La Victoria de la Iglesia

Derek Prince
*First Published: 1989
*Last Updated: marzo de 2026
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Esta es la cuarta y última reunión de nuestra serie de charlas acerca del tema “Los enemigos que nos acechan”, es decir los enemigos que acechan al pueblo de Dios, a la Iglesia de Jesucristo. En las últimas dos charlas hablé acerca de las potestades que creo que son los dos enemigos principales de la Iglesia hoy. La primera es la brujería y la segunda es el espíritu o la potestad del anticristo.
Dije que la brujería en realidad es la religión universal de la humanidad caída, el medio mediante el cual los seres humanos a través de los siglos han buscado tener contacto con el reino satánico en los lugares celestiales, adorando a aquellos ángeles rebeldes como si fueran dioses. El espíritu del anticristo es otro tipo de potestad espiritual que sólo puede manifestarse donde el evangelio ya ha sido proclamado. Señalé que la palabra “anti” tiene dos significados: “en contra de” y “en lugar de”. El espíritu del anticristo viene en contra de Jesús, el verdadero Mesías, y trata de eliminarlo. Pero luego busca sustituirlo por un mesías falso. Les dije que me parecía que esta potestad espiritual actúa poderosamente en la Iglesia hoy. También procuré mostrarles un pequeño cuadro de cómo creo que será la manifestación final del espíritu del anticristo, que es el anticristo mismo, es decir, la bestia.
Ahora quiero dejar de hablar de lo negativo y empezar a hablar de lo positivo. En esta última charla quiero hablar de la victoria de la Iglesia. He procurado definir brevemente los enemigos que nos acechan con el fin de mostrarles cómo podemos obedecer a Dios y vencer a estos enemigos, usando los medios que él ha provisto. Lo primero que me parece que tenemos que entender es que todas las promesas al final de la Biblia, en el libro de Apocalipsis, la revelación final de Jesús a su Iglesia, todas las promesas positivas no son sino para los que vencen. No hay ninguna promesa para el que es derrotado. Pablo dijo: “No seas vencido de lo malo, sino vence con el bien el mal”. A mi juicio, en última instancia, no tenemos sino dos opciones. O bien vencemos, o somos vencidos. No hay ningún terreno intermedio. Dios no les promete absolutamente nada positivo a los que se dejan vencer. En los capítulos 2 y 3 del libro de Apocalipsis, vemos un mensaje de Jesús a cada una de siete iglesias. Cada una de las promesas finales a esas siete iglesias es para el que vence. No se les hace ninguna promesa a los que no vencen. Creo que tenemos que tomar esto muy en serio. Dios nos ha dado la manera de vencer y él espera que venzamos. Hay un versículo casi al final de Apocalipsis, en el capítulo 21, versículo 7, que lo resume muy bien:
El que venciere heredará todas las cosas, y yo seré su Dios, y él será mi hijo.
Así que el vencedor recibe todo. Y el que no vence, no recibe nada. Es o todo o nada. Creo que uno de los grandes engaños que el diablo trae a la Iglesia de Cristo es que trata de convencernos de que hay un terreno intermedio. “Pues, realmente no soy un vencedor, pero no quiero aceptar el hecho de que estoy vencido”. No creo que el Nuevo Testamento enseñe que hay un terreno intermedio de este tipo.
Así que estamos hablando ahora de los vencedores. De vez en cuando surge algún grupo nuevo dentro de la Iglesia que dice que sus integrantes son “los vencedores”. En el tiempo que llevo como cristiano —que son casi cincuenta años— pudiera nombrar dos o tres grupos diferentes. Quiero decirles algo: si en algún momento se encuentran con un grupo que dice que para estar en lo correcto, hay que unirse a su grupo, pueden estar seguros de una cosa: si se hacen miembros de ese grupo, no estarán en lo correcto. El ser vencedor no es algo propio de un solo grupo. No es un título, ni una doctrina; es una manera de vivir.
Ahora estamos hablándoles a los vencedores, a los que por la fe en Jesús y en las Escrituras están convencidos de que es posible vencer. Lo primero que tenemos que entender al tratar con estas potestades satánicas es algo muy importante y muy básico. Es que Jesús, mediante su muerte y resurrección, ya ha vencido a Satanás de una manera total e irrevocable una vez por todas. ¿De acuerdo? Si uno no entiende eso, no tiene nada en que basarse para tener victoria. Quisiera repetir lo que dije. Jesús venció a Satanás de una manera total e irrevocable una vez por todas. No hay nada que Satanás pueda hacer para cambiar esa verdad. Cuando Jesús murió, dijo “Consumado es”. Y así es. Jamás habrá que añadir nada a lo que él hizo, y jamás se le puede quitar nada. Hay una escritura que lo dice muy claramente: Colosenses 2:13–15. Estas son declaraciones complicadas y yo pudiera tomar el resto de esta reunión para explicar su significado, pero no pienso hacer eso. Sólo quiero destacar ciertas afirmaciones. Colosenses 2, empezando en el versículo 13:
Y a vosotros, estando muertos en pecados y en la incircuncisión de vuestra carne, [Dios Padre] os dio vida juntamente con él [Jesucristo el Hijo], perdonándoos todos los pecados, anulando el acta de los decretos que había contra nosotros, que nos era contraria, quitándola de en medio y clavándola en la cruz, y despojando a los principados y a las potestades, los exhibió públicamente, triunfando sobre ellos en la cruz.
Empecemos con el último versículo. Los principados y las potestades que se mencionan allí son los mismos que vimos anteriormente en Efesios 6:12: “Nuestro combate de lucha libre es contra principados y potestades”. Se trata de las diferentes esferas de dominio, y la jerarquía de autoridad del reino de Satanás. Contra eso es que estamos luchando. Pero tenemos que entender que Jesús ya ha derrotado a Satanás públicamente y de una manera total. Ahí dice que él ha triunfado. Tenemos que entender lo que es un triunfo. Forma parte de la cultura del Imperio Romano. Cuando un general romano tenía un éxito militar fuera de lo común, al regresar a Roma, el senado de Roma votaba y le atribuía un triunfo. Para celebrar ese triunfo, se montaba en un carro tirado por un caballo blanco y se paseaba por las calles de Roma. Todos los habitantes de la ciudad se aglomeraban en las aceras para aclamarlo. Y detrás de él se veían todas las pruebas de sus victorias. Los gobernantes, los comandantes que él había derrotado iban caminando encadenados detrás del carro. Luego venían caminando muchos prisioneros, y en algunos casos, hasta animales salvajes provenientes de los territorios conquistados, tal vez animales que el pueblo romano jamás había visto. Pues, esto es un triunfo. No es el hecho de ganar la victoria, sino más bien la celebración de la victoria que ya se ha ganado. Y Pablo aquí está diciendo que mediante su muerte y resurrección, Jesús fue puesto en el carro triunfal y paseado por el mundo invisible. Y detrás de él iban caminando encadenadas todas las potestades de Satanás. Esto implica victoria total.
Ahora, para ganar esta victoria, Jesús hizo por nosotros dos cosas. Sólo puedo mencionarlas brevemente. La primera tiene que ver con el pasado. Debemos tener en cuenta que el gran arma que Satanás usa en contra de nosotros es la culpa. Mientras él pueda mantenernos culpables, no podremos contra él. Mediante esta victoria, Jesús le puso fin al problema de la culpa. Primeramente, en cuanto al pasado, él hizo posible que fueran perdonados todos nuestros pecados pasados. Dice “perdonándoos todos los pecados”. Esa palabrita “todos” es muy importante. Tenemos que creer que cada pecado que jamás hayamos cometido ha sido perdonado. Si tenemos aunque sea un pecado no perdonado, es un instrumento que Satanás puede usar contra nosotros para frustrarnos y hacernos improductivos.
Lo otro es más complicado, pero quisiera mencionarlo brevemente. Jesús ha abolido la ley de Moisés como medio por el cual se llega a ser justos delante de Dios. No ha abolido la ley en el sentido de que todavía forma parte de la Palabra de Dios y de la historia de Israel. No ha abolido todas las lecciones que aprendemos de la ley de Moisés, pero sí ha abolido la ley como manera de llegar a ser justos delante de Dios. Mientras la ley era el requisito, cada vez que queríamos decir que éramos justos, Satanás podía señalar algunos mandamientos o algún decreto que no habíamos obedecido y decir: “Ahí está. No tienen ningún derecho de acercarse”. Pero cuando Jesús murió en la cruz, él puso fin a ese aspecto de la ley. Las Escrituras dicen de manera muy gráfica: “clavándola en la cruz”. De modo que cuando abrazamos la cruz, ya no estamos bajo la ley. Nuestra justicia ya no depende de guardar mandamientos, sino de tener fe. Somos justificados, hechos justos por fe. Siempre me impresiona mucho la manera en que Jesús trató con Pedro durante la Última Cena. Jesús le dijo a Pedro: “Vas a negarme tres veces antes que cante el gallo”. Por supuesto que Pedro dijo que no lo haría, pero sabemos que sí lo hizo. Luego Jesús dijo: “Pero yo he rogado por ti”, no “para que no me niegues” sino “para que tu fe no falte”. Si logramos seguir creyendo, nuestra fe nos dará la victoria. Así que nunca se deje mover de su fe. No permita que ninguna derrota, ninguna acusación, nada, lo aleje de su fe de que Jesús murió en su lugar, llevó sus pecados, fue hecho pecado por usted, y le ha ofrecido el manto de justicia puro y sin mancha.
¿Saben lo que significa ser justificado? Esto no es parte de mi mensaje, ¡pero es tan importante! Es una frase legal. Usted ha sido sometido a juicio por el tribunal celestial y el tribunal ha dado su veredicto. El veredicto es “no culpable”. ¡Qué maravilla! ¡No culpable! Satanás, puedes decir lo que quieras; puedes señalar todos mis pecados, todas mis faltas, todas mis debilidades, ¡y estaré de acuerdo contigo! ¡Tal vez pueda contarte de algunos pecados míos que no sabías! Pero el tribunal celestial ha emitido el fallo de “no culpable”. Soy justificado; Dios me ha atribuido su justicia; he sido hecho justo. ¿Saben lo que digo yo? Es como si nunca hubiera pecado. Así es. Y si nos apoyamos en esta verdad, somos más que vencedores de Satanás, mediante la victoria que Jesús ya ganó. Si nos apoyamos en cualquier otra cosa, nunca lograremos tener victoria. La cruz es lo único que nos da victoria.
Luego, habiéndole quitado a Satanás sus armas contra nosotros —y entre todas las demás, su arma suprema es la culpa— Jesús nos ha dado armas con las cuales podemos derrotar a Satanás. Esa es la segunda parte. 2 Corintios 10:3–5. Ruth y yo hacemos esta confesión; creo que lo haremos juntos. Tenemos varias escrituras —tal vez unas cincuenta— que proclamamos como parte de nuestra guerra espiritual. Y esta es una de ellas:
Pues aunque andamos en la carne, no militamos según la carne; porque las armas de nuestra milicia no son carnales, sino poderosas en Dios para la destrucción de fortalezas, derribando argumentos y toda altivez que se levanta contra el conocimiento de Dios, y llevando cautivo todo pensamiento a la obediencia a Cristo.
¡Qué gran victoria tenemos!
Pues, tenemos armas que no son carnales, entonces, ¿qué son? Espirituales. En otras palabras, no usamos bombas ni tanques ni rifles, porque no estamos peleando contra seres de carne y hueso. Estas son inútiles. Pero en lugar de esas armas materiales y físicas, se nos han dado armas espirituales. Y debemos usarlas para lo siguiente: para destruir fortalezas...¿las fortalezas de quién? Las de Satanás, así es. Si se fijan en el próximo versículo, hay varias traducciones alternas: argumentos, especulaciones, o acusaciones. Y luego habla de la mente y de los pensamientos, y así descubrimos cuál es el campo de batalla. Es muy importante saber dónde está el campo de batalla: está en la mente. ¿Cuántos de ustedes se dan cuenta de eso? La mayoría de sus problemas, como cristiano, están en el campo de la mente. No permita que eso lo desanime. Ahí es donde se pelea la batalla. Pero Dios nos ha dado las armas de victoria. Y podemos destruir las fortalezas de Satanás, sus impedimentos y obstáculos. Porque Satanás edifica fortalezas en la mente de hombres y mujeres para impedir que sean capaces de recibir la verdad del evangelio. Y una de nuestras funciones es derribar esas fortalezas usando las armas espirituales que Dios nos ha dado: la oración, la predicación y la alabanza, entre otras, y abrir el camino para que la Palabra de Dios pueda entrar para cambiar y salvar a las personas.
En la última charla, por ejemplo, hablamos de dos potestades anti-cristianas: el judaísmo y el Islam. En ambos casos hay una fortaleza específica que hay que derribar. La fortaleza en la mente del judío es: “Si creo en Jesús, ya no seré judío”. Tal vez no lo sabían, pero esa es la barrera que más les impide recibir la verdad de Jesús. La fortaleza musulmana es “Dios no necesita un hijo; no existe ningún hijo de Dios”. Y si queremos alcanzar a los judíos o a los musulmanes, para que el evangelio pueda tocar su vida, vamos a tener que usar estas armas espirituales para derribar aquellas fortalezas.
Entonces, tenemos las armas necesarias para ganar la victoria. Fíjense que la meta final es llevar cautivo todo pensamiento a la obediencia a Cristo. ¡No es una misión nada fácil! Antes que nada, tenemos que librar la mente de las personas del falso cautiverio de Satanás, y luego llevar cautivo su mente a la obediencia a Jesús. ¡Qué maravilloso! ¿No les parece? Se nos han dado las armas para hacerlo. Mi charla esta noche no trata de esas armas. He dado muchas charlas acerca de ese tema en el pasado. Sólo quiero hablar de ciertos requisitos básicos que son necesarios si la Iglesia ha de ser victoriosa.
Voy a hablar brevemente de cada una. Tengo una lista de siete, aunque pudieran ser seis u ocho. Pero cuando yo elaboro las guías, generalmente me detengo cuando llego al número siete.
Bien. Busquemos Mateo 12:25. Aquí hay una declaración de Jesús que es sumamente importante. Me temo que muchas veces la Iglesia no le ha hecho caso a esto. Mateo 12:25. Jesús dijo:
Todo reino dividido contra sí mismo, es asolado, y toda ciudad o casa dividida contra sí misma, no permanecerá.
Hemos hablado del reino de Dios. Pero si el reino de Dios está dividido contra sí mismo, no puede triunfar. Así que la manera principal que Satanás ataca a la Iglesia es tratando de dividirnos. ¿Ha logrado su objetivo? Siento mucho decir que sí lo ha logrado. Una cosa que tenemos que hacer es resistir la división. Eso no quiere decir que automáticamente debemos afiliarnos a cualquier persona o movimiento que dice ser cristiano. Pero sí quiere decir que donde haya verdaderos creyentes que creen en Jesús como dicen las Escrituras y están comprometidos a amarlo y servirlo, tenemos que reconocerlos como hermanos. No debemos permitir que surjan barreras innecesarias entre nosotros y ellos.
En nuestro ministerio, Ruth y yo trabajamos con no sé cuántos ministerios e individuos en todo el mundo. Y en realidad puedo decir que no tenemos ningún problema en nuestra relación con ellos. Creo que la razón principal es porque tanto ellos como nosotros estamos comprometidos a algo positivo. Estamos comprometidos a Mateo 24:14: Y será predicado este evangelio del reino en todo el mundo, para testimonio a todas las naciones; y entonces vendrá el fin. Creo que esta es nuestra responsabilidad: prepararle el camino al Señor proclamando el evangelio a todas las naciones. Y dondequiera que conocemos a alguien cuyo objetivo principal es éste, como dicen las Escrituras, tal vez lo estemos conociendo por primera vez, pero en diez minutos nos sentimos como si lo hubiéramos conocido toda la vida.
Pues, no nos enfoquemos en lo negativo, sino en lo positivo. Encontrarán que donde las personas están verdaderamente comprometidas a la oración e intercesión, o al evangelismo, las barreras desaparecen. Donde las personas están todas enredadas con la estructura y los programas de la Iglesia, por lo general surgen problemas. Lo primero que tenemos que hacer es guardarnos de la división. No es fácil. Sin duda no tenemos todas las respuestas, pero cuando le damos a la unidad la prioridad que merece, creo que estaremos más cerca de alcanzarla.
Luego, la segunda cosa que tenemos que hacer —y esto tiene una importancia tremenda— es conocer y proclamar toda la Palabra de Dios. Quiero que busquemos 2 Timoteo 3. Últimamente, este capítulo ha llegado a tener mucho significado para mí, porque me parece que es un cuadro de los últimos días. Si empezamos en el primer versículo de 2 Timoteo 3, dice:
También debes saber esto: que en los postreros días vendrán tiempos peligrosos.
Y todo el capítulo tres habla de cosas que tienen mucho que ver con los últimos días. Lo primero que hace es pintar un cuadro de la degeneración general del carácter y la conducta de los seres humanos al final de esta era. Pablo menciona dieciocho pecados morales o éticos importantes que caracterizarán la humanidad al final de esta era. En realidad, la raíz de todos ellos es el egoísmo: el amor a sí mismo, el amor al dinero y el amor a los deleites. No sé de nada que describa mejor nuestra civilización contemporánea que estas tres cosas: el amor a sí mismo, el amor al dinero y el amor a los deleites. Todos los demás pecados operan dentro de este contexto.
El gran enemigo es el egoísmo. Debemos tener esto en cuenta porque el hecho de no consumir drogas o alcohol, o vivir una vida inmoral, no quiere decir necesariamente que estemos separados del mundo. Lo único que nos separa del mundo es el hecho de no ser egoístas. Me parece que muchas personas que asisten a la iglesia y viven una vida moralmente buena, en el fondo son sumamente egoístas. Piensan primero en sí mismos. Necesitamos entender que esa no es la característica sobresaliente de la Iglesia en esta época; su característica sobresaliente es la abnegación; es tener un compromiso para con Dios y la humanidad para servir y ser siervos.
Luego Pablo sigue y señala varias otras características del final de la era. Tal vez hablemos de algunas más adelante. Habla muy claramente de una gran ola de ocultismo que también es algo que se ve mucho en nuestra época. Luego al final del capítulo 3, dice algo que me parece que es la respuesta de Dios. Empezando en el versículo 16:
Toda la Escritura es inspirada por Dios...
¿Qué parte de la Escritura? Toda. ¿Están seguros? Mucha gente ya no está segura de eso. Hay muchos predicadores que creen que es su deber corregir a Dios, editar la Biblia y señalar pasajes que necesitan ser cambiados. Quiero decir que esa no es mi actitud. Creo que toda la Biblia es dada por inspiración de Dios:
...y útil para enseñar, para redargüir, para corregir, para instruir en justicia, a fin de que el hombre de Dios sea perfecto, enteramente preparado para toda buena obra.
En mi opinión, esto significa que para que el pueblo de Dios esté enteramente preparado, hay que presentar toda la verdad de la Biblia. No sólo algunos pasajes. Hay que saber lo que dice el libro de Esdras, y cuál es la enseñanza de Amos. Hay que entender la Epístola a Filemón. ¿Me explico? Porque uno necesita todos estos libros para estar enteramente preparado. Tal vez tengan que pasar mucho menos tiempo viendo televisión si quieren estar enteramente preparados, porque prepararse bien para servir como cristiano es un trabajo más o menos a tiempo completo.
Ahora, recuerden que cuando Pablo lo escribió, no lo dividió en capítulos, así que Pablo sigue en el primer versículo del próximo capítulo:
Te encarezco delante de Dios... La Biblia al Día dice: “Por lo tanto, te encarezco...”. ¿Por qué dice “por lo tanto”? Me habrán oído decir antes que cuando hay un “por lo tanto” hay que averiguar por qué está ahí. Está ahí a causa de lo que Pablo dijo al final del capítulo 3. Y ahora llegamos a este encargo tan solemne. Fíjense en lo que dice: Te encarezco delante de Dios y del Señor Jesucristo, que juzgará a los vivos y a los muertos en su manifestación y en su reino... No pudiera haber encargo más solemne. Es como si dijera “ante la presencia de Dios, y dado el hecho que todos tendremos que rendir cuentas antes el tribunal de Cristo cuando él venga”. Entonces, ¿cuál es le mensaje? Versículo 2: ...que prediques la palabra... ...que instes a tiempo y fuera de tiempo; redarguye, reprende, exhorta con toda paciencia y doctrina.
Permítanme hacerles una pregunta sincera. No tienen que contestar. ¿Cuántos van a la iglesia el domingo por la mañana esperando ser redargüidos, reprendidos y exhortados? Algunos de ustedes no volverían a esa iglesia si los trataran así. Pero si el ministro está haciendo su labor, eso es lo que hará. Ahora, lo que sigue se aplica muchísimo a la época en que vivimos.
Porque vendrá tiempo [pienso que ya ha llegado el tiempo] cuando no sufrirán la sana doctrina, sino que teniendo comezón de oir, se amontonarán maestros conforme a sus propias concupiscencias, y apartarán de la verdad el oído y se volverán a las fábulas...
Me parece que esto se ve mucho en la Iglesia occidental. Hay muchísimos cristianos que han traído una doctrina nueva, una revelación nueva, algo nuevo que les deleite y entretenga. Pero esa no es nuestra misión. Nuestra misión es predicar la Palabra. Entonces Pablo termina diciendo:
Pero tú [hablándole a Timoteo] sé sobrio en todo, soporta las aflicciones, haz obra de evangelista, cumple tu ministerio.
No creo que haya habido otra época en la que haya sido tan importante aferrarse a la verdad y la autoridad absolutas de las Escrituras. Estas están siendo atacadas y socavadas en muchos lugares que no pensaríamos. Movimientos e iglesias y grupos que nosotros pensaríamos que tendrían sana doctrina han sido movidas de ese fundamento en la últimas décadas.
Permítanme leerles lo que dijo Pablo en Hechos 20:27:
Porque no he rehuido anunciaros todo el consejo de Dios.
Me impresionan esas palabras “No he rehuido...” porque pareciera indicar que hay muchas cosas que le presionan a uno para que no anuncie todo el consejo de Dios. ¿Es cierto eso? Presiones sociales, presiones financieras, presiones denominacionales. Si uno quiere alcanzar la popularidad, tal vez la manera más fácil sería no anunciar todo el consejo de Dios. Pero recuerden que al fin y al cabo, tenemos que rendirle cuentas a Dios. Pablo dijo,
Soy limpio de la sangre de todos.
Creo que estaba pensando en la palabra de Dios a Ezequiel:
“Yo te he puesto por atalaya a tu pueblo. Si viene la espada sobre la tierra y tú les avisas, y no escuchan, perecerán, pero tú habrás librado tu alma. Pero si viene la espada y tú no les avisas, y perecen, demandaré de tu mano su sangre”.
Creo que fue por eso que Pablo dijo: “Soy limpio de la sangre de todos. Dios no podrá demandar de mi mano la sangre de nadie, porque no he rehuido anunciarles todo el consejo de Dios”.
Me parece que el tercer requisito es muy importante. Lo leemos en 1 Pedro 5:5–6:
Igualmente, jóvenes, estad sujetos a los ancianos. Ya que tengo más de setenta años, ¡puedo decir un fuerte amén a eso! Pero no termina ahí. ¿Me explico? Y todos [ya sea que tengan más de setenta, más de cincuenta o menos de veinte], sumisos unos a otros, revestíos de humildad...
Recientemente se ha hablado mucho en la Iglesia de la sumisión. A mi juicio, es bíblico ser sumiso. Suelo señalar que lo que realmente es importante no es tanto someterse, sino ser sumiso. Podemos ser sumisos aun cuando no nos sometemos. Es una actitud y no tanto una conducta.
Pedro dice: “Revestíos todos de humildad”. Esa es una metáfora que no se entiende en el español. La palabra que él usa quiere decir “ponerse un delantal de humildad”, e indica el delantal que sólo usaban los esclavos. De modo que si una persona tenía puesto aquel delantal, todos sabían que era esclavo. Él dice que nos revistamos de un delantal, de una actitud de humildad que demuestre que somos esclavos de todos.
...porque: Dios resiste a los soberbios, y da gracia a los humildes. Humillaos, pues, bajo la poderosa mano de Dios, para que él os exalte cuando fuere tiempo.
Siempre le digo a la gente que la humildad no es algo que Dios puede hacer por nosotros. Dios nunca dice: “Yo te haré humilde”; siempre dice: “Hazte humilde”. Es una decisión. Nosotros tenemos que tomar la decisión.
No voy a buscar la escritura, pero si les interesa, en Esdras 8:21–23, hay un magnífico ejemplo de una manera específica de humillarnos. Esdras y un grupo de exiliados iban a regresar de Babilonia a Jerusalén y tenían por delante un viaje muy peligroso que tomaba, creo, cuatro meses. Llevaban consigo todos los utensilios preciosos para el templo, y sus esposas e hijos. Pero Esdras no quiso aceptar la escolta militar que le ofrecía el monarca persa y dijo: “Vamos a confiar en Dios”. Tenía que hacerlo porque solía testificar que Dios protegía a los que lo servían. Esa es una de las bendiciones de testificar; cuando testificamos, tenemos que vivir de acuerdo con nuestro testimonio. Así que no pidió tropas ni hombres de a caballo, sino que dijo:
“Publiqué ayuno allí junto al río Ahava, para afligirnos [o humillarnos] delante de nuestro Dios, para solicitar de él camino derecho”.
Y esto es completamente bíblico. No tengo tiempo de entrar en detalles, pero una de las maneras designadas de humillarnos es el ayuno. David dijo en el Salmo 35:13: Afligí [o humillé] con ayuno mi alma... ¿Por qué necesita ser humillada nuestra alma? Porque es nuestro ego arrogante y egoísta. Es la parte de nosotros que dice: “Yo quiero, yo creo, yo siento, yo soy importante. Mírenme a mí”. Y para que Dios pueda realmente hacer su voluntad en nuestra vida, hay que humillar esa parte.
Cada vez que hablo de esto me acuerdo de un abogado en la ciudad de Washington, hace varios años ya. Él me oyó hablar sobre el ayuno —es cristiano— y decidió que ayunaría. Pues, pasó un día terrible. Cada vez que pasaba por un restaurante o una cafetería la boca se le hacía agua y el estómago le dolía, y quería entrar. Pero terminó el día sin romper su ayuno. Luego por la noche, amonestó su estómago y dijo: “Pues bien, estómago, te has portado muy mal hoy. Me has dado muchos problemas. Te voy a castigar. Voy a ayunar también mañana”.
Así es que tenemos que tratar con la parte de nosotros que quiere hacer su propia voluntad; tenemos que obligarla a someterse a la voluntad y a los pensamientos de Dios. Creo que aquellos cristianos que no aprenden a practicar algún tipo de ayuno bíblico no podrán ser totalmente victoriosos. Después de todo, Jesús no lo pudo hacer. Él empezó su ministerio con cuarenta días de ayuno. ¿Les parece que estamos más adelantados que Jesús? Él no les dijo a sus discípulos: “Si ayunan”; dijo: “Cuando ayunen”. En el capítulo 6 de Mateo, él usó el mismo lenguaje para referirse al ayuno que el que usó para referirse a la oración. Si espera que oremos, también espera que ayunemos.
Cada persona tiene que llegar a sus propias conclusiones en cuanto a esto, pero además hay que averiguar del Espíritu Santo cómo y de qué manera ayunar. En cuanto a Ruth y a mí, creo que sería cierto decir que no nos atreveríamos a seguir adelante en el ministerio que tenemos si no practicáramos regularmente el ayuno. Estamos desafiando todas las principales potestades de Satanás en el mundo de hoy. Las estamos desafiando de frente y necesitamos toda la ayuda que nos pueda dar Dios. Una manera es el ayuno. Tengo en algún sitio un librito que se intitula: Cómo tener éxito al ayunar. Tengo las enseñanzas radiales de una semana sobre el tema del ayuno. No quiero tomar el tiempo ahora, pero si están interesados, pueden conseguirlas.
Para seguir, la próxima cosa que debemos hacer es ponernos toda la armadura de Dios. Necesitamos buscar Efesios 6 un momento. Inmediatamente después del versículo 12 que habla del reino de Satanás en los lugares celestiales, Pablo dice, y en la versión mía, la próxima palabra es “por tanto”. Versículo 13:
Por tanto, tomad toda la armadura de Dios...
Fíjense que hay que tomarla. No la recibimos automáticamente. Dios no nos la pone. Hay que tomarla. Pablo estaba escribiéndoles a personas que eran cristianas —tan cristianas como nosotros— pero dijo que la responsabilidad de tomar la armadura era de ellos. Y si examinamos la armadura...mirémosla rápidamente. Versículo 14: el cinto de la verdad, la coraza de justicia. Versículo 15: el apresto del evangelio de la paz. Versículo 16: el escudo de la fe. Versículo 17: el yelmo de la salvación, la espada del Espíritu. Al analizar esto, vemos que estamos completamente protegidos desde los pies hasta la cabeza, con una excepción: la espalda, así es. Si le damos la espalda al enemigo, no estamos protegidos. Es importante recordarlo.
Pero esa no es la lista completa. Ahí vemos seis partes de la armadura, y en la Biblia por lo general cuando algo está completo y es algo bueno, tiene siete partes. La otra parte es tal vez tan importante como cualquiera. Versículo 18: Orando en todo tiempo con toda oración y súplica en el Espíritu. Creo que es Charles Wesley que habla del arma de “toda oración”. Y en realidad, esta oración es el arma mediante la cual podemos llegar hasta los lugares celestiales y atacar los cimientos del reino de Satanás. Las otras son principalmente armas de protección, pero “toda oración” es como quien dice nuestro proyectil balístico intercontinental. Puede alcanzar cualquier blanco en cualquier sitio si utilizamos bien la computadora.
La próxima cosa que tenemos que hacer es darnos cuenta que necesitamos el poder sobrenatural de Dios. Quiero enfatizar la palabra “sobrenatural”. El cristianismo es una religión que se caracteriza por lo sobrenatural. Una vez leí todo el libro de los Hechos, observando para ver qué pasaría si yo quitara toda referencia a hechos sobrenaturales manifiestos. Es decir, no sólo experiencias internas sobrenaturales, sino hechos visibles, que se perciben con los sentidos. El libro de Hechos tiene veinte y ocho capítulos, y al final descubrí que ni uno de los veinte y ocho capítulos se quedaría intacto si elimináramos lo sobrenatural. Y esa es la única guía que nos dan las Escrituras de cómo Dios quiere que opere la Iglesia. No podemos obrar eficazmente y hacer la voluntad de Dios simplemente por nuestra propia habilidad natural. Tenemos que tener la habilidad sobrenatural del Espíritu Santo. Y una de las manifestaciones principales de esa habilidad son los dones sobrenaturales del Espíritu Santo mencionados en 1 Corintios 12.
No vamos a buscar la escritura, pero examinemos una declaración de Pablo que me parece importante. En realidad resume lo que estoy diciendo. 1 Corintios 4:20:
Porque el reino de Dios no consiste en palabras, sino en poder.
No es cuestión de teología. La teología tiene su lugar. No es cuestión de argumentos, ni de pruebas intelectuales. Se trata de la demostración del poder sobrenatural de Dios. Quisiera leer las palabras de Pablo en 1 Corintios 2, dos capítulos atrás, los primeros cinco versículos. 1 Corintios 2:1–5:
Así que, hermanos, cuando fui a vosotros para anunciaros el testimonio de Dios, no fui con excelencia de palabras o de sabiduría. Pues me propuse no saber entre vosotros cosa alguna sino a Jesucristo, y a éste crucificado.
¿Se acuerdan lo que dijimos acerca de Gálatas 3? ¿Qué es lo que la brujería encubre en la Iglesia? A Jesucristo crucificado. Pablo dijo: “No voy a interesarme sino en eso: en Jesucristo crucificado”.
Recientemente estaba predicándole a una congregación en Jerusalén donde hay muchos judíos, y señalé que por lo general lo que el pueblo judío aprecia más que cualquier otra cosa es el conocimiento. Aquí vemos a un judío que dice: “Pues me propuse no saber entre vosotros cosa alguna...”. Esto es muy poco común. “...sino a Jesucristo, y a éste crucificado”. ¿Por qué? Pablo dice:
Y estuve entre vosotros con debilidad, y mucho temor y temblor... No era un orador deslumbrante. ...y ni mi palabra ni mi predicación fue con palabras persuasivas de humana sabiduría, sino con demostración del Espíritu [con “E” mayúscula, es decir, del Espíritu Santo] y de poder...
Ese era el secreto de Pablo. ¿Por qué apoyaba su ministerio con poder el Espíritu Santo? Porque se concentraba en Jesucristo crucificado. Podemos avanzar todo tipo de teorías y de sermones elegantes, y citar las declaraciones de muchas personas doctas, y el Espíritu Santo sólo se aburre. Pero cuando empezamos a levantar a Jesucristo crucificado, él dice: “Tengo testimonio de eso”.
Creo que esa es la necesidad principal de la Iglesia hoy, especialmente aquí. En este país actualmente estamos rodeados de musulmanes. ¿Se dan cuenta de eso? Millones de musulmanes. Y no hay nada que podrá alcanzar al musulmán sino la demostración de lo sobrenatural. Y tenemos una oportunidad. En vez de tener que ir a ellos, ellos vendrán a nosotros. No pudiéramos ir a su nación y proclamar el evangelio porque nos encarcelarían o ejecutarían. Pero Dios ha dispuesto que ellos vengan acá. ¿Qué está haciendo la Iglesia al respecto? Es hora de que la Iglesia se levante y diga: “Les demostraremos que Jesús está vivo”. Como digo a veces, ¡eso se lo digo sin costo adicional! No está en la guía, pero es verdad.
Volvamos un momento a 2 Timoteo 3. Sólo quiero señalar algo allí. Recuerden que todo esto está hablando de los últimos días; ese es el tema de todo el capítulo. Y él dijo en el versículo 8, 2 Timoteo 3:8:
Y de la manera que Janes y Jambres resistieron a Moisés, [Janes y Jambres eran los magos de Egipto que resistieron a Moisés.] así también éstos resisten a la verdad; hombres corruptos de entendimiento, réprobos en cuanto a la fe. Mas no irán más adelante; porque su insensatez será manifiesta a todos, como también lo fue la de aquéllos.
Lo que Pablo está diciendo es que una contienda como la que surgió entre Moisés y los magos de Egipto en la corte de Faraón se producirá en esta época, entre los siervos de Jesucristo y los que practican el ocultismo. Y la respuesta no va a estar en la teología. Es una lucha para ver quién tiene más poder. Y recuerden que los magos de Egipto tienen mucho poder. Los tres primeros milagros que hizo Moisés también los pudieron hacer ellos. Lograron convertir sus varas en culebras, y el agua en sangre, y lograron hacer subir ranas del río. Todo eso era sobrenatural. Pero cuando Moisés siguió haciendo otros milagros, dijeron: “Esta es la mano de Dios. Esto va más allá de lo que nosotros podemos hacer”.
No sé si alguna vez se habrán puesto a pensar en Moisés. Me simpatizan mucho Moisés y Aarón. Fueron allí con una vara, y Faraón dijo: “Muéstrenme lo que pueden hacer”. Creo que fue Aarón que echó la vara en el suelo y se convirtió en una culebra. Parece increíble, pero Faraón no quedó muy impresionado. Les preguntó a sus magos: “¿Pueden ustedes hacer eso?” Ellos dijeron que sí. Echaron sus varas y se convirtieron en culebras. Pero pasó otra cosa. ¡La culebra de Moisés se comió las culebras de los egipcios! No sé si alguna vez habrán reflexionado acerca de lo que pasó después. ¡Los magos salieron de ahí sin sus varas y la vara de Moisés se puso mucho más gruesa y fuerte! Pues, así va a pasar. Va a haber una lucha y veremos qué vara gana. Cuando la gente no está de acuerdo conmigo, a veces digo: “Pues, escuche, no discutamos. Echemos nuestras varas y veamos qué culebra gana”. De verdad, eso es lo importante. Lo que importa no son los argumentos, sino la demostración. Eso es lo que se necesita. Y en cuanto a los dones del Espíritu necesitamos sobre todo los tres dones de revelación. La palabra de sabiduría, la palabra de conocimiento, el discernimiento de espíritus. La palabra de conocimiento nos muestra lo que está haciendo Satanás, cómo él está obrando en el ámbito sobrenatural. La palabra de sabiduría nos muestra cómo venir en contra de lo que él está haciendo y derrotarlo. Y el discernimiento de espíritus nos avisa cuando estamos enfrentando algún poder demoníaco. Estos dones se necesitan urgentemente en la Iglesia de hoy.
Tenemos que seguir. El sexto punto en la guía es que debemos utilizar el poder de la alabanza jubilosa y la proclamación de poder. Y hay una escritura que ha llegado a ser una de mis preferidas, en Jeremías 31:7. Tiene que ver con la restauración de Israel en estos últimos días.
Porque así ha dicho Jehová: Regocijaos en Jacob con alegría, y dad voces de júbilo a la cabeza de naciones; haced oír, alabad, y decid: Oh Jehová, salva a tu pueblo, el remanente de Israel.
Aquí se mencionan tres armas o tres actividades que me parece que es de suma importancia que entendamos. Son: alabar, proclamar y orar. La oración es decir: “Oh Jehová, salva a tu pueblo, el remanente de Israel”. Alguien dirá que Dios pudiera hacerlo sin que nosotros oráramos, pero él dice en otra parte: “No lo haré hasta que no me pidan que lo haga”. ¿Entienden? La oración es lo que contribuimos nosotros para que se cumplan los propósitos de Dios en la tierra. Y como dijo alguien, Dios ha escogido tener necesidad de nosotros. Él podía haber obrado sin nosotros, pero no lo va a hacer.
La oración no es sólo pensar en algo que queremos y pedirlo; es descubrir el propósito de Dios revelado en las Escrituras y luego orar que ese propósito se cumpla. Esto se resume de una manera muy hermosa en las palabras de la virgen María cuando el ángel le dio la promesa. Ella dijo: “Hágase conmigo conforme a tu palabra”. Esa es la oración más poderosa que jamás pudiéramos orar. Pablo dijo: “Dios es poderoso para hacer todas las cosas mucho más abundantemente de lo que pedimos o entendemos”. ¿Cómo lo hace? Al cumplir su palabra. Lo que Dios ha prometido en su Palabra es mucho más de lo que nosotros pudiéramos pedir o entender con nuestra mente natural.
Como digo, no es acudir a Dios con una lista de peticiones. Es descubrir de manera inteligente los propósitos de Dios y luego alinearnos con esos propósitos.
Hay que perseverar. Hay ciertas cosas que Ruth y yo hemos estado pidiendo por diez años. Todavía no han acontecido. Cuando eso pasa, pues, uno se da cuenta si está orando en fe o con incredulidad. Porque si uno ha estado orando con incredulidad, dice: “Pues, llevo diez años orando y no ha pasado nada”. Pero si uno está orando en fe, dice: “La respuesta está más cerca ahora de lo que estaba hace diez años, cuando empecé a orar”.
Jesús hablo sobre la necesidad de orar siempre, y no desmayar. Ruth y yo hemos descubierto que ser persistentes en la oración es una de las grandes pruebas e instrumentos que Dios usa para moldear nuestro carácter. Es descubrir cuál es la voluntad de Dios, y pedirle que haga lo que él ha dicho que hará.
Luego está la alabanza. En el Salmo 102 ...mantengan el dedo en Jeremías 31 porque regresaremos allí si el tiempo lo permite. Salmo 102, esta es otra profecía de la restauración de Sion al final de esta era. Y dice en el versículo 18 del Salmo 102, después de la profecía de la restauración de Sion:
Se escribirá esto para la generación venidera; y el pueblo que está por nacer alabará a JAH.
A mi juicio, eso se refiere a este tiempo de la restauración de Sion. Dios está creando un pueblo que tenga un compromiso supremo. ¿Un compromiso para hacer qué? Para alabarlo, así es. Es como si Dios dijera: “Pues, a través de tantos siglos mi pueblo ha sido tan lento para alabarme como yo lo deseo que voy a crear a un pueblo especialmente para que me alabe”. Y creo que el movimiento pentecostal y carismático es el principio de eso. Me parece que este movimiento tiene muchas debilidades y fallas pero ha surgido un nuevo nivel de alabanza, o por lo menos una visión de lo que puede ser la alabanza y lo importante que es alabar a Dios.
En el Salmo 8, David dijo:
“De la boca de los niños y de los que maman, fundaste la fortaleza, a causa de tus enemigos, para hacer callar al enemigo y al vengativo”.
Y cuando Jesús lo citó en Mateo 21:16, cambió las palabras “fundaste la fortaleza” y dijo: “perfeccionaste la alabanza”. Así que, ¿cuál es la fortaleza designada del pueblo de Dios? La alabanza perfeccionada. ¿Qué efecto tiene? ¿A quién hace callar? Al enemigo y al vengativo. ¿Por qué necesitamos callar a Satanás? ¿Qué es lo que él está haciendo todo el tiempo? Acusándonos. Alguien dirá: “¿Por qué no impide Dios que Satanás nos acuse? Porque Dios dice: “Yo les he dado los medios para detener a Satanás. Si aprenden a alabarme como yo deseo ser alabado, callará a Satanás”.
Hace unos años estaba predicando en Luzon con la ayuda de un intérprete y cité esta escritura y el intérprete lo dijo en francés. Yo entiendo francés y me impresionó esta frase, que dice en francés “la alabanza le impone silencio al enemigo y al vengativo”. ¡Qué gran revelación! ¡Podemos imponerle silencio a Satanás! Le podemos decir que se calle. ¡Qué maravilla! ¿Cómo lo hacemos? Alabando a Dios. Si el pueblo de Dios tomara el tiempo y aprendiera a alabarlo, y pasara horas alabándolo con corazones y motivos puros, no tratando de satisfacer sus propios deseos egoístas, sino alabándolo porque él es digno de alabanza, el ambiente alrededor cambiaría completamente. Los corazones de las personas estarían abiertas. Las potestades tenebrosas que han atado a hombres y mujeres serían estremecidos y ahuyentados. La verdad es que nos encontramos al borde de un gran océano que es el océano de la alabanza.
Luego, regresando a Jeremías 31:7, la proclamación. Esto es algo que en los últimos años, Dios ha empezado a poner en el corazón mío y en el de Ruth en una nueva medida. En realidad, la proclamación es lo hace un heraldo. En el Nuevo Testamento la palabra que se usa para señalar un predicador es la palabra que significa “heraldo”. Pablo dijo que Dios lo había hecho un maestro, un apóstol y un heraldo, uno que proclama. Y desde que empecé mis programas radiales, tengo una visión cada vez más amplia de lo que se puede lograr sólo mediante la proclamación de la Palabra de Dios. Una de las grandes fortalezas del Islam que hemos mencionado es que por más de trece siglos, cinco veces cada día, ha salido de aquellas mezquitas una proclamación acerca de Alá y Mahoma. Y eso ha creado unas tinieblas sobre aquellas naciones que si no las han experimentado, no tienen idea de lo intensas que son. ¿Qué es eso? Es el poder de la falsa proclamación. Necesitamos vencerlo con el poder de la verdadera proclamación. Necesitamos proclamar la verdad. Como han visto, Ruth y yo tenemos un arsenal de escrituras que usamos para proclamar. Muchas de ellas las decimos varias veces por semana.
Proclamaremos Deuteronomio 33:25, sólo para darles una pequeña demostración. Al proclamar una escritura cambiamos el “tú” que dice la Biblia a “nosotros”. Este es Deuteronomio 33:25 y los siguientes versículos.
Hierro y bronce serán nuestros cerrojos, y como nuestros días serán nuestras fuerzas. No hay como el Dios de Jesurún, quien cabalga sobre los cielos para nuestra ayuda, y sobre las nubes con su grandeza. El eterno Dios es nuestro refugio, y acá abajo los brazos eternos; él echó de delante de nosotros al enemigo, y dijo: Destruye.
Esperen un momento. Haremos uno más. Este es un solo versículo; es 2 Corintios 9:8. Nuestra fe para el apoyo financiero para nuestro ministerio se basa en esto. De nuevo, cambiamos el “vosotros” a “nosotros”.
“Dios es poderoso para hacer que toda gracia abunde hacia nosotros, para que siempre, teniendo toda suficiencia en todas las cosas, abundemos en toda buena obra.”
Si uno dice eso todos los días, ¿cómo es posible tener temor de no tener lo suficiente? Y fíjense que es por gracia. Quiero decirles eso. No hay que ganárselo, sino creerlo.
Bien. Llegamos al último requisito para que la Iglesia sea victoriosa. Apocalipsis 12:11. Muchos de ustedes conocen esta escritura.
“Ellos [los creyentes en la tierra] lo vencieron [¿quién es él? Satanás. ¿Se dan cuenta de que estamos envueltos en un conflicto directo con Satanás? Es muy claro.] Ellos lo vencieron. No hay nada de por medio. Es un conflicto directo entre dos personas. Lo vencieron por la sangre del Cordero y por la palabra de su testimonio. Y no amaron sus vidas hasta la muerte.”
Ese es realmente otro ejemplo de proclamación. Yo enseño que esto significa que vencemos a Satanás cuando testificamos personalmente de lo que la Palabra de Dios dice que la sangre de Jesús hace por nosotros. Lo proclamamos. Yo tengo una proclamación en siete partes, pero no tenemos tiempo de hacerla ahora. Cuando uno hace eso, vence a Satanás. Pero hay que ser un cierto tipo de persona. Dice de estas personas que menospreciaron sus vidas hasta la muerte. ¿Qué significa eso? Significa lo siguiente: que fue más importante para ellos hacer la voluntad de Dios que mantenerse vivos. ¿Qué es eso? Es estar comprometido. Satanás no teme a los cristianos no comprometidos. En última instancia, puede debilitarlos. Pero quienes están dispuestos a dar su vida antes que negar al Señor o retractarse de su testimonio, esos son los vencedores. Amén. Oremos para terminar, ¿de acuerdo? Oremos para la Iglesia, incluyéndonos a nosotros.
“O Dios, te agradecemos que tu Palabra nos ha dejado tan claro las condiciones para la victoria y, sobre todo, la gloriosa posibilidad de victoria. Y queremos confesar, Señor, nuestros pecados y nuestras faltas, que muchas veces no hemos creído en Ti y no te hemos obedecido. Señor, lo sentimos y te pedimos perdón. En nombre de nosotros mismos y de toda la iglesia de Jesucristo. Y oramos, Señor, que por el poder de tu Santo Espíritu nos capacites para cumplir las condiciones para ser vencedores para tu gloria. En el nombre de Jesús.”
Y todo el pueblo de Dios dice: AMÉN.
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