisma que le fue impartido ahí a Timoteo fue el apostolado, porque veremos que hay otros apóstoles.

Examinemos el apostolado de Timoteo. Timoteo también fue apóstol. Tal vez no lo sabían. Se lo voy a mostrar en la Biblia. 1 Tesalonicenses 1:1. La carta fue escrita a la iglesia de los tesalonicenses, por tres personas, lo cual era normal en el Nuevo Testamento: Pablo, Silvano —que es otra manera de decir Silas— y Timoteo. Estos fueron los autores del libro. No sólo Pablo, sino Pablo, Silas y Timoteo.

Entonces en el capítulo 2 de esa carta, versículo 6, estos mismos hombres —Pablo, Silas y Timoteo— dijeron:

. . . ni buscamos gloria de los hombres; ni de vosotras, ni de otros, aunque podíamos seros carga como apóstoles de Cristo.

De modo que los tres —Pablo, Silas y Timoteo— eran apóstoles. Entiendan bien que el ministerio de los apóstoles todavía tiene vigencia, porque en Efesios 4, Dios dice que él ha puesto apóstoles en la Iglesia hasta que todos lleguemos a la unidad de la fe. Cualquier persona honesta tendría que reconocer que todavía no hemos llegado a la unidad de la fe. ¿Es cierto? Entonces, se necesitan apóstoles, pastores, evangelistas, profetas y maestros...tendremos necesidad de todos ellos hasta que la obra haya sido completada.

Entonces, como acabo de señalar, ¿cuántos tenemos ahora? Están Pablo, Bernabé, Silas, Timoteo. Hay unos cuatro o cinco apóstoles que fueron nombrados después del día de Pentecostés.

Quiero tomar un tiempo para examinar la cuestión del apostolado de Timoteo. He señalado que a Timoteo se le llama un apóstol. ¿Cómo llegó a ser apóstol? Creo que esto es algo sumamente importante porque me parece que necesitamos desesperadamente tener apóstoles en la Iglesia. Aunque debo señalar que Jesús elogió la iglesia de Éfeso porque sometió a prueba a los que decían ser apóstoles y no lo eran, y los halló mentirosos. No acepten el testimonio de todos los que dicen ser apóstoles; tienen que ser probados. ¿Saben dónde terminan los mentirosos? ¿Lo saben? ¿No saben dónde terminan los mentirosos? Terminan en el lago de fuego. De modo que es algo sumamente serio. El que dice ser apóstol, y no lo es, se dirige hacia el lago de fuego.

Ahora, examinemos esta situación. Hechos 16, Pablo ha empezado junto con Silas su segundo viaje misionero y dice en el versículo 1:

Después llegó a Derbe y a Listra; y he aquí, había allí cierto discípulo llamado Timoteo, hijo de una mujer judía creyente, pero de padre griego; y daban buen testimonio de él los hermanos que estaban en Listra y en Iconio.

Generalmente, uno de los requisitos necesarios para cualquiera que va a ocupar un puesto importante en la iglesia es que su propia congregación dé buen testimonio de él. Si su propia gente no puede hablar bien de él, tiene muy poca importancia lo que digan de él los demás.

Hace años, estando en Jerusalén, aconteció que nos enviaron a una dama de Suecia, para que trabajara con nosotros. Mi primera esposa, Lydia, que era muy perspicaz, leyó entre líneas y no le engañaron todas las recomendaciones, que eran muchas. Dijo: “Falta una sola cosa. No hay ninguna recomendación de su propia iglesia”. La aceptamos, y lo lamentamos muchísimo. Nos causó muchos problemas. Así que trato siempre de aprender de esa lección. Al escoger a una persona, la recomendación más importante es la que viene de la gente que ha vivido con ella, que ha trabajado con ella, que la conoce. Si éstos no pueden recomendarla, no hay ninguna otra recomendación que valga.

Pero Timoteo tenía un buen informe de los ancianos de las iglesias en las que había estado ministrando o viviendo. Así que Pablo lo llevó consigo y le dijo: “Ven conmigo.” Y, leemos más adelante, debemos seguir esto con bastante cuidado, en 1 Timoteo 4:14, Pablo le dijo a Timoteo:

“No descuides el don que hay en ti, que te fue dado mediante profecía con la imposición de las manos del presbiterio.”

Entonces llego a la conclusión de que se había dado una palabra profética que decía que Timoteo debía acompañar a Pablo y a Silas. Basado en esa palabra profética, y porque conocían su carácter, los ancianos de la iglesia local le impusieron manos a Timoteo y lo enviaron. Recibió el don, el carisma, de apostolado. Así es que lo entiendo yo.

Ahora, también hay que considerar lo que ya hemos leído en 2 Timoteo 1:6, donde Pablo le dice a Timoteo:

“Por lo cual te aconsejo que avives el fuego del don de Dios que está en ti por la imposición de mis manos.”

Podría haber muchas maneras de entender eso. Creo que la forma más probable es en esta situación en Listra cuando se dio la profecía y se probó debidamente, y la profecía decía que Timoteo debía salir con Pablo y Silas, los ancianos dijeron: “Lo respaldamos”, Pablo dijo: “Lo recibo”, y Pablo y los ancianos impusieron manos sobre él y le impartieron el carisma del apostolado.

Es sumamente importante notar que la profecía era muy significativa. La profecía o es significativa, o es una pérdida de tiempo. En 1 Timoteo 1:18, Pablo, escribiéndole a Timoteo dice:

“Este mandamiento, hijo Timoteo, te encargo, para que conforme a las profecías que se hicieron antes en cuanto a ti, milites por ellas la buena milicia.”

Ahora, ese es el verdadero propósito de la profecía, es para animar a una persona que va a enfrentar oposición y saber que Dios realmente te ha elegido. Incluí este pequeño incidente en mi libro "Imposición de Manos" y llegó aquí a Nueva Zelanda, y un líder cristiano bastante conocido en Nueva Zelanda, cuyo nombre no mencionaré, recibió una profecía sobre él cuando estaba en los Estados Unidos que decía que debía realizar una tarea específica. Se desanimó mucho y estaba a punto de rendirse, y leyó esto y dijo: “Voy a seguir las profecías.” Te diré quién es, fue (ininteligible) Short (fonético). Esto fue realmente una de las cosas que lo llevó a su ministerio, que ahora ha afectado a esta nación y a muchas otras.

¿Ves cuán significativa puede ser una profecía si se da en el Espíritu Santo? Tengo que decirte, amigos, estoy cansado de mucha profecía. La llamo adivinación carismática. La gente llega, impone manos sobre ti y dice: "Harás esto y harás aquello." Quizás, pero en la mayoría de los casos no sucede. Hay una línea muy delgada entre la profecía y la adivinación. Sabes que los adivinos pueden decir la verdad, ¿lo sabías? En Hechos 16, fue una mujer adivina quien primero reconoció quiénes eran Pablo y Silas. Antes que nadie más en la ciudad de Filipos, ella sabía que estos eran los siervos del Dios Altísimo que nos muestran el camino de la salvación. Y, sin embargo, ella era una sierva de Satanás. Solo quiero advertirte sobre eso.

Debo hablar, espero que rápidamente, de ciertos peligros y las maneras en que éstos se pueden prevenir. Sólo tengo unos minutos. Dos peligros que se mencionan. Primero que todo, el respaldar a alguien que es indigno, porque lo que pasa cuando uno lo hace y surge un problema, es que uno es responsable en parte por el problema que la persona causó.

El segundo es lo que llamo contaminación espiritual. Uno puede imponerle manos a una persona y orar para que sea librada de un espíritu inmundo pero hay que saber cómo protegerse porque puede ser que uno también reciba algo de esa persona. O bien podemos impartir el Espíritu de Dios o bien aquel espíritu, es decir el espíritu inmundo, puede afectarnos. Recuerdo una ocasión en que un grupo de nosotros, estando yo todavía en el Ejército, le impusimos manos a un hombre que estaba sufriendo de una depresión muy fuerte. En realidad, el Señor no nos guió a hacerlo, simplemente lo hicimos. ¿Saben lo que pasó? A todos nos atacó la depresión. No nos habíamos protegido.

Entonces, cuando impones manos sobre alguien, necesitas protección. Así es, con oración y humildad. Sé guiado por el Espíritu Santo. “Porque todos los que son guiados por el Espíritu de Dios, estos son hijos de Dios.”

Protéjase con la sangre de Jesús. Sepa cómo mantenerse bajo la sangre de Jesús.

Y tened en cuenta que Jesús dijo a Sus discípulos: “Os doy autoridad sobre todo el poder del enemigo y nada os hará daño de ninguna manera.” Amén.

17
Compartir