Esta proclamación la tomamos de 1 Corintios 6:11, que empieza diciendo: “Y esto erais algunos”. Y el “Esto erais algunos” se refiere a una lista de pecados horrendos que habían cometido estas personas. Pero gracias a Dios que hay un “pero”. Le doy gracias a Dios por los “peros” de la Biblia. Dice:

. . . mas ya habéis sido lavados, ya habéis sido santificados, ya habéis sido justificados en el nombre del Señor Jesús, y por el Espíritu de nuestro Dios.

Ruth y yo somos partidarios de hacer de las escrituras una confesión personal, así que vamos a omitir “Y esto erais algunos”, y vamos a empezar con el “mas” y hacer de la escritura un testimonio personal.

Mas ya hemos sido lavados, ya hemos sido santificados, ya hemos sido justificados en el nombre del Señor Jesús, y por el Espíritu de nuestro Dios.

Y ahora les daremos el privilegio de decirlo con nosotros. Esta no es difícil de recordar. Empieza con “Mas ya hemos sido”.

“Pero somos lavados, pero somos santificados, pero somos justificados en el nombre del Señor Jesús y por el Espíritu de nuestro Dios.”

Amén. Que Dios los bendiga.

Ahora seguiremos estudiando las seis doctrinas de fundamento que se mencionan en Hebreos 6:1–2. Ya hemos hablado de las dos primeras, arrepentimiento para con Dios y fe en nuestro Señor Jesucristo. Ahora vamos a seguir con la tercera, que es la doctrina de bautismos. Voy a leer la escritura rápidamente para que tengamos la seguridad de estar fundados sobre la Palabra de Dios. Hebreos 6:1–2:

Por tanto, dejando ya los rudimentos [prefiero decir las verdades básicas] de la doctrina de Cristo, vamos adelante a la perfección; [a la madurez, o plenitud] no echando otra vez el fundamento del arrepentimiento de obras muertas, de la fe en Dios . . .

Luego está la tercera doctrina de la cual vamos a hablar esta mañana: la doctrina de bautismos. En vez de doctrina, pudiéramos decir “la enseñanza acerca de los bautismos”, y fíjense que la palabra “bautismo” está en el plural. Bautismos. Hay más de un bautismo. En realidad, en el Nuevo Testamento se mencionan tres bautismos diferentes, y vamos a estudiar cada uno de ellos a su debido tiempo.

Quiero mencionar brevemente los tres bautismos: número uno, el bautismo de Juan, de Juan el Bautista. Número dos, el bautismo cristiano, que no es igual. Y número tres, el bautismo en el Espíritu Santo. Son tres bautismos diferentes, y cada uno juega un papel importante en el Nuevo Testamento.

Ahora bien, tengo que hacer un comentario acerca del significado de la palabra “bautizar”. En realidad esta palabra no existe en español; es una palabra del idioma griego que ha sido transliterada, como dicen. Es decir, que se han representado los sonidos del griego con las letras del español. Tengo que detenerme un momento para avisar que mi medidor de tiempo no está funcionando. Gracias. Ahora sí. La palabra “bautizar” viene directamente de una palabra en griego, baptizo, y no se traduce, sino que se lleva directamente al español. Hay varias razones por las que ha podido pasar esto. Tal vez no fue sino una tradición de la Iglesia, o puede ser que los traductores no quisieron ofender a la Iglesia establecida al traducir el significado correcto de la palabra. No lo sé, y no apoyo ningún punto de vista en particular. Pero si volvemos al griego, no hay ninguna duda en cuanto al significado correcto de la palabra. Quiere decir sumergir. Sumergir. Y se puede sumergir un objeto de dos maneras, y vemos ambas en el Nuevo Testamento. Se puede sumergir un objeto metiéndolo en agua hasta que el agua lo cubre totalmente, y también se puede sumergir un objeto vertiendo agua encima de él. Pero de ambas maneras, es una inmersión total; no es parcial.

En realidad, el bautismo implica una transición. Cada uno de los bautismos que menciona el Nuevo Testamento en realidad representa una transición. Se pasa de una cosa a otra. Es la persona completa la que pasa de una cosa a otra; no es sólo una parte de su ser. Por esta razón, me parece importante enfatizar que el bautismo implica una inmersión total. No afecta una pequeña parte de la persona; el proceso del bautismo afecta a la persona entera.

Ahora bien, la palabra se usa con dos o tres preposiciones diferentes. Necesitamos explicar esto un momento. Se usa con la preposición “en” y también con la preposición “para”. La preposición “en” se refiere al elemento en el cual la persona es sumergida. Puede ser agua o puede ser el Espíritu Santo. La preposición “para” se refiere al producto final, es decir, al fruto del bautismo. ¿A qué se pasa, como resultado de la transición del bautismo? Por ejemplo, el bautismo de Juan el Bautista fue un bautismo en agua, para arrepentimiento o perdón de pecados. Entonces, la persona se bautiza en algo, para algo. El bautismo en el Espíritu Santo, del cual no vamos a hablar todavía, es un bautismo en el Espíritu, para llegar a formar parte del Cuerpo de Jesucristo. Veremos eso más adelante. Pero, en fin, cuando hablamos del bautismo, hay que hacer estas dos preguntas: ¿En qué se bautiza y para llegar a qué?

Ahora miremos el bautismo de Juan el Bautista, quien recibió su nombre debido al hecho de que bautizaba. Marcos 1:2–5 habla de esto:

Como está escrito en Isaías el profeta; He aquí yo envío mi mensajero delante de tu faz, el cual preparará tu camino delante de ti. Voz del que clama en el desierto; Preparad el camino del Señor; Enderezad sus sendas.

Ese era el ministerio específico de Juan el Bautista. Él había de ir delante del Mesías y preparar su camino. Básicamente, su mensaje era muy sencillo. Se pudiera resumir en una palabra: arrepentimiento. Dice en el próximo versículo:

Bautizaba Juan en el desierto, y predicaba el bautismo de arrepentimiento para perdón de pecados.

Dice “para perdón de pecados”. Eran bautizados con un bautismo de arrepentimiento que los llevaba a ser perdonados de sus pecados. Eran bautizados en agua para perdón de pecados.

Y el propósito de esto era preparar el camino para la venida del Mesías de Israel que los judíos llevaban tanto tiempo esperando: Jesús de Nazaret. Me parece muy significativo el hecho de que Jesús no podía venir, Dios no podía enviarlo, hasta que el corazón del pueblo de Dios no hubiera sido preparado mediante el arrepentimiento. Me inclino a pensar que esto también es cierto en cuanto a la segunda venida de Jesucristo. El corazón del pueblo de Dios tendrá que ser preparado mediante el arrepentimiento. De cierta forma, me parece que el arrepentimiento es el mensaje más importante que necesita oír el pueblo de Dios hoy. Esa es sólo una opinión.

El ministerio de Juan también fue un vínculo muy importante entre dos épocas diferentes en cuanto al trato de Dios, es decir dos dispensaciones diferentes: la dispensación de la ley y de los profetas, y la dispensación de la gracia y del evangelio, que comenzó con Jesús. Juan es una figura crítica en el desenvolvimiento de los propósitos de Dios. Sabemos relativamente poco de él, y yo mismo he tendido a subestimar la importancia de su ministerio. Su ministerio fue breve, pero crítico. Preparó el camino de Jesús. La influencia que tuvo sobre su pueblo fue tremenda. Si miramos el próximo versículo, Marcos 1:5, dice:

Y salían a él toda la provincia de Judea, y todos los de Jerusalén; y eran bautizados por él en el río Jordán, confesando sus pecados.

En muy poco tiempo, Juan alcanzó sin duda a cientos de miles de personas, la población entera de Jerusalén, Judea y otros lugares.

Siempre he reflexionado acerca de la manera en que Dios hace las cosas. Él no contrata un comité, ni alquila un estadio, ni organiza un coro para luego decir: “Pues, ahora vamos a celebrar un culto”. Lo hace de la manera menos esperada. Un solo hombre vestido de pelo de camello salió al desierto. ¡Un solo hombre! Todo el pueblo salía a él. Pues, así es que Dios suele hacer las cosas. Hace las cosas de una manera inesperada. Y lo que atrae a la gente no es la organización, aunque le doy gracias a Dios por la organización. No es la propaganda, ni la publicidad, sino el mover sobrenatural de Dios. ¿Y saben lo que necesitamos? Necesitamos eso mismo hoy día. La gente acudirá a donde el fuego de Dios esté ardiendo. No importa qué tipo de lugar sea; tampoco importa la personalidad del predicador, ni el grado de educación que haya tenido. Que sepamos, Juan el Bautista no había asistido a ningún seminario, pero era un hombre de Dios en el cual ardía el fuego de Dios. Más adelante, Jesús le dijo a la gente de su época: “Él era antorcha que ardía y alumbraba; y vosotros quisisteis regocijaros por un tiempo en su luz”. Pero desafortunadamente aquel fuego nunca se encendió en los corazones de las personas a las que hablaba Jesús. Acudieron a la luz, recibieron los beneficios de la luz, pero nunca se encendió en ellos aquel fuego. El hecho de que Jesús alabe a Juan es muy significativo. Él fue una antorcha que ardía y alumbraba. Creo que científicamente es cierto que para que algo alumbre, tiene que arder. Sin calor, no puede haber luz. Así que recordemos eso todos nosotros. Si queremos alumbrar para Jesús, tenemos que arder. Pidamos en oración que dondequiera que Dios nos ponga, seamos antorchas que ardan y alumbren.

Como ya he dicho, el bautismo de Juan era para perdón de pecados. Él fue un vínculo entre la ley y los profetas, y el evangelio. Jesús saca a relucir esto en Mateo 11:13. Hablando de Juan, dice:

Porque todos los profetas y la ley profetizaron hasta Juan.

Aquella dispensación terminó con la venida de Juan; él fue un vínculo de transición entre la dispensación anterior y una nueva dispensación, la de la gracia del evangelio. Eso quiere decir que es un hombre importante. De cierta forma, dividió en dos la historia del pueblo de Dios. Le dio fin a una época e inició otra. Muchas veces he pensado que yo mismo no he logrado captar el verdadero significado de Juan el Bautista. La Biblia no dice mucho de él, pero todo lo que dice es sumamente importante.

Ahora, el bautismo de Juan exigía tres cosas de la gente que venía a ser bautizada. En primer lugar, era un bautismo de arrepentimiento. Ya hemos hablado del arrepentimiento. No es un sentimiento, sino una decisión. Es llegar al final de algo, dar media vuelta, y empezar a mirar y caminar en la dirección opuesta. Juan exigía que los que venían a él para ser bautizados cumplieran con esa condición. Era primero una decisión, y luego una acción.

En segundo lugar, Juan exigía que la gente confesara públicamente sus pecados. Esto parece haber desaparecido de la forma de pensar de mucha gente en la Iglesia hoy, pero he aprendido por lo que he observado que cuando el Espíritu Santo convence de pecado al pueblo de Dios hasta el punto de llevarlo a confesar su pecado, los resultados son dramáticos. Esa fue la chispa que provocó varios avivamientos en tiempos pasados, especialmente el avivamiento en el País de Gales en 1904, que se caracterizó por la confesión de pecados.

Y permítanme decirles que no necesariamente tienen que confesar sus pecados públicamente, pero sí tienen que confesar sus pecados. Los únicos pecados que Dios se compromete a perdonar son los pecados que confesamos. Juan dice en su primera epístola . . . el otro Juan, Juan el apóstol:

Si confesamos nuestros pecados, él es fiel y justo para perdonar nuestros pecados, y limpiarnos de toda maldad.

Pero esa oración empieza con la palabrita “si”. Si confesamos nuestros pecados. Si no los confesamos, no tenemos ninguna garantía de que Dios los perdone.

He tratado con muchísimos creyentes a través de los años que tienen un montón de pecados que no han confesado. Entonces vienen para recibir sanidad o bendición y se preguntan por qué no son sanados. Tienen una carga tremenda. David dijo de sus pecados: “Como carga pesada se han agravado sobre mí”. Queridos amigos, hay algunos de ustedes aquí hoy que tienen una carga muy pesada en su vida porque tienen amontonados pecados que no han confesado. Sería provechoso para algunos de ustedes apartarse con Dios, abrir su corazón al Espíritu Santo, y decir: “Señor, muéstrame lo que necesito confesar”. Pero por favor recuerden lo que he dicho; si no confiesan sus pecados, no hay ninguna garantía de que Dios los perdone. Pero si los confesamos, él nos perdonará.

La tercera cosa que Juan el Bautista exigía era que hubiera pruebas de una vida cambiada. Él exigía ver una prueba de que la persona se había arrepentido. Cuando venían a él personas que aparentemente no se habían arrepentido, él se negaba a bautizarlas. Se trataba, en gran parte, de las personas religiosas de aquella época: los fariseos y saduceos. Jesús les dijo a los fariseos: “Los publicanos, los recaudadores de impuestos y las rameras creyeron lo que decía Juan, y ustedes no. Ellos entrarán al reino de Dios antes que ustedes”. Esto es típico. A las personas muy religiosas les cuesta hacerle frente al hecho de que Dios quiera hacer algo nuevo en la Iglesia. A veces he dicho que cuando viene un nuevo mover del Espíritu, es como si se añadiera otro piso al edificio. Y por lo general, las personas le colocan un techo al edificio y dicen: “Hasta aquí, y no más”. Y la próxima vez que empieza a soplar el viento de Dios, lo primero que él tiene que hacer es soplar hasta que se caiga el techo que han puesto. Estas personas tienden a resentirse, y les cuesta mucho moverse a la par de las cosas que Dios está haciendo y quiere hacer.

Los fariseos eran así. Eso fue lo que dijo Juan. Él era un hombre muy franco. No quiero entrar en detalles ahora, pero una vez hice un pequeño estudio acerca de las características de las personas de quienes la Biblia dice que eran llenas del Espíritu. El primero fue Juan el Bautista. Él fue lleno del Espíritu Santo desde la matriz de su madre. Luego están Jesús, Pedro, Pablo y Esteban. Descubrí algo alarmante. La mayoría de ellos terminaron siendo mártires. Otra cosa que descubrí es que todos eran personas que hablaban claramente. No usaban un lenguaje religioso. El Espíritu Santo no puede apoyar algo que sea vago o impreciso. Él quiere que se digan las cosas claramente, como son. Si miramos lo que dijo Juan, muchos predicadores hoy no hablarían así. En Mateo 3:7–9 dice:

Al ver él que muchos de los fariseos y de los saduceos venían a su bautismo, les decía: ¡Generación de víboras! ¿Quién os enseñó a huir de la ira venidera? Haced, pues, frutos dignos de arrepentimiento, y no penséis decir dentro de vosotros mismos: A Abraham tenemos por padre; porque yo os digo que Dios puede levantar hijos a Abraham aun de estas piedras.

Es una afirmación increíble, ¿verdad? Pues, no dependa de su genealogía, ni de su formación religiosa. Tiene que cumplir con las condiciones de Dios personalmente. Pues, esos eran los tres requisitos necesarios para ser bautizado por Juan: arrepentimiento, confesión pública de pecados y una prueba de que la vida de la persona había cambiado.

Quiero señalar algo aquí porque se aplica cada vez que se menciona el bautismo. Dice que él los bautizaba “para arrepentimiento”. Pero no los bautizaba a menos que ya se hubieran arrepentido. De modo que el bautismo no producía el arrepentimiento, sino que era el sello y la prueba de que se habían arrepentido. Encontrarán que es así cada vez que se habla de bautizar “para”. No indica que el bautismo era lo que hacía que las personas entraran a una nueva etapa, sino que más bien era un sello que confirmaba que ya habían entrado. Hablaremos de esto más adelante.

El bautismo de Juan tenía sus limitaciones. Sólo llevaba a la gente hasta cierto punto. En primer lugar, no producía el nuevo nacimiento. En Mateo 11:11, Jesús dice de Juan el Bautista:

De cierto os digo: Entre los que nacen de mujer no se ha levantado otro mayor que Juan el Bautista; pero el más pequeño en el reino de los cielos, mayor es que él.

Juan nació de mujer, pero nunca nació de nuevo. No nació de nuevo porque antes de la venida de Jesús, era imposible hacerlo. Así que era uno de los mayores entre los nacidos de mujer, pero el más pequeño en el reino de Dios es mayor que Juan, no por lo que seamos nosotros, sino por la posición en que Dios nos ha colocado. Nos ha hecho entrar al reino mediante el nuevo nacimiento. Recuerden que Jesús dijo que el que no naciera de nuevo no podría ver ni entrar en el reino de Dios. De modo que Juan tenía sus limitaciones, limitaciones fijadas por Dios.

En segundo lugar, y esto es importante: después de Pentecostés, el bautismo de Juan ya no tenía validez. Esto lo revela Hechos 19, los primeros versículos:

Aconteció que entre tanto que Apolos estaba en Corinto, Pablo, después de recorrer las regiones superiores, vino a Éfeso, y hallando a ciertos discípulos, les dijo: ¿Recibisteis el Espíritu Santo cuando creísteis?

No nos dice de quién eran discípulos. Parece que Pablo no estaba seguro. Pero les hizo una pregunta que me imagino que hacía dondequiera que iba. “¿Recibisteis el Espíritu Santo cuando creísteis?” Lo cual demuestra que es posible creer sin haber recibido el Espíritu Santo. Mi primera esposa era como Pablo. Tenía muchísimo empeño en que la gente recibiera el Espíritu. Cada vez que conocía a alguien, le preguntaba: “¿Has recibido el Espíritu Santo?”. Me parece que hoy día nos tardamos bastante en preguntarle eso a la gente.

Pues, entonces Pablo se dio cuenta de algo.

Y ellos le dijeron: Ni siquiera hemos oído si hay Espíritu Santo. Entonces dijo: ¿En qué, pues, fuisteis bautizados? Ellos dijeron: En el bautismo de Juan.

Ahora bien, esto se pudiera interpretar de diferentes maneras, pero si ellos dijeron: “No nos hemos enterado de que hay un Espíritu Santo”, por qué habrá dicho Pablo: “En qué, pues, fueron bautizados?”. ¿Qué importancia tiene ese “pues”? ¿Por qué no podían haber sido cristianos si no habían oído acerca del Espíritu Santo? Una explicación es que Jesús les dijo a sus discípulos en Mateo 28:

. . . bautizándolos en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo.

Entonces, si hubieran sido bautizados con ese bautismo, hubieran sabido que había un Espíritu Santo. Así que Pablo se dio cuenta de que nunca habían sido bautizados como creyentes en Jesús; sólo habían recibido el bautismo de Juan.

Pablo siguió diciendo:

Juan bautizó con bautismo de arrepentimiento, diciendo al pueblo que creyesen en aquel que vendría después de él, esto es, en Jesús el Cristo.

Pablo dijo que ése había sido sólo un bautismo de preparación, pero que ahora que Jesús había venido, y había muerto y resucitado, ya no era suficiente. Entonces, en el versículo 5:

Cuando oyeron esto, fueron bautizados en el nombre del Señor Jesús.

Ese es el punto crítico. Para poder ser bautizado, hay que primero reconocer a Jesús como Señor y Mesías.

Y habiéndoles impuesto Pablo las manos, vino sobre ellos el Espíritu Santo; y hablaban en lenguas, y profetizaban.

Pablo era muy minucioso. No aceptaba nada que fuera superficial. Quería algo real, y quería hacer las cosas bien hechas, así que les dijo que era necesario que creyeran en Jesús. Luego fueron bautizados en agua, y después de bautizarse en agua, que era una experiencia en sí, Pablo les impuso las manos y hablaron en lenguas y profetizaron.

Dije eso para mostrarles hasta dónde llegaba el bautismo de Juan.

Ahora quiero hablar del bautismo cristiano, que es la frase que uso yo, y lo que significa ser bautizado como creyente en Jesús. Debo decir que este es un acto muchísimo más importante de lo que se da cuenta el cristiano promedio hoy día. En general, aun los bautistas entienden muy poco del verdadero significado y la verdadera importancia del bautismo en agua. Quiero afirmar que no somos bautizados en Cristo Jesús porque seamos pecadores. No es un bautismo de arrepentimiento. Analicémoslo. Mateo 3:13–17:

Entonces Jesús vino de Galilea a Juan al Jordán, para ser bautizado por él. Mas Juan se le oponía, diciendo: Yo necesito ser bautizado por ti, ¿y tú vienes a mí?

Ahora, en ese momento, Juan no sabía que Jesús era el Mesías, porque en el evangelio de Juan, dijo: “Sólo supe que era el Mesías cuando el Espíritu de Dios descendió sobre él y permaneció sobre él”. Eso da testimonio de la vida de Jesús. Aunque Juan no sabía que era el Mesías, dijo: “Tú eres más justo que yo. Yo no debería ser el que te bautiza”.

Pero Jesús le respondió: Deja ahora, porque así conviene que cumplamos toda justicia. Entonces le dejó. Y Jesús, después que fue bautizado, subió luego del agua; y he aquí los cielos le fueron abiertos, y vio al Espíritu de Dios que descendía como paloma, y venía sobre él.

Y en el evangelio de Juan dice que permaneció sobre él.

Y hubo una voz de los cielos, que decía: Este es mi Hijo amado, en quien tengo complacencia.

Es imposible sobreestimar la importancia que el Nuevo Testamento otorga al bautismo en agua. Porque en esta escena las tres personas de la Trinidad lo respaldaron. Jesús lo experimentó, el Espíritu Santo descendió sobre Él, y no había descendido sobre Él hasta que fue bautizado en agua, y luego Dios el Padre habló desde el cielo y dijo: “Este es mi Hijo amado, en quien tengo complacencia.” Dios, si se puede decir con reverencia, se esforzó al máximo para enfatizar la extrema importancia que tiene a Sus ojos el ser bautizado en agua.

Quiero hablar acerca de lo que es el bautismo cristiano. No es un bautismo de arrepentimiento, porque Jesús no tuvo ningún pecado de que arrepentirse. No fue bautizado porque se hubiera arrepentido; fue bautizado por Juan, pero no fue bautizado con el bautismo de Juan. ¿Cuál fue el propósito de su bautismo? Él mismo lo dice:

Deja ahora, porque así conviene que cumplamos toda justicia.

No dice “que cumpla yo”, sino “que cumplamos”. Él se identifica con todos los que seguirán su ejemplo al ser sumergidos en las aguas del bautismo. Dice que es apropiado, que es conveniente, que conviene que así se cumpla toda justicia. Eso es lo que hacemos cuando somos bautizados en el nombre de Jesucristo, como seguidores de Cristo. No somos bautizados con un bautismo de arrepentimiento. Nos hemos arrepentido, pero no es por eso que nos bautizamos. Nos bautizamos para cumplir toda justicia, para completar toda justicia. Este es un punto tan importante que quiero recalcarlo. Si vamos a Romanos 5:1, Pablo dice de nosotros, los que creemos en Jesús:

Justificados, pues, por la fe, tenemos paz para con Dios por medio de nuestro Señor Jesucristo.

Pablo dice que hemos sido justificados por medio de nuestra fe en Jesús. El vocablo “justificado” es uno de los más importantes del Nuevo Testamento, pero es muy poco entendido. Yo digo que tiene varios significados: “exonerado”, “declarado no culpable”, “considerado justo” y “hecho justo”. Significa todo eso. Mediante nuestra fe en Jesús, hemos sido exonerados, declarados no culpable, se nos ha atribuido la justicia, y hemos sido hechos justos. Y por eso es que debemos ser bautizados. No porque nos hayamos arrepentido de nuestros pecados, sino porque es la forma en que completamos nuestra justicia. Ya se nos ha atribuido la justicia mediante nuestra fe en Jesús; ahora, el bautismo en agua es la manera apropiada de cumplir, o completar, o poner en práctica esa justicia.

Me parece que hoy día esto se entiende muy poco. Por lo general, como he dicho, la gente entiende muy poco la importancia del bautismo. Le dicen a uno: “Bueno, si quieres bautizarte, vamos a tener un culto para bautismos en dos semanas; anótate en la lista”. El Nuevo Testamento no presenta el bautismo de esa manera. Se lo voy a mostrar.

Básicamente, el bautismo es un compromiso. Estoy hablando del bautismo cristiano. Es una identificación con Jesús en su muerte, sepultura y resurrección. Romanos 6:3:

¿O no sabéis que todos los que hemos sido bautizados en Cristo Jesús, hemos sido bautizados en su muerte? Porque somos sepultados juntamente con él para muerte por el bautismo, a fin de que como Cristo resucitó de los muertos por la gloria del Padre, así también nosotros andemos en vida nueva.

De modo que el bautismo cristiano constituye una identificación con Cristo en su muerte, sepultura y resurrección. Hemos muerto con él, somos sepultados con él en el sepulcro de las aguas, y luego, del sepulcro de las aguas, nos levantamos con él para andar en vida nueva, una vida distinta a la que llevábamos anteriormente. Pablo dice que Cristo fue resucitado de los muertos por la gloria del Padre. Pero si regresamos a Romanos 1:4, encontramos que él fue resucitado de los muertos por el Espíritu Santo. Entonces, cuando somos bautizados, quiere decir que hemos llegado al final de nuestra propia vida. Ya no hacemos las cosas por nuestra propia justicia y nuestras propias fuerzas. De ahí en adelante, vamos a ser como Jesús. Cuando salimos del sepulcro, del sepulcro de las aguas, es para andar en el poder del Espíritu Santo. Jesús no se levantó a sí mismo de los muertos. Eso es muy significativo. Fue resucitado de los muertos por Dios Padre por medio del Espíritu Santo. Pablo dice en Romanos 1:4:

. . . que fue declarado Hijo de Dios con poder, según el Espíritu de santidad, por la resurrección de entre los muertos.

Dos tribunales diferentes—uno judío y uno romano—lo habían condenado a muerte como criminal. Pero en el tercer día, cuando la tumba se abrió y Él resucitó de entre los muertos, Dios revocó sus decisiones. Él dijo: “Este es mi Hijo. Él es completamente justo y lo traigo de vuelta a la vida porque va a ser el autor de la vida y la piedad para todos los que crean en Él.” ¡Oh, cuán importante es la resurrección! Y, como ves, en el bautismo en agua actuamos la realidad de la resurrección.

Solía ser maestro de estudiantes africanos hace años, capacitándolos para ser maestros. Y básicamente, les decía esto: “Las personas recuerdan el treinta por ciento de lo que oyen, el sesenta por ciento de lo que oyen y ven, y el noventa por ciento de lo que oyen, ven y hacen.” Así que, no dejes a tus alumnos sentados en un escritorio escuchando algo, involúcralos en hacer algo que indique que han entendido la lección. Y Dios sigue el mismo principio. Así que, Él no solo nos enseña en teoría, nos deja ver cosas y nos permite actuar. El bautismo en agua es una representación, una representación fresca, cada vez que ocurre, de la muerte, sepultura y resurrección de Jesucristo. Y en la iglesia primitiva no podías ingresar a la iglesia a menos que pasaras por esa representación de la fe que profesabas. Verás, no era suficiente con solo decir: “Creo”, tenían que actuar su creencia.

Una vez que hemos sido sepultados y resucitados, nuestra vida no nos pertenece. Si una persona quiere seguir viviendo su propia vida, no debería bautizarse, porque el bautismo es su sentencia de muerte. Y luego es su resurrección. Pero cuando es resucitada, su vida ya no le pertenece. ¿Entienden? Bautizarse es comprometerse a ser discípulo.

En Mateo 28, al final del capítulo, Jesús les dijo a sus discípulos qué tenían que hacer cuando proclamaran el evangelio. Mateo 28:19–20:

Por tanto, id, y haced discípulos a todas las naciones, bautizándolos en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo; enseñándoles que guarden todas las cosas que os he mandado; y he aquí yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo.

Dijo: “Id y haced discípulos a todas las naciones”. Nunca nos dijo que hiciéramos miembros de una iglesia. ¿Han notado eso? Saben que el problema más grande en la Iglesia hoy son aquellos miembros de la iglesia que no son discípulos. Porque tergiversan la verdad que estamos tratando de proclamar. Si una persona no está dispuesta a ser discípulo, no tiene ningún derecho a bautizarse. Bautizarse es comprometerse a ser discípulo. No tomaban mucho tiempo enseñándoles antes que se bautizaran, pero una vez que habían hecho el compromiso, sí les enseñaban. Pues, eso tiene sentido. ¿Por qué perder tiempo enseñando a personas que no están comprometidas? Que demuestren que están comprometidas, y luego se les puede empezar a enseñar lo que necesitan saber.

Yo viví esto estando en una misión en el este de África. Pasaban semanas enseñando a los candidatos al bautismo, pero en realidad, al final lo que hacían muchas veces era bautizar a impíos. Tenían todos los conocimientos intelectuales, pero su corazón nunca había cambiado. Nunca habían hecho un verdadero compromiso para seguir a Jesús. Dios me llevó a analizar esto, y en un momento se lo voy a demostrar.

Pero consideremos ahora los requisitos para el bautismo cristiano. Hemos estudiado los requisitos para el bautismo de Juan, ahora estudiemos los requisitos para el bautismo cristiano. Jesús dijo, primero que nada, id y haced discípulos de todas las naciones, bautizándolos. Así que, una persona que va a ser bautizada debe haber escuchado el evangelio de Jesucristo. ¿Recuerdas lo que dije que es el evangelio? Son tres hechos históricos: Jesús murió, fue sepultado, resucitó. Si crees eso, se te considera justo. Así que no tenemos derecho a bautizar a personas que no han sido confrontadas con los simples hechos del evangelio.

Luego, el próximo requisito era arrepentimiento. En Hechos 2:38, vemos cómo respondió Pedro el día de Pentecostés cuando la muchedumbre convencida de pecado pero no convertida le preguntó:

Varones hermanos, ¿qué haremos?

Pedro respondió en el versículo 38:

Arrepentíos . . .

¿Recuerdan lo que dijimos? El arrepentimiento siempre es el primer paso.

Arrepentíos, y bautícese cada uno de vosotros en el nombre de Jesucristo para perdón de los pecados; y recibiréis el don del Espíritu Santo.

Ese es el programa de Dios. Está todo en un versículo. ¿Por qué hemos de separar las tres partes y cumplir con las últimas dos partes semanas o meses después? Pues, yo era tan ignorante del evangelio que cuando me salvé, ¡fui bautizado en el Espíritu! No ocurrió en una iglesia, sino en una barraca. ¡No me enteré sino después que se supone que hay que esperar! En el momento de ser bautizado en el Espíritu Santo, recibí el don de lenguas y de interpretación. ¡Gracias a Dios que en la barraca no estaba con cristianos que me hubieran dicho que había que esperar tanto tiempo para recibir todo esto! Pedro no dijo eso. Dijo que era un solo paquete. Arrepentíos, bautizaos en agua y recibid el don del Espíritu Santo. Les aseguro que si le presentan la verdad a la gente de esa manera, y la gente responde, sucederá así. No toma mucho tiempo. No es un proceso lento. Es más bien algo muy rápido; la persona pasa de una dimensión a otra.

En tercer lugar, para ser bautizadas, las personas tienen que creer. En Marcos 16:15–16, Jesús dijo a sus discípulos:

Id por todo el mundo y predicad el evangelio a toda criatura.

Y es una gran vergüenza para nosotros que después de dos mil años todavía no hayamos hecho la obra. Eso lo digo de paso.

Id por todo el mundo y predicad el evangelio a toda criatura. El que creyere y fuere bautizado, será salvo; mas el que no creyere, será condenado.

De modo que nadie es apto para bautizarse si no ha creído. La persona tiene que ser creyente. El que creyere y fuere bautizado será salvo. Permítanme señalar que Jesús nunca les garantiza la salvación a los que creen sin ser bautizados. Tal vez usted me diga: “Eso ya lo he arreglado con el Señor”. Eso es asunto suyo. Pero bíblicamente, no se le garantiza la salvación a menos que haya sido bautizado como creyente. Bautizado...quiero decir que todo su cuerpo haya bajado al agua, es decir, que haya sido completamente sumergido.

La otra condición la menciona Pedro en 1 Pedro 3:21. Está hablando de los días de Noé, y no vamos a hablar de eso; sólo vamos a ver cómo se aplica al bautismo. En 1 Pedro 3:20, Pedro dice:

. . . cuando una vez esperaba la paciencia de Dios en los días de Noé, mientras se preparaba el arca, en la cual pocas personas, es decir, ocho, fueron salvadas por agua.

Esa es una escritura muy significativa, ¿verdad? Pedro está diciendo que Dios no quiso enviar el diluvio hasta que el arca no estuviera preparada. Estuvo esperando pacientemente a que el arca estuviera preparada, y luego dejó que viniera el diluvio. Y dice que de todas las personas que había en la tierra, ¿cuántas se salvaron? Ocho. Eso es algo muy serio. He oído decir que calculan que es probable que la población mundial haya sido de dos millones de personas. Eso es algo sumamente serio. De unos dos millones de personas, ocho fueron salvas.

En realidad, la salvación no es para la mayoría. Hoy día en nuestra sociedad entre comillas “democrática”, hay tantos asuntos que se solucionan según la decisión de la mayoría. Los asuntos de Dios nunca se solucionan de esa manera. Se solucionan según la decisión de Dios.

Y entonces Pedro sigue hablando del arca, de Noé y del diluvio, y dice:

El bautismo que corresponde a esto ahora nos salva . . .

¿Entienden? Él dice que el bautismo nos salva. Y luego dice:

. . . no quitando las inmundicias de la carne...

No se trata de bañarse para quedar limpio físicamente.

. . . sino como la aspiración de una buena conciencia hacia Dios . . .

Pues, esa es la cuarta condición: que la persona tenga una buena conciencia hacia Dios. En otras palabras, que la persona diga: “Señor, sé que he sido pecador. Lo siento. Me arrepiento. Creo que Jesús murió por mí. Creo que mediante la fe en él, soy justificado; se me considera justo. Señor, en mi condición de pecador, he hecho todo lo que puedo. Por favor, acéptame”. Eso es tener una conciencia limpia hacia Dios. No se puede hacer más de lo que Dios pide. Si la persona ha hecho todo lo que pide Dios, tiene una conciencia limpia hacia él.

Entonces, permítanme recapitular las cuatro condiciones necesarias para poder ser bautizado como creyente.

Número uno, la persona tiene que haber escuchado el evangelio.

Número dos, tiene que haberse arrepentido.

Número tres, tiene que creer el evangelio.

Y número cuatro, tiene que tener una conciencia limpia hacia Dios.

No quiero de ninguna manera entrar en polémicas, pero creo que sin entrar en polémicas, puedo decir lo siguiente: un bebé es incapaz de cumplir con ninguna de esas cuatro condiciones. ¿No es cierto? No creo que nadie pueda negarlo; es un simple hecho.

Quiero hablar de algo que mencioné anteriormente. El instruir a la gente con respecto al bautismo no tiene que tomar mucho tiempo. Viví esto en la misión con la cual estaba. Ellos tomaban seis semanas para instruir a los recién convertidos y luego los bautizaban. En realidad, lo que hacían era bautizar a impíos instruidos. Ellos nunca habían tenido un encuentro con el Señor; su vida no había sido cambiada. Eran buenas personas, pero . . .

Permítanme señalar ciertas verdades en cuanto a este lapso de tiempo. El día de Pentecostés tres mil personas fueron bautizadas el mismo día que oyeron el mensaje. Los apóstoles no dijeron: “Esperen, y si llevan fruto, los bautizaremos dentro de seis semanas”, o “. . . cuando se hayan aprendido de memoria todos los sermones de Jesús”. Los bautizaron porque habían reunido las condiciones necesarias. Habían creído, se habían arrepentido, y estaban dispuestos a hacer un compromiso. Fíjense que era un compromiso que no era bien visto, porque los cristianos eran una gran minoría.

Luego en Hechos 8, el eunuco etíope oyó el evangelio de la boca de Felipe. Leámoslo; vale la pena leer lo que ocurrió. Hechos 8. Recordarán que Felipe se encontraba en el camino que bajaba a Gaza. Había dejado atrás un avivamiento muy emocionante en Samaria, y se encontraba en el camino a Gaza porque un ángel lo había enviado. No tenía ninguna idea porqué se encontraba allí. Entonces vio a aquel eunuco etíope en su carro y el eunuco estaba leyendo en voz alta, como mencioné anteriormente que solía hacer la gente. Estaba leyendo del profeta Isaías. Felipe se le acercó y el eunuco le preguntó:

Te ruego que me digas: ¿de quién dice el profeta esto; de sí mismo, o de algún otro?

Él estaba leyendo el pasaje en Isaías 53, “Fue llevado como un cordero al matadero.” Y el eunuco hizo una pregunta muy razonable, ¿está el profeta hablando de sí mismo o de alguna otra persona? Y luego dice, versículo 35:

Entonces Felipe, abriendo su boca, y comenzando desde esta escritura, le anunció el evangelio de Jesús.

En otras palabras, le dijo que Isaías estaba hablando de Jesús. La Biblia dice que le predicó a Jesús. Felipe era evangelista, y es un modelo para nosotros. Su mensaje era muy sencillo. Era un mensaje de una palabra. En Samaria había predicado a Cristo, y en el camino a Gaza predicó a Jesús. Me encanta el ministerio de los verdaderos evangelistas. No es el ministerio mío, pero cada vez que veo a un verdadero evangelista en acción, me emociono mucho. El evangelista lo que hace es presentarle el Salvador al pecador. Al hacer eso, ya ha cumplido con su misión. Así hizo Felipe en Samaria, y luego Dios le dio otra tarea. Muchas personas se hubieran quedado, porque la campaña evangelística en Samaria había tenido mucho éxito. Pero Dios le había dicho que pasara a hacer otra cosa, que no se quedara. Fue una prueba de obediencia. Entonces, termina en el camino a Gaza, en el carro de este eunuco, y le predica a Jesús. Quiero que se fijen en eso: le predicó a Jesús.

Y yendo por el camino, llegaron a cierta agua, y dijo el eunuco: Aquí hay agua; ¿qué impide que yo sea bautizado? Felipe dijo: Si crees de todo corazón, bien puedes. Y respondiendo, dijo: Creo que Jesucristo es el Hijo de Dios. Y mandó parar el carro; y descendieron ambos al agua, Felipe y el eunuco, y [Felipe] le bautizó [al eunuco].

Ahora solo nos dice que Felipe predicó a Jesús, pero en la predicación de Jesús debe haber dicho algo sobre el bautismo porque el eunuco tomó la iniciativa, no Felipe. Dijo: "Aquí hay agua. ¿Por qué no debería ser bautizado ahora mismo?" Felipe dijo: "Está bien, lo haré." Y ambos bajaron al agua. Cada vez que se describe el bautismo en el Nuevo Testamento, las personas bajan al agua y salen del agua.

Entonces tuvo una experiencia emocionante. Fue arrebatado por el Espíritu Santo, y el eunuco no lo volvió a ver. Pero éste no se preocupó; siguió gozoso su camino. Permítanme señalar que habrán pasado una o dos horas desde que el eunuco escuchó el evangelio por primera vez hasta que fue bautizado. No fue un tiempo de preparación muy largo.

Y luego en la casa de Cornelio; ya conocen la historia. Pedro fue a la casa de unos gentiles muy a regañadientes, ya que iba en contra de sus convicciones religiosas. Pero empezó a hablarles de Jesús, y pasó algo maravilloso. Su sermón fue interrumpido. Yo digo: “Señor, danos más sermones interrumpidos”. El Espíritu Santo interrumpió el sermón. Y mientras la gente escuchaba, dice en el versículo 44:

Mientras aún hablaba Pedro estas palabras, el Espíritu Santo cayó sobre todos los que oían el discurso. Y los fieles de la circuncisión que habían venido con Pedro se quedaron atónitos . . . Eso se refiere a los judíos, todos los que habían venido con Pedro, porque el don del Espíritu Santo fue derramado sobre los gentiles.

Fíjense que eso constituye una inmersión. Hablaremos de eso en la próxima reunión, pero constituye una inmersión. Fueron sumergidos desde arriba. Fue una inmersión estilo Cataratas del Niágara. ¿Por qué se quedaron atónitos?

Porque los oían que hablaban en lenguas, y que magnificaban a Dios.

Muchos predicadores hoy dicen: “Pues, vamos a esperar unas seis semanas, y si dan fruto verdadero, sabremos que fue una experiencia real”. Ahora bien, nadie hubiera podido estar menos dispuesto a creer que los gentiles pudieran llegar a ser creyentes que Pedro. Pero en cuanto los escucharon hablar en lenguas, dijeron: “Ya está. Han recibido lo mismo que nosotros”.

Entonces respondió Pedro: ¿Puede acaso alguno impedir el agua, para que no sean bautizados estos que han recibido el Espíritu Santo también como nosotros?

Y dice que Pedro mandó que fueran bautizados. No se lo recomendó; se lo ordenó. El bautismo es un acto de obediencia hacia Dios. ¿Cuánto se tardaron? Pues, tal vez habrá pasado una hora desde que hablaron en lenguas por primera vez hasta que fueron bautizados en agua. No se demoraron.

Y luego el carcelero de Filipos. Esto siempre me llama la atención. Recuerdas la historia, Pablo y Silas habían sido arrojados a la prisión y allí, en la prisión más profunda, la cárcel de máxima seguridad, a medianoche, la hora más oscura, ¿qué estaban haciendo? Estaban cantando y alabando al Señor. Dice que los prisioneros los estaban escuchando, nunca habían tenido personas así en esa cárcel antes. Y en ese momento particular, sus alabanzas liberaron el poder sobrenatural de Dios y toda la cárcel fue sacudida hasta sus cimientos, se abrieron todas las puertas y las cadenas de todos cayeron. El carcelero iba a suicidarse porque bajo el sistema romano, si algún prisionero escapaba, tenía que responder con su vida por el prisionero. Pablo dijo: "No te hagas ningún daño, todos estamos aquí. No tienes que suicidarte." Luego dice en el versículo 29:

El entonces, pidiendo luz . . . temblando, se postró a los pies de Pablo y de Silas.

¡Qué maravilloso que el carcelero temblara ante sus prisioneros! ¿No les parece?

. . . y sacándolos, les dijo: Señores, ¿qué debo hacer para ser salvo? Ellos dijeron: Cree en el Señor Jesucristo, y serás salvo, tú y tu casa.

Hay tantas personas que omiten esa parte. Pero como cabeza de su familia, él tenía el derecho de creer que su familia sería salva. Dice:

Y le hablaron la palabra del Señor a él y a todos los que estaban en su casa.

Todos tenían suficiente edad como para oír la Palabra del Señor.

Y él, tomándolos en aquella misma hora de la noche, les lavó las heridas; y en seguida se bautizó él con todos los suyos.

Ni siquiera esperaron que amaneciera. Era urgente. No sé si puedo comunicarles lo urgente que era el bautismo en agua para los cristianos del Nuevo Testamento. No perdían tiempo; no esperaban un culto para bautismos, porque su salvación dependía de ello. El que creyere y fuere bautizado será salvo.

No quiero entrar en polémicas. Usted puede decidir usted mismo cómo va a responder.

Miremos rápidamente el significado espiritual del bautismo. Lo dice Romanos 6; busquémoslo un momento. Romanos 6, empezando en el versículo 3:

¿O no sabéis que todos los que hemos sido bautizados en Cristo Jesús, hemos sido bautizados en su muerte?

Cada vez que Pablo dice “No sabéis”, me he dado cuenta que la mayoría de los cristianos hoy día no saben. Es increíble. Cada vez que él habla de algún tema y dice: “No sabéis” me doy cuenta que la mayoría de los cristianos hoy día no saben.

Él dijo:

Porque somos sepultados juntamente con él para muerte por el bautismo, a fin de que como Cristo resucitó de los muertos por la gloria del Padre, así también nosotros andemos en vida nueva.

Entonces, como ya dije, nos hemos identificado con Cristo en su muerte, sepultura y gracias a Dios que no termina ahí. Si somos sepultados con él, también somos resucitados.

Y luego Pablo dice algo muy significativo. Dice en el versículo 5:

Porque si fuimos plantados juntamente con él en la semejanza de su muerte, así también lo seremos en la de su resurrección.

Está hablando de ser sepultados mediante el bautismo. Dice que si hemos sido sepultados, podemos tener la seguridad de que seremos resucitados. Luego dice:

. . . sabiendo esto, que nuestro viejo hombre fue crucificado juntamente con él, para que el cuerpo del pecado sea destruido, a fin de que no sirvamos más al pecado.

Entonces la realidad que refleja el bautismo es que cuando Jesús murió en la cruz, nuestra naturaleza pecaminosa, carnal y rebelde fue muerta junto con él. Esa es una gran revelación. Porque podemos ser perdonados de nuestros pecados y todavía ser rebeldes. Eso es lo que hacen muchas personas. Van a la iglesia, confiesan sus pecados, son perdonados y luego salen de la iglesia y empiezan a pecar de nuevo. Eso no es lo que Dios quiere. Una razón por la que pasa eso es que la gente no sabe que es un hecho histórico que al morir Jesús en la cruz, nuestro viejo hombre, aquel rebelde dentro de cada uno de nosotros, fue ejecutado. Esa es la única salida. No hay ninguna otra solución para ese ser rebelde. La única solución es que muera. Pero las buenas noticias son que la ejecución tuvo lugar más de diecinueve siglos atrás, cuando Jesús murió en la cruz. Pablo dice que tenemos que saber eso.

Luego sigue diciendo en el versículo 11:

Así también vosotros consideraos muertos al pecado, pero vivos para Dios en Cristo Jesús, Señor nuestro.

Pablo dice que tenemos que darnos cuenta de esto y luego considerarlo una realidad en nuestra vida. Tenemos que considerarnos muertos al pecado, pero vivos para Dios. Y el proceso externo es el bautismo en agua. Bajamos al sepulcro y volvemos a subir de él. Nuestra vieja naturaleza pecaminosa queda atrás en el sepulcro, y al salir, somos nuevas criaturas.

Ahora bien, en Colosenses 2, hay un pasaje más con respecto a esto que es importante. Colosenses 2. Pablo está escribiendo a cristianos y dice en el versículo 11:

En él también fuisteis circuncidados con circuncisión no hecha a mano, al echar de vosotros el cuerpo pecaminoso carnal, en la circuncisión de Cristo.

Bajo la ley judía, la circuncisión simplemente era quitar un pequeño pedazo de carne. Pero la circuncisión cristiana implica despojarse de toda la naturaleza carnal, de todo el cuerpo pecaminoso carnal. Y cuando un cuerpo ha muerto, ¿qué hay que hacer? Enterrarlo, así es. En realidad, es una ofensa dejar un cadáver por ahí sin enterrarlo.

Yo serví con el Ejército Británico en el norte de África, y nunca dejábamos un cadáver en el suelo; siempre lo poníamos bajo tierra. Y creo que eso es importante. Si usted ha muerto, no se quede por ahí sin enterrar. Sea enterrado. ¿Entienden la idea?

Ahora, Pablo sigue diciendo en Colosenses 2 que después de despojarnos del cuerpo pecaminoso, ¿qué hay que hacer? Dice que hay que enterrarlo.

. . . sepultados con él en el bautismo, en el cual fuisteis también resucitados con él, mediante la fe en el poder de Dios que le levantó de los muertos.

Fíjense que el bautismo sólo funciona para aquéllos que creen. Es mediante nuestra fe en lo que Dios hará que somos resucitados. Si no creemos, no funciona.

Ahora permítanme compartir con ustedes ciertas verdades importantes. Gálatas 3:27:

. . . porque todos los que habéis sido bautizados en Cristo, de Cristo estáis revestidos.

¿En qué somos bautizados? En Cristo. No somos bautizados en una denominación o en una iglesia. Ese es un grave error. Una vez más, pienso en el tiempo que pasé en el este de África. La misión evangélica más grande allí no aceptaba a nadie como miembro que no hubiera sido bautizado en su misión. La persona podía haber sido bautizada como creyente de manera completamente legítima, pero si no había sido en esa misión, tenía que volver a bautizarse allí. Ese es un error. Es carnalidad. Gracias a Dios que no somos bautizados en una iglesia, sino en Cristo. Ningún otro bautismo es suficiente.

Luego, como he dicho, sólo llega a ser eficaz mediante la fe.

Luego tenemos que entender que el poder para vivir nuestra nueva vida nos lo da el Espíritu Santo. El mismo Espíritu que levantó a Jesús de los muertos obra en nosotros.

Ahora miremos rápidamente dos cuadros del bautismo en el Antiguo Testamento. El primero ya lo hemos visto en 1 Pedro 3:20-21: el arca de Noé. Pedro dice que el arca de Noé es un tipo del bautismo en agua. ¿Cuál fue el mensaje del arca de Noé? En primer lugar, que venía el juicio. Había una sola manera de salvarse del juicio, y era el arca. Así que el diluvio representa el juicio de Dios. El arca, como siempre en la Biblia, es un tipo de Jesucristo. Estando dentro del arca, podemos pasar por las aguas del juicio sin peligro. Si estamos fuera del arca, nos ahogaremos. No hay ninguna otra vía de escape sino estar en el arca, es decir, Jesucristo. Y estando allí, pasamos por las aguas sin ningún peligro y salimos a una nueva vida, una vida totalmente diferente. Las aguas se han llevado nuestra vieja vida, y una nueva vida se extiende ante nosotros. Eso es lo que representa el arca de Noé.

Y también hay otro cuadro que miraremos rápidamente. 1 Corintios 10:1–2:

Porque no quiero, hermanos, que ignoréis que nuestros padres todos estuvieron bajo la nube, y todos pasaron el mar; y todos en Moisés fueron bautizados en la nube y en el mar.

Y luego dice:

Mas estas cosas sucedieron como ejemplos para nosotros...

Pablo está diciendo que durante el éxodo, al ser liberados de Egipto, todo judío pasó por dos experiencias. La nube bajó y los cubrió desde arriba y Pablo dice que fueron bautizados en la nube. Además, bajaron al agua, pasaron por el agua y volvieron a subir, y Pablo dice que fueron bautizados en el mar. De modo que Dios ha dispuesto un doble bautismo para cada creyente. La nube baja sobre el creyente desde arriba y éste es sumergido en ella. Además, baja al agua, pasa por ella y vuelve a subir. Y cuando los israelitas subieron del agua, empezaron una nueva vida con nuevas leyes y un nuevo líder. Todo lo demás lo dejaron atrás.

Fue el agua que impidió que los egipcios los siguieran. Es muy importante. Habían sido salvos en Egipto, por fe en la sangre del cordero, pero eso no los separó de los egipcios. Fue el agua que los separó. Es el bautismo que nos separa. Podemos creer en la sangre de Jesús y ser salvos, pero no somos separados hasta que no seamos bautizados.

He tratado literalmente con miles de personas que han sido liberadas de espíritus inmundos. Siempre que sea posible, les digo que si quieren mantenerse libres deben bautizarse en agua. Porque es ahí que somos librados de las ataduras del enemigo. No lo hace la sangre. La sangre nos salva en Egipto; el agua nos separa de Egipto. Somos separados por el agua y por la nube. Dice que fueron bautizados en Moisés. En otras palabras, esa experiencia los llevó a estar bajo el liderazgo de Moisés. Pues, nosotros no somos bautizados en Moisés; somos bautizados en Cristo. Cristo viene a ser nuestro líder. Pero para llegar a estar en él de la manera bíblica, tenemos que ser cubiertos por la nube y pasar por el agua. Es tan claro. Es un cuadro tan gráfico.

Y luego dice en Hebreos 11:29...pues, leámoslo, creo que tenemos justamente el tiempo suficiente. Hebreos 11:29. Aquí se hace hincapié en el hecho de que es sólo por fe. Si la persona no es creyente, bajará al agua un pecador seco, y subirá del agua un pecador mojado. Ese será el único cambio que habrá. Oí una vez que un hombre dio testimonio de eso. Más adelante se salvó de verdad. Era solista; cantaba en una iglesia. Y para poder cantar en la iglesia, le dijeron: “Les exigimos a nuestros cantantes que se bauticen”. Él dijo: “Está bien”. Y ahí estaba, un pecador seco. Bajó al agua y cuando subió, era un pecador mojado. Eso fue lo único que ocurrió, porque no había fe. Aquí dice de los israelitas en Hebreos 11:29:

Por la fe pasaron el Mar Rojo como por tierra seca . . .

¿Cómo lo hicieron? Por fe, así es.

. . . e intentando los egipcios hacer lo mismo, fueron ahogados.

¿Por qué? Porque no tenían fe. Entonces, si uno no es creyente, y se bautiza en agua, lo único que ocurre es que se ahoga. Sólo podemos pasar a una nueva vida mediante la fe en Jesús.

Pues, este es un tema muy serio. Mucho más serio de lo que se dan cuenta la mayoría de las denominaciones e iglesias hoy. He tratado muchas veces con personas que recibieron convicción de esto. Preguntaban: “¿Qué hacemos ahora?” Yo les decía: “Bautícense”. “¿Cuando?” “Cuanto antes. Ahora mismo”. En la Florida he llevado a personas a la playa. Después tenían que manejar hasta Miami, que son unos treinta kilómetros. Les decía: “No les tengo una muda de ropa”. Ellos decían: “Eso no importa. Regresaremos a casa mojados”. Habían entendido la importancia del bautismo, lo urgente que es.

Quiero plantearles que en la Iglesia necesitamos volver a orientarnos en cuanto a nuestro concepto del bautismo. Es parte de la salvación. No le digo que si no ha sido bautizado, pero es creyente, no será salvo. Eso es entre usted y el Señor. Pero no tengo ninguna autoridad para decirle que será salvo. Dice que el que cree y es bautizado será salvo.

¿Por qué no oramos un momento?

“Señor Jesucristo, tú eres la cabeza sobre todas las cosas a la Iglesia, que es tu cuerpo. En este momento, traemos ante ti a este grupo de personas. Tú eres el único que conoces el corazón de cada uno. Tú eres el único que sabes dónde están en su relación contigo. Pero Señor, si hay personas aquí que verdaderamente desean ser salvas y ser discípulos, pero que todavía no han sido bautizadas en agua, te pido de todo corazón que por el Espíritu Santo, pongas en ellas un sentido de urgencia para que tomen ese paso necesario de obediencia. Señor Jesús, que esto sea para tu gloria y para la edificación de tu cuerpo. En tu nombre te lo pedimos. Amén.”

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