En nuestra última reunión hablamos de los tres dones vocales del Espíritu: lenguas, interpretación y profecía. Procuré llevarlos a ejercitar esos dones. Creo que tuve éxito en un ochenta por ciento por lo menos, por lo cual le doy gloria a Dios.

Ahora nos queda una reunión más en esta serie, y hablaremos brevemente de los otros seis dones del Espíritu, bajo el título de "Dones de poder y de revelación". No se dejen engañar por la guía. No está completa; falta una parte al final, pero empezaremos con esta parte. La pluma de la señora que las estaba preparando --y sí se trata de una señora-- se quedó sin tinta. Por eso la guía termina ahí, pero proyectaremos la parte que falta en un momento. Ya le debemos muchísimo a esa hermana; creo que deberíamos darle un aplauso. No sé dónde está. Necesitamos orar por ella para que no deje de aprobar sus otros exámenes por haberle dado tanto tiempo a esto.

Ahora bien, los tres dones de poder. El primer don de poder es el don de fe. En el Nuevo Testamento, la palabra "fe"se usa de diferentes maneras. "El justo por la fe vivirá". He escrito un libro que se llama Fe por la cual vivir, que trata del tipo de fe que se necesita para ser creyente.

Luego, en Gálatas 5, la fe aparece como uno de los frutos del Espíritu. El fruto y los dones son dos cosas diferentes. Si quiere saber cuál es la diferencia, compare un árbol de Navidad con un manzano. El manzano lleva fruto. El llevar fruto es un proceso largo; no sucede instantáneamente. Hay que cultivar el árbol. Por otra parte, un árbol de Navidad --si es que le agradan tales cosas-- lleva regalos, o bien en sus ramas, o bien debajo de él. Estos regalos o dones pueden colocarse allí en un instante, y volverse a quitar con la misma rapidez. No hace falta mucho tiempo. Es igual con los dones del Espíritu. Recibir un don no toma ni treinta segundos. Ésa es la diferencia.

Ahora bien, el fruto es sumamente importante, pero no estamos tratando ese tema, sino más bien el tema de los dones. La fe como fruto del Espíritu generalmente se traduce "fidelidad". En realidad, tanto en griego como en hebreo, la palabra "fe"se refiere ante todo al carácter y no al intelecto, lo cual me parece interesante. En realidad, tener fe significa ser fiel; implica tener un compromiso con Dios, no creer una cierta doctrina, lo cual sería algo secundario.

Sin embargo, no estamos hablando del fruto de fidelidad, sino del don de fe, lo cual es algo que se recibe instantáneamente. ¿Qué es el don de fe? Yo diría que es un grano de mostaza de la fe de Dios mismo que él nos imparte soberanamente, y de manera sobrenatural. No reclamamos este don; Dios nos lo da. Hay dos escrituras que muestran esto. Marcos 11:21-23. Recordará que Jesús se acercó a una higuera, y al verla, se enojó. Dijo: “Nunca jamás coma nadie fruto de ti”.

Y pasando por la mañana, vieron que la higuera se había secado desde las raíces. [Los discípulos hicieron un comentario al respecto.] Entonces Pedro, acordándose, le dijo: Maestro, mira, la higuera que maldijiste se ha secado. Respondiendo Jesús, les dijo: Tened fe en Dios.

Así dice en español, pero, en realidad, lo que dice en griego es: “Tened la fe de Dios”, lo cual da una idea totalmente diferente. Jesús dice que si tenemos la fe de Dios, nuestras palabras y nuestros actos tendrán el mismo efecto que si Dios mismo los ejecutara. No es nuestra fe; es la fe de Dios. En otras palabras, Jesús dijo: “La fe de Dios en mí me permitió decidir el destino de ese árbol. Las palabras que pronuncié fueron tan efectivas como si las hubiera dicho Dios el Padre”. Y recuerde que Dios creó el mundo mediante su palabra. Él habló, y el mundo fue creado.

Luego Jesús da esta promesa en el versículo 23:

Porque de cierto os digo que cualquiera que dijere a este monte: Quítate y échate en el mar, y no dudare en su corazón, sino creyere que será hecho lo que dice, lo que diga le será hecho.

Es una promesa sumamente amplia. "Cualquiera que dijere...lo que diga, le será hecho". Sin embargo, es imposible simplemente decidir tener este tipo de fe; es necesario que, en medio de nuestra situación, Dios mismo nos imparta la fe de él como un don.

Ahora comparemos lo que dice Mateo 17:20, que habla del mismo incidente. Jesús dice:

...Si tuviereis fe como un grano de mostaza, diréis a este monte: Pásate de aquí allá, y se pasará; y nada os será imposible.

Jesús dijo que, ya que es la fe de Dios, no se necesita mucha; un grano de mostaza [la semilla más pequeña de todas] moverá una montaña. En otras palabras, no depende tanto de cuánta fe tengamos, sino de la calidad de nuestra fe. El don de fe es un pequeño grano de mostaza de la fe de Dios que él nos imparte en una situación dada, para llevar a cabo una labor específica. Mientras ejercitamos esta fe, tenemos el mismo impacto que tendría Dios mismo. Al completar la obra, nos hallamos otra vez al nivel de nuestra propia fe, el tipo de fe que usamos a diario.

De modo que ése es el don de fe. Generalmente actúa como un catalizador que nos lleva a ejercitar los próximos dos dones. En este momento, seguiremos leyendo en la próxima hoja con la ayuda del querido hermano Fenue, ¡cuyo nombre quedará grabado para siempre en este video! Ahora hablaremos del siguiente don de poder: el don de sanidad. Fíjese que en el original está todo en el plural: dones de sanidades. Personalmente, me parece que cada sanidad es un don. Además, por lo general sucede que ciertos ministros tienen fe para ciertos tipos de sanidades. Por ejemplo, yo tengo fe para ver a Dios sanar problemas de la espalda, colitis, asma y también artritis. En cambio, hasta hace poco, no tenía mucha fe para orar por problemas de los ojos. Digo hasta hace poco porque recientemente, en Pakistán, fuimos testigos de que unos diez ciegos recibieron la vista. Eso es algo nuevo que Dios está haciendo; no sé cuál será la próxima etapa. En cambio, llevo años orando por personas con problemas de la espalda, y la mayoría se sanan.

Así que los dones de sanidad se pueden ver desde dos puntos de vista. Por una parte, cada sanidad es un don en sí. Por otra parte, algunas personas reciben el don de sanar, digamos, artritis o epilepsia. Otros reciben el don de sanar sordera, ceguera o enfermedades del intestino. El don de sanidad puede operar de diferentes maneras. Tenemos que ser sensibles al Espíritu Santo.

Básicamente, el don de sanidad, o bien un don de sanidad, es el poder sobrenatural de Dios que viene a destruir la enfermedad. La sanidad tiene que ver con la enfermedad. Los únicos que pueden ser sanados son los enfermos. En Lucas 5:17, habla del ministerio de Jesús y dice:

Aconteció un día, que él estaba enseñando, y estaban sentados los fariseos y doctores de la ley, los cuales habían venido de todas las aldeas de Galilea, y de Judea y Jerusalén; y el poder del Señor estaba con él para sanar.

Fíjense que el poder del Señor estaba con él para sanar. De modo que el poder sanador de Dios echa fuera la enfermedad, y en su lugar, trae salud. Se trata de un poder sobrenatural que da el Espíritu Santo, que se transmite de diferentes maneras, a menudo mediante la imposición de manos, y a veces mediante el ungir con aceite. Lo cierto es que el don de sanidad tiene que ver con la enfermedad.

El próximo don, el don de milagros, tiene un mayor alcance. Los milagros van más allá de las sanidades. Permítame darle un ejemplo que ha acontecido más de una vez en mi ministerio. Si una persona tiene lo que se llama "otitis media", lo cual es una enfermedad del oído medio, se puede orar y la persona puede ser sanada. En cambio, si a la persona la han operado para quitarle el oído medio, es imposible que se sane de un oído medio que no existe. Sin embargo, el oído medio puede ser restaurado mediante un milagro. Recuerdo dos ocasiones en que esto ocurrió. Una vez, un hombre se acercó a mí y me pidió que orara por su oído. Gracias a Dios que no le pregunté qué le pasaba a su oído. De modo que oré, y el regresó y dijo que había sido sanado. Le pregunté de qué se había sanado y el dijo: "No tenía oído medio, y ahora sí tengo uno. Fui al doctor, él me hizo un examen, y tengo un oído normal". Ése es un milagro. Es algo que va más allá de la sanidad.

También existe la siguiente diferencia: aunque no siempre es así, muchas veces los milagros se producen instantáneamente y se manifiestan de manera visible, mientras que las sanidades son invisibles. Si alguien se sana del hígado, en el momento no se ve nada. Además, las sanidades a menudo se producen poco a poco. Es importante que entendamos esto, porque algunas personas vienen a recibir sanidad, pero si no reciben un milagro, piensan que no ha pasado nada. Sin embargo, puede ser que estén recibiendo sanidad. Es sumamente importante entender esto, porque al recibir sanidad, mucho depende de cómo respondemos a lo que Dios está haciendo. Les digo a las personas: "Ahora están en contacto con el poder sobrenatural de Dios. No pierdan ese contacto". ¿Qué debemos hacer para que el poder de Dios siga fluyendo en nosotros? ¡Debemos darle gracias a Dios! Hay que decir: "Gracias, Señor. Tú me tocaste. Tu poder está obrando en mi cuerpo". Cada vez que sintamos un dolor o veamos un síntoma, debemos decir: "Gracias, Señor. Tu poder sobrenatural está obrando en mi cuerpo". Y al responder de esa manera, seremos completamente sanados.

Pero si pasamos adelante para que oren por nosotros, y Dios nos toca, pero no recibimos una sanidad completa, y al sentarnos decimos: "No pasó nada", lo que hemos hecho es cerrarnos al poder de Dios. ¿Me entiende? Después de eso, ya Dios no podrá obrar más en nosotros. Así que es muy importante enseñarle esto a la gente.

Yo diría que, por lo general, antes de que pueda ocurrir un milagro, tenemos que ejecutar un sencillo acto de fe. Si quiere estudiar acerca de un hombre en cuya vida acontecieron muchos milagros, lea el relato de la vida del profeta Eliseo. Para que se produjeran los milagros, el profeta casi siempre tuvo que realizar un acto de fe un poco tonto. Por ejemplo, había un manantial en las afueras de Jericó, cuyas aguas estaban contaminadas. El profeta tomó una vasija de sal, echó la sal dentro del manantial y dijo: “Así ha dicho Jehová: Yo sané estas aguas”. Pues, todos saben que la sal no puede purificar el agua, ¿no es cierto?, pero si visitáramos ese manantial hoy, más de dos mil años más tarde, comprobaríamos que todavía está libre de contaminación. La sal no sanó las aguas, pero el sencillo acto de fe hizo que el poder milagroso de Dios tocara el manantial.

En otra oportunidad, los hijos de los profetas estaban comiendo todos de una gran olla de potaje cuando descubrieron que el potaje estaba envenenado. Eliseo simplemente tomó un poco de harina, la echó en la olla y dijo: “Así dice el Señor: ya no habrá mal en la olla”. Y así fue. La harina no purificó el potaje, pero el sencillo acto de fe hizo que el veneno fuera quitado milagrosamente.

En otra ocasión, uno de sus aprendices salió a construir algo a la orilla del río Jordán. Pidió prestada un hacha para talar unos árboles, y mientras los talaba, se le cayó el hierro del hacha en el Jordán. Si nunca ha estado en el Jordán, quizás no entienda el significado de esto, pero el Jordán es un río lleno de barro. Hay por lo menos dos pulgadas de puro lodo en el fondo. De modo que el hierro no sólo bajó al fondo, sino que se enterró en el lodo y desapareció. Eliseo sólo preguntó: "¿Dónde cayó?" y luego tomó un palo, lo echó en el Jordán, y mientras éste flotaba en la superficie, hizo flotar también el hierro. Ahora bien, el palo no hizo que el hierro subiera a la superficie, pero el hecho de arrojar el palo en el río hizo que fluyera el poder milagroso de Dios. ¿Entiende el principio? Generalmente, hay que hacer algo tonto para que se produzca un milagro.

Cuando un hombre ciego de nacimiento vino a Jesús, éste escupió en tierra, ¡y todos sabemos que los predicadores no escupen en público! Jesús hizo lodo con la saliva, untó con él los ojos del ciego y le dijo que fuera a lavarse en el estanque de Siloé. ¡Qué ridiculez! Pero el hombre hizo lo que se le había dicho y volvió del estanque sanado. El lodo no lo sanó, ni tampoco el estanque. Más bien, la acción de Jesús hizo que el poder milagroso tocara al hombre cuando éste respondió en fe.

De modo que hemos hablado un poco de los tres dones de poder, aunque sea brevemente.

Ahora hablemos de los dones de revelación. Primero que nada, quisiera señalar que la mayoría de las traducciones dicen: "la palabra de sabiduría", pero en griego dice: "una palabra de sabiduría". Según lo entiendo yo, es semejante al don de fe, pero se trata de sabiduría. Dios tiene toda la sabiduría, pero si la depositara toda sobre nosotros, sería una carga que nos aplastaría. Sin embargo, cuando estamos en una situación en la que necesitamos sabiduría y en lo natural no hay manera de obtenerla, Dios nos da de manera sobrenatural, una palabra de sabiduría, es decir, un grano de mostaza de su propia sabiduría.

La palabra de sabiduría nos da dirección; nos muestra cómo debemos proceder, y qué debemos hacer. La palabra de ciencia es parecida, pero se trata de ciencia o conocimiento, no sabiduría. Es un pequeño grano de mostaza del conocimiento de Dios que nos da él en una situación dada para llevar a cabo una obra específica. Hace veinte o treinta años, el pueblo de Dios casi no usaba la palabra de ciencia. Hoy día ya es bastante común. Gracias a Dios por eso. Una de las maneras en que opera es que el Señor le muestra a un hermano la enfermedad de uno de los concurrentes. El hecho de designar al enfermo de esta manera crea fe en la persona para recibir sanidad. ¿Entiende? Dios siempre está obrando para producir fe en nosotros. En un sentido, el verdadero propósito de los dones es producir fe.

A veces, Ruth recibe una palabra de ciencia cuando estamos juntos. Estábamos en Gran Bretaña en abril del año pasado, y yo iba a hablar en un culto de sanidad. Cuando estaba por levantarme a predicar, Ruth me tocó el hombro y dijo: "Creo que Dios me ha dado una palabra de ciencia". "Está bien. Puedes darla", dije yo. Pero antes, ya que conozco a mis compatriotas británicos, hablé un poquito acerca de cómo responder. Dije: "No se quede sentado pensando: 'Ése puedo ser yo' o 'Me daría pena pasar al frente delante de tantas personas', porque si lo hace, no recibirá lo que Dios quiere darle. Si la palabra de ciencia es para usted, tiene que levantarse y pasar al frente, y nosotros oraremos por usted". Entonces Ruth se puso de pie y dijo que había alguien allí que creía que iba a perder la vista en el ojo derecho. Pues, en la segunda fila, había una señora nativa de la India, ataviada de su sari. Ruth no acababa de hablar cuando la señora subió al escenario. ¿Se da cuenta? Ésa es la diferencia que existe entre los ingleses y los hindúes. Ella dijo: "La única razón por la que vine a este culto es porque creo que estoy perdiendo la vista en el ojo derecho". Le pregunté si era cristiana, y ella me dijo que era cien por ciento hindú. Dios se estaba valiendo de su enfermedad para atraerla a él. Era el único medio que él podía usar para confrontarla con el Evangelio. Yo le pregunté si estaba dispuesta a que yo orara en el nombre de Jesús, y me dijo que sí. Le pregunté si estaba dispuesta a confesar que Jesús era el Hijo de Dios. Ella lo pensó, y al final, dijo que sí. Confesó que Jesucristo era el Hijo de Dios, y oramos por ella. Regresó esa noche, y vio muchos otros milagros. Se nos acercó al final y dijo: "En realidad, no sé cómo esto afectará mi fe hindú". Ruth le contestó: "Pues, ahora es responsable ante Dios por lo que él le ha mostrado".

En Amsterdam el verano pasado aconteció algo parecido mientras ministrábamos allí con Juventud con una Misión. Tuvimos un culto de sanidad y Dios le dio a Ruth una palabra de ciencia un poco rara, que decía que había alguien allí que tenía una cicatriz en su cuerpo que se extendía desde aquí (indicando) hasta aquí (indicando). Le dio un poco de pena decirla, ya que perecía tan rara, pero cuando la dijo, un joven se puso de pie, y dijo: "Ése soy yo. Me operaron de la espalda, y tuvieron que cortarme desde este lado hasta el otro". Hicimos que se sentara en la silla y le preguntamos si era creyente, y él dijo que sí. Le preguntamos cuándo se había salvado, y nos dijo: "Anoche, en la calle". ¡Qué grandioso! Dios le mostró lo interesado que estaba en él como persona. Usó la cicatriz que tenía para llamarlo al frente y sanarlo.

Puede ser que Dios nos dé una palabra de ciencia antes de terminar aquí esta mañana, pero seguiremos hablando ahora del próximo don: el discernimiento de espíritus. En realidad, ambas partes están en el plural: discernimientos de espíritus, lo mismo que dones de sanidades y géneros de lenguas. Hay varios dones que, en el original, están en el plural en sus dos partes. "Discernir" quiere decir reconocer o distinguir entre dos cosas, así que el discernimiento de espíritus implica reconocer los espíritus, o distinguir entre ellos. Se trata de un discernimiento espiritual. Dios puede revelar este tipo de cosa de dos maneras. Puede dar una palabra de ciencia. Por ejemplo: "Tal y tal persona tiene un espíritu de temor, o de epilepsia o de muerte". Ésa es una manera. También puede mostrarle el espíritu al siervo de Dios; uno lo ve, no con los ojos naturales, sino con los espirituales. Hay ciertos espíritus a los cuales Ruth y yo nos enfrentamos con tanta frecuencia que los identificamos casi inmediatamente. Uno de estos es el espíritu de muerte. Cuando una persona tiene este espíritu, se le ve en los ojos y en el rostro. Otro es brujería. Estábamos en Holanda hace ya varios años, hace cinco años. Tuvimos un culto de sanidad, y muchas personas estaban pasando adelante. Pasó una joven, que creo que era de Indonesia, que estaba en los últimos meses de embarazo. Ha debido tener por lo menos ocho meses de embarazo. Al imponerle las manos, se erizó como un gato. Reaccionó de manera violenta, y trató de arañarme, como si quisiera sacarme los ojos. Varios hombres tuvieron que sostenerla. Identificamos el espíritu de brujería y le ordenamos que saliera fuera. La joven fue librada, y volvió a comportarse como una dama. Luego nos dijo algo interesante. No lo entiendo completamente, pero nos dijo que había hecho un pacto con Satanás para no venir a esa reunión. Era evidente que había estado involucrada en algún tipo de ocultismo. Después de eso, las próximas quince personas por las cuales oramos también tenían el espíritu de brujería.

Quiero decirles que el don de discernimiento de espíritus no se limita a discernir demonios. Es importante discernir el Espíritu Santo, dónde está y qué está haciendo. Creo que también se puede discernir cómo es un espíritu humano, como cuando Jesús dijo de Natanael: “He aquí un verdadero israelita, en quien no hay engaño”. Quiero que sepa que es poco común encontrar a alguien así. Jesús discernió el espíritu íntegro que había en Natanael.

Bien. Con lo anterior, hemos hecho un breve resumen de los dones. Ahora creo que necesitamos actuar. Éste es el momento en que dependo totalmente del Espíritu Santo. Si él no llega, o no hace la obra, esta reunión será un fracaso. Pero tengo que decir que él es sumamente fiel. Ejercitar los dones implica atreverse a caminar totalmente por fe. Hay que arriesgarse. Las personas que nunca se arriesgan, nunca llegan a ejercitar estos dones. Por lo tanto, lo que quiero hacer, con la ayuda de Ruth, es lo que acostumbramos hacer en muchos lugares, y que muchos de ustedes nos han visto hacer en otras ocasiones. Vamos a orar por los enfermos. Éjercitaré un don en particular que Dios me dio en 1970. Confieso que ya me siento confiado al ejercitar este don. Llevo quince años ejercitándolo y con toda honestidad puedo decir que he visto a miles de personas sanarse. Ahora, no todas las personas por las que oramos son sanadas. Tenemos que someternos a la soberanía de Dios. El don al que me refiero es un don de fe, fe sobrenatural para ver sanar a personas con ciertos problemas físicos: primero que nada, los cojos, los que tienen una pierna más corta que la otra, y que por ello, padecen de la espalda. La verdad es que la mayoría de las personas que sufren de la espalda tienen una pierna más corta que la otra. Es muy poco común encontrar a una persona que padezca de la espalda que tenga las dos piernas del mismo largo.

Quisiera decir que he ministrado a quiroprácticos en este campo y ellos reconocen que funciona. De modo que, aunque parezca extraño lo que estoy diciendo, no es una teoría descabellada. Cuando empecé a medir el largo de las piernas de las personas en público, algunos de mis queridos hermanos comentaron que tal vez era peligroso hacerlo, ya que acababa de crearme una reputación como un maestro bíblico erudito, y el andar midiéndoles a las personas el largo de las piernas podría dañar mi reputación. Pues he sobrevivido. Creo que ha sido a causa de los resultados que he tenido. Le digo a la gente en los cultos de sanidad que a nosotros nos motivan las mismas razones prácticas que motivan a los doctores y los dentistas. Nuestro objetivo es sanar a los enfermos. Nuestros métodos difieren de los de ellos, pero nuestra motivación es la misma. Siempre doy gracias a Dios por los doctores, dentistas, enfermeras y otros profesionales médicos. La verdad es que hay tantos enfermos en este mundo que aun si todos nos uniéramos como un gran ejército, no podríamos suplir todas las necesidades. A veces, especialmente en los países del Tercer Mundo y otros lugares donde hay muchos enfermos, me resulta deprimente verlos. La idea de que haya tanta necesidad y tanto sufrimiento me agobia.

Sin embargo, hacemos lo que está a nuestro alcance. Es lo único que podemos hacer. De modo que empezaré ahora a ejercitar este don. Empezaré ministrando a personas con problemas de la espalda. Desde que empecé a orar por personas con este tipo de problema, nunca me han faltado clientes. Creo que más de cincuenta por ciento de los norteamericanos padecen de la espalda. La ventaja que tiene el que Dios me use para hacer este tipo de milagros es, primeramente, que tengo muchos clientes. En segundo lugar, los resultados son visibles. La gente ve lo que ocurre. Hace veinte años, la mayoría de los creyentes no habían visto un milagro visible en toda su vida. Afortunadamente, viene un gran cambio. Un solo milagro visible puede cambiar totalmente el modo de pensar de una persona o la actitud de una congregación. Voy a contarles algo que me pasó. Les aseguro que en realidad ocurrió; es tan cómico que pueden pensar que lo inventé. Hace unos años, me invitaron a hablar en una iglesia metodista en cierta ciudad de los Estados Unidos. Era una iglesia evangélica, pero que no creía en el bautismo en el Espíritu. Me dijeron que había dos servicios: uno de nueve a diez y el otro de once a doce, y que querían que yo predicara en ambos. Era una iglesia bastante tradicional; se limitaba a ser evangélica, sin ir más allá. Después del servicio de las nueve, encontré que tenía que esperar una hora hasta que empezara el segundo servicio. Alguien se compadeció de mí y me preguntó si quería ir al estudio bíblico para adultos. En realidad, no estaba interesado en lo absoluto, pero me pareció que sería mejor que estar esperando, y dije que sí. Luego, sin que yo lo supiera, unieron dos o tres diferentes clases y me preguntaron si quería hablarle al grupo. Como no me habían avisado, no tenía nada preparado y me pregunté qué les podría decir a esas personas. Pensé para mí: "Es mi obligación contarles, aunque sea una sola vez, lo que está pasando en la Iglesia". De modo que traté de describir el bautismo en el Espíritu y los dones, pero no respondieron, porque era algo que nunca habían visto y que les resultaba difícil entender. Pensé dentro de mí: "Esto no está funcionando".

Empecé a enseñarles acerca de los dones del Espíritu Santo. Fue como tratar de hablar del punto más remoto de la luna a personas que siempre han vivido en la tierra. ¡Simplemente no dio resultado! Así que me detuve y pensé: "Sólo estoy perdiendo tiempo". Dije: "¿Hay alguien aquí que tenga una pierna más corta que la otra?" Alguien al fondo del salón levantó la mano. Dije: "¿Quiere que ore por usted?" Él dijo que sí y yo dije: "Pongan una silla aquí al frente. Venga y siéntese en la silla". Él se sentó y yo le medí las piernas. Todos los que estaban cerca pudieron ver la diferencia. La pierna que era más corta creció, y yo dije: "Ahí está. Ya creció".

Pues, en ese momento, la actitud de las personas ahí cambió por completo. Todos querían que orara por ellos. Yo andaba a gatas, de un lado a otro, midiéndoles las piernas a las personas y orando. Una señora sentada de ese lado, que tenía una manta encima de las piernas, dijo: "Ore por mí". De modo que me acerqué a ella, y le levanté las piernas. Una era más corta que la otra, y cuando oré, creció. Yo le dije: "Ahí tiene su milagro", y seguí orando por otras personas. Pues, después de un rato, vi que esa señora estaba muy emocionada. Me dijo: "Usted no se da cuenta de lo que ha hecho". Yo contesté: "Pues, si no lo sé, dígamelo". Ella dijo: "Cuando vine aquí, tenía esclerosis múltiple, pero no creo que lo tenga ahora". "Bueno", dije yo, "si cree que ya no lo tiene, hagamos una prueba". De modo que hice que se pusiera de pie y empezara a doblarse delante de todos. Estaba totalmente sanada.

Ahora bien, yo no tenía idea de que ella sufriera de esclerosis múltiple. Si lo hubiera sabido, probablemente hubiera estorbado lo que Dios quería hacer al tratar de introducir mis propias ideas. Lo que hice fue dar lo que tenía, y ella recibió.

Pues, el final del relato es éste. Cuando terminó la clase, ella espero tímidamente hasta que todos salieran y luego dijo: "Sabe, Señor Prince, soy católica. Ésta es la primera vez que he estado en una iglesia protestante. No sabía que eran así".

(Parece que falta algo en el lado B del casete.) 

Son un poco pomposos. Quiero decir que no se emocionan fácilmente. Yo estaba esforzándome muchísimo. Quiero decir, estaba sudando, y no estaba ocurriendo casi nada. Luego oré por tres personas una tras otra y todas se sanaron. Entonces dije en broma: "Deben ser católicos". ¡Lo cómico fue que, efectivamente, todos lo eran! Pues, si usted sabe cómo son los pentecostales, es increíble que los católicos pudieran recibir y los pentecostales no.

Ahora bien, hagamos lo siguiente. Hermano Fenue, creo que usted me va a ayudar. ¿Podría venir a mover estas sillas un poco más adelante, por favor? Ruth, por favor, toma mi Biblia y mi guía y aparta eso de ahí. Gracias. Sepárelos lo más que pueda. ¿Está bien? Ruth, ¿puedes venir y ponerte aquí, por favor? Así está muy bien.

¿Ha estado alguna vez en una de mis reuniones? Una vez, en Honolulú. ¡Lo supe por la manera en que dispuso las sillas! Ahora bien, no vamos a poder orar por todos. Ésta es solamente una demostración. Lo que quiero hacer es mostrarles que los dones son reales, y no simplemente algo que la Biblia menciona, pero que, en lo práctico, nunca llegamos a ejercitar. Creo que Ruth tiene una palabra, así que escuchémosla antes que nada.

Ruth:

Siento que hay alguien aquí que ha estado teniendo dolores en el pecho. No ha ido al doctor, pero teme que pueda ser un problema del corazón. Si se identifica, el Señor lo tocará ahora.

Derek:

Suba al frente. Hermano Fenue, puede ser que necesitemos a alguien para sujetar a las personas si se caen. Dios lo bendiga. ¿Realmente es doctor? Tiene su doctorado. ¿En qué? Teología sistemática. Me alegro mucho de que esté aquí.

(Orador:)

Soy uno de esos teólogos tan terribles.

(Derek:)

¡Así es! Pues perdóneme si dije algo indebido. En realidad hablo de esa manera porque hay tantos teólogos que crean barreras que impiden que el pueblo de Dios reciba lo que le corresponde. Estoy contento de que esté aquí.

Si Dios lo llamó al frente, quiere decir que está interesado en usted. Quiere que sea sanado. Simplemente vamos a imponerle las manos y orar por usted. Lo único que tiene que hacer es recibir, pase lo que pase. Si Dios lo toca con su poder, está bien. Si no ocurre nada visible, no quiere decir que no ha recibido. ¿De acuerdo?

“Padre, te damos gracias en el nombre de Jesús que vas a tocar a nuestro hermano. Gracias en el nombre de Jesús. Amén”.

Empiece a respirar hondo y a inhalar la presencia sanadora de Dios. Así es. Gracias, Señor. Gracias, Padre. En el nombre de Jesús, amén. Ahora empiece a darle gracias; ésa es la mejor manera de demostrar su fe. Respire hondo. Está en la presencia sanadora de Dios. Suelte toda ansiedad en el nombre de Jesús. Amén.

Creo que el Señor quiere que le diga que él tiene para usted muchas bendiciones en el futuro. Él va a abrirle nuevas puertas, y mediante la experiencia que ha tenido aquí, va a llegar a ser guía y maestro para muchos que están sentados en tinieblas y en la sombra de muerte. Por lo tanto, tenga denuedo; sea valiente. No se detenga. Hable con gentileza y sabiduría de todo lo que Dios le ha mostrado, y él honrará sus palabras y las confirmará con las señales que seguirán. Amén. Gracias, Señor.

Démosle al Señor una ofrenda de alabanza.

Ahora quisiera que pasaran adelante las personas que sufren de la espalda. Sólo tenemos cuatro sillas. Antes de pasar, quiero que se pongan de pie ahí donde están. Si quiere que oremos por usted por un problema de la espalda, quiero hablar con usted. Me gusta saber cuál exactamente es el problema. La señora aquí con la blusa color de malva. ¿Cuál es su problema? ¿La ha tratado algún doctor? ¿Un quiropráctico? ¿Cuál fue su diagnóstico? De modo que usted sabe cuál es el verdadero problema, ¿no es cierto? Son las tensiones. Muchas personas sufren de lo mismo. Venga y siéntese aquí, por favor.

Esta señora aquí. ¿Tiene qué de las vértebras? Bueno. Pase por acá. Me gusta averiguar si las personas han recibido un diagnóstico médico, para que la gente no piense que estoy inventando estos problemas.

¿Cuál es su problema? Conozco ese problema. Venga y siéntese aquí. A propósito, quiero decir que aprecio mucho a los quiroprácticos. He visto a tantas personas con dolor de espalda que aprecio a las personas que ayudan a aliviar ese dolor.

El caballero de barba ahí con los brazos cruzados, ¿cuál es su problema? Bien, pase por acá. Quiero que se dé cuenta de que parte de su problema es que no se mantuvo en la corriente sanadora de Dios. Es una cosa que Dios lo toque, y otra cosa conservar su sanidad. Siéntese en esa silla.

Los demás pueden sentarse por ahora. Quiero que todos se mantengan en una actitud de oración y adoración. Eso no quiere decir que tengan que mantener los ojos cerrados, pero no se conformen con ser espectadores; únanse a nosotros mientras oramos por estas personas. ¿De acuerdo? Bien. Empezaremos con esta señora.

¿Me permite medirle las piernas, por favor? Su pierna derecha es un poco más corta, ¿se da cuenta? ¿Siente que está creciendo? Acepte todo lo que Dios quiere darle; sométase al Espíritu Santo. Eso es. Bien. Ése es el demonio de dolor; deje que salga. Fuera en el nombre de Jesús. Así es. Expúlselo en el nombre de Jesús. Expúlselo tosiendo. Tienes que irte. Completamente. Amén. Gracias, Señor Jesús. Señor, rompemos el dominio de la tensión y de la ansiedad sobre esta vida en el nombre de Jesús. Eso es, respire y expúlselo; deje que salga. Es la tensión. Respire y expúlselo. Usted tiene que colaborar. Así es. Todavía no ha salido todo. Simplemente permita que salga. Más vale que salga todo; no deje las cosas a medias. Debe odiar a su enemigo; ya lleva bastante tiempo atormentándola. Diga: "Satanás, ¡suéltame en el nombre de Jesús". ¿Está dispuesta a renunciar todo contacto con el ocultismo?

Creo que sería bueno que pasara uno de los consejeros que sepa ministrar liberación; ¿hay alguno? Muy bien; pase adelante. Simplemente quédese con ella; manténgase de pie junto a ella. No diga demasiado; simplemente anímela a tener fe. Necesita que la animen a seguir hasta que tenga una liberación completa. En esta situación, no podemos tomar mucho tiempo con una sola persona.

Dígame otra vez cuál es su problema. Está bien. Ahora bien, escuche. Dígame qué prefiere: ¿ser más alto o más bajo? (Más alto.) Eso es fácil; la otra opción es más difícil. Suba las piernas. Coloque los pies con los dedos hacia afuera. Tiene las dos piernas casi del mismo largo, pero su pierna izquierda es un poquito más corta. Está creciendo; ¿lo ve? Es la evidencia de que el poder de Dios está en usted. Recíbalo en cada área que lo necesite. Gracias, Señor.

Hay dos cosas en la guía que no mencioné. Primeramente, cuando ministramos sanidad, muchas veces hace que los espíritus inmundos se manifiesten. Eso sucedía con frecuencia en el ministerio de Jesús, y sigue sucediendo hoy. Acabamos de ver un caso.

Otra cosa que quisiera mencionar es que cuando conocí a Ruth por primera vez, tenía un disco herniado y la columna desviada. Ahora ya no tiene ningún disco herniado y tiene la columna derecha. Ella verdaderamente tiene fe para ayudar a las personas a recibir sanidad.

Ahora, ¿cuál es el problema suyo? Bien. Tiene puesto un aparato ortopédico. Pues no es de extrañar que tenga problemas. ¿Ve la diferencia entre el largo de sus piernas? ¿Lo ve? Su pierna izquierda es una pulgada más corta. ¿Siente cómo está creciendo ahora mismo mientras hablamos? Simplemente reciba todo lo que Dios quiere darle; no se fije en nosotros. Relájese y recíbalo todo. Amén, Señor. Lo libramos de todo dolor en el nombre de Jesús. Usted ha sufrido mucho. Muchas veces se preguntaba si Dios en realidad lo amaba. Se sentía tan desanimado. Hoy él le está mostrando que es fiel, que lo ama y cuida de usted; y que aunque ama a todos colectivamente, tiene un amor muy especial por usted como individuo. Gracias, Señor. Amén. Gracias, Señor Jesús. Levante las manos y alábelo. Así es. Recíbalo todo con acción de gracias. Gracias, Señor Jesús.

Adoremos al Señor sin hacer mucho ruido. Gracias, Señor.

Bien. ¿Usted es el que tiene el sostén ortopédico (*brazero ortopédico)? ¿Tiene un aparato ortopédico en los zapatos también? No lo tiene. Bien. ¿Oyó lo que dijo Ruth? Dice que tiene un espíritu de enfermedad.

Otro espíritu que vemos mucho es uno que tulle a las personas, que hace que su cuerpo se deforme, que su columna se desvíe y que sus piernas y brazos no tengan el mismo largo. De modo que si oramos en contra de esas cosas, no piense que su caso es un caso especial; es algo muy común.

Bueno. Voy a ayudarle a entrar en contacto con el poder de Dios y veremos qué sucede. Es lo único que puedo hacer. ¿Sabía que sus piernas ya tienen exactamente el mismo largo? Dios lo sanó antes que yo orara por él. Gracias, Señor. Amén. Ahora, simplemente reciba todo lo que Dios tiene para usted. Rechazamos todo tipo de desánimo en el nombre de Jesús. Creo que Dios le está hablando ahora, ¿no es así? Por qué no levanta las manos y lo adora. Creo que al levantar las manos se recibe mucho. Amén, Señor, que el poder milagroso y sanador de Dios fluya por estas manos y estos brazos a su cuerpo, a su columna, a cada parte de su ser que lo necesite, en el nombre de Jesús. Gracias, Señor. Bien, reciba todo lo que Dios le dé. Recíbalo. Así es. Ahora, expúlselo. Al sollozar lo está expulsando. Es el espíritu de enfermedad. Solloce y expúlselo. No lo retenga; súeltelo. ¡Fuera en el nombre Jesús! No tiene que orar; simplemente suéltelo. Así es. Solloce y expúlselo. Que salga completamente, en el nombre de Jesús. Así es. Fuera. Debe odiarlo. Expúlselo tosiendo. Sáquelo de su garganta. Así es. Tienes que irte, Satanás. Te hemos expuesto. En el nombre de Jesús.

Ahora Dios quiere que se consagre a él aquí esta mañana. Al salir de aquí, no le dé la espalda a Dios. Conságrese a él; quédese ahí y hable con él en privado.

Ahora, ya que no tenemos mucho tiempo ni espacio, vamos a pedir que las personas que están aquí regresen a su asiento. Pero no se cierren al poder de Dios; sigan dándole gracias a Dios. Digan: "Dios, te doy gracias que tu poder sobrenatural está obrando en mí". ¿De acuerdo? Dios les bendiga.

Creo que esta señora va a necesitar más consejería. Pero no deje de darle gracias a Dios por lo que ha hecho, ¿de acuerdo?

Nos quedan cinco minutos. ¿Qué hacemos? Oraremos por cuatro personas más, y luego terminaremos. Las personas con problemas de la espalda, por las que no hemos orado, que desean oración, pónganse de pie ahora mismo.

Esa señora ahí, que tiene la blusa floreada, ¿cuál es su problema? Hable fuerte. Está bien. Pase al frente.

Hay un joven rubio. Esta vez sí estoy seguro de que se trata de un hombre. Sí. ¿Cuál es su problema? Pase. ¿Cuál es su problema? Usted es la persona que Dios está buscando. Así es. Uno más.

Ese señor de la camisa roja con rayas blancas. Pase por acá. Bien. Ahora sigamos adorando a Dios. No tenemos que cerrar los ojos. Quisiera que todos estuvieran involucrados. Sigamos adorando.

Amén. Bien. Trataremos de hacer una cosa más aunque se nos haya acabado el tiempo. Hagamos algo rápido y veamos qué sucede. 

Vuelva a decirnos cuál es el problema en una sola oración. (Artritis.) Así es. Ahora bien, yo generalmente trato la artritis como un espíritu inmundo. ¿No se ofendenderá por eso? No quiere decir que usted sea una persona malvada, sino que el diablo la está atormentando. ¿De acuerdo? Entonces, al yo decirle que salga fuera, ¿sabe lo que usted tiene que hacer? Eso es. Soltarlo. Usted lo ha dicho. Siéntese en la silla. Oraremos para que Dios lo toque y veremos qué sucede. Una razón por la que tiene problemas es que su pierna izquierda es una media pulgada más corta que la derecha. ¿Lo ve? No lo empuje hacia abajo, porque lo tenemos en una posición natural. ¿Puede sentir que está creciendo? ¿Lo siente? Eso es, ése es el calor sanador de Dios. Amén. Ahora, Señor, la libramos del tormento de la artritis en el nombre de Jesús. Suéltelo. Sal fuera. Eso es, solloce y expúlselo. Fuera en el nombre de Jesús. Así es, fuera completamente. Usted tiene que odiarlo. Eso no lo podemos hacer por usted. Tienes que salir fuera. Ahora puede empezar a darle gracias. Así es. Gracias, Señor. Expúlselo mientras solloza. Tiene que colaborar con nosotros porque si no, no podemos hacer nada. Así es. No tenga temor de parecer indecorosa; eso no importa. Pídale a Dios que la perdone, y renúncielo. Diga: "Señor, perdóname por todo contacto que haya tenido con los horóscopos. Lo renuncio todo, en el nombre de Jesús". Usted misma se expuso al dominio de Satanás.

Todo el que practica el ocultismo le da a Satanás el derecho de ejercer dominio sobre su vida. No, no se preocupe. No importa. No le estamos echando la culpa; sólo le estamos explicando cómo funciona. Simplemente siga dándole gracias. Deje que salga toda esa aflicción. Así es. Deshágase de ella. Así es. Suéltela. ¿Ha estado tomando medicamentos? Pues, en parte es el resultado de los medicamentos. Señor, rompemos todo dominio satánico sobre esta vida en el nombre de Jesús. En el nombre de Jesús.

Hermano, creo que usted debería quedarse con ella. Todavía no ha salido todo. Ya que el tiempo lo tenemos limitado, tenemos que ...no tenga misericordia de los demonios.

Ahora bien, esto es muy importante. A veces pareciera que estuviéramos muy airados. No estamos enojados con la persona, sino con el demonio. No es un pecado odiar al diablo. De hecho, es un pecado no odiarlo.

Ahora, ¿qué me dice? ¿Tuvo un accidente hace cuánto tiempo? ¿Usted alguna vez le ha pedido a Dios que lo libere de una maldición sobre su vida? Sobre su vida. Bueno, una de las razones por las que Jesús murió fue para ser hecho una maldición para que nosotros pudiéramos ser redimidos de la maldición. Creo que hay una maldición sobre usted que viene a raíz de sus antepasados. ¿Acepta que le diga eso? Diga: "Señor Jesús, te doy gracias que fuiste hecho una maldición en la cruz para que yo pudiera ser redimido de la maldición y recibir la bendición. Renuncio toda maldición y heredo la bendición ahora en el nombre de Jesús". No creo que hubiera podido ser sanado sin no hubiéramos roto esa maldición. Ahora oraremos para que Dios lo toque.

Su pierna izquierda es media pulgada más corta que la derecha. ¿Lo siente crecer mientras hablo con usted? Bien. Ahora empiece a darle gracias. Debe entregarle todo. Así es. Está reteniendo algo. Eso es. Gracias, Señor. Déme las manos. Así es. Ahora sí está ocurriendo algo. Gracias, Señor.

Estoy tratando de ministrar y enseñar a la vez. ¿Entienden? En la mayoría de los casos, cuando las personas no se sanan es porque hay una barrera que les impide recibir su sanidad. Puede ser un demonio, o una maldición o quizás un resentimiento, pero para poder ministrarles, hay que quitar la barrera. Ahí es donde ayuda tanto tener una palabra de ciencia o un discernimiento, ¿entienden? No recibo palabras de ciencia acerca de las personas en la congregación, pero cuando empiezo a hablar con alguien, Dios me muestra qué debo decirle.

Bien. ¿Tiene la columna desviada? ¿De dónde es? Sus piernas tienen el mismo largo. ¿Cree que el Señor lo ha sanado en esta reunión? Es muy raro que alguien que tenga la columna desviada tenga las piernas del mismo largo. Señor, lo liberamos de cualquier espíritu de cojera en el nombre de Jesús. Amén. Vamos a tener que seguir orando por las demás personas. Quédese ahí sentado, y déle gracias a Dios, ¿de acuerdo?

Vuélvame a decir cuál es su problema. Bien. Déme las piernas. Su pierna izquierda es casi una pulgada más corta; ¿ve la diferencia? ¿Siente cómo crece? Ahora está en contacto con el poder de Dios; empiece a darle gracias. Éste es su momento. Simplemente quédese ahí sentado y déle gracias. Amén. Gracias, Señor.

Ahora bien, ya se nos ha acabado el tiempo, pero voy a hacer una cosa más para ayudarles. El propósito de lo que estamos haciendo es que las personas empiecen a creer y responder a Dios. Eso es todo. Y hay muchísimas maneras de hacerlo; ésa no es la única. Si van a involucrarse en este tipo de ministerio, necesitan pedirle a Dios que les muestre cómo él quiere que procedan.

Como hay muchos de ustedes que quisieran recibir un toque de Dios, voy a sugerir que hagamos lo siguiente. Algunos de ustedes lo encontrarán un poco extraño, pero no importa. Tengo fe que las personas cuyas piernas no tienen el mismo largo recibirán su sanidad. Lo que quiero hacer, y va a ser difícil porque no tenemos mucho espacio; tendremos que ver qué podemos hacer. Quiero que se sienten con la espalda pegada al respaldar de la silla y extiendan ustedes mismos su pierna.

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